Un idólatra y un hereje

UN CATÓLICO Y UN PROTESTANTE DEBATEN SOBRE LA FE

 

 

ACI.- Dos filósofos, uno católico y uno protestante, debaten, se cuestionan y aprenden el uno del otro en el libro “Cartas entre un idólatra y un hereje”.

El formato es precisamente el de las cartas. No fue algo exactamente planeado, explica García Huidobro al diario chileno El Mercurio, sino que “estábamos en distintos países”.

Para García Huidobro, una de las razones de la “indiferencia” de muchas personas frente a Jesucristo “es el lamentable espectáculo que a veces damos los cristianos”.

Esto motivó a ambos a “conversar sobre el tema”.

Para García Huidobro los católicos necesitan “con urgencia” más humor para hacer frente a los desafíos de la vida cotidiana, pues “las caras largas dañan al cristianismo más que las herejías”.

El abogado chileno subrayó que la división de los cristianos “constituye un escándalo”, pero precisó que “esa división no puede imputarse simplemente a los protestantes”, sino que “hubo culpas compartidas”.

Además, destacó que “los católicos podemos aprender mucho de los protestantes”.

Aquí no hay bando rival. Solo dos personas que conversan sobre un divorcio que se produjo hace 500 años.

Por su parte, Manfred Svensson señaló que a 500 años de la Reforma protestante, “celebro sus postulados sin ser ciego a sus ambivalentes efectos”, pues detesta “el triunfalismo protestante”.

Para Svensson “las diferencias son menos de las que uno imagina, pero que no por eso se ven más fáciles de zanjar. Son como pequeños abismos”.

Uno de los puntos más críticos, reconoció García Huidobro, fue “la noción de sacerdocio”.

“En qué consiste esta diferencia y por qué es tan importante, es algo que tratamos de explicar en las cartas”, señaló.

“Cartas entre un idólatra y un hereje” está disponible para su compra en Amazon, para dispositivos Kindle y en edición impresa.

 

Las intensas cartas

ELENA IRARRÁZABAL S. – El Mercurio:  Protestante uno, católico el otro, los dos profesores de Filosofía presentan, al cumplirse los 500 años de la Reforma de Lutero, un epistolario en que conversan sobre lo que los une y los diferencia (que no es tan poco). Aunque, según García-Huidobro, «las caras largas dañan al cristianismo más que las herejías». 

Veintiséis misivas son las que incluye el libro «Cartas entre un hereje y un idólatra»  El «hereje» es Manfred Svensson , hijo y nieto de misioneros protestantes de la Iglesia Pentecostal sueca.

Joaquín García-Huidobro, en cambio, es católico, y desde el punto de vista protestante podría ser calificado de «idólatra» por venerar a los santos y a la madre de Jesús.

Amigos desde hace 20 años, profesores de Filosofía y participantes en el debate público nacional a través de columnas y entrevistas, mientras los dos permanecían en distintos países mantuvieron una correspondencia sobre temas de fe y cultura, que plasmaron en el libro que acaban de lanzar, en la mismísima semana en que se cumplieron 500 años de la Reforma protestante. «En este diálogo hubo siempre una regla no explícita: ninguno se ‘preparó’ para él, ni buscó en los libros de teología de su respectiva creencia argumentos para derrotar a su contrario. No era un debate, sino una conversación», explican los autores.

A través de las cartas, los dos académicos del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes exploran convergencias, pero también cuestionan, desmienten y abordan temas polémicos entre sus respectivos credos, en el marco de un diálogo atravesado por el interés por la política, la filosofía, la historia del cristianismo y cierta dosis de humor e ironía.

El humor también está presente en el ameno prólogo del libro, redactado por el escritor Rafael Gumucio, quien relata su experiencia y sus dificultades como creyente. «Pensaba, antes de leer sus cartas, que era el único civil en Santiago que se preocupaba por estos temas. Ya veo con preocupación que somos al menos tres», sostiene al inicio. Según Gumucio, «ser católico, con todos los abusos y sinrazones que implica, demanda un sentido del humor, del absurdo, del ridículo, que es quizás lo que más se necesite hoy».

En las misivas se conversa sobre lo que tienen en común, pero los autores toman en serio las diferencias en sus creencias y no buscan soslayarlas. «Los cristianos no podemos ir donde los no creyentes y reprocharles ignorancia respecto del cristianismo, cuando nosotros mismos nos ignoramos recíprocamente. Partamos por conocernos, sin diluir las diferencias, y tal vez eso contribuya a elevar la ocasional discusión sobre religión que hay en nuestro medio», señala Svensson, quien ha escrito varios libros vinculados a la Reforma.

Las ideas de la carta inicial surgieron mientras Svensson caminaba por el «Patio de los disidentes» en el Cementerio General, donde se enterraba a los protestantes. «Me pareció que empezar una conversación desde dentro de los gruesos muros que antes aislaban a ese patio era un buen punto de arranque. Existe ese dicho de que buenos muros hacen buenos vecinos, lo que aquí parece ser bien falso. Yo invertiría el dicho: buenos vecinos hacen buenos muros. Eliminan algunos muros que no eran necesarios, y cuidan en cambio otros; eso es lo que queríamos hacer aquí».

Para Joaquín García-Huidobro resulta interesante la reflexión en las cartas sobre la figura de Santo Tomás de Aquino. «El filósofo Josef Pieper decía que Tomás de Aquino era el último maestro común a la cristiandad occidental. Un amigo suyo, protestante, le contestó que no era así, porque Tomás ya era excesivamente católico. Manfred ha mostrado en diversos trabajos que la influencia del Aquinate en los primeros autores reformados es enorme. El pensamiento de Tomás puede facilitar el diálogo», explica.

-Y en el caso de los católicos, ¿necesitan más humor para enfrentar las adversidades?

«¡Con urgencia! Las caras largas dañan al cristianismo más que las herejías», responde García-Huidobro.

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