Nace un “nuevo” ser humano…

EL PAPA AL PONTIFICIO CONSEJO DE LA CULTURA:“están bien los progresos en la genética, pero existe el peligro de llegar a la programación del ser humano. Las películas de ciencia ficción son «eco de miedos y esperanzas de los hombres»

ELON MUSK: «HAY QUE REGULAR LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL antes de que se convierta en un peligro»

 

DOMENICO AGASSO JR. / V.I.- Las actividades científicas no deben tener «como lógica la prepotencia». La ciencia tiene límites que debe respetar. El progreso de la genética son algo bueno, pero hay que tener cuidado con el peligro de llegar a la programación del ser humano. Lo afirmó el Papa Francisco durante la audiencia en la que participaron en la plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura, dedicada al tema «El futuro de la humanidad: nuevos desafíos a la antropología».

La medicina y la genética «nos permiten ver dentro de la estructura más íntima del ser humano e incluso intervenir para modificarla. Ellas nos hacen capaces de derrotar enfermedades consideradas incurables hasta hace poco tiempo; pero también abren la posibilidad de determinar a los seres humanos ‘programándonos’, por así decir, algunas cualidades», subrayó el Pontífice al dicasterio guiado por el cardenal Gianfranco Ravasi.

 

 

El Papa Francisco habló también sobre los robots: «los progresos increíbles de las máquinas autónomas y pensantes, que ya en parte se han convertido en componentes de nuestra vida cotidiana, nos llevan a reflexionar sobre lo que es específicamente humano y nos hacen diversos de las máquinas».

Y después exhortó: la ciencia que encuentra su fundamento último en el plan de Dios», que «nos encomendó el cuidado de la Creación, debe seguir la lógica de la gratuidad y del amor, del servicio y no la del dominio y de la prepotencia».

El obispo de Roma invita a «expresar nuestra gratitud a los hombres y a las mujeres de ciencia por sus esfuerzos y por su compromiso a favor de la humanidad. Este aprecio de las ciencias, que no siempre hemos sabido manifestar, encuentra su último fundamento en el plan de Dios».

Pero cuidado, recordó Francisco: la ciencia y la tecnología «nos han ayudado a profundizar los confines del conocimiento de la naturaleza, y en particular del ser humano. Pero ellas solas no son suficientes para dar todas las respuestas. Hoy nos damos cuenta que es necesario volver a los tesoros de la sabiduría conservados en las tradiciones religiosas, en la sabiduría popular, en la literatura y en el arte, que tocan en profundidad el misterio de la existencia humana, sin olvidar, es más, redescubriendo aquellos contenidos en la filosofía y la teología».

El Papa subrayó que sigue siendo válido, y lo será siempre, «el principio de que no todo lo que es técnicamente posible o factible es por eso mismo éticamente aceptable. La ciencia, como cualquier otra actividad humana, sabe que tiene límites que respetar por el bien de la humanidad misma, y necesita un sentido de responsabilidad ética».

Por ello es necesario «superar la trágica división entre las “dos culturas”, la de la cultura humanístico-literaria-teológica y la cultura científica, que lleva a un recíproco empobrecimiento, y hay que impulsar un mayor diálogo también entre la Iglesia, la comunidad de los creyentes y la comunidad científica». La Iglesia, por su parte, «ofrece algunos grandes principios para sostener este diálogo. El primero es la centralidad de la persona humana, que debe ser considerada un fin y no un medio».

Los cambios vinculados con la tecnología y la ciencia «inducen a algunos a pensar que nos encontramos en un momento singular de la historia de la humanidad, casi en los albores de una nueva era y del nacimiento de un nuevo ser humano, superior al que hemos conocido hasta ahora. Son, efectivamente, grandes y graves las preguntas y las cuestiones que debemos afrontar».

Estos argumentos «han sido anticipados, en parte, por la literatura y las películas de ciencia ficción, eco de miedos y esperanzas de los hombres.

Por ello, la Iglesia, que sigue con atención las alegrías y las esperanzas, las angustias y los miedos de los hombres de nuestro tiempo, quiere poner a la persona humana y las cuestiones con ella relacionadas al centro de las propias reflexiones».

El Papa también lanzó un llamado para que los avances del conocimiento no aumenten las desigualdades: «Es necesario recordar» el «destino universal de los bienes, que tiene también que ver con los del conocimiento y de la tecnología. El progreso científico y tecnológico sirve al bien de toda la humanidad y sus beneficios no pueden dar ventajas solamente a pocos.

De esta manera, se evitará que el futuro añada nuevas desigualdades basadas en el conocimiento, y que aumente el abismo entre los ricos y los pobres. Las grandes decisiones sobre la orientación de la investigación científica y las inversiones en ella —pidió el Pontífice—deben ser asumidas por el conjunto de la sociedad y no deben ser dictadas solamente por las reglas del mercado o por el interés de pocos».

 

 

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