Moronta:“…no escaparán”

Padrino, Maduro y Cabello

 

LA SEGUNDA OLA DE LA DIÁSPORACésar Pérez Vivas

HRW Y JOHNS HOPKINS: “MADURO ABUSA DE LOS RETORNADOS

– GABRIELA RAMÍREZ: “TORTURAS Y ATROCIDADES MASIVAS DE DD HH COMENZARON CON MADURO,… ”

 

 La Prensa del Táchira

 

El Nacional.  – El monseñor Mario Moronta, obispo de San Cristóbal, en Táchira, y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) lamentó la manera en la que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana trata a los venezolanos que se dirigen a la frontera con Colombia para huir de la crisis en el país.

Moronta sugirió a los militares buscar a los corruptos y encarcelarlos en vez de perseguir de los migrantes. Esto, luego de que se conocieran denuncias de venezolanos a los que los uniformados presuntamente han robado en los puntos de control cuando caminan por las carreteras para tratar de cruzar, aún en pandemia, hacia el otro país.

Nos golpea el alma, de verdad lo digo, porque hay mucha indiferencia de parte de mucha gente que no está sintonizando con el país y lo que quieren es empoderarse con su ansia de poner o su mediocridad. Nos parte el alma ver cantidad de hombres y mujeres caminando por nuestras carreteras viniendo de tantas partes de Venezuela y cómo, en vez de defenderlos, como hicieron en su juramento, lo que hacen es robarles lo poquito que puedan traer”, manifestó.

Las palabras las ofreció el monseñor durante una misa con motivo al 98 aniversario de la Diocésis de San Cristóbal, señaló el medio regional La Prensa.

¿Cómo es posible que los diversos puntos de control, los vejan los desprecian. Recuerden que del juicio divino ustedes no escaparán. Les pido de todo corazón a nuestras parroquias que le sigamos dando muestras de amor”, expresó.

@PadreJosePalmar

Mil bendiciones y gracias a Monseñor Mario Moronta Obispo de San Cristóbal en Venezuela por pedirle en nombre de Dios a la Guardia Nacional, policías y militares que no roben, ni maltraten, ni humillen, ni velen a los venezolanos que salen por la frontera hacia Colombia.

 

Mons. Mario Moronta, obispo de San Cristóbal

Las palabras de Mons. Moronta

El Nacional . – La Iglesia no ha dejado de acompañar al venezolano en su tragedia. Nunca se ha callado y los púlpitos se han llenado de verdades más que de sermones. Por eso, no es de extrañar que monseñor Mario Moronta, obispo de la diócesis de San Cristóbal, salga en defensa de los caminantes que tratan de huir del país.

Es imposible que el sacerdote ignore lo que sucede, porque está precisamente en una de las poblaciones más golpeadas por estos años de desidia rojita. Por la capital del estado Táchira desfilan diariamente miles de venezolanos que se aventuran a pie a cruzar las fronteras para tratar de sobrevivir en otro lado.

Y cuando las circunstancias son tan duras, cuando el sufrimiento se ve en los rostros de las personas, cuando se es testigo de tanto dolor, lo que provoca es gritar. Pero monseñor Moronta hace algo más que eso: intenta llegar al fondo del corazón de quienes se han ensañado con sus propios hermanos.

Porque resulta que, además de vejarlos, de humillarlos y agredirlos, ahora los guardias nacionales se han dedicado a robar a los caminantes. “Nos parte el alma ver cantidad de hombres y mujeres caminando por nuestras carreteras, viniendo de tantas partes de Venezuela, y en vez de defenderlos, como juraron hacer, lo que hacen es robarles lo poquito que puedan traer”.

El obispo llama la atención sobre la falta de sintonía con lo que pasa en el país y reconoce que hay muchos que solamente se guían por sus ansias de poder y su mediocridad. Por eso apelan al juramento que hicieron los militares de defender a sus compatriotas y, sin embargo, pareciera que nadie lo escucha.

Al comienzo de la pandemia muchos venezolanos hicieron el viaje de vuelta con la esperanza de que aquí en su tierra se les hiciera más fácil sortear las dificultades que trajo consigo el covid-19. Sin embargo, desde el principio los trataron de “armas químicas”, los acusaron de contagiar a la población, los persiguieron. No les quedó más remedio que volver a salir y con ellos muchos otros que ya no aguantan tanta miseria.

En el fondo la tragedia es mayor que un pequeño grupo de guardias nacionales que se aprovechan de la indefensión de los que huyen. En el fondo pareciera un canibalismo de todos contra todos y es algo que ha sido inculcado durante 20 años de gobierno chavista.

Ojalá haya militares y uniformados que escuchen las palabras de monseñor Mario Moronta, pero lo que realmente hace falta es que todos en el régimen, desde la cúpula hasta el militante más raso, recuerde lo que es la empatía y la caridad, y entiendan de una vez por todas que ya basta de someter a un pueblo por la sed de poder y riquezas.

 

La segunda ola de la diáspora

CÉSAR PÉREZ VIVAS .- El recrudecimiento de la tragedia humanitaria en nuestra sufrida Venezuela, y el lento proceso de reactivación de la actividad económica en los países vecinos del continente están generando, lo que podríamos calificar como una segunda ola de la estampida humana que padece nuestra nación.

En mi artículo de la semana anterior me referí a la hambruna que se está expandiendo vertiginosa en el seno de nuestro pueblo. El obsesivo aferramiento de Maduro y su camarilla al poder siguen profundizando el hambre, la desesperación y la muerte de miles y miles de compatriotas.

Huyendo de esta tragedia está en marcha una nueva oleada de venezolanos rumbo al sur del continente. En la primera oleada, los migrantes llegaban en autobuses hasta la frontera. Muchos, incluso, llegaron en avión hasta los aeropuertos próximos a los pasos con Colombia.

Ahora no. Ahora estamos observando el peregrinaje a pie por nuestra propia geografía. En abril de 2019 pude constatar la travesía, por las carreteras de los Andes colombianos de grandes contingentes de venezolanos caminando. Observé los refugios y sitios de atención a esos caminantes, no solo en las inmediaciones de la raya fronteriza, sino en ciudades como Pamplona, Bucaramanga, San Gil y Tunja.

En esta semana recién finalizada pude ver esa romería en las carreteras venezolanas. Viajando desde San Cristóbal hasta Caracas, aprecié en tierras de Barinas y Portuguesa los grupos de migrantes caminar hacia el suroeste venezolano. Familias enteras huyendo.

Su testimonio me impactó una vez más. “No tenemos cómo comprar comida. No ganamos nada”. Una educadora de San Carlos de Cojedes comentó que ya con su salario no puede ni siquiera asistir al trabajo, y en su región no encuentra forma de ganarse decentemente la vida. Va rumbo a Colombia a ver qué trabajo digno le permite ganar el pan de cada día. Van caminando porque ahora no hay transporte. La carencia de gasolina ha paralizado el transporte público y reducido sensiblemente el tránsito automotor. Aquellas autopistas y carreteras de la Venezuela pujante, son ahora espacios vacios, donde solo crece el monte sobre la cinta asfáltica.

La evolución de los acontecimientos indica que no hay ninguna iniciativa en el seno del régimen que permita prever alguna posibilidad de detener la debacle económica y social. Sigue la creación de dinero inorgánico, la hiperinflación avanza descomunal, la menguada producción interna sigue cayendo y la represión es la única respuesta a los reclamos de la ciudadanía. De modo que el mundo será testigo de esta nueva oleada de venezolanos huyendo del infierno socialista y revolucionario,  que Maduro y su camarilla han logrado construir.

El papa Francisco publicó el pasado 4 de octubre, con motivo del día de San Francisco de Asís, su nueva encíclica Fratelli-Tutti, destinada a promover una sociedad y un mundo donde prive “la fraternidad y la amistad social.”

En el Capítulo Primero: “Las sombras de un mundo cerrado”, desarrolla una parte titulada “Sin dignidad humana en las fronteras” en la que hace una enérgica denuncia de las causas y efectos de las migraciones contemporáneas.

Muchos escapan de la guerra, de persecuciones, de catástrofes naturales. Otros, con todo derecho, buscan oportunidades para ellos y para sus familias. Sueñan con un futuro mejor y desean crear las condiciones para que se haga realidad.” (1) Huyen de la pobreza, agregaría yo.

Proclama el Santo Padre “el derecho a no emigrar”, que no es otra cosa que “tener las condiciones para permanecer en la propia tierra” (2).

En el caso venezolano, nuestros compatriotas huyen de una guerra contra la sociedad declarada por la camarilla armada, y por la pobreza derivada del saqueo y del modelo comunista aplicado en veinte años de revolución.

Las alarmas volverán a encenderse en los días y meses por venir. En la medida que recrudece la represión, el hambre y la muerte, más compatriotas tomarán las carreteras para huir del “paraíso revolucionario”. Entonces el mundo tendrá que asumir más en serio nuestra tragedia.

ILUSTRACIÓN: Marvin Figueroa

Esa tragedia es un “democidio” en los términos en que los precisó el escritor y politólogo norteamericano Rudolph Joseph Rummel. En su libro Death by Government (1987) desarrolló el concepto de democidio para ir más allá del genocidio, el politicidio o el asesinato en masa. Se trata de una dimensión politológica de la muerte generada por las políticas absurdas de un gobierno o sistema político.

Allí expresó:  “Utilizo la definición civil de asesinato , en la que alguien puede ser culpable de asesinato si es responsable de forma imprudente y desenfrenada de la pérdida de vidas, como en el caso de encarcelar a personas en campos donde pronto pueden morir de desnutrición , enfermedades desatendidas y trabajos forzados , o deportarlos a tierras baldías donde pueden morir rápidamente por exposición y enfermedades “.

Este es el caso del régimen castro chavista, conducido ahora por Maduro. Él es responsable de las muertes por “imprudencia desenfrenada” en el manejo de los asuntos públicos. Por la desnutrición y las enfermedades desatendidas.

Ante este democidio, ante la brutal migración en marcha, ante los peligros de una catástrofe mayor no podemos callar. No podemos ser indulgentes, ni mucho menos colaboracionistas con un régimen de estas características. Resistir y luchar es el deber en la hora presente. Como todas las tragedias que la humanidad ha vivido, la nuestra terminará. Los responsables irán ante la justicia. Los migrantes tendrán el derecho y el deber de regresar, y juntos reconstruiremos la patria de nuestros anhelos.

  1. Papa Francisco. Encíclica Fratelli Tutti. Edición Digital. Página 11.
  2. Papa Francisco. Obra citada. Página 12.

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