¡Qué virus tan oportuno!….

ILUSTRACIÓN: Marvin Figueroa

 

PAPA FRANCISCO: “QUE LOS POLÍTICOS BUSQUEN EL BIEN DEL PUEBLO Y NO DE SU PROPIO PARTIDO

– MADURO ADELANTA QUE PODRÍA POSTERGAR ELECCIONES PARLAMENTARIAS DE DICIEMBRE

CRUDO WTI CAE A $12,- p/b y la CESTA VENEZOLANA a US$ 8,- p/b. COSTO DE PRODUCCIÓN: $18,- una pérdida de $ 10,- por cada barril que vende

 

 Maduro, del autobus a un blindado…13.11.13

 

Problemas grandes, líderes pequeños

MOISÉS NAIM / El Nacional.- Henry Kissinger piensa que el mundo no será igual después del coronavirus. “Estamos viviendo un cambio de épocas” dice el famoso diplomático, para luego alertarnos de que “el reto histórico para los líderes de hoy es gestionar la crisis al mismo tiempo que construyen el futuro. Su fracaso en esta tarea puede incendiar el mundo”.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha dicho que la relación entre las grandes potencias nunca sido tan disfuncional como ahora y añade que “El covid-19 está revelando dramáticamente que o nos unimos y trabajamos juntos o seremos derrotados por la pandemia”.

Según Martin Wolf, el prestigioso columnista inglés: “Esta es la mayor crisis que el mundo ha enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial y es también el desastre económico más grave desde la depresión de los años treinta. El mundo ha llegado a este momento cuando hay enormes divisiones entre las grandes potencias y cuando el nivel de incompetencia en los más altos niveles gubernamentales es espantoso”.

Hay muchas cosas que no sabemos: ¿cuándo tendremos una vacuna? ¿Cuál será el impacto del virus en los países pobres donde el hacinamiento es la norma y, quedarse en casa sin trabajar es imposible? ¿Qué pasa si el covid-19 va y viene en diferentes oleadas?

Pero la duda más preocupante es si quienes nos gobiernan darán la talla. Martin Wolf concluye así su análisis: “No conocemos el futuro. Pero si sabemos cómo deberíamos tratar de moldearlo. ¿Lo lograremos?  Esa es la pregunta. Me da mucho miedo la respuesta”.

Hablar mal de los líderes políticos es normal. También lo es criticar su gestión. Pero hay que tener cuidado con el desdén por los gobiernos. La contienda política hace que se exageren la ineptitud y la corrupción de quienes nos gobiernan. Gobernar, reconozcámoslo, es difícil y se está haciendo cada vez más difícil. El poder se ha hecho más fácil de obtener, pero también más difícil de usar y, por lo tanto, más fácil de perder. A veces pareciera que no hay forma de que un líder salga bien parado después de haber dirigido un país. En cambio, vemos con frecuencia a líderes honestos y bien intencionados cuya reputación ha sido masacrada por sus críticos.

Y, como sabemos, en este siglo XXI los ataques políticos se potencian con las redes sociales, los bots, los trolls y demás yerbas cibernéticas. Es aconsejable por lo tanto ser cautelosos y prudentes en la critica a nuestros gobernantes.

Tengo todo esto muy presente mientras pienso acerca de los líderes que están hoy a cargo del mundo. A pesar de esta cautela, sin embargo, me es inevitable concluir que, en efecto la actual cohorte de líderes es, salvo algunas excepciones, patética y preocupante.

Cuando en el 2008 estalló la crisis financiera mundial, estaba a cargo del Grupo de los 20 (G20) Gordon Brown, el entonces primer ministro británico. Este año le toca el turno de dirigir al G20 al rey de Arabia Saudita, quien por su avanzada edad y precaria salud delega el rol en su hijo Mohammed bin Salman. Si, ese. El que mandó a descuartizar a un periodista que lo criticaba. Este es el líder que debe convocar, movilizar y coordinar a la comunidad internacional para enfrentar el coronavirus y sus secuelas económicas.

En Estados Unidos, el Consejo Nacional de Economía es la principal fuente de ideas y políticas económicas del presidente. Desde su creación en 1993 ha sido liderado por algunos de los más prestigiosos economistas estadounidenses. Donald Trump ha nombrado para dirigir este consejo a Lawrence Kudlow, cuya más conocida credencial para el cargo es haber sido comentarista de temas financieros en televisión. Este no es un caso aislado. Al gobierno de Trump no lo distingue la capacidad y experiencia de sus más altos funcionarios.

En Europa el panorama en cuanto a la confianza que inspiran quienes hoy tienen el poder tampoco es muy inspirador. Una de las cosas que necesitamos de los gobernantes en estos tiempos es que tengan buen juicio. ¿Cuánta seguridad sobre el futuro le dan a usted las actuaciones y el juicio que hasta ahora han exhibido Boris Johnson, Víktor Orbán, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Matteo Salvini y Luigi di Maio?

En el mundo en desarrollo, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel López Obrador y Daniel Ortega están en las noticias por haber negado la pandemia, el presidente filipino Rodrigo Duterte por haber amenazado con matar a quienes no respeten la cuarentena y Narendra Modi por estar utilizando la excusa del virus para profundizar la discriminación contra los musulmanes en la India.

No quiero idealizar el pasado, ni sugerir que los líderes de antes siempre fueron mejores. Ha habido de todo. Hemos tenido a Hitler y a Churchill, a Mao y Mandela. Pero es indudable que esta pandemia ha sorprendido al mundo en momentos de gran debilidad institucional.

Las crisis cierran muchas puertas, pero también abren otras. Esta crisis tendrá muchas consecuencias inesperadas. Quizás una de ellas sea una fuerte reacción contra los gobernantes pequeños y la llegada de líderes que estén a la altura de los grandes problemas que tenemos. – Twitter @moisesnaim

El coronavirus ayudó a reforzar el control del régimen de Maduro La emergencia «redujo la presión sobre Maduro al detener las movilizaciones» que la oposición buscaba relanzar, señala Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB

 

Foto: AFP

Maduro, en boca de caño

ANDREA TOSTA / AFP .-La emergencia por el nuevo coronavirus en Venezuela refuerza el control interno de Nicolás Maduro y neutraliza a Juan Guaidó, cada vez más dependiente de sus aliados internacionales, justo cuando el opositor intentaba reactivar su ofensiva contra el gobernante socialista.

¡Disciplina!», exige Maduro en frecuentes apariciones televisivas, rodeado habitualmente por militares, en las que da órdenes a toda voz para atender la pandemia.

Se muestra, subrayan analistas, como hombre un fuerte en la atención de la covid-19, mientras Guaidó queda confinado a las redes sociales entre la censura y fallas de conectividad.

Maduro está tratando de mandar el mensaje de ‘yo gobierno, yo mando’», dice a la AFP Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis.

Paradójicamente, agrega León, la pandemia que puso en entredicho la respuesta de numerosos gobiernos está siendo una «oportunidad de oro» para Maduro, desconocido por medio centenar de países que encabezados por Estados Unidos respaldan a Guaidó.

El mandatario ordenó una cuarentena que militares y policías hacen cumplir desplegados en sectores populares y suspendió actividades laborales y académicas. Él mismo o colaboradores cercanos anuncian el balance diario de contagios por el virus en Venezuela, replicado en los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Guaidó lo acusa de mentir al cuestionar que haya solo 227 casos confirmados y nueve muertes, pero su margen de maniobra es escaso.

Sin una «estructura organizativa está más limitado», indica el politólogo Ricardo Sucre.

Guaidó llama a conformar un «gobierno de emergencia» avalado por Washington, que acusó a Maduro de narcoterrorismo y ofreció 15 millones de dólares de recompensa por él.

Freno a la presión

Inspirado en China, cuya actuación ante el coronavirus elogia, Maduro se ampara en un estado de alarma que le otorga facultades especiales, en las que se apoyó para declarar un toque de queda nocturno en poblaciones fronterizas con Colombia.

La emergencia «redujo la presión sobre él al detener las movilizaciones» que la oposición buscaba relanzar, señala Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello.

«Paró cualquier intento de revivir la protesta», añade Alarcón, aunque se han registrado pequeñas manifestaciones por servicios como agua y electricidad.

Apenas unos días antes de la llegada del virus, Guaidó había encabezado una manifestación en Caracas.

Sin control territorial, el líder parlamentario se mueve en la esfera internacional. El jueves, prometió ejecutar «lo más rápido posible» un plan de subsidios coordinado con la Organización de Estados Americanos para entregar 100 dólares mensuales, por tres meses, a trabajadores de la salud.

Los venezolanos, mientras, se recluyen en medio de la debacle económica y el colapso de los servicios públicos, crisis que ha causado el éxodo de 4,9 millones de migrantes desde 2015, según la ONU.

«Un peligro»

Aunque el gobierno chavista «ha manejado a su favor» la contingencia, la escasez de gasolina -agravada durante la cuarentena por coronavirus- y la precariedad del sistema de salud pueden provocar giros, sostiene Alarcón.

Fuera de Venezuela, la legitimidad de Maduro sigue en entredicho, acusado de haber sido reelegido fraudulentamente en 2018, una situación que le cierra vías de financiamiento.

Sin «claridad sobre el reconocimiento» de Maduro, el FMI desestimó un pedido de Venezuela de 5.000 millones de dólares para frenar la pandemia.

Como alivio para el presidente, los apoyos de China y Rusia «se han hecho más visibles», dice Sucre. Ambos países han enviando a Venezuela desde mascarillas hasta ventiladores. Es la «ayuda verdadera», saca pecho Maduro.

Pero los problemas económicos son «un peligro», apunta León, mezclados con «la agudización» de las sanciones estadounidenses contra Venezuela y su industria petrolera.

Washington propuso levantar las restricciones financieras si Maduro y Guaidó aceptan un gobierno de transición que no los incluya. Alarcón duda que Maduro «esté dispuesto a dar su brazo a torcer».

Nicolás Madura, dentro de un tanque ruso, durante un acto militar en Cojedes (Venezuela) Francisco Batista / AFP

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