“Mara ya está en casa”…

EL TRASLADO DE LA ELEFANTA MARA: CÓMO ES EL SANTUARIO DE BRASIL DONDE VIVIRÁ LUEGO DE 50 AÑOS DE CAUTIVERIO

 


El Territorio
.- Después de muchos años de pedidos y gestiones Mara, la elefanta nacida en cautiverio hace más de 60 años, fue trasladada al Santuario de Elefantes de Brasil, ubicado en Chapada Dos Guimara es Mato Grosso, donde allí podrá experimentar la sensación más cercana de libertad, luego de una difícil vida en la cual fue vendida a circos y zoológicos, en donde fue entrenada a base de maltratos, con el fin de “divertir”. Mara ingresó voluntariamente a la caja en la que es transportada. Una caja que pesa 5.750 kilos y tiene 5 metros de largo, 2 de ancho y más de 3 metros de altura. Viajó acompañada por personal del Ecoparque Buenos Aires, entre ellos Federico Iglesias; Johana, su veterinaria y los sus cuidadores Florencia y Marcos. Además viajaron seis choferes. A su vez, el camión que la trasladaba también contó con inmensas cantidades de alimentos para su largo viaje. El equipo de traslado y Mara arribaron a la ciudad de las cataratas a la medianoche del domingo. Ahí la esperaban las autorizaciones correspondientes de Senasa para salir del país poco después de las 7 de la mañana de este lunes. Finalmente, en la frontera de Brasil esperaban Scott Blais y parte del equipo del santuario con quien continuó el viaje hacia el destino final. El último adiós no fue nada fácil, sus cuidadoras la despidieron con tristeza. El amor depositado en ella quedó reflejado en lágrimas y los abrazos.

 

 

AFP .- La elefanta legó al Santuario de Elefantes del estado de Mato Grosso tras partir el sábado del Ecoparque de Buenos Aires, un extinto zoológico donde vivía desde 1995 después de pasar la primera parte de su vida como atracción de circo

La elefanta Mara celebró este miércoles con un baño de tierra y agua su llegada a un santuario en el centro-oeste de Brasil, donde vivirá en mejores condiciones y podrá descansar de una larga travesía desde Buenos Aires. Una buena noticia en tiempos de coronavirus.

Foto: Tomás Cuesta / Ecoparque

La paquiderma nacida en India, de entre 50 y 54 años, llegó al Santuario de Elefantes del estado de Mato Grosso tras partir el sábado del Ecoparque de Buenos Aires, un extinto zoológico donde vivía desde 1995 después de pasar la primera parte de su vida como atracción de circo.

Agradecemos a todos los que nos ayudaron, especialmente al Ecoparque Buenos Aires… y a las autoridades de Brasil y Argentina que hicieron posible el transporte internacional de la elefanta durante esta pandemia» de covid-19, escribió el Santuario en Facebook, donde transmitió en directo la llegada.

«¡Mara está en casa!«, celebró la organización.

El viaje estaba programado desde enero y se realizó bajo procedimientos de seguridad para proteger del coronavirus al animal y a los dos equipos técnicos que acompañaron tramos del viaje.

Mara, de unos 5.550 kilos, fue trasladada en una jaula-container descargada con ayuda de una grúa.

Salió cautelosamente, después de inspeccionar con su trompa durante unos 40 minutos la entrada del granero donde pasará la primera noche, iniciando su adaptación.

En este santuario de 1.133 hectáreas ubicado en la Chapada dos Guimaraes vivirá en un entorno de árboles, césped, estanques y espacios para revolcarse en el lodo, junto a otras tres elefantas asiáticas: Maia, Lady y Rana.

Como parte del proceso de adaptación a condiciones más libres, Mara salió por voluntad propia de su jaula al granero, donde le esperaba una montaña de tierra y agua de bienvenida, que comenzó a echarse en el cuerpo en el caluroso clima de Mato Grosso.

La elefanta no fue incentivada a salir de su jaula para que empiece a «tomar sus propias decisiones» en su nueva vida en el Santuario, explicó una funcionaria durante la transmisión.

Mara, de 5 metros de largo, 2 de ancho y 3 de altura, se alimenta con 100 kilos diarios de verduras, frutas y forraje.

En octubre de 2019, la elefanta asiática Ramba, de entre 60 y 65 años, llegó al Santuario procedente de Chile después de pasar décadas actuando en circos sudamericanos. Dos meses después falleció debido a una enfermedad renal que le habían diagnosticado hacía siete años.

El santuario, el primero de su tipo en América Latina, fue inaugurado en 2016 con la ayuda de la organización Global Sanctuary for Elephants, con sede en Estados Unidos.

 

Foto: Tomás Cuesta / Ecoparque

 

FERNANDA JARA / Infobae .-Poco después de las 13:30 del miércoles en Argentina, la elefanta que vivió 50 años en cautiverio en el Zoológico de Buenos Aires llegó al Santuario de Elefantes de Brasil, en Chapada dos Guimarães, en el Mato Grosso. Se tomó su tiempo para salir de la caja en la que viajó exactamente 2.752 kilómetros, y poco después de que Scott Blais –director del que ya es su nuevo hogar- abrió la puerta del sector de adaptación, asomó su trompa y comenzó a oler el césped natural y la tierra colorada con la que jugó un poco y, a modo de reconocimiento, la lanzó sobre su cabeza y lomo.

La transmisión en vivo del santuario y del Global Sanctuary for Elephans —la asociación que rescata elefantes en cautiverio y a la que pertenece el nuevo hogar de Mara— fue seguida por más de 7 mil personas que esperaron con ansiedad que la elefanta abandonara por completo el habitáculo en el que se trasladó durante cerca de 4 días. Le llevó 50 minutos pasar directa y voluntariamente a un espacio especialmente acondicionado, donde estará uno o dos días según sus propios tiempos de adaptación.

 Durante el viaje se hicieron paradas cada tres horas y que atendió a tres parámetros básicos: agua, comida y materia fecal. “Esto también fue un indicador del comportamiento de Mara, porque si no comía o no tomaba agua debíamos ver qué hacer para mantenerla hidratada”, aclaró Federico Iglesias.

La elefanta Mara llegó esta tarde al Santuario de Elefantes de Brasil. En ese habitáculo estará unas horas mientras descansa y se adapta a su nueva vida.

La estructura del santuario tiene un sector para elefantes al aire libre, muy similar a las áreas de manejo y de tratamiento del Ecoparque, ya que está techado, pero toda esa parte es abierta. Apenas se abra la caja de traslado se le dará la oportunidad de ingresar allí. Ella pasará la noche en ese lugar para descansar, comer, tomar mejor y depende de su comportamiento si al otro día podemos permitir que otro elefante ingrese para que esté en contacto con ella, no directamente sino a través de barreras físicas. Esta una parte crítica en la que se pueden tocar con las trompas, pueden olerse, verse, pero hay barreras de seguridad”, había anticipado Blais a Infobae sobre qué sucedería con Mara una vez que arribara al santuario.

El lugar está rodeado de selva, tiene 1.128 hectáreas y conviven allí otras tres elefantas asiáticas. Una de ellas husmeó cerca cuando vio a Mara, lo que la hizo retroceder cuando comenzaba a salir de la caja. La elefanta había dejado el Ecoparque porteño en la tarde del sábado,

Mara llegó en perfecto estado de salud y manifestando buen ánimo. Apenas salió de la caja jugó con agua y se tiró tierra con su trompa como lo hacía acá”, informó la Secretaria de Ambiente de la Ciudad a través del Ecoparque.

Pese a llevar cerca de 4 días, el trayecto duró menos horas de las estipuladas debido a que las rutas estaban prácticamente vacías por la cuarentena, y contó con un protocolo de traslado especialmente adaptado a las exigencias sanitarias exigidas por la pandemia de Covid-19 que estamos viviendo.

Estamos realmente muy contentos y emocionados por haber acompañado a Mara y porque salió todo según lo planeado”, dijo Federico Iglesias, subsecretario a cargo del Ecoparque porteño, que acompañó el viaje junto a la veterinaria y una de las cuidadoras de la elefanta.

El funcionario destacó la solidaridad de las entidades que fueron parte del traslado tanto en Argentina como en Brasil. “La coordinación y predisposición fue fantástica. Entre el Gobierno Nacional y de la Ciudad se hizo un trabajo impecable”, destacó y subrayó que “Ambiente Nación puso a disposición dos inspectores que nos escoltaron”.

Que Mara esté hoy en Brasil es el resultado de una decisión que tomamos hace mucho tiempo, cuando transformamos el Ecoparque. Hace unos años veíamos este hito como algo lejano, casi imposible. Trabajamos todos los días cumpliendo con todos los pedidos y las regulaciones legales. Un día nos sorprendió la pandemia, adaptamos el protocolo, y hoy, Mara camina en un ambiente natural por primera vez en su vida”, aseguró Eduardo Macchiavelli, secretario de Ambiente de la Ciudad.

Si bien en este caso no es necesario un proceso de cuarentena, ya que fue completado exitosamente en el Ecoparque porteño, sí será necesario un período de adaptación que estará a cargo del personal técnico del santuario. Éste se la relacionará con su nuevo ambiente, dieta y manejo en general. El tiempo que dure esta adaptación dependerá de la evolución de Mara durante este proceso.

En el santuario viven las elefantas Lady, Rana y Maia. Las tres tienen un pasado similar al de Mara: pasaron por circos y zoológicos.

Nuevos sabores. La elefanta que vivió 50 años en cautiverio prueba las hojas de las palmeras y árboles que hay en el santuario.

Estamos todos muy emocionados y conmovidos con todo lo que significó el traslado de Mara. Que pueda vivir el resto de su vida en ambiente natural es un mensaje y una lección para entender cuál es la relación que tenemos que tener con la naturaleza”, agregó Macchiavelli.

Por su parte, Iglesias remarcó que “fue fundamental el trabajo que se hizo previo a su salida y el apoyo que tuvimos de muchos de los actores involucrados para que el santuario sea la nueva realidad de Mara. El viaje fue largo pero en todo momento estuvo monitoreada por veterinarios y cuidadores”.

 Por el momento, en el Santuario de Elefantes de Brasil (SEB) viven elefantas asiáticas por lo que las próximas en llegar (sin fecha concreta) son Pocha y Guillermina, madre e hija, que están en el Ecoparque de Mendoza. Cuando abran el espacio para recibir elefantes de origen africano será el turno de las dos que quedan en el Ecoparque porteño.

El viaje de Mara

En la tarde del sábado 9 de mayo, Mara caminó lento por su recinto en el Ecoparque porteño e ingresó voluntariamente a la caja de traslado. Minutos más tarde, su cuidadores, veterinarios y personal que trabajó en su entrenamiento y cuidado la despidió con caricias y lágrimas antes de comenzar su viaje. A las 19:36 abandonó el Ecoparque del barrio de Palermo.

Mara viajó despierta y no abandonó la caja en ningún momento, y durante el trayecto fue monitoreada cada dos o tres horas por parte del equipo técnico que la acompañó, alimentó, limpió y evaluó hasta Foz de Iguazú. En las paradas que se realizaron para chequear que todo estuviera bien comió frutas y verduras, alfalfa, bambú y una nutrición suplementaria.

En la mañana del lunes, ya en la Aduana de Iguazú, se realizaron los trámites pertinentes; y el equipo de veterinarios y cuidadores del Ecoparque se despidió de Mara y tomó la posta el equipo del Santuario de Elefantes, quien se encargará de la elefanta de ahora en adelante.

Al día siguiente, en la mañana del martes 13, la caja de traslado de Mara se cambió a un camión más chico y adaptado para la ruta brasilera, hasta que pasado el mediodía, Mara descendió voluntariamente de la caja y caminó tímidamente por el campo. “Debimos cambiar de trasporte porque la ruta en el ingreso del Mato Groso era de tierra y debía ser más alto para evitar impactos en ella”, aclaró Iglesias.

Durante todo el viaje estuvo activo el protocolo de prevención de contagio en donde se minimizó el riesgo frente a la pandemia que estamos viviendo para todas las etapas del traslado.

Mara era la única elefanta asiática del Ecoparque porteño. Compartía su recinto con dos elefantas africanas, Kuky y Pupy -hermanas nacidas en el Parque Kruger de Sudáfrica- que serán trasladadas al mismo lugar “cuando el santuario de Brasil habilite el sector para elefantes africanos”, anticipó Iglesias minutos previos a la salida de Mara.

Las próximas en realizar su viaje serán las elefantas Pocha y Guillermina, madre e hija, que viven en el ex zoológico de Mendoza. “Lo harán cuando se cumplimenten todos los pasos requeridos por las autoridades de Fauna”, informaron ayer desde Proyecto ELE (Estrategias para la Liberación de Elefantes), la campaña de la Fundación Franz Weber que trabaja en la protección y liberación de los elefantes en cautiverio.

Mara tiene entre 50 y 54 años (la esperanza de vida en cautiverio para esta especie es de 75 años). Llegó al antiguo zoológico porteño el 16 de octubre de 1995 producto de un decomiso judicial por la quiebra del Circo Rodas y el 9 de mayo de este año fue trasladada para tener una mejor calidad de vida.

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