Maduro, ¿por qué no te callas?

Imágenes del enfrentamiento entre el rey Don Juan Carlos y Chávez en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana, el 10 de noviembre de 2007 en Santiago de Chile. (25/07/2008)

 

El Nacional / Editorial.- Al enorme cúmulo de penurias que a diario acosan a los venezolanos, se suma el tormento de soportar la incesante verborrea que emana desde Miraflores.

Nicolás Maduro habla, habla, habla todo el tiempo, e inunda los hogares venezolanos con su insufrible palabrería, una mezcla de exageraciones, falsedades, distorsiones, inventos y abuso dirigido hacia todo aquel que no admita su poder, sustentado en la represión.

Resulta cada vez más evidente que o bien Nicolás Maduro ha perdido el sentido de la realidad, o bien está rodeado de gente que le adula e impide enterarse de lo que ocurre, o bien hace lo que hace en la creencia de que su propaganda funciona para ocultar la verdad. Probablemente se trata de una combinación de todo lo anterior, lo que explica de igual modo la pérdida del sentido del ridículo por parte de una persona que es capaz, por ejemplo, de afirmar que el virus covid-19 es un arma de guerra biológica creada para atacar y perjudicar a la China comunista.

Sin pudor alguno Maduro retuerce la verdad, y lo hace de manera tal que los monumentales y dramáticos errores del Partido Comunista chino, que están causando muerte y desolación alrededor del mundo, se transforman en sus manos en un complot urdido por otros, precisamente para perjudicar a quienes son los genuinos y notorios culpables del desastre que recorre el planeta. No es tan solo que Maduro desprecia la verdad, sino que pareciera estar dominado por el incontenible empeño de moldear una verdad a su medida, sin importarle la diaria destrucción de su credibilidad personal y política.

Uno se pregunta, ¿qué hace con su tiempo Nicolás Maduro, aparte de hablar? ¿Cuándo se ocupa de estudiar con la debida calma los problemas de los venezolanos, la crisis de la salud, del agua, de la alimentación, de la gasolina, de la electricidad, de las comunicaciones y la educación?

Es obvio que sus inquietudes no se dirigen hacia la resolución de tales asuntos. El objetivo que le interesa es el control político y la represión, y en ello se invierten el tiempo y los recursos del régimen y la actividad de sus principales cabecillas y propagandistas.

El pueblo se ha convertido en un estorbo para la “revolución bolivariana y socialista”. Solo se le invoca como recurso retórico, pero en verdad se le teme y se intenta mantenerle doblegado, pasivo y necesitado de las precarias dádivas del régimen para apenas sobrevivir. Maduro y su “revolución” son y serán incapaces de convocar al pueblo para que, sin temor a represalias, se pronuncie acerca de la legitimidad y permanencia de su poder dictatorial.

¿Ha visitado Maduro alguna vez un hospital, una escuela, un mercado popular, para comprobar con sus propios ojos los padecimientos de ese pueblo al que tanto menciona y al que tan poca atención presta? Desde luego que no. Maduro se refugia siempre tras las cámaras que transmiten su imagen y el intolerable discurso al que nos somete, cuyo propósito no es otro que desfigurar la realidad de un país postrado, triste y presa de angustia.

Que no nos quepa duda al respecto: la aplastante mayoría de venezolanos, dentro y fuera del país, soñamos con tener la oportunidad, de alguna forma, de repetir ante Maduro la memorable frase que el entonces rey de España usó para imprecar a Hugo Chávez: ¿Por qué no te callas?

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