Vollmer: “Toca tragar sapos”

ELÍAS JAUA: «NO POR DECISIÓN DEL GOBIERNO, EN VENEZUELA HAY HOY UN CAPITALISMO SALVAJE«

EL “OLIGARCA” Y EL CHAVISMO: FABRICANTE DE RON RESISTE A LA CRISIS

 

Alberto Vollmer. Foto: Joel Pino

 

DANIEL GARCÍA MARCO / BBCMundo.- Alberto Vollmer dirige una de las empresas más exitosas de Venezuela, país donde lo económico se mezcla con lo político.

En un país tan polarizado como Venezuela, el empresario Alberto Vollmer hace equilibrismo.

Y eso ayuda a que la empresa familiar que dirige, Ron Santa Teresa, no sólo se mantenga tras más de 200 años de historia, sino que en un entorno económico de destrucción como el venezolano siga produciendo, exportando y siendo una de las marcas más reconocidas del país.

El mes pasado Santa Teresa recibió incluso autorización para emitir deuda en dólares en la bolsa de Caracas, señal de la apertura del gobierno socialista hacia el sector privado en un momento de necesidad de ingresos e inversiones.

Vollmer, de 51 años, es uno de los empresarios «optimistas» que creen que el cambio económico en Venezuela es irreversible y que está dispuesto a aprovecharlo.

Eso le genera críticas de aquellas personas contrarias al gobierno que reclaman primero el cambio político y que le reprochan su buena relación con el Ejecutivo de Nicolás Maduro.

El empresario dice no ser político, pero ejerce su influencia con el pragmatismo que parece ahora imperar en un país que acepta poco a poco al dólar como su moneda y que entra en una nueva fase del conflicto político tras las elecciones legislativas del 6 de diciembre y lo que pueda hacer desde Washington el próximo gobierno de Joe Biden.

En esta entrevista con BBC Mundo, Vollmer explica cómo busca influir, por qué cree que lo económico va a anteceder a lo político y qué solución ve al país.

Foto: AFP

Ron Santa Teresa es una de las empresas más reconocidas de Venezuela internacionalmente. El ron es además del petróleo el gran productor de exportación en Venezuela.

Venezuela vive un momento económico diferente, de apertura. ¿Dónde ve usted al país ahora?

Parte del ciclo en el que estamos entrando obedece a que agotamos el ciclo anterior.

Venezuela adoptó una política económica rentista hace 100 años. Ese modelo se agotó. No quiere decir que el petróleo no vaya a tener un papel importante, pero en este nuevo ciclo va a estar diluido.

Vamos a tener que diversificar, es la puerta que se está empezando a abrir. Y en ese proceso de diversificación hay una necesidad de abrir la economía para atraer inversión, promover la productividad, promover el ahorro y generar empleo para aumentar el ingreso per cápita y reducir la pobreza.

La economía venezolana va a estar obligada a abrirse porque ya no tenemos los recursos cuantiosos que venían de una sola fuente y que no necesitaban de una economía competitiva.

¿Es entonces un cambio de ciclo positivo?

Lo veo positivo y lo digo obviando un poco el tema político, porque estamos obsesionados con todo el tema político. Yo lo estoy viendo como un ciclo histórico. Estamos entrando a un nuevo ciclo donde estamos obligados a diversificar para generar riqueza e inclusión social.

Usted muestra optimismo y es eso lo que define a un grupo de empresarios en Venezuela como usted. No es fácil serlo en una situación como la que está Venezuela. ¿Por qué usted es optimista?

A través de Conapri, el consejo nacional para la promoción de inversiones, que es una agencia enteramente privada, se han establecido canales de comunicación con quienes ocupan espacios de poder y decisión sobre lo económico.

Hay dos tipos de agenda. La primera es la simplificación del marco regulatorio. La otra tiene que ver con influir en políticas públicas a través de leyes o de política económica macro y eso solo lo puedes hacer al tener canales de comunicación constructiva.

Y al otro lado de esos canales, en la parte del gobierno, ¿encuentra mayor recepción últimamente? ¿Es la apertura un proceso irreversible?

Ha habido un cambio de actores, pero también ha habido un choque con la realidad. Al no tener caja chica, ingresos y los recursos que tenías antes (…) Este choque te da un toque pragmático. Estamos en esa etapa, y sí lo veo irreversible. El país entero ha aprendido. Hay un profundo aprendizaje, una sensación de lección aprendida a la fuerza y ojalá lo logremos capitalizar.

Pero la situación del país va más allá de la bolsa y de ciertas empresas. Es difícil explicar ese optimismo a mucha gente en Venezuela.

La situación que estamos viviendo es dramática. Ahora, parte del optimismo es una herramienta para ver más allá de esos obstáculos. Es una energía para retar y cambiar esa realidad tan negativa.

La presión internacional no obligó a un cambio político en Venezuela, pero ha obligado a un cambio económico” – Alberto Vollmer. Foto: Getty Images

¿Cómo hacer para que esa apertura y ese beneficio para ciertos empresarios repercuta en la gente normal en la calle?

Empleo, inversión, ahorro y productividad son las cuatro palancas que pueden propiciar que una economía resurja, que al final es la única forma de poder incluir a esas personas que están por debajo de la línea de pobreza.

Si tenemos un incremento en el ingreso petrolero será bueno, pero ya no sé si suficiente. ¿Cómo lograr mayores ingresos? Por exportación de petróleo, por exportaciones no tradicionales, por la mayor productividad del sector privado…

Es difícil hacer milagros, todo va a reducirse a una economía más abierta y más competitiva.

Muchos en Venezuela acusan a empresarios como usted de mirar al otro lado y de olvidarse de los cambios políticos.

Hay ciertas cosas en las que uno puede tener mayor impacto. La responsabilidad primaria es generar riqueza, empleo. La forma más robusta de generar inclusión es el empleo.

Con respecto a lo político, es un tema de los políticos. Todos los venezolanos queremos vivir en un sistema transparente y democrático que dé oportunidades a la gente. Al final, lo que puedo hacer en ese terreno es impulsar a las partes para que lleguen a un acuerdo.

No diría que somos espectadores, sino que más bien nos hemos involucrado. El conflicto político en el que se encuentra el país va a requerir llegar a un acuerdo para tener una solución viable, y va a requerir a todas las partes del país.

Y (ese acuerdo) debe ser impulsar la economía y lograr que Venezuela se reinserte en la comunidad internacional. Hoy en día somos vistos como parias.

¿Entonces usted ve que el cambio económico antecede al político en Venezuela?

Desde el punto de vista de necesidad, práctico, la necesidad del país es recuperarse económicamente. Hay incentivos tanto en el sector privado como en el político de ambos lados de que el país se recupere económicamente.

Entonces lo económico va primero y lo político debe esperar. Muchos dicen que el cambio político debe ser lo primero…

Los dos argumentos funcionan, son válidos. Yo no argumento cuál es el mejor, sino lo que yo creo que va a suceder primero.

Aquí había una tesis: una parte del país decía que para que hubiera cambio económico debía haber un cambio de los actores. Llevamos dos años y medio bajo el manto de esa estrategia y no ha funcionado.

Ha habido una política de presión internacional a través de sanciones, etcétera, que ha limitado ingresos a Venezuela y esa reducción bárbara de ingresos, tanto por los errores del gobierno venezolano,por supuesto, pero además complementados por las sanciones. Y eso no obligó a un cambio político. Parece mentira pero ha producido un cambio económico obligado. Los actores políticos se han dado cuenta de que no tienen los recursos que tenían antes. Y entonces deben generar nuevos recursos y sólo se van a lograr con una economía más abierta.

Ahora, ¿el cambio económico genera un cambio político? No necesariamente. Parte de este cambio de ciclo o de fase está en que ambos lados del espectro político se den cuenta de que la única solución sostenible en el tiempo es a través de un acuerdo.

Grupos de ambos lados pensaron que podían lograr su objetivo sin sentarse a negociar y yo creo que poco a poco se ha ido dando cuenta de que la única forma de tener un futuro sostenible en el tiempo es através de un acuerdo.

En los últimos 20 años en Venezuela la política siempre ha estado por encima de la economía. Ahora es tiempo de que la economía abarque más” – Alberto Vollmer. Foto: Getty Images

Al principio de la entrevista decía que estamos «obsesionados con la política». ¿Qué quiere decir?

Si revisas los últimos 20 años, la política siempre ha estado por encima de la economía (…) A la agenda política se le ha dado muchísimo más espacio. Es tiempo de que la economía abarque más ancho de banda. Y lo político debe seguir adelante, pero la forma en que se entiende la política en Venezuela es prácticamente una confrontación que ha contribuido a la polarización. Lo que necesita Venezuela es un acuerdo entre partes.

¿Cuán cerca está el país de ese acuerdo? No parece muy próximo…

Tienes razón, no lo veo todavía cercano, y aquí entra la crítica del optimismo. Nunca se sabe si estamos cerca o lejos, pero una vez que lo defines estás un paso más cerca.

Usted comparó hace poco el momento de Venezuela con el de China a finales de los años 80. ¿Es bueno ese modelo? No es muy prometedor para muchos venezolanos.

Por supuesto que no, yo tampoco estaría de acuerdo con un modelo como ése. Cuando hice la mención del tema chino es que en los años 80 China estaba quebrada, económicamente habían incurrido en un error muy parecido al venezolano y en ese momento decidió abrirse, usar el mercado de capitales casi por obligación. Venezuela está en una obligación de abrirse a la inversión y los mercados.

¿Hasta ahí llega la comparación con China?

Hasta ahí, nada más. Lo que más quisiéramos (en Venezuela) es tener una economía abierta y una democracia transparente.

Foto: AFP

Viendo lo que sucede en las calles con el dólar, lo que dicen el gobierno, empresarios como usted y políticos de oposición como Henrique Capriles, parece que Venezuela entró en una fase muy pragmática. ¿Lo ve así?

Cuando uno se pone a analizar dónde estamos y lo comparas con 2016, por ejemplo… La ideología tiene poco espacio porque al final no da los resultados que necesitas.

Hacen falta cosas prácticas que no se logran con ideología. Hay un refrán que dice: no hay nada como el aliento del toro en la riñonera para quitar el reumatismo (…) Estamos obligados por necesidad interna y eso nos ha llevado a ese pragmatismo del que hablas.

Pero ese pragmatismo, leer lo que usted dicen en esta entrevista, por ejemplo, escuece en Venezuela a muchas personas que ven aplazados cambios que desean con urgencia.

Muchas veces se han prometido cambios rápidos y maximalistas y fáciles. Desafortunadamente lo fácil no lleva a nada bueno, y nos ha traído a un lugar muy malo. El reto es coger la ruta difícil, que implica mucho trabajo, perseverancia, sentarse con quien no quieres sentarte…

¿Tragar sapos, como se dice en Venezuela?

Sí, y construir con tu adversario y eso no nos gusta en Venezuela. La solución maximalista en la que desaparece el contrario no existe, nunca ha existido, nunca ha funcionado. Lo que ha funcionado es un acuerdo construido por todos y eso no siempre es agradable asimilarlo. Hay que ver hasta dónde hemos llegado haciendo lo contrario, y deberíamos estar en capacidad de aprender que aunque no nos guste, lo otro es la única forma de tener un mejor país.

 

El “oligarca” y el chavismo

ISAAC RISCO (dpa/DW)   El heredero de una de las más ilustres familias venezolanas se niega a dejar su país y su empresa navega con éxito en medio de la tormenta económica y el enfrentamiento político. ¿Puede ser el suyo un modelo?

Alberto Vollmer

Una pausa de casi dos minutos. Alberto Vollmer puede hablar ininterrumpidamente sobre la grave situación actual de Venezuela y sobre su empresa, el famoso fabricante de ron Santa Teresa, pero cuando debe explicar lo que significa para él Hugo Chávez se hace un largo silencio.

Estoy tratando de meter otra vez el genio en la botella”, bromea Vollmer sentado en la terraza de su finca, la Hacienda Santa Teresa, ubicada en un valle verde e idílico del estado de Aragua, a unos 80 kilómetros de Caracas. Es evidente que no le resulta fácil emitir un juicio sobre el ex presidente, el hombre que revolucionó Venezuela dos décadas atrás con su proyecto de un «socialismo del siglo XXI».

Por su biografía parece improbable que Vollmer sea un simpatizante del chavismo. Con aires de magnate, educado en Estados Unidos y descendiente de unas de las dinastías ilustres de Venezuela – entre sus antepasados está una prima del libertador Simón Bolívar –, el empresario de 49 años encarna lo que Chávez solía calificar despectivamente como un «oligarca”.

El tatarabuelo de Vollmer fue un inmigrante alemán, patriarca de una conocida familia de industriales que en 1796 fundó una señorial hacienda entre los cañaverales del municipio Revenga, en Aragua, y empezó a producir ahí un ron que se convertiría en uno de los más prestigiosos del mundo. Poco después de la llegada del «comandante” al poder en 1999, el actual heredero de Santa Teresa perdió parte de esas tierras por una invasión.

A Vollmer, sin embargo, no se le escucha hablar mal de Chávez, presidente hasta su muerte en 2013, ni de su sucesor, Nicolás Maduro, en medio de la peor crisis económica de la historia contemporánea de Venezuela. Por ése y otros motivos algunos antichavistas, sobre todo del exilio, ven con suspicacia al empresario al que acusan de servir de «embajador del régimen”.

Recientemente, un artículo de «The New York Times” sugería la posibilidad de un boicot contra las exportaciones de emblemáticas marcas de rones venezolanos como Santa Teresa o Diplomático, porque sus compañías hacen negocios en medio del deterioro de la democracia y los atropellos contra los derechos humanos en el país sudamericano.

Yo puedo entender las críticas”, dice Vollmer, que contrapone de inmediato su propia visión: «pero una cosa es criticar desde fuera, sin estar realmente aportando soluciones en Venezuela”.

Su propio estilo lo define como «incondicionalmente constructivo”. Dialogante, tendiendo puentes. Tanto con el Gobierno, necesitado de aire y de historias de éxito, como con la oposición. «Soy constructivo con quien sea”, subraya, pragmático.

Éxito en medio del colapso

A Santa Teresa le va bien, pese a la dura crisis en Venezuela, un país castigado por una hiperinflación que podría llegar este año al 13.000 por ciento, en el que los hospitales se quedan sin medicamentos y la gente pasa hambre.

La empresa, según sus propias cifras, embotelló más de 1,2 millones de cajas de ron en 2017 y exporta entre el 10 y el 15 por ciento de esa producción gracias a un acuerdo de distribución con la multinacional Bacardí.

Santa Teresa es también líder de mercado en su país con una cuota del 35 por ciento en el primer trimestre de 2018. La destilería debe ser una de las pocas compañías que marchan bien en la Venezuela de Maduro, con cuyo Gobierno Vollmer mantiene buenas relaciones.

El empresario coopera con el sector público como presidente de Conapri (Consejo Nacional para la Promoción de Inversiones).

Y mientras otras marcas famosas de ron venezolano como Pampero o Cacique están ya en manos extranjeras, Santa Teresa sigue siendo una compañía privada enraizada en Venezuela tras 222 años de historia. La empresa representa una esperanza en medio de la crisis, dice su propietario para defenderse de las críticas. «Unas 7.500 personas dependen de nosotros”, argumenta. Por eso asegura que no considera dejar Venezuela con su esposa y sus tres hijos menores de edad.

Hacer negocios en un país como Venezuela plantea dilemas éticos todos los días”, reconoce. «Pero uno hace mucho más por su país estando aquí que estando fuera. Uno tiene esta empresa como herramienta”.

En el valle de Aragua, en los alrededores de esa hacienda histórica donde Simón Bolívar ratificó la proclama de la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, se puede observar cómo el empresario concibe esa herramienta.

Además de como el magnate del ron, Vollmer es conocido ahí por sus programas sociales, entre ellos «Proyecto Alcatraz”, una iniciativa para reintegrar presos y combatir a las bandas criminales de la región.

«Alcatraz” nació cuando tres «malandros” intentaron robar en la finca en 2003 y atacaron a un vigilante. Vollmer asegura que evitó que la Policía los ejecutara una vez capturados y creó el programa para darles una perspectiva a las bandas, patrocinando equipos de rugby y ofreciéndoles a los ex presidiarios trabajo como guías turísticos en la hacienda.

Yo quise ver eso como una negociación. ¿Cuáles son sus intereses?”, analiza, otra vez pragmático. Vollmer se alió con sus enemigos de turno.

De la misma manera se acercó a los hombres que invadieron sus terrenos cuando Chávez empezaba a causar furor con su discurso contra la injusticia social y fustigaba a «oligarcas” y «terratenientes”.

La idea de Vollmer es mantener el legado familiar pese a ese ambiente hostil. «Si nosotros queremos estar aquí los próximos 200 años, ¿qué tenemos que hacer diferente si esto cambió?”, dice. Su labor social no es sólo altruismo, sino también el deseo de navegar bien por esos tiempos turbulentos, posiblemente a la espera de que lleguen días mejores para Venezuela.

La fábrica de Ron Santa Teresa.

El magnate y el chavista, compadres

Impulsar programas sociales es una labor que asumen muchas empresas, pero la forma en que lo hace el dueño de Santa Teresa resulta muy simbólica para la historia reciente de Venezuela cuando se oye hablar a Omar Rodríguez, de 50 años. Rodríguez es un ex militar, admirador confeso de Hugo Chávez.

Como sargento de la fuerza aérea participó el 27 de noviembre de 1992 en el segundo intento fallido de golpe de Estado de ese año en Venezuela, que tenía también como objetivo liberar a Chávez, preso desde la primera sublevación de febrero. Rodríguez purgó un año de cárcel. Hoy trabaja en Aragua con Vollmer, cooperando con los programas para pintar de blanco y embellecer las casas más pobres en las colinas que rodean la Hacienda Santa Teresa. Al empresario Rodríguez lo conoció primero como enemigo: en el año 2000 ocupó sus propiedades junto con otros activistas, animados por los incipientes discursos de reivindicación social del chavismo.

Fuimos a invadir las tierras de la gente que más tiene”, recuerda, de pie en una calle frente a la entrada de la finca.

Pero Vollmer lo convenció de trabajar juntos. «Tiene una sensibilidad que pocos oligarcas tienen”, lo elogia Rodríguez. El empresario donó parte de los terrenos y a él lo mandó a hacer un taller en la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Por otro lado, el idealismo que lo llevó a levantarse en armas sigue intacto, asegura Rodríguez, que hoy reniega de Maduro: «yo sigo siendo chavista”, critica, agudo. Al actual presidente lo acusa de haber traicionado los viejos ideales.

«Hugo Chávez fue un soñador”, dice Vollmer. No lo critica nunca explícitamente, como tampoco a Maduro. Aunque en ese caso sus silencios parecen decir mucho más que sus palabras.

Luego se muestra conciliador con el primero. «La gran validez que tuvo Chávez es que, de alguna forma, denunció el olvido y la exclusión”, dice el empresario. «Quien no haya aprendido esa lección desperdició estos últimos 20 años”, agrega el rico heredero de Santa Teresa en ese momento en que su discurso político vuelve a tocarse con el de Rodríguez, el activista chavista.

«Nosotros terminamos siendo compadres”, cuenta el ex militar. Porque el magnate es padrino de su hijo, al que Rodríguez bautizó con un nombre muy especial para él: Hugo Rafael. Por Hugo Rafael Chávez Frías. (01.06.2018)

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