“Para entender la brisita…”

Ortega, Cortizo, Moreno, Vizcarra, Piñera, Moise, Maduro, Morales y Duque

 

– El Exquisito: – “ANTES DE QUE NOS DEVORE EL CAOS, ES URGENTE REINVENTAR LA POLÍTICA”.

– El Práctico: – EL CHAVISMO ENTENDIÓ QUE NO LE QUEDABA OTRA OPCIÓN SINO CONTRAATACAR

– El Veterano: – ¿CÓMO ENFRENTARSE A ESTOS DESTRUCTIVOS CIUDADANOS? A MI JUICIO, CON MANO DURA y justa..

 

 

“Es una brisita bolivariana que llega a algunos países”: Cabello sobre manifestaciones en Chile

– Nicolás Maduro dijo que se está desarrollando y cumpliendo a la perfección un plan que han ejecutado en la región.

– Diosdado Cabello dijo también que esta es una «brisita bolivariana» que les llega a algunos países. Las declaraciones han sido interpretadas por analistas como que Venezuela puede estar detrás no solo de las manifestaciones en Chile, sino que también en las de Ecuador.

-¿BRISITA BOLIVARIANA? ACUSAN A MADURO DE FINANCIAR LA VIOLENCIA SOCIAL EN SUDAMÉRICA: Juan Guaidó, y otros líderes opositores al régimen, acusan al chavismo de «quitar dinero a los venezolanos» en plena crisis económica e invertir millones «para desestabilizar la región»

 

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

 

Golpes, contragolpes y recontragolpes

ALBERTO BARRERA TYSZKA / NYTimes Ciudad de México.- La toma de poder por asalto, en cualquiera de sus variantes, parece estar cada vez más presente en las noticias. Golpes y contragolpes, reales o imaginarios, fácticos o tan solo denunciados, empiezan a tener una puntual frecuencia en el continente. Bolivia es el ejemplo más reciente y, de nuevo, nos ofrece una señal sobre el fracaso de la política en América Latina.

Finalmente, la polarización, que tan rentable fue en algunos momentos, ha terminado por destruir la credibilidad en la política y en los políticos. No importa la ideología o el color de su partido, su sentido del humor o su cursilería. Lo que está en crisis es su sentido mismo, su función. Los ciudadanos hemos comenzado a pensar que la política y los políticos ya no sirven para dirimir nuestras diferencias, para resolver los problemas fundamentales de la vida en común.

Ya la ecuación pavloviana, que ante cualquier suceso reacciona de manera instantánea culpando al “imperio norteamericano” o al “castrocomunismo”, se agotó, no logra dar cuenta de la compleja realidad que vivimos. El esquematismo que pretende explicar todo en términos de izquierda y derecha resulta todavía más frívolo en Bolivia, un país que —precisamente— ha construido gran parte de su propia historia sobre la lucha por reconocer, pronunciar y ejercer su propia heterogeneidad, su enorme diversidad.

Los problemas son más hondos y las narrativas simples comienzan a naufragar. Nuestras historias siguen a veces pareciendo inverosímiles pero, ahora, vamos dejando atrás el realismo mágico y avanzamos firmemente hacia el absurdo trágico. Tenemos presidentes que se autoproclaman, instituciones que se reconocen y se desconocen con sorprendente rapidez, autoridades sin autoridad y poderes simbólicos… Lo único que permanece intacto es la represión. Los ejércitos no se detienen, los asesinatos siempre son más.

Desde la interrupción en el recuento de los votos en las elecciones del 20 de octubre hasta el día de hoy, todo en Bolivia ha ido empeorando, enredándose. Los propios liderazgos, de los distintos sectores, han ido asfixiando la crisis, acabando con la política, simplificando el conflicto a los ámbitos de la emoción o de la violencia.

Evo Morales ha sido errático y contradictorio. Mantuvo un silencio cómplice durante las 24 horas que el sistema electoral suspendió inexplicablemente el proceso de conteo rápido de votos. Basado en un informe de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Morales anunció una nueva convocatoria a elecciones. Pero más tarde acusó de fraude a la OEA y la denunció como parte de una conspiración internacional en su contra. Renunció a la presidencia para que hubiera paz en Bolivia. Pero dos días después, desde México, dijo que iba a regresar a La Paz para “pacificar” al país. En medio de esta marea, sin embargo, ha tenido un éxito importante: logró salir de un agujero, donde estaba condenado a explicar un fraude, y saltar al relato épico donde vuelve a ser un pobre indígena cocalero, víctima de una conspiración blanca y universal. Abandonó la política y se refugió en la telenovela.

Los distintos liderazgos de las diferentes oposiciones bolivianas también han actuado de manera caótica e incoherente. Destaca, por supuesto, Jeanine Áñez Chávez, quien en medio de una situación confusa, termina asumiendo la presidencia como si ella misma hubiera obtenido una victoria histórica en contra de sus adversarios. Renuncia a un papel de mediadora en el conflicto y pretende entonces apropiarse de un protagonismo heroico que no tiene ningún respaldo y que, encima, se sostiene sobre la legitimación de la represión. Por no mencionar a Luis Fernando Camacho, un dirigente con ambición de cristero, que propone arrasar con la pluralidad de la sociedad boliviana gritando: “¡Satanás, fuera de Bolivia!”. Otra vez: el fervor sustituye a la política.

Los excesos narrativos siempre enturbian el cuento. Que Luis Almagro, el secretario general de la OEA, se comporte a veces como un predicador religioso, no implica que los 36 técnicos de la OEA que auditaron el proceso electoral boliviano sean una secta ciega al servicio de los oscuros intereses de Estados Unidos. Así como tampoco que Daniel Ortega y Nicolás Maduro —ambos en el poder después de elecciones igualmente fraudulentas— cuestionen “el golpe” en Bolivia implica que el proceso haya sido transparente y esté apegado a las leyes. Hay que dejar de pensar y de vivir la historia en términos de las Cruzadas. El sábado 16 de noviembre, Juan Guaidó, líder de la oposición venezolana, culminó una manifestación popular convidando a los presentes a marchar hasta la embajada de Bolivia. Como si la confusa situación boliviana pudiera funcionar de alguna manera en el contexto de la exhausta batalla por la democracia en Venezuela. La invitación parecía, más bien, una acción desesperada por encontrar algún milagro para resucitar la esperanza.

Los terribles errores de la dirigencia de la oposición boliviana no mejoran a Evo Morales. Pero tampoco su intención de perpetuarse en el poder, el fraude electoral cometido y la manipulación posterior, mejoran a Áñez ni le dan un permiso para actuar como le dé la gana. Ninguno de los dos son los únicos actores. Ninguno de los dos son la representación exclusiva de modelos políticos y utopías excluyentes. Creer que todo lo que ocurre es consecuencia de una pugna entre la izquierda y la derecha supone pensar desde la narrativa y no desde la realidad.

Protestas, incendios y saqueos en principales ciudades de Chile elevan el nivel de violencia. Cristóbal Escobar / Agencia Uno

Las protestas en Chile dicen otra cosa, hablan de una crisis que ha desbordado a los políticos y a sus paradigmas. El caso de Bolivia ahora también desnuda la tentación de explicar cualquier conflicto con la denuncia de una conspiración ideológica internacional. Para no ver y enfrentar lo que sucede, se va más allá, a un lugar distante, donde una fuerza oscura mueve los hilos de lo real. Los políticos se denuncian y se acusan mutuamente, se aferran al supuesto enfrentamiento antagónico entre dos modelos, mientras las poblaciones se enfrentan cada vez más solas a sus tragedias. Hace una semana, una delegada sindical en Venezuela, en una protesta por la salud pública, se vio obligada a aclarar: “No queremos tumbar a nadie, queremos que reabran el hospital”. Los golpeados de siempre ahora deben vivir advirtiendo que ellos no son golpistas.

La polarización se devuelve y juega en contra de sus protagonistas. Si no se desactiva esta dinámica, el horizonte seguirá bamboleándose entre el autoritarismo y las sociedades disfuncionales. La multiplicación de los golpes. Antes de que nos devore el caos, urge recuperar y reinventar a la política.

Alberto Barrera Tyszka es escritor venezolano. Su libro más reciente es la novela “Mujeres que matan”.

 

El contra-ataque: La fiera acorralada

GUSTAVO TOVAR-ARROYO / El Nacional .- Era de suponerse, el chavismo, acorralado como quedó a principios de año con el vertiginoso ascenso del presidente Juan Guaidó, se vio perdido…, acorralado y perdido, pero supo reaccionar a tiempo, envolvió a los crédulos opositores en un diálogo inepto y logró extender su agonía.

El chavismo no ha muerto, entendió que no le quedaba otra opción sino contraatacar, y lo hizo, unió todas las fuerzas que lo componen e incendió el continente. El 4 de febrero regional ha comenzado.

¿Qué es el chavismo?

Lo primero que hay que resaltar son las fuerzas que componen al chavismo para entender a qué nos enfrentamos. El chavismo es una siniestra composición de narcotráfico, comunismo, terrorismo islámico, guerrilla, corrupción, militarismo, paramilitarismo, malandraje, psiquiatría y cinismo sentado en el poder. Sus socios internacionales son Rusia, Bielorrusia, Turquía, China, Irán, Nicaragua y Cuba. No pierden el tiempo, están alertas, a punto de perder el poder de la mina de oro y petróleo venezolana, lanzó un mordisco continental, contraatacó. Obvio.

Calcinar un continente

Ahora Chile, Ecuador y Colombia entienden mejor a Venezuela y a los venezolanos, lo que hemos padecido desde que el chavismo llegó al poder y no incendió metros, contralorías o plazas públicas sino personas, miles de personas y les disparó en la frente, y les sacó los ojos, y con bombas les partió en pedazos el corazón a niños, y violó mujeres, y lanzó políticos desde un décimo piso, y torturó hasta la muerte a militares, y acribilló soldados y calcinó, insisto, no estaciones de metro sino a un país. Ahora América Latina sabe que el chavismo está dispuesto a todo: lo que ellos han vivido en semanas, nosotros lo hemos padecido durante dos décadas.

Los bomberos controlaban en Santiago, el incendio mientras continuaba la protesta en la avenida Alameda / GETTY IMAGES

El contraataque

Era previsible que el chavismo contraatacaría, muy previsible. No soy pitoniso ni brujo, pero lo advertí hace mucho tiempo. Se sentaron a tomar piña colada con unos criminales en Barbados y descuidaron el único hecho políticamente imaginable para entonces: la hiena herida y acorralada mordería furiosamente para salvar su vida, que es la vida del crimen instalado en el poder.

Contraatacaron, no tenían otra opción, reunieron a todos los malandros del continente en el Foro de Sao Paulo que se realizó en Caracas, planificaron, utilizaron todos los recursos habidos y por haber del narcotráfico y la hiena mordió a la cándida y optimista democracia continental.

Los paraísos americanos

La izquierda mundial encontró en el narcotráfico y en la corrupción sus mejores y más impunes financistas.

El caso mexicano es emblemático. López Obrador ataca a gente decente y trabajadora, pero libera y abraza a narcotraficantes, les promete un paraíso criminal. Uruguay, por otra parte, paraíso del lavado de dinero de las Américas, ni con el pétalo de una rosa a todos los corruptos de la región, los agasajan, los cortejan, los veneran.

El chavismo, que además de ser narcotraficante y corrupto, es –como hemos dicho– terrorista, militarista, guerrillero y malandro va por el cuello de Chile y Colombia. El chavismo no ha muerto. ¿Incendian sus metros y sus contralorías? A nosotros nos incendiaron el país entero.

Los próximos objetivos estratégicos

No será fácil salir del chavismo continental;para salir de él hay que salir de su versión original en Venezuela, donde se concentran y operan todas sus fuerzas malignas. Cesar la usurpación de Maduro, Cabello y Rodríguez ya no es un tema sólo venezolano, es un tema continental y hasta mundial. Colombia no estará en paz mientras exista el chavismo. Brasil y Estados Unidos son los próximos objetivos estratégicos. Nada se descarta. Mientras el presidente Trump envía tuits, Putin envía militares y armamento a Venezuela. El chavismo muerde y no suelta.

Salvar al continente y al mundo

Gústenos o no, en Venezuela quienes estamos llamados a cesar la usurpación, quienes tenemos la obligación moral y la mayor probabilidad de liberar al país y al mundo del chavismo, somos todos y cada uno de los venezolanos, incluso pese al errático liderazgo político. El centro de la fuerza chavista, el corazón que irradia su sangre venenosa al continente, el conglomerado de toda su estructura criminal opera desde la pequeña Venecia. Para lograr derrocarlo no se puede dialogar ni sucumbir en falsas elecciones, se debe luchar en todos los terrenos y sin descanso, se debe desafiar y sublevarse. Sólo una rebelión popular total en Venezuela salvará al continente y posiblemente al mundo. No exagero. Vean a su alrededor.

 

Ciudadanos protestan contra las medidas más recientes del gobierno Colombiano.

Vándalos

CARLOS ALBERTO MONTANER .-Ahora le tocó el turno a Colombia. Antes había ocurrido en México y en Chile. Los vándalos han destruido una buena parte de Santiago. Se ensañaron con el sistema de transporte público. Más de dos docenas de estaciones fueron carbonizadas. Esas acciones afectan directamente a los trabajadores más pobres y a las empresas en las que laboran. No pueden llegar a tiempo a sus trabajos. Es verdad que los Estados suelen recoger rápidamente los escombros, pero la indignación contra los vándalos tarda mucho tiempo en disiparse. Mucho más que la humareda de los incendios.

Indirectamente, los vándalos perjudican a toda la sociedad. Los daños infligidos al sector público significan menos servicios de los ya pautados en los presupuestos. Menos comedores escolares. Menos salud y educación. Menos recursos para los pensionados. Menos parques y recreos. Menos inversión. Menos puestos de trabajo. Menos crecimiento. Tal vez, más impuestos para paliar los destrozos. No hay un solo aspecto positivo en el vandalismo, dado que la sociedad suele tomar en cuenta estas actitudes a la hora de las elecciones. Les suelen cobrar en las urnas tanto a las izquierdas suicidas que auspician los desmanes –los Petro de este mundo—como a los gobernantes que no afrontan con firmeza a los vándalos.

Curiosamente, los vándalos originales fueron parte de unas tribus germánicas que entraron en Iberia a principios del siglo V y dejaron su huella genética en Galicia y Andalucía. Los españoles altos, rubios y bien plantados, de ojos azules o verdes, provienen de ese tronco remoto. La fama de destructores es muy posterior. Proviene del saqueo a Roma del año 455, pero no fue hasta el siglo XIII que los escritos eclesiásticos acuñaron la siniestra equivalencia entre los saqueadores y los vándalos. Sin embargo, aquellos vándalos, los originales, actuaban fuera de su territorio. No se les ocurría destruir el entorno propio.

Colombianos manifestaron su malestar y preocupaciones al Gobierno del presidente Iván Duque.

¿Por qué lo hacen estos nuevos vándalos? Evidentemente, porque les gusta quemar y destruir lo que no les pertenece. Hay algo hipnótico y atrayente en el fuego. Por eso la piromanía es un fenómeno universal. El origen puede ser político, pero la mano de obra que se dedica a ello suele estar compuesta por jóvenes que disfrutan el golpe de adrenalina que les recorre el organismo. Son esclavos de los neurotransmisores que controlan nuestra conducta, como estableció muy bien el antropólogo español José Antonio Jáuregui. Especialmente cuando sabemos que el cerebro no madura hasta, aproximadamente, los 25 años de edad.

¿Cómo enfrentarse a estos destructivos ciudadanos? A mi juicio, con mano dura y justa. Tal vez modificando los códigos penales. No basta con solicitarles a las abuelas que castiguen a sus nietos vándalos, como pedía Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. La sociedad, representada por el Estado, debe hacerlo. ¿Cómo? Acaso responsabilizando a los culpables ante tribunales severos. Si son menores de edad, haciendo que las familias abonen los gastos de la destrucción efectuada por estos canallitas. Creo que algunos pueblos asiáticos tienen medidas de ese tipo que deben imitarse.

Recuerdo el caso de un empresario español, molesto por el grafiti dejado en la fachada de su negocio por un “artista” callejero, averiguó donde vivía el sujeto, fue a su casa y la pintarrajeó con botes de pintura indeleble. El grafitero aprendió la lección y nunca más perjudicó los predios del vengador en cuestión. De paso, la familia, muy disgustada, tuvo que abonar cientos de euros por el costo de repintar su vivienda.

Un gran incendio en el centro de Chile opacó el día de protestas / GETTY IMAGES

Es muy importante que esas reformas de las penas y castigos se lleven a cabo. Así se evitaría, entre otras anomalías, el ruido de sables que suele terminar muy mal. O las reformas penales las hacen los políticos sensatos, o se las hacen a la fuerza los generales con el beneplácito inicial de las sociedades. Después llega el momento de llorar, pero el origen está en los vándalos y en la pasividad de los gobiernos que los toleran.

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