“Wagner”, y no son óperas

– MADURO LE ESTARÍA PAGANDO A ESTE GRUPO CERCA DE 250.000 MENSUAL POR GARANTIZAR SU SEGURIDAD

– EL “SACO É PAPAS” MÁS CUSTODIADO DEL MUNDO

El “Saco de Papas” más custodiado del mundo: 400 “Cosacos” en el pais para proteger a Maduro. Se agregan a: La Casa Militar (5.000 efectivos); Sebin, DGCIM, el Contingente cubano (estimado en 1.000 agentes )… 

Negocio redondo sin gasto militar

 

RAMÓN HERNÁNDEZ / El Nacional .- La FSB, Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa, depende directamente del presidente Vladimir Putin. Con un aproximado de 300.000 agentes encargados de labores de inteligencia, contrainteligencia y espionaje, no solo heredó la imponente sede de la KGB en la plaza Lubianka de Moscú, sino también muchas de las prácticas non sanctas junto con calabozos, salas de tortura y centros de ejecución. Sin embargo, salvo algunos asesinatos de periodistas y ex espías no han sido los “muchachos” de la FSB los que mantienen vivo el misterio que siempre envolvió al histórico cuerpo represivo soviético. Los nuevos tiempos han traído nuevos procedimientos y hombres: el “Grupo Wagner”, una contratista militar privada de mercenarios, se encarga de las tareas sucias y le lava la cara al establecimiento militar ruso. Están donde las tropas legales no pueden estar.

Dmitri Utkin, un oficial retirado de la inteligencia militar rusa, es su jefe y dueño fundador en asociación secreta con Evgueni Prigozhin, un empresario de San Petersburgo proveedor de comidas preparadas, a quien se le conoce como “el chef de Vladimir Putin” y se le vincula a la fábrica de trolls que se involucraron en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016. Utkin simpatiza con las ideas del Tercer Reich y está vinculado con el movimiento neonazi y el renacer de la religión eslava. Por ser un fanático de Wagner adoptó ese nombre como su contraseña personal y luego se lo adosó a su negocio de servicios bélicos.

Participar por una paga en una guerra de otro país es un delito que se castiga en Rusia con 15 años de prisión, pero los mercenarios del grupo Wagner han actuado en primera línea de batalla en Siria y en Sudán sin consecuencias legales ni jurídicas. Actúa y se lucra a la sombra del poder. En la República Centroafricana, donde el Ejército ruso colabora con autorización de la ONU en la protección del presidente Faustin-Archange Touadéra, los hombres de Utkin actúan como instructores militares. Se ha publicado que la empresa de Utkin y Prigozhin cobra 250.000 dólares diarios por garantizar la seguridad de Nicolás Maduro y algunos de sus allegados en Venezuela.

La información sobre el viaje de Maduro, Jorge Rodríguez y Tareck el Aissami a Moscú la semana pasada ha sido escueta y ramplona. Abundaron las especulaciones, los análisis y los fakes news.

El oficialismo echó mano al palabrerío acostumbrado para anunciar “un nuevo mapa de cooperación estratégica con Rusia” y la promesa del Kremlin de enviar 1,5 millones de vacunas contra la gripe a Caracas, con la posibilidad de subir la cantidad a 5 millones. El presunto aumento de 10% en el intercambio comercial que hizo sonreír con desdén a Putin no tiene mayor impacto en la economía de los dos países.

Se debe el traspaso de petróleo a traspuertas para eludir las sanciones de Estados Unidos. No se firmó ningún préstamo ni hubo compra adicional de armas, mucho menos hablaron del envío de tropas o de mejorar la puntería de los anticuados sistemas antiaéreos S-300.

Maduro se llevó “todo el Gobierno” a Moscú. De Pútin lograron la foto protocolar….

Putin sigue jugando ajedrez con Venezuela y se mantiene distante de los probables contratos privados que pudiese haber entre Wagner y Miraflores. Sus prioridades están en otro sitio, aunque le encanta hacer gambetas en el patio trasero estadounidense. No hay nueva guerra fría, mucho menos caliente. Permanece la mutua amenaza nuclear, que mantiene limitados y atentos a los burócratas de Moscú y confiados a los de Washington; si se resbalan, el planeta entero morirá con el intercambio nuclear, una puerta que no traspasaron con Fidel Castro, entonces una leyenda, mucho menos lo harán ahora con una dirigencia de corto aliento en la política y grandes bolsillos en los “negocios”.

Después del derrumbe del Muro de Berlín, Rusia ha intentado dejar atrás el subdesarrollo y se ha propuesto con Putin recuperar el prestigio de gran poder que tuvo la Unión Soviética y convertirse en un real competidor en los mercados mundiales –seguir un poco el camino de China–, pero salvo materias primas, tecnologías obsoletas, chatarra militar y los escándalos que generan los hacker rusos con sus incursiones es poco lo que puede ofrecer. Sigue siendo un país extractivista, exportador de materias primas.

Después de Chernóbil y de unos cuantos accidentes menores en otras plantas nucleares, también perdió credibilidad en la ralentizada carrera armamentista. Los adversarios temen más a la irracionalidad de la dirigencia en funciones de gobierno y a la impericia de los operadores de las lanzaderas nucleares que a la puntería y el presunto poder destructor de sus misiles intercontinentales hipersónicos. Uno y otro saben que la respuesta los volvería polvillo cósmico.

Distinto de Cuba, Venezuela sí ha sido un buen negocio para Rusia. Le vendió 12 millardos de dólares en obsoleto equipo militar y apenas necesitó invertir 4 millardos para hacerse de la mejor tajada del negocio petrolero venezolano y garantizarse para su provecho la explotación de oro, diamantes, coltán y cualquier otro mineral valioso que se le atraviese o se le antoje. A la satrapía cubana, por adosarse a la hoz y al martillo a 90 millas de la Florida, Moscú le enviaba por más de 3 décadas un subsidio por 4 millardos de dólares anuales y solo recibió a cambio los dolores de cabeza que le causaba Fidel Castro con sus movimientos guerrilleros en Latinoamérica, sus incursiones en África y sus experimentos agropecuarios que costaron verdaderas fortunas.

A Moscú, aunque reconozca la legitimidad y pertinencia de la Asamblea Nacional, le interesa que Venezuela se mantenga como está: fácil de extraerle –y a muy bajo costo– hasta el último rastro de sus recursos naturales al tiempo que crea trastornos de estabilidad en el patio trasero de su adversario histórico, al que le suple con largueza y prontitud el petróleo que Pdvsa ya no puede producir. Juego a tres bandas. Vendo cursillo de ruso con dejo checheno.

 

Wagner, mercenarios rusos

EL ESPECTADOR .- La presencia de Rusia en Venezuela no es nueva. Desde que el presidente Hugo Chávez firmó el acuerdo de cooperación militar en 2001 con este país ha sido frecuente su presencia en suelo venezolano. Sin embargo, el aterrizaje de dos aviones militares rusos en el aeropuerto de Maiquetía de Caracas hace dos semanas ha desatado muchas suspicacias.

Que los militares llegaron para evitar una invasión militar extranjera (EE. UU.), que van a instalar un escudo antiaéreo en suelo venezolano, que llegaron cargados con material y funcionarios para “defender a Nicolás Maduro” en medio de la creciente presión internacional. De acuerdo con el gobierno de Rusia, las dos aeronaves sí llegaron cargadas con material pero para cumplir con varios acuerdos previamente establecidos.

“Rusia tiene varios contratos que ya están en proceso de cumplimiento, contratos de carácter técnico militar y hacen varios vuelos y traen varias cosas”, señalaba la vocera del Kremlin, días después de la llegada del Antonov An-124 y de una aeronave de pasajeros Ilyushin II-62, al mando del jefe del Comando Principal de las Fuerzas Terrestres de Rusia, Vasili Tonkoshkurov.

Pero pocos creen esta versión porque las naves irrumpen en la complicada escena venezolana, justo después de que el presidente, Nicolás Maduro, anunciara que reforzaría su seguridad porque había un plan liderado por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó (quien se autoproclamó presidente encargado el 23 de enero), para “matarlo”.

Hacía apenas unos meses, a finales de enero, exactamente, que se reportaba la llegada de 400 contratistas militares rusos que reforzarían la seguridad de Maduro, según la agencia Reuters. Estos hombres, de acuerdo con medios locales, pertenecen a un temido grupo de contratistas de seguridad rusos llamados Grupo Wagner, una empresa de seguridad privada muy cercana al presidente, Vladimir Putin.

¿Qué es Wagner?

Desde hace cinco años se investiga la participación de mercenarios rusos en las guerras de Ucrania y Siria. “Hemos confirmado que al menos cuatro ciudadanos rusos murieron el 7 de febrero en la provincia siria de Deir al Zur”, dijo a EFE Ruslán Levíev, director del Equipo del Centro de Inteligencia (CIT).  “Todos los mercenarios rusos que combate del lado de Rusia en Siria pertenecen al Grupo Wagner, una compañía militar privada, pero realmente es una unidad creada y financiada por el gobierno ruso”, denunció.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, niega la existencia de mercenarios en Venezuela o Siria / AFP

El Grupo Wagner se conoció después de un bombardeo a Siria en el que murieron varios miembros. La prensa rusa señala que también estuvieron en Ucrania, Sudán y República Centroafricana.  “Ahora Wagner está en la República Centroafricana, «aunque no creo que tenga más de 150 efectivos ahí. En total deben haber pasado cerca de 3.000 militares rusos por las filas de Wagner, aunque es difícil decirlo porque hay mucha rotación», le dijo al periódico español El Mundo, Denis Korotkov, uno de los primeros investigadores en revelar el papel de los mercenarios en la guerra de Siria.

Los servicios de inteligencia ucranianos informaron en 2014 que el grupo paramilitar estuvo en el conflicto de Crimea al lado de los separatistas prorrusos,

El CIT informó que 250 mercenarios rusos, pertenecientes a Wagner, han muerto en combates en Siria. Las leyes rusas prohíben las compañías militares privadas, pero la agencia Efe informaba el año pasado que diputados oficialistas trabajaban en un proyecto de ley para autorizar su presencia en zonas de conflicto (¿Venezuela?)

El gobierno de Vladimir Putin jamás ha reconocido la existencia de estos soldados secretos ni sus vínculos con Wagner. Sin embargo, estuvo en una reciente celebración con Dmitri Utkin, a quien la prensa señala como el fundador de Wagner en 2013. De acuerdo con informaciones de prensa venezolana, Maduro le estaría pagando a este grupo cerca de 250.000 dólares diarios por garantizar su seguridad. Denis Korotkov, periodista ruso, señaló que Wagner también tenía presencia en Sudán.

Yevgeni Shabaiev, un exmilitar que lidera el comité de la unión de militares rusos, indicó a la agencia Reuters que los miembros de Wagner que habrían llegado a Venezuela, lo hicieron desde Cuba. “El miedo tiene ojos grandes”, indicó el vocero del Kremlin ante las informaciones que dijo, “pertenecen al terreno de las teorías conspirativas”.

Wagner es financiado por Evgueni Prigojin, un empresario cercano a Putin, según reveló Bloomberg.  Pero hubo empresas que reclutaron mercenarios antes que Wagner. De acuerdo con periodistas rusos, en 2012 el Grupo Moran estaba brindando custodia y protección en países africanos. Luego el turno fue para Slavic Corps, y de este salió Wagner.

Más cooperación

Moscú se ha convertido en el principal proveedor de material militar a Venezuela desde tiempos de Hugo Chávez, y en uno de sus aliados más leales desde hace 18 años. Informes de la prensa venezolana señalan que lo que más vendieron los rusos a Nicolás Maduro fue cazas de combate Su-30Mk2, tanques y unidades de artillería. Incluso se habla de una fábrica de kalashnikov en territorio venezolano, específicamente en la ciudad de Maracay (centro).  De acuerdo con informes oficiales, Venezuela también recibió de su socio tanques T-72B1 y helicópteros militares en las versiones Mi-17, Mi-26 y Mi-35.

La cooperación, sin embargo, creció en las últimas horas. Igor Chéchikov, delegado de la empresa Russian Helicopters, anunció este martes la apertura de un centro de mantenimiento de helicópteros militares en Venezuela los próximos meses.  «Prácticamente todos los equipos necesarios han sido suministrados al país. Nuestros expertos están allí y los equipos están siendo ensamblados y entrando en servicio. Esperamos que el trabajo (de construcción del centro) esté finalizado este año», indicó de acuerdo a la agencia rusa Interfax.

Reacción de Colombia

En Colombia, el presidente Iván Duque afirmó este martes que su país «no está en el plan de agredir a ningún Estado» y rechazó «enfáticamente» la Declaración del Consejo de la Federación de la Asamblea Federal de la Federación Rusa sobre la situación de la Venezuela.

Por su parte, Rusia y China han reiterado su apoyo a Maduro y el primero envió al país petrolero la semana pasada dos aviones militares con casi un centenar de soldados y 35 toneladas de material no especificado. La semana pasada, el canciller colombiano Carlos Holmes Trujillo calificó como «una incursión militar» la llegada de soldados rusos a Venezuela.

Estados Unidos, que no descarta el uso de la fuerza contra el líder chavista, consideró esos movimientos como una «provocación» y pidió a Rusia que salga de Venezuela, un país asediado por una severa crisis económica y política que ha derivado en el éxodo de millones de venezolanos.

Rusia respondió que se quedará en Venezuela el tiempo que estime conveniente

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