Rugió “El Ratón” en Culiacán

– EL NARCO MEXICANO MOSTRÓ SU PODER Y DOBLEGÓ AL GOBIERNO DE AMLO

– LA CONSIGNA DE AMLO: “Más vale Narco que muerto”

 

Culiacan, paso a paso…

ENRIQUE PÉREZ QUINTANA / Yahoo Noticias .- El jueves 17 de octubre en la ciudad de Culiacán, Sinaloa se desató la violencia que envolvió a una extensa zona de esa población por más de seis horas.

Las autoridades informaron que los hechos iniciaron cuando una partida de 30 elementos de la Guardia Nacional y del Ejercito realizaba un patrullaje de rutina en el fraccionamiento Tres Ríos y fueron agredidos desde una vivienda, por lo que repelieron la agresión tomando el control del lugar y capturando en su interior a Ovidio Guzmán López, hijo del El Chapo Guzmán, preso en los Estados Unidos.

Conocido como “El Ratón”, Ovidio Guzmán está acusado en una corte federal de los Estados Unidos por conspirar para distribuir cocaína, metanfetaminas y marihuana desde México a ese país por diez años, de 2008 a 2018.

Momentos después de que la Guardia Nacional y el Ejercito capturaron a Ovidio Guzmán, fueron rodeados y superados en número y capacidad de fuego por los delincuentes que simultáneamente iniciaron en diversos puntos de la ciudad acciones que provocaron pánico entre la población, quemaron vehículos, realizaron balaceras, liberaron presos, robaron autos y buscaron refuerzos procedentes de la sierra de Sinaloa para confrontarse con la autoridad.

Transcurridas algunas horas las autoridades federales decidieron poner en libertad a Ovidio Guzmán, según informó el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, “Con el propósito de salvaguardar el bien superior de la integridad y tranquilidad de la sociedad culiacanense.”

Desde Oaxaca el presidente López Obrador declaró que respalda y avala la determinación de su gabinete de seguridad de liberar a Ovidio Guzmán. “Se decidió proteger la vida de las personas y yo estuve de acuerdo con eso. No se trata de masacres, no puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas”.

La violencia que se desató en Culiacán puso en evidencia que los hijos de El Chapo Guzmán aprendieron la lección y no están dispuestos a correr la misma suerte que su padre de ser capturados y extraditados a los Estados Unidos y para ello mostraron su fuerza, rapidez de respuesta ante la Guardia Nacional y el Ejercito, potencia de armamento y fuego, pero sobre todo que no tienen escrúpulos para tomar como rehén a la población y que le sirva de escudo al dejarla en medio del fuego cruzado con las fuerzas armadas.

En esta ocasión la estrategia de Ovidio Guzmán y sus cómplices dio resultados, el gobierno federal dio un paso atrás y lo liberó.

Para el cartel de Sinaloa fue un triunfo que fue posible porque la Guardia Nacional y el Ejercito fueron superados en número y capacidad de fuego. Llama la atención que en un conflicto con más de seis horas de duración la policía local y estatal no actuaron en apoyo a las fuerzas federales, lo que podría interpretarse como temor a las represalias de los delincuentes con los que conviven en el día a día.

El ejercito del Narco ganó la batalla callejera…

 

Lo sucedido en Culiacán puso en evidencia que la política de pacificación puesta en práctica por el gobierno de López Obrador no esta siendo útil para dar seguridad al país.

La violencia dejó ver que, en Sinaloa, como en Veracruz, Tamaulipas, Guanajuato, Guerrero, Morelos y otras entidades, las autoridades locales están rebasadas por el poderío que muestran las organizaciones de delincuentes en el país, notoriamente El Cartel del Pacifico y el Cartel Jalisco Nueva Generación.

El Estado mexicano se enfrenta al reto que le impone la violencia de la delincuencia organizada, que confronta a las fuerzas armadas, como sucedió recientemente en Reynosa, Tamaulipas, Aguilillas, Michoacán, Iguala Guerrero y ahora en Culiacán, Sinaloa. La respuesta del gobierno federal de “Abrazos no balazos” no es viable frente a estos grupos que han escalado en el control del poder al acumular riqueza financiera, armamento que supera al de las fuerzas armadas, e influencia en el ámbito político y gubernamental donde ponen y quitan candidatos.

La violencia por más de seis horas en Culiacán generó la percepción en todo el país de que el gobierno de la 4T esta siendo rebasado por el crimen organizado. Que debe revisar lo hecho y lo pendiente en la política de seguridad. Diseñar con todo detalle sus estrategias para combatir al crimen organizado que, con sus hechos dice que no comulga con la filosofía pacifista del presidente de llevar a la práctica una intensa política social que abra oportunidades a los jóvenes para arrebatárselos a las bandas delincuenciales.

Y de manera urgente presionar al gobierno de los Estados Unidos para que frene el contrabando de armas hacia México. A ver si se atreven.

Las fuerzas federales capturaron y liberaron ayer a Ovidio Guzmán López, el hijo del «El Chapo» Guzmán / Fuente: AFP

 

Las 3 razones de López Obrador

La Nacion / Ciudad De México.- Parecía que las fuerzas federales mexicanas habían logrado una nueva victoria en la eterna batalla contra los carteles al capturar ayer al hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán en la ciudad de Culiacán.

Ovidio Guzmán Lópezuno de los cuatro hijos del famoso capo que está cumpliendo una larga sentencia en una prisión de Estados Unidos, tenía una orden de aprehensión provisional con fines de extradición (aun se desconoce si a Estados Unidos), que fue dictada por un juez federal.

Sin embargo, tras una jornada de enfrentamientos y terror en la ciudad de 750.000 habitantes en el oeste de México, el presunto criminal fue liberado. La decisión tomó por sorpresa a muchos y provocó fuertes reacciones, de las que el presidente Andrés Manuel López Obrador se defendió en una conferencia de prensa hoy en Oaxaca.

1. El operativo estuvo mal planeado

El secretario de Defensa, Luis Sandoval, reconoció que el episodio fue el producto de «una estrategia mal planeada».

Al verse rodeados por una fuerza mayor y todo el despliegue de agresión contra la población, y el hecho de no haber recibido oportunamente la orden de cateo, se ordenó abandonar el inmueble», dijo Alfonso Durazo, secretario de Seguridad.

Durazo había afirmado anoche que una unidad de la Guardia Nacional realizaba un «patrullaje de rutina» en un barrio del centro de Culiacán, cuando desde una vivienda fue atacada a balazos; una acción que los uniformados repelieron deteniendo a cuatro personas, entre las que se encontraba el hijo de «El Chapo».

Pero hoy, las autoridades rectificaron que el operativo sí fue planeado. Durazo dijo que grupos de la delincuencia organizada rodearon la residencia donde se encontraba detenido Guzmán «con una fuerza mayor» que la de los militares, desatando el pánico en diversos puntos de la ciudad, por lo que el gobierno mexicano optó por detener el operativo.

Los incidentes de ayer causaron 23 heridos por arma de fuego y ocho fallecidos, entre los que no habría militares o efectivos de la Guardia Nacional, explicó el secretario estatal de Seguridad Pública, Cristóbal Castañeda. Además, 27 presos se fugaron del penal, agregó.

El propio gobierno generó esa disyuntiva. Por lanzar un operativo mal planeado y peor ejecutado, se volvieron vulnerables al chantaje. No hay nada admirable en la decisión tomada», tuiteó el reconocido analista mexicano, Alejandro Hope, tras la conferencia matutina del presidente.

2. El gobierno quiere evitar más masacres

Escenas transmitidas en medios y redes sociales dieron cuenta del pánico que se vivió ayer en Culiacán: enfrentamientos entre sicarios, efectivos militares y policiales, autos quemados para bloquear vías, ciudadanos huyendo y muchos tirados en el suelo para protegerse de los disparos.

Tras lo ocurrido, el presidente dijo: «Yo estuve de acuerdo con eso porque no se trata de masacres. No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas».

No se puede apagar el fuego con el fuego. Esa es la diferencia de esta estrategia con relación a lo que han hecho los anteriores gobiernos. Nosotros no queremos muertos, no queremos la guerra«, defendió.

3. López Obrador se quiere diferenciar de los gobiernos anteriores

La estrategia que se estaba aplicando anteriormente convirtió al país en un cementerio y eso ya no lo queremos», dijo López Obrador desde Oaxaca.

«Con rectitud, con honestidad, con justicia vamos a garantizar la paz y la tranquilidad en el país», agregó.

Pero los episodios de violencia son un panorama recurrente en México e incluso han aumentado con la llegada del mandatario. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) desde diciembre pasado, cuando empezó el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, hasta julio de 2019, la cantidad de homicidios fue de 20.599.

Así, la tasa de homicidios es de 22 por cada 100.000 habitantes. El incremento fue del 6% con respecto al mismo periodo de 2018, señaló el SNSP.

Agencias AFP / AP y Reuters

 

En muchas partes de México, hace mucho mandan los cárteles

Humo en el cielo de Culiacán, México, por autos incendiados por grupos criminales en su enfrentamiento con el ejército mexicano

 

El Aguaje / México – Los Angeles Times.- La ciudad mexicana de Culiacán estuvo bajo la violencia de un cártel durante 12 horas cuando los miembros de un grupo delictivo obligaron al gobierno a liberar al hijo de un narcotraficante. Sin embargo, en muchas partes de México, ante inoperancia de autoridades corruptas, antiguos gobiernos cedieron en la batalla contra los cárteles desde hace mucho tiempo. A eso se enfrenta el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien tiene 10 meses en el cargo.

El enorme intercambio de fuego en Culiacán, capital del estado de Sinaloa, fue impactante por la capitulación del gobierno para preservar la vida de personas inocentes y la audacia de los hombres armados que circulaban por las calles en camionetas blindadas con ametralladoras.

Pero en un estado tras otro, el gobierno mexicano desde hace mucho cedió a los cárteles el control efectivo de pueblos, ciudades y regiones enteras, cobijados por autoridades corruptas que dejaron crecer a grupos criminales.

Ellos son la ley aquí. Si tienes un problema, vas con ellos y te lo arreglan rápido”, dijo una joven madre en el pueblo de El Aguaje, en el occidente del estado de Michoacán, gobernado por Silvano Aureoles, del Partido de la Revolución Demcrática (PRD).

El Aguaje está tan controlado por el Cártel Jalisco Nueva Generación que la esposa de un trabajador de un huerto de limones, que no dio su nombre por temor a represalias, no puede pedir ayuda a la policía: temen demasiado entrar al pueblo.

Cuando un convoy de la policía estatal de Michoacán hizo una rara aparición en El Aguaje el lunes pasado, fueron emboscados y asesinados por hombres del Cártel Jalisco: 13 policías estatales murieron baleados o incendiados en sus vehículos.

Cuando la policía regresó para recuperar las patrullas incendiadas al día siguiente, estaban tan apurados por completar la tarea que dejaron tirado en el piso el cráneo perforado de balas, quemado y aplastado de uno de sus colegas.

Mientras tanto, en el pueblo vecino de El Terrero, el cártel rival Nueva Familia Michoacana y su brazo armado, Los Viagras -que controlan ese lado del río- han dejado sus iniciales en casas y postes de luz, y la semana pasada incendiaron varias camionetas y autobuses para bloquear el puente y evitar una incursión del Cártel Jalisco.

En algunos casos, el gobierno incluso ha defendido los límites de los cárteles, al parecer como parte de su estrategia para evitar a toda costa el derramamiento de sangre.

Por ejemplo, en el pueblo michoacano de Tepalcatepec, la policía se forma todos los días para vigilar un punto de revisión en una carretera que lleva al estado de Jalisco para evitar una incursión armada del Cártel Jalisco. El problema es que la fuerza del gobierno se coordina con un grupo vigilante aliado con el cártel.

Los vigilantes son posicionados cerca de una colina desde donde pueden observar la carretera, armados con rifles calibre .50.

En el estado de Guerrero, gobernado por Héctor Astudillo Flores del Partido Revolucionario Instituciones (PRI), al oriente de Michoacán, soldados y la policía estatal vigilan puestos de control entre grupos de vigilantes rivales, muchos de los cuales están aliados con los cárteles.

Los soldados permiten que deambulen libremente los vigilantes armados con fusiles de asalto, pero no que invadan el territorio contrario.

Y en el estado norteño de Tamaulipas, gobernado por Francisco Javier García Cabeza de Vaca del Partido Acción Nacional (PAN), cuando Estados Unidos comenzó a regresar a personas en busca de asilo a que esperaran sus audiencias en México, el gobierno sabía que no podía proteger a los migrantes del cártel Zetas en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, así que simplemente los subió a un autobús para sacarlos de la ciudad.

También conocido como el Cártel del Noroeste, los otrora Zetas controlan Nuevo Laredo a tal grado que recientemente ordenaron a las gasolineras locales que se negaran a vender gasolina a vehículos militares.

En muchas regiones, los cárteles enriquecidos por las ganancias de las drogas han tenido un extenso control por lo menos la última década, comprando o amedrentando a la policía y almacenando grandes arsenales, junto con redes de informantes, para proteger las rutas de las drogas del gobierno o rivales.

El control del cártel en Tamaulipas era tan firme para el 2011 que los Zetas pudieron secuestrar a casi 200 personas de autobuses que pasaban por el lugar y matarlos incluso cuando el equipaje sin reclamar de los pasajeros seguía acumulándose en las estaciones de autobuses locales. Durante meses, nadie denunció los crímenes.

En este contexto, la decisión del gobierno de liberar al narcotraficante Ovidio Guzmán _ hijo del encarcelado capo Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera _ después de las balaceras de Culiacán sólo sorprendió por el hecho de que el gobierno desistió de forma tan pública incluso la pretensión de hacer cumplir la ley.

No es algo sin precedentes que las autoridades mexicanas detengan a un capo importante y luego lo liberen; en realidad, desafortunadamente es demasiado común”, dijo David Shirk, profesor de politología en la Universidad de San Diego. “Pero lo que realmente no tiene precedentes es reconocer tan abiertamente que el estado no tiene la capacidad ni el ánimo para mantener tras las rejas a un gran capo por las posibles consecuencias”.

“¿Pero qué mensaje se envía a la gente que está bajo el yugo de las organizaciones criminales en todo México?”, preguntó Shirk. “Creo que el mensaje es, ‘Están solos. No iremos a rescatarlos porque podrían matarlos en el proceso’”.

El mensaje a los soldados del ejército mexicano también es muy claro: la Secretaría de Defensa Nacional culpó a una brigada militar del apresurado operativo para arrestar a Ovidio Guzmán que provocó la batalla de fuego en Culiacán y juró investigar y sancionar a los líderes de la brigada.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ocupó el puesto hace menos de un año, ha exhortado reiteradamente la restricción militar diciendo que la estrategia de una fuerte confrontación de sus predecesores en las zonas controladas por los cárteles, “convirtió al país en un cementerio y eso ya no lo queremos”.

Hace meses, elogió a una brigada de soldados por contenerse después de que fueron secuestrados y obligados a regresar un rifle calibre .50 confiscado por otra patrulla.

Defendió la respuesta del levantamiento de Culiacán cuando dijo que “No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas… Nosotros no queremos muertos, no queremos la guerra”.

De ahí que los soldados probablemente eviten cualquier iniciativa, implementen una participación pasiva y hagan todo para evitar un derramamiento de sangre.

Mientras tanto, los ciudadanos comunes en muchas zonas sólo pueden esperar que los cárteles más benévolos lleguen a gobernar su pueblo. El problema es que casi todos los cárteles prometen respetar a la población local y no secuestrarlos ni extorsionarlos para que paguen por protección, pero con el tiempo todos los grupos criminales rompen esa promesa.

Y entonces se convierte en una cuestión no de luchar contra los cárteles, sino de aceptar el mal menor, cualquiera que sea, en cualquier momento dado. Y al parecer a los cárteles les llega ese mensaje.

Cuando el Cártel Jalisco dejó 19 cadáveres miembros de un cártel rival desparramados en un puente en Michoacán en agosto, dejaron una pancarta que aclaraba que no eran una amenaza. “Gente bonita, siga con su rutina”, concluía el mensaje.

El viernes, después de las balaceras en Culiacán, José Luis González Meza, abogado de la familia de ‘El Chapo’, dijo que la familia “pide una disculpa” por los tiroteos y juró que “se harán cargo de las lesiones y de un muerto… Los que sean… se les va a apoyar económicamente”.

En la zona (de Guzmán)… no se cobra a los taxistas, no se cobra a los automovilistas, no se cobra a los camiones foráneos y locales”, dijo González Meza en referencia a las prácticas de extorsión comunes entre otros cárteles.

¿Y el mensaje al resto del mundo?

Tiene muchas interpretaciones: un amplio sector de la población, a través de las redes sociales, avaló al presidente mexicano, pero otro sector de mexicanos cuestionó la estrategia de seguridad del mandatario, a pesar de que la violencia no mermó con los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, cuyas administraciones quedaron marcadas por miles de asesinatos y desaparecidos.

Creo que no manda una señal muy sobria a México y posiblemente a los socios estadounidenses de México”, dijo David Shirk, profesor de politología en la Universidad de San Diego.

“Si yo escribiera la próxima advertencia de viaje del Departamento de Estado para México, aumentaría drásticamente el número y el número de advertencias para diferentes partes de México, porque creo que es muy claro que el gobierno federal cede territorio… y no sólo territorio rural, sino grandes ciudades y quizás incluso estados completos, a los narcotraficantes”.

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