Reflexiones para monseñor Celli

NELSON BOCARANDA S. ‏ Para Maduro “diálogo” ha sido para comprar tiempo. Para mucha gente ha enfriado la calle pero el malestar del país sigue creciendo

MANUEL MALAVER Maduro afirmó que “la oposición  Maduro afirmó que “la oposición deberá dejarse gobernar por la revolución por que no hay otra alternativa”

“HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE”,… dicho popular venezolano, ahora en desuso

 

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

 

Frases de Monseñor Claudio Celli

MonitorProDaVinci

  1. Sobre la situación y su experiencia en Venezuela:

“Es indudable que la situación está muy fea. No solamente a nivel político, sino a nivel social, económico. No hay comida, no hay medicinas. Es innegable que el país está enfrentando una situación muy difícil (…). Hay militares por doquier. En las partes de Caracas por las que pasé hay retenes en todos lados, policías, militares. La misma noche que llegué al aeropuerto había un bloqueo de policías cerca de la nunciatura que nos paró para ver quiénes éramos. Y el secretario de la nunciatura que manejaba el auto dijo: ‘¿Pero no ha visto la placa diplomática?’”

  1. En referencia a las Mesas de diálogo constituidas el pasado 30 de octubre de 2016, Celli señaló que no considera la posición de la Santa Sede como una “mediación”, sino que “La Santa Sede acompaña” este proceso aunque “no cabe duda” de que pueda terminar en fracaso. En cuanto a su posición en esta labor designada por El Vaticano consideró:

“Yo estoy y me voy a jugar. El problema es que yo soy un acompañante. Una cosa es cierta: el Papa goza de un gran prestigio. Las dos partes, así como los cuatro ex presidentes que acompañan [Ernesto Samper, José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos] me dijeron claramente que si no estuviese la Santa Sede, la oposición no se encontraría con el gobierno. Y las dos partes comprenden que o embocan el camino de la violencia o embocan el del diálogo”

  1. Celli contó que se reunió dos veces con el Presidente Nicolás Maduro cuando estuvo en Venezuela:

“En la primera reunión el presidente me dijo: ‘Le prometí al Papa que voy a dialogar y cumpliré la promesa’. En la segunda, que me pidió él y que fue al día siguiente de la primera reunión plenaria, le dije: ‘Señor presidente, esta mañana me encontré con la oposición y hay tres pedidos. Hay que dar señales y estas no necesitan tiempos bíblicos. Hay que dar señales de que el diálogo es el único camino, y que se puede recorrer en este momento’. Se lo dije muy claramente”

  1. En cuanto a las acusaciones que hizo Maduro al partido Volutad Popular, tildándolos de “terroristas”, reflexionó:

“Yo había pedido evitar expresiones violentas y agresivas. Empleé un término: un lenguaje des-armado. El problema es que estas cosas son más fuertes que ellos”

  1. Celli manifestó que intervino para que la oposición suspendiera la marcha del 3 de noviembre a Miraflores:

“Cuando me reuní con los representantes de la oposición, en la mañana del lunes, les dije claramente: ‘Mi miedo es que haya muertos en la manifestación del jueves. Y si hay muertos, el diálogo, ¿qué diálogo es?’”

  1. Sobre el posible escenario de que su misión como facilitador termine siendo un imposible, Monseñor Claudio María Celli acotó:

“Yo espero que no. Estoy rezando por esto. El problema no es que la Santa Sede pierda la cara, es el pueblo venezolano el que se hunde más. Porque si acaso en una delegación o la otra quieren terminar con el diálogo, no es el Papa sino el pueblo venezolano el que va a perder, porque el camino podría verdaderamente ser el de la sangre. Y hay gente que no tiene miedo de que haya derramamiento de sangre. Esto es lo que me preocupa. Francisco está jugando un papel muy fuerte. Corremos un riesgo. Vamos a ver, que Dios nos ayude”.

 

Asdrúbal Aguiar A. – El enviado papal para el acompañamiento del “diálogo” en Venezuela se muestra preocupado, y con gravedad, por su desenlace: “Si fracasa el diálogo nacional, el camino podría ser el de la sangre”, declara Monseñor Claudio Celli a la prensa de Buenos Aires. Y señala que la oposición no se hubiese sentado a la mesa con el gobierno de Nicolás Maduro sin la presencia vaticana.

Más allá de los contubernios utilitarios que hoy medran con y entre los ex presidentes del Grupo Samper, por lo visto la oposición es consciente de su debilidad frente al régimen. ¡Y es que a las armas de la razón y a la razón de los votos, una vez más se le opone, por un sino de nuestra historia de pequeñeces palaciegas y traiciones políticas, la razón de las armas!

¿Hasta qué punto Monseñor Celli puede requilibrar tal desbalance y asegurarse que el gobierno dialogue de buena fe?, es una pregunta sin respuesta.

Si algo ha de tener claro ese pequeño y moralmente poderoso Estado sito en medio de la antigua Roma, es la estirpe del régimen que heredara y dirige Maduro.

Errores de apreciación, ausencia de cosmovisión, preeminencia de aspiraciones en el liderazgo, en suma, falta de sentido de la oportunidad y de experiencia real en el manejo de las cuestiones del poder y del Estado, pueden atribuirse a algunos de quienes hacen vida en la MUD. Pero, en contrapartida, no es un secreto que en Venezuela se instala, a partir de 1999 – con amagos que se inician en 1998 y denuncio sin eco para la época – una organización de gobierno coludida con la narco-guerrilla colombiana y monitoreada desde La Habana.

Desde entonces el crimen organizado y los grupos paraestatales – colectivos armados para la defensa de la revolución – no confrontan con la autoridad constituida, antes bien, son la misma autoridad.

La muerte – la sangre a borbotones – salta en escalera. Las víctimas de homicidio se mineralizan en una cifra promedio de 20.000 durante cada año y desde 1999. El desafío por delante, así las cosas, no es ya el camino de la sangre sino hacer cesar la condición casi exangüe del cuerpo nacional.

El impúdico peculado público y los conmovedores videos que muestran el linchamiento de ladrones de comida quemados vivos, o encarcelados practicando el canibalismo, expresan el grado de perturbación moral extrema que aqueja al país, víctima del mal absoluto y de un régimen de la mentira; de un modelo político, social y económico de dominación que le ha arrebatado al pueblo su dignidad y le ha secuestrado para la práctica del chantaje. Le entrega a cuenta gotas una bolsa de comida para ganarse su silencio o le da la libertad a 3 detenidos a la manera de una graciosa dádiva, luego de haber sumado a los presos políticos otras decenas para integrar su botín de negociables.

Lo anterior, como perspectiva y para conocimiento apropiado del entorno, es, como lo creo, lo vertebral. Pero también, favorecer un diálogo o acaso – y en propiedad – una negociación que le ponga término a ese ominoso panorama reclama de una lógica similar a la de la autoridad policial que confronta a un secuestrador.

Si en el juego aumentan los temas o puntos de diálogo a buen seguro que el interesado en salirse con la suya – el delincuente – ganara terreno. Y no hay duda, no debería haberla en el Vaticano, en cuanto a que, en el fondo de todo, de lo que ocurre es el desconocimiento abierto de la voluntad popular y su derecho a decidir mediante el voto por el gobierno. Lo demás, siendo importante, es subsidiario.

La cuestión se hace más compleja si acaso Monseñor Celli es consciente de la característica de los tiempos que corren. Papa Ratizinger, con elegancia, la resume en la idea del relativismo, pero es algo más y muy pernicioso en una mesa de diálogo, a saber, la habilidad de los seguidores del Socialismo del siglo XXI como experiencia “posdemocrática” para trastocar y manipular el lenguaje político. Los hermanos Rodríguez son unos expertos.

Los pacíficos son acusados de guerreristas. Los divisores de la concordia hablan de paz y como demócratas de impostura usan las formas democráticas y el argumento de la paz para vaciarlas de contenido. Piden se les trate como pacíficos y demócratas. Y los demócratas, amigos de alcanzar la paz por el Derecho, son presentados como enemigos de la libertad. Maduro les acusa de terroristas.

El diálogo y la negociación, ¡qué duda cabe!, son el camino para alcanzar la paz, según la Doctrina Social de la Iglesia. Pero la misma precisa, lo sabe el Enviado Papal, que la paz “se funda en una correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la Justicia y la caridad”. Es esto, justamente, lo que divide al gobierno de Venezuela de la oposición democrática, por lo indicado. / correoaustral@gmail.com

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