Quemando las pruebas

LUCENA: INCENDIO DEL DEPÓSITO DEL CNE AFECTÓ LA INFRAESTRUCTURA ELECTORAL DEL PAÍS

RT- Incendio – Almacenes del CNE – Mariche

Tibisay Lucena, rueda de prensa incendio 

– INFORMÓ QUE SE QUEMARON 582 COMPUTADORAS DEL REGISTRO CIVIL, 49 MIL MÁQUINAS DE VOTACIÓN, 400 BOLETAS ELECTRÓNICAS Y OTROS MECANISMOS ELECTORALES

 

El Nacional .- La señora que lleva años reinando ilegalmente en el Consejo Nacional Electoral (como si ella fuera la reina Isabel II de Inglaterra y los venezolanos sus súbditos) llora sus lágrimas de cocodrilos porque el depósito principal de las 49.808 máquinas de votación y de cerca de 49.323 de los dispositivos llamados “lectores de huellas” fue pasto de las llamas el sábado de la semana pasada.

Fue un “voraz incendio”, tal como le gusta titular a los medios de la dictadura para destacar algunas de sus propias picardías, y en verdad fue tan voraz como la corrupción con que actúa este binomio cívico militar a la hora de engordar sus bolsillos.

Lo cierto es que las llamas arrasaron con la mayoría de los equipos que se han usado en los fraudulentos procesos electorales que, cada vez más perfeccionados, le han permitido al régimen dictatorial fingir que convocan elecciones y ganarlas todas, o casi todas para que no se vea tan feo un triunfo tan arrasador de un gobierno que la mayoría detesta.

La presidente inmortal del CNE desde luego que está obligada a llorar, pero no porque esté dolida sino porque quién sabe cuántas horas de sueño perdió afinando este mecanismo que la convirtió en una intocable, en la única y definitiva votante de todo el sistema nacional electoral.

La única vez que el mundo se le vino encima fue cuando la reelección del señor Maduro, preparada a destiempo, con mucha prisa y dejando un sinnúmero de cabos sin atar. Tal fue la dimensión de la tracalería que Mugica, el socio de Smartmatic, se declaró en rebeldía, se negó a avalar la montaña de votos añadidos y cerró sus oficinas en Caracas. Voló, con solo un maletín de mano, en su jet privado a Londres para salvarse de la policía política y de una ración de torturas.

Ya Anzola, el otro socio, había muerto misteriosamente meses antes en un accidente de un avión privado cuyo mantenimiento estaba en duda, el piloto tenía la licencia vencida y prohibición expresa de volar.

No queda ninguna duda de que la compañía que convirtió a Chávez en ganador permanente, gerenciada por Jorgito, llamó la atención de socios internacionales; pero estos, ante el escándalo, se retiraron. Así que entre estos equipos destruidos por este “voraz incendio” había viejos y nuevos lectores de huellas dactilares, máquinas de votación presuntamente trucadas y otros programas y mecanismos para poner a ganar hasta a un caballo cojo. Hoy con llorar no va a ocultar sus pasos.

Porque la primera acusación que se debe lanzar contra usted, señora, es su clara y total responsabilidad administrativa por haber reunido en un galpón, que presuntamente carecía de las seguridades contra incendios, toda la valiosa infraestructura de un organismo que está bajo su mando. Hoy, desde luego, usted señalará a la oposición como la responsable de lo ocurrido y nadie le va a creer. ¡Usted y la mentira son mellizas!

Toda la responsabilidad es suya porque trascendió a la prensa que el lugar carecía de suficiente vigilancia humana y de cámaras, alarmas contra incendios, de red de apagafuegos en los techos interiores y toma cercana de aguas para las mangueras de los carros de los bomberos. Habría que averiguar quién es el dueño de ese galpón, si es un amiguito del PSUV.

En todo caso, señora, usted como heredera natural del trono del CNE debe permitir una investigación independiente porque, a decir verdad, más de uno va por allí pregonando que a lo mejor usted está borrando huellas comprometedoras. Y lo mejor es despejar dudas y su figura despierta muchas, y desde hace años.

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