Venecia: de Zapata a Maduro

– EN EL PABELLÓN VENEZOLANO EN VENECIA SE IMPONE EL VACÍO

 Un “pabellon sin pies ni cabezas”

Once días después de que otros 88 países participantes lo hicieran, Venezuela inauguró su exposición en la 58ª Bienal de Arte de Venecia. Una muestra que se distancia de la propuesta global “Que vivas tiempos interesantes” con obras alusivas al antiimperialismo, la migración y la cultura ancestral

 

CRYSLY EGAÑA / El Nacional .- Goteras. Humedad. Filtraciones. Pintura que se desprende de las paredes.

Son los elementos que también forman parte de la exposición venezolana en la 58ª Bienal de Arte de Venecia, Metáforas de las tres ventanas: Venezuela en identidad y espacio de los artistas Natalie Rocha, Nelson Rangelosky, Ricardo García y Gabriel López. Una muestra que casi no llegaba a Italia.

En abril hubo muchísimo movimiento en los espacios Giardini di Castelo y en el antiguo astillero de Venecia. Los artistas realizaban los últimos preparativos de una de las exhibiciones internacionales más importantes del mundo. Todo debía estar listo el 8 de mayo, para abrir al público desde el 11 hasta el 24 de noviembre. Sin embargo, en el pabellón de Venezuela,  primer país latinoamericano en tener sede permanente, no había indicios de instalación. Era un espacio vacío sin uso desde el cierre de la Bienal de Arquitectura de 2018.

Tras la crisis que están viviendo los venezolanos, el artista venezolano Alberto Echegaray Guevara y otros creadores intervinieron el pabellón de Venezuela en la Bienal de Arte de Venecia en protesta por la situación del país, el profundo dolor del pueblo y las mentiras del régimen de Nicolás Maduro.

Luego de la inauguración de la Bienal, el pabellón abandonado por los entes gubernamentales fue espacio de una protesta en contra de Nicolás Maduro, encabezada por el artista plástico Alberto Echegaray, quien participa como invitado del Centro Cultural Europeo.

Es una insignia por donde han pasado los artistas más importantes del país. Si usted entra a la Bienal tiene una posición privilegiada. Es una lástima ver el pabellón abandonado. En un día de lluvia lo que hicimos fue informar y fijar posición sobre el pabellón, que está deteriorado. Había obras de la exposición de 2015 tiradas en la parte trasera”, describió Echegaray.

Paolo Baratta, presidente de la Bienal, indicó que la inauguración de la exposición venezolana sería el 13 de mayo. Luego, fue postergada hasta el 19 de ese mes. Finalmente, once días después de que los 88 pabellones nacionales estuvieran listos, se presentaron Ernesto Villegas Poljak, ministro de Cultura, y Oscar Sotillo, curador de la propuesta venezolana y viceministro de Identidad y Diversidad Cultural, junto con miembros de la izquierda radical italiana para inaugurar las cuatros muestras que conforman la exhibición, reseñó el portal italiano ARTRIBUNE.

Inauguración de la propuesta venezolana en la 58ª ​Bienal de Venecia / FOTO: VTV

Villegas señaló que la inauguración tardía se debió a las sanciones estadounidenses impuestas a funcionarios de Nicolás Maduro y que denominan “bloqueo económico”.

El empleo de recursos en la participación del país en la Bienal generó controversias en el círculo de Maduro.

El periódico local Il Foglio señaló que la renuncia de Julián Isaías Rodríguez, embajador de Venezuela en Italia, un día después de la inauguración, fue una forma de protesta por destinar dinero a la exposición en vez de cancelar el pago atrasado de cuatro meses de alquiler y salarios de la representación diplomática.

Rodríguez presentó sus alegatos en una carta pública en la que establece su retiro del entorno de Maduro. “Con fe absoluta me he aferrado al chavismo, cual una tabla en este océano de contradicciones que rodea su gobierno. He llegado, sin embargo, a comprender definitivamente que no puedo convertir el agua en vino, ni resucitar a los muertos (…) Renuncio, Presidente, a mis dosis de insomnio, estrés, aflicción y a las víboras con cabeza triangular que desde hace mucho tiempo lo acompañan”, escribió.

Un pabellón como el país

En 1996, el italiano Francesco Roberta elaboró el proyecto de restauración de la obra arquitectónica de Carlo Scarpa, quien estuvo a cargo del diseño del pabellón venezolano entre 1954 y 1956. Desde entonces, en varias oportunidades se intentó ponerlo en marcha sin éxito.

En 2014, Édgar González, presidente de la Fundación Museos Nacionales, informó que Venezuela no estaría presente en la Bienal de Arquitectura para comenzar las labores de restauración. “El gobierno revolucionario designó recursos para la renovación del edificio (…) Ha sido un proceso largo, pero logramos articular el compromiso de la Cancillería, el Ministerio de Cultura, la Fundación Museos Nacionales y las instituciones italianas que forman parte de esta iniciativa. La intención es devolverlo a su estado original a partir de una evaluación de la estructura y de los materiales”, dijo.

Los trabajos debieron finalizar en 2016, cuando la estructura cumplió seis décadas. Actualmente, en el lateral de una de las paredes de la exposición de Ricardo García, se indica “En restauración / in restauro / in restoration”.

Además, en una sección informativa sobre el pabellón realizada en 2017 se reseña: “El Pabellón de Venezuela está cumpliendo 61 años de haber sido construido. En este momento, el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela inicia los trabajos de restauración a la condición original en que fue concebido por Scarpa”. Se desconocen detalles al respecto.

La persona a cargo de orientar la exposición en Venecia negó tener información sobre avances en la obra.

Una propuesta fuera de la Bienal

Los países participantes deben orientar su participación en función de la temática que engloba esta edición: “Que vivas tiempos interesantes”. El título proviene de una maldición china, que evoca períodos de incertidumbre, crisis y desorden.

Ralph Rugoff, curador de la Bienal, dijo que esta exposición incluye “obras de arte que reflejan aspectos precarios de nuestra existencia actual, como las numerosas amenazas de las tradiciones fundadoras, las instituciones y las relaciones del orden posguerra”.

“Reconocemos que el arte no incide en la política. Por ejemplo, el arte no puede detener el avance de los nacionalismos y de los gobiernos autoritarios ni puede aliviar el destino trágico de los refugiados en el planeta, que son casi el 1% de la población. Quizás, puede ofrecer una guía para ayudarnos a vivir y pensar en estos tiempos interesantes”, agregó.

Ubicado en Giardini, que concentra los 30 pabellones más antiguos, Venezuela exhibe Metáforas de las tres ventanas: Venezuela en identidad y espacio. En una entrevista concedida a Venezolana de Televisión, Oscar Sotillo -curador de la muestra que presenta el país- dijo que las tres ventanas son tres ejes conceptuales: la migración –desde la perspectiva de Venezuela como país receptor de migrantes– en De tripas corazón por la venezolana residenciada en España, Natalie Rocha; la cultura ancestral presentada en la muestra Viento como palabra de Gabriel López y la explotación petrolera en la obra de Ricardo García, cuyo identificador señala su nombre escrito con lápiz en una hoja tamaño carta sin brindar detalles sobre la obra.

Además, presenta un eje transversal denominado “rebeldía y antiimperialismo”, en Las caras de la guerra, una obra de Nelson Rangelosky que muestra la expresión de sufrimiento de una mujer y que, al ser vista a través de una vitrina azul, se convierte en el rostro del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Tomando en consideración la temática de la Bienal, Sotillo dijo: “Vivimos tiempos tremendamente interesantes. Se nos ocurrió que en el marco de las coyunturas políticas que vivimos hoy en día lo más importante era apuntar hacia el tema de la identidad. Estas ventanas son hacia la identidad, desde la identidad”.

“Es una muestra que no tiene nada que ver con la propuesta del curador de la Bienal. Lo que uno observa es una propaganda política de Maduro. Lo que se exhibe no tiene mucho sentido”, opinó Echegaray. “Si un país envía una obra que está más alineada con la comunicación política del gobierno, que con lo que propone el curador, pesa más la primera que la segunda y eso es claramente lo que ha pasado con Venezuela”, añadió.

Gabriel López. “Viento como palabra”. Hierro, moriche, plumas y acero pulido

Advirtió que las exhibiciones con componente político suelen ser excepciones dentro de la Bienal. “Normalmente se deja de lado ese tema y se cumple con las indicadores del curador, por eso este es uno de los eventos más importantes del mundo y, sin duda, la exhibición más respetada. Existen casos aislados de países donde hay dictaduras y no dejan la libre expresión del artista. Son excepciones, no es la regla”, afirmó.

Considera que el pabellón representa una metáfora de Venezuela, pues, a su juicio, ha sido tratado como el país. “Es un reflejo. El abandono profundo, el dejo en todos los sentidos, en la cultura, en el desarrollo social. Coartan todo lo que pueden para no dejar que fluya el libre pensamiento”.

Gerardo Zavarce, investigador en artes visuales y curador, cuestionó el proceso de selección de los artistas que representaran a Venezuela en la Bienal. “Han sido selecciones oscuras, poco transparentes, con excesivas deficiencias museográficas”.

Al respecto, Sotillo ha dicho que la obras que participan en la Bienal las seleccionó un equipo curatorial, cuyos integrantes no fueron especificados.

Zavarce indicó que Venezuela se aleja de perspectivas abiertas a la discusión pública, al recaer la responsabilidad de la Bienal en los funcionarios de turno del Ministerio de Cultural. “Se pierde la oportunidad de estructurar una mirada en el campo que pueda dar cuenta de un discurso contemporáneo contestatario (…) No hemos tenido la oportunidad de construir criterios curatoriales fuertes para la selección de quienes nos van a representar en el pabellón. Las últimas ediciones han estado a cargo de especialistas con poca trayectoria reconocida en el ámbito de las artes visuales en Venezuela y lo que se ha mostrado no ha cubierto las expectativas. Muy apurado, muy improvisado”.

El deterioro de la propuesta venezolana, que en el pasado fue representada por artistas como Armando Reverón y Francisco Narváez (1954), Jesús Soto (1966), Carlos Cruz-Diez (1970), Jacobo Borges (1988), Pedro León Zapata/Víctor Hugo Irazábal (2001), dice Zavarce, representa el vacío que existe en la sociedad venezolana que no ha encontrado respuestas y alternativas a la imposición de un pensamiento único.

“Ese vacío apunta a muchas cosas: el incentivo para que en un futuro -que comienza ahora- se pueda llevar una muestra, una representación de otra manera. Ese vacío también nos dice a quienes trabajamos en las artes visuales que hay mucho por hacer y habrá mucho que construir. Necesitamos trabajar para generar una dinámica que permita que la Bienal de Venecia sea una oportunidad de aprendizaje y la consolidación de una infraestructura dentro del campo de visuales. Una experiencia de aprendizaje para curadores, gestores culturales. Ese vacío nos muestra todo lo que en otras condiciones se nos va a permitir. Ese vacío es un referente simbólico que nos propone muchas cosas por hacer”, concluyó.

Con información de Gianni Mastrangioli

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