Trump patalea y “perturba”

ILUSTRACIÓN: Patricio Betteo

 

TRUMP -SIN PRUEBAS- INSISTE EN UN «FRAUDE»

– SOBRE UNA POSIBLE DERROTA: «GANAR ES FÁCIL, PERDER NO. NO PARA MÍ»

GANE O PIERDA, TRUMP SEGUIRÁ SIENDO UNA FUERZA PODEROSA Y PERTURBADORA

 

JAIRO MEJÍA / EFE.- Con su último discurso, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha planteado un desafío sin precedentes contra la democracia de su país y ha deslegitimado el proceso electoral, además de abonar el terreno para no reconocer un resultado que favorezca a su rival, el demócrata Joe Biden, y pone una transición pacífica del poder contra las cuerdas.

Abatido como pocas veces se le ha visto, Trump dio un discurso el jueves triunfalista con semblante de perdedor. Desde la sala de prensa de la Casa Blanca presumió de haber desdicho a todos los que predecían su amplia derrota, acusó de fraude electoral a los estados gobernados por demócratas con pruebas falsas que circulan por internet y mandó un mensaje velado a los legisladores republicanos y al Tribunal Supremo para que no le abandonen.

El mandatario rechazó leyes electorales estatales tan básicas como el deber de aceptar votos enviados por correo que tengan en el matasellos la fecha anterior al día de las elecciones, aunque lleguen después de la jornada de los comicios.

En un uso sin precedentes de la sala de prensa presidencial compartió como pruebas rumores no probados de fraude que circulan por las redes sociales, en lo que cada vez parece un intento de alimentar a la maquinaria de movilización que representan Facebook, Youtube, Telegram o WhatsApp.

De poco sirvió que las grandes “networks” (los canales de televisión más importantes) suspendieran la emisión de su discurso. Los foros ultraconservadores distribuyeron inmediatamente cortes de las acusaciones del presidente, que refuerzan teorías que llevan compartiendo desde la noche electoral del martes y que millones de estadounidenses, tal vez casi la mitad del país, consideran hechos irrefutables: hay en marcha una conspiración para añadir votos demócratas con la excusa de que son papeletas enviadas por correo.

Según esta realidad ignorante de los hechos, al refugio de la noche se añaden papeletas falsas suficientes para destruir las ventajas de Trump en estados clave, algo que en las redes sociales explican personas de dudoso origen, no familiarizadas con el conteo, que aseguran haber sido testigos de la llegada de grandes volúmenes de votos a los centros de escrutinio, el lugar donde esto precisamente es normal que suceda.

Trump, además, alimentó otra de las realidades paralelas de millones de estadounidenses: el fraude está financiado «por banqueros de Wall Street» y la élite tecnológica (sinónimo para muchos de judíos) y sucede en ciudades con una proporción importante de población afroamericana de «mala reputación», un guiño racista que funciona en parte de su audiencia.

Detroit y Filadelfia, dos de los lugares más corruptos políticamente de nuestro país, no puede ser responsables de fabricar el resultado de una elección presidencial”, dijo el mandatario.

La lista de imprecisiones contra las leyes estatales electorales que se han aplicado sin grandes sobresaltos desde hace décadas es un claro sabotaje contra el sistema democrático estadounidense y allana el camino para el siguiente paso: negar la transición pacífica del poder.

Trump no aceptará una victoria de Biden

Parece claro que si Biden acaba superando la barrera de los 270 votos del Colegio Electoral, Trump no aceptará el resultado.

Vamos a ganar las elecciones fácilmente y va a haber muchos litigios», dijo en una contradicción más de un hombre que ha pedido parar el conteo en los estados en los que tenía ventaja y continuarlo hasta el final en los que estaba recortado distancia.

“Los demócratas nunca pensaron que podrían ganar esta elección por eso salieron con el voto por correo (…) ha sido diseñado así”, dijo Trump, que ignoró que la pandemia que él ha rechazado contrarrestar está detrás del uso de un método de votación legal presente en muchos estados.

Con esto parece claro, que cuando se confirme que Biden es ganador de las elecciones, algo que parece más probable a juzgar de cómo avanza el escrutinio en los estados que restan, Trump no aceptará esos resultados y se apoyará en el Tribunal Supremo, en una serie de litigios que, según expertos en derecho como la profesora de la Universidad de Columbia Caroline Polisi, «carece de mérito» y capacidad de desviar el resultado significativamente.

En tal caso la duda que resta es qué hará el mandatario si se queda sin base legal para rebatir el resultado electoral y se ve abocado a abandonar el poder antes del próximo 20 de enero, cuando finaliza el mandato actual.

Trump es el partido republicano

Trump sí dijo una verdad: el Partido Republicano ha movilizado a las urnas más votantes que nunca antes, ha destrozado los pronósticos de los expertos en análisis político, reduce el control demócrata en la Cámara de Representantes y podría mantener la mayoría en el Senado.

Como nuevo estandarte del nuevo Partido Republicano, Trump no ha conseguido grandes respaldos por el momento entre los grandes nombres de la formación política para denunciar las «travesuras» y el fraude que alega en los estados demócratas.

Los líderes republicanos mantiene una postura discreta, el Supremo, que controlan los conservadores le ha dado la espalda en uno de sus primeros intentos contra los mecanismos del sistema electoral y se espera que el secretario de Defensa, Mark Esper, prepare su dimisión, según medios estadounidenses. Trump empieza a quedarse con el único apoyo de las redes sociales.

 

La predicción de Bernie Sanders que se cumplió

La Nación .- Durante las últimas horas, la agenda periodística giró en torno a las elecciones en Estados Unidos y a los resultados obtenidos por Joe Biden y Donald Trump en las distintas zonas del país. Hasta ahora, los datos conocidos manejan una impresionante similitud con un análisis que el precandidato demócrata Bernie Sanders hizo semanas atrás en una entrevista con Jimmy Fallon. Por las impresionantes coincidencias entre los dichos del políticoy lo que efectivamente ocurrió, el video se viralizó en las últimas horas.

Aunque las elecciones son el 3 de noviembre se ha dicho que no se conocerán los resultados hasta días después. ¿Cuándo crees que conoceremos los resultados?», preguntó Fallon a Sanders. «Cada voto debe ser contado», respondió el demócrata. «Por ciertas razones, las cuales no tengo tiempo para profundizar esta noche, va a haber una situación, sospecho, en estados como Pensilvania, Michigan, Wisconsin, y otros donde van a recibir grandes cantidades de votos por correo», sumó.

«Aunque estados como Florida o Vermont no son capaces por malas razones de empezar a procesar esos votos por correo hasta el día de las elecciones o cuando se cierren los colegios, habrá estados operando con quizás millones de votos por correo. Y esta es mi preocupación», apuntó Sanders y anticipó algo que efectivamente ocurrió.

«Lo que muestran las encuestas y lo que los estudios han señalado es que, por la razón que sea, los demócratas son más dados a usar el voto por correo. Los republicanos, en cambio, se inclinan a votar a las urnas el día de los comicios», explicó Sanders en diálogo con Fallon. «Estos serán los que primeramente serán recontados, aquellos de la gente que acudirá a votar el día de las elecciones que serán republicanos», sumó.

En ese sentido, Sanders también señaló que por ese entonces desconocía lo que iba a ocurrir, pero sí apuntó a que sería probable que «a las 10 horas de la noche electoral Trump ganara en Michigan, Pensilvania, Wisconsin. y esto es lo que se dirá en televisión». «Pero el día siguiente los votos por correo seguirán siendo escrutados y entonces todo se torcerá a favor de Biden, quien habrá ganado en esos estados», añadió.

Además, Sanders anticipó que en esa instancia, Trump iba a acusar que el voto a Biden había sido fraudulento. Este comentario también fue una acertada predicción de Sanders, ya que el miércoles, el presidente de Estados Unidos insinuó que llevará a los tribunales la votación.

 

Gane o pierda, Trump seguirá siendo una fuerza poderosa y perturbadora

El presidente Trump el miércoles por la mañana en la Casa Blanca. A la zaga del exvicepresidente Joe Biden, Trump buscó inmediatamente desacreditar la elección basándose en reclamos de fraude inventados. Doug Mills / The New York Times

PETER BAKER y MAGGIE HABERMAN / The New York Times – WASHINGTON .- Si el presidente Donald Trump pierde su apuesta por la reelección, como parecía cada vez más probable el miércoles, sería la primera derrota de un presidente en ejercicio en 28 años. Pero algo parecía seguro: gane o pierda, no se irá tranquilamente.

A la zaga del exvicepresidente Joe Biden, Trump pasó el día tratando de desacreditar la elección basándose en afirmaciones de fraude inventadas con la esperanza de aferrarse al poder o justificar una derrota. Ha dejado claro que, si perdiera, no se alejará del escenario político.

Por lo menos le quedan 75 días en el cargo para usar su poder como le parezca y para vengarse de algunos de sus supuestos adversarios. Enfadado por una derrota, puede despedir o dejar de lado a una serie de altos funcionarios que, según su percepción, no cumplieron sus deseos, incluyendo a Christopher A. Wray, el director del FBI, y el doctor Anthony S. Fauci, el principal especialista en enfermedades infecciosas del gobierno en medio de una pandemia.

Y si se ve obligado a abandonar la Casa Blanca el 20 de enero, es probable que Trump demuestre ser más resistente de lo esperado y casi seguro que seguirá siendo una fuerza poderosa y perturbadora en la vida estadounidense. Recibió por lo menos 68 millones de votos, cinco más que en 2016 y ha obtenido alrededor del 48 por ciento del voto popular, lo que significa que retuvo el apoyo de casi la mitad del pueblo a pesar de cuatro años de escándalos, reveses, juicio político y el brutal brote de coronavirus que ha matado a más de 233.000 estadounidenses.

Eso le da una base de poder para desempeñar un papel que otros presidentes derrotados tras un periodo, como Jimmy Carter y George Bush, no tuvieron.

Trump ha coqueteado durante mucho tiempo con la creación de su propia cadena de televisión para competir con Fox News, y en privado últimamente ha planteado la idea de volver a presentarse en 2024, aunque para entonces tendría 78 años. Incluso si sus días como candidato han terminado, sus 88 millones de seguidores en Twitter le dan la oportunidad de ser una voz influyente en la derecha, convirtiéndolo potencialmente en un hacedor de reyes entre los republicanos en ascenso.

Si algo queda claro de los resultados de las elecciones es que el presidente tiene un gran número de seguidores y no tiene intención de abandonar el escenario en breve”, dijo el exsenador Jeff Flake de Arizona, uno de los pocos funcionarios republicanos que ha roto con Trump en los últimos cuatro años.

Dichos seguidores pueden permitir a Trump ganar un segundo mandato y cuatro años para tratar de reconstruir la economía y remodelar el Partido Republicano a su imagen. Pero incluso desde fuera del cargo, podría intentar presionar a los senadores republicanos que conservan la mayoría para que resistan a Biden en cada momento, obligándolos a elegir entre la conciliación o enfadar a su base política.

Mientras llega una nueva generación de republicanos, Trump podría posicionarse como el líder de facto del partido, esgrimiendo una extraordinaria base de datos de información sobre sus partidarios que a los futuros candidatos les encantaría alquilar o acceder de algún modo. Los aliados del presidente han imaginado a otros republicanos en peregrinación a su propiedad en Mar-a-Lago en Florida, en busca de su bendición.

Trump recibió al menos cuatro millones de votos más que en 2016 y ha logrado cerca del 48 por ciento del voto popular.  Tamir Kalifa / The New York Times

No es como si su cuenta en Twitter o su habilidad para controlar el ciclo de noticias vaya a detenerse”, dijo Brad Parscale, el primer director de campaña del presidente en este ciclo electoral. “El presidente Trump también tiene la mayor cantidad de datos jamás reunidos por un político. Esto impactará en las carreras y en las políticas en los años venideros”.

Las encuestas a boca de urna mostraron que a pesar de los prominentes desertores republicanos como el senador Mitt Romney de Utah y los ‘nunca-trumpistas’ del Lincoln Project, Trump gozó de un fuerte apoyo dentro de su propio partido, al ganar al 93 por ciento de los votantes republicanos. Y a pesar de su retórica a menudo racista, también le fue algo mejor que hace cuatro años con los votantes negros (12 por ciento) e hispanos (32 por ciento). Y después de una enérgica campaña en los estados clave en disputa, los votantes que se decidieron a último momento se inclinaron por él.

Algunos de los argumentos de Trump tenían un peso considerable entre los miembros de su partido.

A pesar de la pandemia del coronavirus y el consiguiente costo económico, el 41 por ciento de los votantes dijeron que les iba mejor que cuando él asumió el cargo, en comparación con solo el 20 por ciento que dijo que les iba peor. Adoptando las prioridades del presidente, el 35 por ciento de los votantes nombró la economía como el tema más importante, el doble de los que citaron la pandemia. El 49 por ciento dijo que la economía era buena o excelente, y el 48 por ciento aprobó el manejo del virus por parte de su gobierno.

Si es derrotado, el presidente conservará la lealtad eterna de los votantes del partido y de los nuevos votantes que trajo al partido”, dijo Sam Nuremberg, quien fue estratega en la campaña de Trump en 2016. “El presidente Trump seguirá siendo un héroe dentro del electorado republicano. El ganador de las primarias presidenciales republicanas de 2024 será el presidente Trump o el candidato que más se le parezca”.

No todos los republicanos comparten esa opinión. Aunque Trump sin duda seguirá hablando y haciéndose valer en la escena pública, dijeron que el partido estaría feliz de intentar superarlo si pierde y será recordado como una aberración.

Nunca habrá otro Trump”, dijo el exrepresentante Carlos Curbelo de Florida. “Los imitadores fracasarán. Se desvanecerá gradualmente, pero las cicatrices de este tumultuoso período de la historia estadounidense nunca desaparecerán”.

De hecho, Trump no logró reproducir su inesperado éxito de 2016, cuando se aseguró una victoria en el Colegio Electoral, incluso cuando perdió el voto popular a favor de Hillary Clinton. A pesar de todas las herramientas que tiene a su disposición como presidente, no consiguió conquistar un solo estado que no hubiera ganado la última vez, y hasta el miércoles había perdido dos o tres, con un par todavía por definir.

Otros presidentes destituidos después de un solo mandato o menos —como Gerald R. Ford en 1976, Carter en 1980 y Bush en 1992— tendieron a desvanecerse en las sombras políticas. Ford contempló brevemente un regreso, Carter criticó ocasionalmente a sus sucesores y Bush hizo campaña a favor de sus hijos, pero ninguno de ellos siguió siendo una fuerza política importante dentro de su partido. Al menos políticamente, cada uno de ellos era visto en diversos grados como una fuerza agotada.

El último presidente derrotado que intentó desempeñar un papel de intermediario en el poder después de dejar el cargo fue Herbert Hoover, que se posicionó para volver a presentarse tras su derrota en 1932 a manos de Franklin D. Roosevelt y se convirtió en un líder declarado del ala conservadora del Partido Republicano. Aunque ejerció una influencia significativa durante años, no volvió a ganar la nominación ni cambió el veredicto de la historia.

Personal electoral revisa los resultados en Mason, Michigan.Bryan Denton / The New York Times

Para Trump, a quien le importa “ganar ganar ganar” más que cualquier otra cosa, sería intolerable que se le conociera como un perdedor. El día de la elección, durante una visita a su cuartel de campaña, reflexionó en voz alta sobre el tema. “Ganar es fácil”, le dijo a los periodistas y al personal. “Perder nunca es fácil. Para mí no, no lo es”.

Para evitar esa suerte, el miércoles el presidente buscó convencer a sus partidarios de que se estaban robando la elección simplemente porque las autoridades locales y estatales estaban contabilizando boletas emitidas legalmente. Que eso no fuera cierto, evidentemente le importó poco. Estaba armando una narrativa para justificar las disputas legales que incluso los abogados republicanos habían dicho que no tenían fundamento y que, de fracasar, lo presentarían como un mártir que no fue repudiado por los votantes si no, de algún modo, despojado del triunfo por fuerzas nefastas e invisibles.

Trump tiene un historial de haber estado del otro lado de acusaciones de fraude. Su hermana dijo que consiguió que alguien más presentara su examen de ingreso a la universidad. Las hijas de un podólogo de Queens aseguran que su difunto padre diagnosticó a Trump con espolones óseos para evitar que fuera llamado a servir en la guerra de Vietnam como un favor a Fred Trump, el padre del presidente. Y sus tratos de negocios a menudo lo han involucrado en demandas y denuncias.

El joven Trump pagó 25 millones de dólares a los estudiantes en su Universidad Trump para acallar acusaciones de fraude. Su fundación de beneficencia fue clausurada luego de que las autoridades encontraron un “sorprendente patrón de ilegalidad”. Participó en dudosos esquemas impositivos durante los años noventa, entre ellos algunos casos de fraude descarado, según una investigación de The New York Times. Y Michael D. Cohen, su abogado y encargado de resolverle problemas, escribió en un libro reciente que amañó dos encuestas en línea a favor de Trump.

El presidente ha sobrevivido a todo eso y a una serie de quiebras y otros fracasos a través de una vida de apelaciones célebres y populistas que le dieron el aura de ganador que él alimentó. Desde su época en el sector inmobiliario y en la televisión, ha sido parte del firmamento de la cultura pop del país durante 30 años, una figura recurrente en películas, programas de televisión y en sus propios libros.


Hasta que una nueva generación de republicanos dé un paso adelante, Trump aún podría posicionarse como el líder de facto del partido. Hilary Swift / The New York Times

Ha sido, para millones, un símbolo de la aspiración y la riqueza soñada. Fue la estrella de una popular serie de televisión durante 14 temporadas, que lo presentó al país mucho antes de que postulara a la presidencia. Y una vez que lo hizo, sus bulliciosos mítines unieron a sus seguidores con él de una manera que subrayó cuánto él es un fenómeno cultural.

Durante meses, a medida que disminuían sus posibilidades de ser reelegido, Trump dijo a sus asesores —a veces en broma, a veces no— que si perdía anunciaría rápidamente que se presentaría de nuevo en 2024. Dos asesores dijeron que prevén que cumplirá con esa declaración si sus recusaciones legales fracasan y es derrotado, una medida que, si no hay nada más, le permitiría recaudar dinero para financiar los mítines de los que vive.

Cuando parecía probable que perdiera su campaña de 2016, él y algunos de los miembros de su familia hablaron de iniciar una empresa de medios de comunicación, vagamente concebida como Trump TV. Algunas de esas discusiones han continuado hasta este año, según gente que las conoce.

No hay duda de que es una de las mayores figuras políticas polarizantes de la historia moderna”, dijo Tony Fabrizio, uno de los encuestadores de Trump. “Sus partidarios lo adoran y sus oponentes lo vilipendian. No hay término medio con Donald Trump”.

Peter Baker reportó desde Washington, y Maggie Haberman desde New York.

Peter Baker es el corresponsal jefe de la Casa Blanca de The New York Times y ha cubierto a los últimos cuatro presidentes de Estados Unidos. También es autor de seis libros, el más reciente, The Man Who Ran Washington: The Life And Times of James A. Baker III. @Peterbakernyt

Maggie Haberman es corresponsal de la Casa Blanca. Se unió al Times en 2015 como corresponsal de campaña y fue parte del equipo que ganó un premio Pulitzer en 2018 por informar sobre los asesores del presidente Trump y sus conexiones con Rusia.@maggieNYT

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