Sínodo y “nuevos colonialismos”

SIGUEN LOS INCENDIOS que arrasaban las selvas en Brasil, Bolivia y Paraguay

JAIR BOLSONARO RECIBIÓ A UN REPRESENTANTE DE FRANCISCO

UN SÍNODO INÉDITO

Los bosques amazónicos cubren aproximadamente 5,3 millones de km2, lo que representa el 40% del área de bosque tropical global.

 

El reciente nombrado Cardenal Michael Czerny S.J., secretario especial del Sínodo de la Amazonía, aclara a través de un primer video, cuáles son los temas centrales en los que se van a ocupar durante el desarrollo del trabajo. El Cardenal Czerny junto con Mons. David Martínez, Obispo de Puerto Maldonado en Perú y en apoyo al Cardenal Cláudio Hummes O.F.M., presentarán un documento final para la consideración y aceptación de los Padres Sinodales. 

 

«…los nuevos colonialismos»

ELISABETTA PIQUÉ / La NacionRoma .- El Papa inauguró el sínodo especial de obispos para la región panamazónica con una misa solemne en la que pidió «renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia de modo que no se apague el fuego de la misión» y advirtió sobre el peligro de la «avidez de los nuevos colonialismos», culpable de los recientes incendios en uno de los pulmones del planeta.

«Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo», dijo Francisco, que con este sínodo, que durará hasta el 27 de octubre y volverá a ser terreno de batalla entre reformistas y conservadores, puso sobre el tapete una riquísima zona de 7,8 millones de kilómetros cuadrados (el tamaño de Australia) que comparten 9 países, que se encuentra bajo riesgo.

Allí viven 33 millones de personas, entre ellos 3 millones de indígenas olvidados, pertenecientes a 390 grupos diversos, amenazados no solo por los devastadores efectos del cambio climático, sino también por una salvaje explotación de sus recursos natuales.

En un sermón en el que recordó justamente que allí en el pasado muchas veces «el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto» y que «ha habido colonización en vez de evangelización», el Papa advirtió sobre el peligro de «la avidez de los nuevos colonialismos». «El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad», afirmó. «Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo», agregó.

Lo escuchaban en silencio los 185 padres sinodales -cardenales, obispos y religiosos de todos los continentes-, expertos, auditores e invitados especiales a esta asamblea especial sobre el tema de la Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Entre ellos también hay 35 mujeres -entre las cuales 20 monjas sin derecho a voto, algo que provocó protestas- y representantes de pueblos originarios. Fue justamente la presencia de indígenas, con sus plumas y coloridos trajes tradicionales, la que marcó la misa solemne, en la que hubo oraciones en diversos idiomas y coros de la Capilla Sixtina.

«Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios», pidió el Papa en su sermón, en el que llamó a no defender el status quo, sino a una «prudencia audaz» guiada por el Espíritu Santo. «Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el ‘siempre se ha hecho así’, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo», subrayó. «La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva. Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración», siguió.

La batalla sobre los «viri probati»

En el sínodo la batalla se dará en torno a la propuesta de ordenar en zonas remotas a ancianos casados, de virtud probada («viri probati»), algo que es visto por los sectores conservadores como una afrenta a la ley del celibato, que de todos modos no es un dogma. «Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana», planteó en uno de sus puntos el «Instrumentum Laboris», el documento que servirá de base para las discusiones. Aunque no se trata de un documento pontificio, como recordó hace unos días el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario genral del sínodo, este fue muy criticado y hasta considerado herético por quienes atacan al Papa.

Lo cierto es que, más allá de la lucha interna por esta delicada cuestión eclesial, el sínodo también tendrá efectos geopolíticos. Ya el solo hecho de haberlo convocado fue un mensaje claro a las políticas económicas que explotan el territorio panamoazónico sin darle beneficio alguno a las poblaciones indígenas.

De hecho el presidente brasileño Jair Bolsonaro -puesto en el banquillo por la comunidad internacional por los incendios en el Amazonas-, criticó al sínodo y hasta acusó a los obispos de poner en peligro la soberanía del país en esta zona.

«La soberanía de Brasil en la Amazonia es intocable también para nosotros, pero esto no significa que el resto del mundo no pueda hablar sobre sus problemas», dijo el cardenal brasileño Claudio Hummes, relator general del sínodo, presidente de la Red Eclesial Panamazónica (Repam) y prelado muy cercano al Papa.

Francisco, en efecto, lo mencionó al final de su sermón cuando le pidió a los participantes a la asamblea que no se olviden de los misioneros que murieron en la Amazonia. «Merecen ser canonizados» contó Francisco que le dijo Hummes. Y concluyó: «por ellos, por los que están dando la vida, por los que dejaron la vida, caminemos juntos».

Los argentinos en la asamblea

Aunque la Argentina no forma parte de la región amazónica, que incluye a otros 9 países latinoamericanos (Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador,Colombia, Venezuela, Surinam y las dos Guyanas), participan varios argentinos en la asamblea. Nominados por el Papa, el obispo de Reconquista, Ángel José Macín; el arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales; y el padre Sebastián Robledo, párroco de la Iglesia de San Francisco Solano, en Corrientes. Como miembro del Consejo pre-sinodal, Oscar Ojea, obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Como colaboradores y expertos, el padre Carlos Galli, decano de la Facultad de Teología de la UCA y miembro de la Comisión Teológica Internacional; el padre jesuita Miguel Yáñez, profesor de Teología Moral de la Pontificia Universidad Gregoriana; el padre Augusto Zampini, funcionario del Dicasterio para la Promoción del desarrollo Humano Integral. Como asistente, el reverendo Carlos Marcelo Singh Mesconi. Como invitado especial, Luis Liberman, fundador de la Cátedra del Diálogo y de la Cultura del Encuentro y empresario del mundo del agua.

El Papa Francisco durante la apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos / LA VOZ

Homilía de apertura

ACI Prensa .- El Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa de apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, conocida también como Sínodo de la Amazonía, y que se desarrollará en el Vaticano hasta el próximo 27 de octubre.

En la Misa, en la que han participado también los 13 nuevos Cardenales creados en el consistorio celebrado ayer sábado 5 de octubre, el Santo Padre contrapuso el fuego de Dios, “que ilumina, calienta y da vida”, al fuego del mundo, “que destruye”.

El Santo Padre destacó la importancia del Sínodo “para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonía, de modo que no se apague el fuego de la misión”. Asimismo, recordó que “muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos”.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

El apóstol Pablo, el mayor misionero de la historia de la Iglesia, nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”. Lo que escribe Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios.

Ante todo, dice: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6). Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos.

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos. Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. Lo recuerda el Evangelio, que habla de «siervos inútiles» (Lc 17,10).

Es una expresión que también puede significar «siervos sin utilidad». Significa que no nos esforzamos para conseguir algo útil para nosotros, un beneficio, sino que gratuitamente damos porque lo hemos recibido gratis (cf. Mt 10,8). Toda nuestra alegría será servir porque hemos sido servidos por Dios, que se ha hecho nuestro siervo. Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios.

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren.

Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo. Pero «la Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de “mantenimiento” para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (BENEDICTO XVI, Exhort. apost. postsin. Verbum Domini, 95). Porque la Iglesia está siempre en camino, siempre en salida, nunca cerrada en sí misma. Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra.

El fuego que reaviva el don es el Espíritu Santo, dador de los dones. Por eso san Pablo continúa: «Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (2 Tm 1,14). Y también: «Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia» (v. 7).

No es un espíritu cobarde, sino de prudencia. Alguno piensa que la prudencia es una aduana, una virtud que lo para todo para no equivocarse. No. La prudencia es virtud cristiana, es virtud de vida. También es la virtud del gobierno. Pablo contrapone la prudencia a la cobardía. ¿Qué es entonces esta prudencia del Espíritu? Como enseña el Catecismo, la prudencia «no se confunde ni con la timidez o el temor», si no que «es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo» (n. 1806). La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva.

Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración. Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión.

El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde, pero no se consume (cf. Ex 3,2). Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo. Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos.

El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo.

Reavivar el don; acoger la prudencia audaz del Espíritu, fieles a su novedad; san Pablo dirige una última exhortación: «No te avergüences del testimonio […]; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1,8). Pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia. Es su misión, su identidad. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6).

Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio. Agradezco a Dios porque en el Colegio Cardenalicio hay algunos hermanos Cardenales mártires, que han experimentado en la vida la Cruz del martirio. De hecho, subraya el Apóstol, se sirve el Evangelio no con la potencia del mundo, sino con la sola fuerza de Dios: permaneciendo siempre en el amor humilde, creyendo que el único modo para poseer de verdad la vida es perderla por amor.

Queridos hermanos: Miremos juntos a Jesús Crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida.

Muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Muchos hermanos y hermanas en Amazonía han entregado su vida.

Permitidme que repita las palabras de nuestro amado Cardenal Hummes, cuando llega a las pequeñas ciudades de la Amazonía, acude a los cementerios, a buscar las tumbas de los misioneros. Un gesto de la Iglesia por aquellos que han entregado la vida en la Amazonía. Y luego, con un poco de picardía, dice al Papa: ‘No se olvide de ellos. Se merecen ser canonizados’.

Por ellos, por aquellos que han dado su vida, con ellos, caminemos juntos.

El patrono San Francisco de Asís

El Papa Francisco confió el Sínodo de la Amazonía, que se realizará del 6 al 27 de octubre en el Vaticano, a San Francisco de Asís, en el día en que la Iglesia celebra su fiesta.

“Hoy que termina el Tiempo de la Creación. confiemos el Sínodo de la Amazonía a San Francisco de Asís», escribió el Santo Padre en su cuenta de Twitter.


El Papa Francisco plantó un árbol de Asís en los jardines vaticanos

Esta mañana el Papa participó en una ceremonia en la que plantó un árbol de Asís en los Jardines Vaticanos, al término de la cual rezó el Padre Nuestro con los presentes.

Los trabajos de los padres sinodales comenzarán al día siguiente, el lunes 7.

El Papa Francisco planta un árbol de Asís en la fiesta de San Francisco

 

Reportaje sobre el sínodo que se celebra sobre la Amazonia.

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