¿Y los militares qué? en el “Feliz 2017”

 

Ovidio Pérez Morales: ‏ Dios quiere un esfuerzo conjunto en 2017 para cambiar el Régimen dictatorial comunista que está matando el país moral y materialmente.

2. Mientras dan vueltas +revueltas,discuten liderazgos + parcelas,la tenaza comunista se va cerrando, con su Plan y larga experiencia castrista

3. ¿Como operativizar la soberanía que reside originaria e intransferiblemente en el pueblo? Hoy éste sufre la dictadura de 1cogollo comunista.

4. Se puede clavar un clavo, no una tabla. 2016 fue mercado de propuestas. 2017 debe concretarse: 1 Gran Frente Nacional con 1 meta clave de cambio

5. En 2017 debemos salvar a Venezuela del comunismo y darle un Gobierno de progreso.¡Basta de «diálogos», + vueltas, proclamas, celos de «caciques»!

 

Luis Ugalde: Sin apoyo militar

12 Diciembre, 2016

El padre Luis Ugalde, s.j., presentó un escenario político que recordó lo ocurrido en Venezuela durante la transición hacia la democracia en 1958 y el rol que jugó la figura de Wolfgang Larrazábal, el vicealmirante que ocupó la presidencia de la República una vez derrocada la dictadura perezjimenizta, y que condujo al sistema político hacia una democracia.

La consideración la hizo en el foro que realizó la Fundación Espacio Abierto que dirige Luis Manuel Esculpi.

Anunció que se iba a referir a un escenario, de varios posibles, y que tituló Larrazábal II, pero comenzó precisando su evaluación del momento que vive Venezuela: “En el último mes el Ejecutivo ha acentuado su voluntad y carácter dictatorial. Para mí esto es indiscutible. Nuestra Constitución es democrática, y la voluntad y el carácter del gobierno es dictatorial. Eso no tiene mucha duda, y ha cerrado todas las puertas a una posible salida electoral, y al indispensable cambio económico-social y político para frenar la desesperante emergencia nacional actual y recuperar la democracia”.

Larrazábal II, dijo Ugalde, tomaría “la responsabilidad del Ejecutivo nacional y la Presidencia y proclamaría ante el país un gobierno de transición y de unidad nacional; obligado por la grave y creciente emergencia y dictadura; una dictadura cerrada a todo cambio; que la población considera absolutamente necesarios”.

Seguidamente, Ugalde improvisó lo que diría el mensaje de este Larrazábal II:

“Nosotros nos vemos obligados a tomar el poder Ejecutivo ante la gravísima situación de la población: falta de medicinas, comida, seguridad ciudadana, inflación, corrupción y la radical negación del gobierno dictatorial a poner soluciones. Somos un gobierno plural; de salvación nacional, para responder de inmediato a la tragedia humanitaria y recuperar la democracia plural, y establecer las bases y acuerdos sólidos con los empresarios, para impulsar una economía productiva, con compromiso social; con fuerte y sostenida inversión privada nacional e internacional, y unos programas sociales de emergencia inmediata”.

Dijo Ugalde que este Larrazábal II adoptaría las siguientes medidas:

  1. Preparar elecciones con nuevo CNE para fines de 2017.
  2. Libertad inmediata de 80 presos políticos y creación de una comisión mixta de derechos humanos, para abordar de inmediato, y decidir los casos de los demás presos políticos pendientes.
  3. Apertura inmediata y amplia a la ayuda humanitaria en salud, alimentación y gestión con los países y organismos internacionales. Agregó que, al mismo tiempo, se formarían organizaciones solidarias de la sociedad y empresas para la distribución suficiente, transparente y equitativa.
  4. Creación de un equipo de trabajo con fuerte presencia de los sectores productivos privados para una rápida reactivación del aparato productivo .
  5. Reconocimiento pleno de la AN; elegida en diciembre de 2015, y apertura del diálogo y colaboración efectiva entre el Ejecutivo y el Legislativo en orden a la democratización del país y los cambios necesarios en los poderes judicial y electoral.
  6. Explicitación y activación de políticas sociales urgentes y duraderas.
  7. Inmediata negociación, para abrir el país a la solidaridad internacional. Apoyo de los gobiernos y de los multilaterales para refinanciación de la deuda y para préstamos por el orden de los 40 ó 50 mil millones de dólares.
  8. Unificación cambiaria. Revisión del gasto público y puesta inmediata en práctica de audaces políticas compensatorias, para los sectores más necesitados.
  9. Recuperación inmediata del sector educativo, con refuerzo de los educadores con criterios democráticos, plurales, sin imposiciones ideológicas dictatoriales.
  10. Seguridad ciudadana con recuperación del control de las armas por parte del gobierno, y una nueva y activa conciencia de reconciliación, defensa de la vida; con estímulos y sanciones coherentes.

Aquí se permitió un paréntesis, y le preguntó a la audiencia que cuánto duraría un Presidente proveniente de la sociedad civil, un Henrique Capriles, un Leopoldo López, una vez adoptadas este conjunto de decisiones sin el apoyo de las Fuerzas Armadas. Respondió que lo máximo que duraría sería unos tres meses y que en esto iba, precisamente, este escenario de Larrazábal II; puesto que no necesariamente éste era un militar; que podía ser un civil, sólo que si no estaban los militares no había nada que hacer.

De paso, hizo la salvedad de que él no era militarista; pero que en estas circunstancias de una dictadura militar, que es la que tenemos, si no hay resquebrajamiento en el mundo militar y voluntad decidida de restablecer la democracia, según su creencia, iba a ser muy difícil lograr una solución a los problemas del país, y que, por si quedaba alguna duda, el gobierno ha bloqueado todas las salidas democráticas.

Consideró muy importante preguntarse: ¿dónde está ese militar? Lo que lo llevó a remontarse al año de 1957 cuando entonces Wolfgang Larrazábal no estaba en ninguna parte ni tenía ningún mérito especial y, sin embargo, dirigió la transición democrática.

“Segundo, una cosa es que yo demócrata en 1957-58, negocie con el militar Pérez Jiménez, y otra cosa es que cuando aparece este otro militar que quiere un cambio democrático, yo AD, Copei, URD negocie con él. Porque se trata de un militar, empeñado en restablecer la democracia y necesita nuestra ayuda”,

Finalizó con lo que llamó dos notas:

  1.  Necesidad de preparar no solo elecciones presidenciales sino regionales y locales. Este gobierno en la primera alocución tendría que decir que quedan convocadas las elecciones presidenciales y regionales bajo la preparación de un nuevo CNE.
  2. Necesidad de un pacto democrático entre las organizaciones, candidatos y partidos competidores para después de las elecciones, a la manera de la experiencia que se tuvo con el Pacto de Punto Fijo.

No se mostró muy optimista frente al futuro inmediato; pues a su juicio Venezuela necesita más de un año para recuperarse; que hace falta un gobierno democrático sustentado en un pacto y un programa de gobernabilidad, gane quien gane. Como también se mostró en desacuerdo con la realización de una Asamblea Constituyente; la cual, a su parecer, en las circunstancias actuales no pasaría de ser “un torneo de discursos a lo Escarrá”.

A ese respecto Ugalde manifestó que nuestro problema no tiene que ver con la Constitución; como sí con el Ejecutivo, a propósito de la forma de ejecutar las políticas; que la población no está por escuchar un torneo de discursos pletóricos, llenos de buena voluntad; sino que Larrazábal II, una vez posesionado de la presidencia de la República, abra las fronteras, para que comience a llegar la ayuda humanitaria y social: un cambio de posguerra psicológico y espiritual.

Para Ugalde en ese gobierno de unidad nacional tiene que haber gente del chavismo pues lo otro, esto es, la exclusión a su modo de ver sería contraproducente.

 

¿Y los militares qué?

LUIS UGALDE s.j.

Fecha: 22/10/2015

El siguiente gobierno no debe ser antimilitar por el hecho de que el actual es militarista. Todo lo contrario, son los militares los que deben demostrar su civilidad democrática en correspondencia a una sociedad que les confía en exclusividad las armas para ser guardianes del bien común. Armas que no son de ellos, ni de los policías, como las de cualquier matón que abusa del vecino desarmado, sino de la sociedad cuya vida garantizan y cuya confianza y gratitud ganan por sentirse seguros y liberados del asalto traidor.

Los militares no son extraterrestres, sus esposas e hijos sufren las mismas penurias del venezolano cuyo bolívar de ayer hoy vale menos de un real, con la locura de que un cartón de huevos o una lata de atún –cuando se consigue– cuesta más que 10.000 litros de gasolina. Serán unos centenares los altos militares que disfrutan de modo privilegiado y escandaloso de la apropiación privada del bien público de todos los venezolanos. Por las manos de una minoría corrupta han pasado más de 1 millón de millones de dólares, sin recibo ni obra realizada: enormes recursos públicos de pertenencia común, apropiados por unos pocos, en un “socialismo” al revés, que convierte lo público de todos en botín privado de unos pocos. Mientras decenas de miles de familias de militares honestos pasan penurias, por ejemplo, con un seguro de salud de pobre cobertura y con ingresos, que no alcanzan para las necesidades básicas de su vida.

Todo venezolano –también los militares– tiene derecho de soñar con una Venezuela mejor y a haberse ilusionado con un cambio que prometía el paraíso. Lo imperdonable sería aferrarse al error evidente y no querer contribuir a enderezar el disparate actual que tanto sufrimiento está produciendo a 30 millones de venezolanos, con excepción de una “cúpula podrida” en el privilegio mal habido. Está clara la falsedad de la propaganda oficial que contradice la dura y evidente realidad cotidiana. Causas del desastre: el estatismo en economía y la concentración anticonstitucional del poder, que ha fracasado aquí y en todos los países donde se ha intentado. En Cuba, luego de 65 años de dominio total, es evidente la incapacidad de producir prosperidad económica y vida civil digna en libertad con pluralidad de opiniones y de iniciativas. Décadas antes en decenas de países de otros continentes, el partido único convertido en “dictadura del proletariado” mostró su verdadera naturaleza de dictadura sobre la sociedad sometida a la penuria y al terror policial. Hoy es necesario hablar –también en los cuarteles– con plena libertad de ese hecho evidente, con ánimo de liberación, de superación y de unión.

Tenemos en nuestra América ejemplos de salidas razonables y pacíficas de dictaduras diversas. En Brasil luego de 20 años de dictadura (1964-1984); en Perú cuando Fujimori  o años antes cuando Velasco Alvarado –luego de haber creído que la vía militarista era el camino para superar exclusiones seculares y agravios históricos contra el mundo indígena–; en Chile y Uruguay… Fueron los propios militares que obedeciendo a la población abrieron la transición hacia la democracia, sin enfrentamientos armados.

Hoy está claro lo que para muchos no lo era hace cinco años y no hay que recurrir a aventuras golpistas que siempre terminan mal, solo hay que defender la Constitución vigente y la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos. Coincide el clamor del país por un cambio con la próxima elección democrática (aunque amenazada) y con el papel no partidista exigido a los militares en nuestra Constitución. Como pocas veces antes, la República exige que se restablezca el monopolio legítimo de las armas, hoy violado por los grupos fuertemente armados que se hacen llamar “colectivos” y fueron indebidamente fomentados y protegidos desde el poder. Una república no es solo de civiles, sino que necesita de los militares civilistas garantes de la justicia, de las fronteras y de la paz desarmada de la población; sus armas nos permiten, a todos menos a los delincuentes, andar desarmados y tranquilos.

¿Qué pueden hacer los militares?

Simplemente sacar las conclusiones de lo que ven sus ojos y su conciencia y defender decididamente el tránsito pacífico hacia la democracia social. Recordar su deber establecido en la Constitución: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la nación (…) En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna” (art. 328).

Las elecciones venideras son una gran oportunidad para iniciar un cambio a fondo de esta locura suicida.

L.U. / El Nacional 

 

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