“Procesiones en septiembre”

– VENEZUELA: UNA EMERGENCIA EN EMERGENCIA

– MADURO OCULTA GRAVEDAD DEL VIRUS. HAY MÁS DE 200 CASOS EN VENEZUELA, dice Guaidó

 

“El 81 por ciento de los hospitales públicos venezolanos no tienen jabón. El 82 por ciento de los hogares no recibe agua por las tuberías. El número total de camas con respiradores en todo el país asciende a solo 84”: Guaidó

– ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA: EL medicamento cubano Interferon Alfa 2, para tratar el #COVID-19 NO TIENE EFECTIVIDAD DEMOSTRADA” tal y como lo exigen las normas relativas al uso de fármacos en seres humanos”..

 

Procesiones,… ¿en Septiembre?    

Europa Press / Roma.- La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano emitió un comunicado dirigido a los obispos en los que sugiere que las procesiones de Semana Santa se pospongan hasta mediados de septiembre como medida de prevención ante la emergencia del coronavirus.

Las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre”, se señala en el documento que ha sido publicado en la cuenta oficial de Twitter del cardenal africano, Robert Sarah, quien preside este organismo del Vaticano.

El texto recoge directrices e indicaciones que deberán ser valorados en última instancia por el obispo diocesano para realizar los actos y cultos de la Pasión del Señor después del verano tras la suspensión de estos por la crisis sanitaria mundial.

La pandemia de coronavirus, que tiene ahora su epicentro en Europa, también marcará las celebraciones Litúrgicas de Semana Santa en el Vaticano que se desarrollarán por primera vez sin fieles y en lugares cerrados para evitar el avance del contagio.

La Oficina de prensa de la Santa Sede informó el pasado fin de semana del blindaje absoluto, pero no ha especificado todavía la modalidad en la que lo pondrán en marcha. Esta decisión afecta a todas las celebraciones litúrgicas previstas en Pascua. De este modo, está en estudio que puedan desarrollarse en espacios cerrados como la Basílica de San Pedro o la Capilla Sixtina que permanecen cerradas, como todo el Vaticano, a los turistas.

 

Cambio de Fecha: El Vaticano se pronuncia

El Papa en la Misa de Domingo de Ramos de 2019. FOTO: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

ACI Prensa .- “El decreto establece que se mantiene la celebración del Triduo Pascual y de la Pascua, las celebraciones pueden seguirse de forma telemática, pero siempre en directo, y se suspende el lavatorio de pies y la procesión con el Santísimo Sacramento del Jueves Santo, así como que se suspende el fuego y la procesión en el inicio de la vigilia pascual.

Además, también ofrece la posibilidad de trasladar las procesiones de Semana Santa, y otras expresiones de piedad popular a otras fechas, y propone en concreto el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz; y 15 de septiembre, memoria de Nuestra Señora de los Dolores.

En el decreto se explica que la Pascua, “corazón del año litúrgico”, “no puede ser trasladada” porque “no es una fiesta como las demás”, sino que se “celebra durante tres días, el Triduo Pascual, precedida por la Cuaresma y coronada por Pentecostés”.

En cuanto a la Misa Crismal, el obispo, “valorando el caso concreto en los diversos países, tiene la facultad para posponerla a una fecha posterior”.Respecto al Triduo Pascual, allí “donde la autoridad civil y eclesial ha establecido restricciones”, “los obispos darán indicaciones, de acuerdo con la Conferencia Episcopal, para que en la iglesia catedral y en las iglesias parroquiales, incluso sin la participación física de los fieles, el obispo y los párrocos celebren los misterios litúrgicos del Triduo Pascual, avisando a los fieles la hora del inicio, de modo que puedan unirse en oración desde sus propias casas”.

Las celebraciones del Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo, y Vigilia Pascual) podrán seguirse por vía telemática, pero siempre en directo, no mediante un video grabado.

FOTO: AFP

El decreto dice exactamente que “son de gran ayuda los medios de comunicación telemática en directo, no grabados”.

Además, la Congregación establece que “la Conferencia Episcopal y cada una de las diócesis no dejen de ofrecer subsidios para ayudar en la oración familiar y personal”.

En el caso concreto del Jueves Santo, el decreto establece que se puede celebrar la Misa de la Cena del Señor en las catedrales e iglesias parroquiales. No obstante, “se concede excepcionalmente a todos los sacerdotes la facultad de celebrar en este día la Misa sin el pueblo, en un lugar adecuado”.

El lavatorio de los pies, que es facultativo, se omite. Al final de la Misa de la Cena del Señor se omite la procesión y el Santísimo Sacramento se reserva en el sagrario. Los sacerdotes que no tienen la posibilidad de celebrar la Misa rezarán las Vísperas”.

El Viernes Santo se celebrará la Pasión del Señor, pero “en la oración universal el obispo diocesano se encargará de establecer una especial intención por los enfermos, los muertos, quien haya sufrido alguna pérdida”.

La Vigilia Pascual “se celebrará solo en las iglesias catedrales y parroquiales, en la medida de la posibilidad real establecida por aquellos a quienes compete”.

Para el inicio de la vigilia o lucernario, se omite el fuego, se enciende el cirio y, omitida la procesión, se hace el pregón pascual”. Además, “en la Liturgia bautismal sólo se renuevan las promesas bautismales”.

Por último, el decreto establece que “las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del obispo diocesano, podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre”. El decreto completo en francés, inglés y español AQUÍ.

FOTO: AFP

 

Venezuela: una emergencia en emergencia

ALBERTO BARRERA TYSZKA

NYTimes

El carácter letal del COVID-19 reside tanto en el virus mismo como en su capacidad de desbordar rápidamente los servicios clínicos de cualquier país.

Aunque el contagio no implica necesariamente el aniquilamiento inmediato, la identificación de las víctimas reales se confunde y la epidemia se transforma en una marea desconcertante que arrasa con cualquier asistencia sanitaria.

¿Qué puede pasar en un país que, ya antes de esta situación, padecía una crisis brutal en su sistema de salud público y privado?

Venezuela vive en un caos económico sin precedentes, causado esencialmente por el modelo chavista y la enorme corrupción que se dio durante la pasada bonanza petrolera. La caída de los precios del crudo y las más recientes sanciones de Estados Unidos también han agudizado este proceso.

Pero la ruina sanitaria que sacude al país —y lo hace especialmente vulnerable al COVID-19— es anterior a las medidas de presión internacional y a las sanciones económicas impuestas sobre el gobierno de Nicolás Maduro.

Ya en marzo de 2015, un informe realizado por distintos médicos reportaba que casi la mitad de los quirófanos en Venezuela no estaban funcionando y que, en la salud pública, había 60 por ciento de escasez de medicinas y de insumos. A esto hay que sumar los numerosos casos de corrupción, relacionados con el sector salud, cuyas denuncias han sido reiteradas pero que jamás han sido atendidas por el chavismo.

La llegada del coronavirus sorprende a Venezuela sin ningún tipo de defensas. No solo se trata de la situación hospitalaria. La crítica realidad económica, que se ha venido agudizando desde 2014, ya presenta niveles trágicos en todos lados: inflación galopante, desempleo y desabastecimiento y fallas en los servicios básicos de luz y de agua en grandes zonas del país. Susana Raffalli, especialista en nutrición y seguridad alimentaria, lleva años trabajando y dándole seguimiento al tema. Para ella, Venezuela se encuentra en un estado de “emergencia prolongada”. El coronavirus solo puede empeorar más las cosas y terminar generando una “crisis alimentaria a gran escala”.

Caracas, cuarentena / Youtube

Las perspectivas son fatales. Según las cifras y porcentajes en cuanto a velocidad de transmisión (33 personas en cuatro días), Venezuela ha tenido una de las curvas de contagio más rápidas del mundo. Por más que Maduro y su equipo intenten apurarse, decretando cuarentena en todo el país y tratando de reaccionar ante la situación, ya por desgracia parece ser muy tarde. Venezuela es una emergencia en emergencia. El pasado de inoperancia oficial, de derroche y corrupción, tiene en el presente consecuencias todavía más criminales.

En política, la falta de moral, a veces, puede representar una ventaja. ¿Qué buscaba Nicolás Maduro escribiéndole una carta a Kristalina Georgieva, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), para que le prestara 5000 millones de dólares?

Es muy poco verosímil que creyera que el FMI lo haría. Desde hace muchos años su discurso oficial se ha mantenido cuestionando a este organismo y, en 2007, el propio Hugo Chávez anunció que Venezuela rompería con él. Pero, incluso aparte de la retórica, era obvio prever que la institución apelaría a la falta de reconocimiento internacional que tiene Maduro para rechazar la solicitud. ¿Por qué, entonces, realizar la petición del préstamo?

La única respuesta probable a estas preguntas parece encontrarse en el terreno de la comunicación, de la construcción de narrativas y de la producción de sentido. Se trata, por cierto, del ámbito donde el chavismo ha sido siempre más eficaz. Desde esa génesis emblemática en que, gracias a menos de un minuto de televisión, Chávez logró convertir un golpe militar chapucero en una victoria política, la llamada “Revolución bolivariana” es genéticamente histriónica. Ahora se presenta como un poder dispuesto a renunciar a sus postulados ideológicos con tal de salvar al pueblo cuando, en verdad, solo está tratando de liberarse de su propia responsabilidad. Ya que no puede detener la tragedia, busca sacar provecho de ella.

Con esta pequeña maniobra, Maduro y su equipo pretenden utilizar la urgencia para acorralar a la comunidad internacional y, de paso, desde ya, juegan a la culpa adelantada. Señalan a otros posibles responsables de todo lo que vaya a ocurrir en el país con la llegada del coronavirus: el FMI, la comunidad internacional, la oposición. Lo que en apariencia es una acción unificadora, que intenta desactivar la pugna interna del país, es realmente lo contrario: otro esfuerzo por polarizar las visiones, el análisis y la discusión. El chavismo también toma previsiones: ya tienen una renovada excusa para el futuro. Con gran facilidad, se desembaraza de la ética.

El uso político de la enfermedad no es algo nuevo. El cáncer de Chávez, detectado a mediados de 2011, es un antecedente muy cercano. El líder venezolano aprovechó de forma intensa su padecimiento, no solo en una batalla electoral compitiendo como candidato para un nuevo periodo presidencial en 2012, sino también y sobre todo en la construcción de una nueva simbología religiosa, asociada a su persona y a su movimiento político. Desde la enfermedad, Chávez se sacralizó y legitimó la industria del culto a su personalidad.

En su caso, sin embargo, el material de la manipulación fue su propio cuerpo, su dolencia. Ahora, los herederos de Chávez no hacen lo mismo. Pretenden explotar la enfermedad, aprovecharla y sacarle dividendos, pero sin ningún riesgo personal. Las víctimas, nuevamente, las va a poner el pueblo.

Es evidente que en Venezuela, en estos momentos, se necesita apoyo económico. Pero, tal y como están las cosas, no hay una condición fundamental para que este pueda darse: confianza.

El chavismo tiene una larga historia de promesas incumplidas, de traiciones a sus propias palabras. Basta recordar lo ocurrido el año pasado con Michelle Bachelet, quien hizo un informe que denunciaba que cuerpos de seguridad habían perpetrado más de 8.000 ejecuciones extrajudiciales, así como numerosas detenciones, torturas y encarcelamientos ilegales. Todavía hoy operan esos cuerpos de seguridad y aún hay 320 presos políticos en Venezuela, que se encuentran entre los grupos más expuestos al coronavirus.

Mientras Maduro solicita ayuda humanitaria a la Organización Mundial de la Salud (OMS), sus cuerpos de seguridad han detenido ya a cuatro médicos que protestaban y exigían condiciones seguras para atender a pacientes. Así mismo, también la oposición ha denunciado el bloqueo oficial de una web —administrada por la Asamblea Nacional, con mayoría opositora— dedicada a ofrecer información sobre el COVID-19.

Si el chavismo quiere, en verdad, enfrentar honestamente la crisis debe ceder, debe procurar espacios de unión y poder con la oposición y con especialistas del gremio, entender que cualquier apoyo internacional tiene que ser aceptado sin condiciones, incluso si esto significa no tener control sobre la ejecución de la ayuda humanitaria. Ahora es imprescindible poner todo al servicio de la emergencia. La única prioridad son las víctimas. Jugar en estos momentos a la polarización es una estrategia criminal.

* Alberto Barrera Tyszka es escritor venezolano . Su libro más reciente es la novela Mujeres que matan.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*