La mala fe de Rodríguez Zapatero

ZAPATERO DEBE RENDIR CUENTAS: ¿COBRA DINERO DE LA DICTADURA VENEZOLANA? Para el Secretario Gneral de OEA, Luis Almagro «Zapatero es el ministro de relaciones exteriores de Maduro»23 Sep 2018 – 

Rodríguez Zapatero se pone de manifiesto en su pretensión de guardar equidistancia entre el régimen de Maduro y la oposición democrática

 

El Nacional. – Debemos admitirlo: las retorcidas acrobacias de Pedro Sánchez, en representación de su socio Pablo Iglesias y los demás comunistas del partido Podemos, acabaron por hacerle un favor a Juan Guaidó y la causa venezolana.

En primer término porque la visita de Guaidó a Madrid, como parte de su gira europea, tuvo una resonancia inusitada y movilizó a miles de compatriotas, así como a las fuerzas democráticas españolas, fortaleciendo el compromiso conjunto por la liberación de nuestro país.

Por otra parte, la hipócrita y repudiable actitud de Sánchez y un sector del PSOE ayudó a que cayesen de una vez por todas las máscaras, que por breve tiempo ocultaron esta cruda realidad: la causa venezolana no cuenta con un aliado sincero en el presidente del gobierno de España y su coalición de izquierda. Sus convicciones ideológicas, en lo que toca a Venezuela, están del lado de Podemos, aunque las circunstancias le obliguen a guardar una cierta discreción.

El caso de Rodríguez Zapatero es mucho más claro. Con relación a este asunto, la oposición democrática venezolana no tiene derecho de equivocarse.

El ex presidente no es un mero simpatizante de los actuales regímenes en Venezuela y Cuba. Rodríguez Zapatero es un agente al servicio de esos regímenes y sus pretensiones de imparcialidad son una fachada, destinada a camuflar su verdadero objetivo, que no es otro que contribuir a que Raúl Castro y Nicolás Maduro se perpetúen en el poder. Su camuflaje es la engañosa labor mediadora y su método de acción la mala fe.

Actúa con mala fe quien, a sabiendas de lo que hace, oculta sus reales intenciones tras un manto de presunta virtud. En tal sentido, la mala fe de Rodríguez Zapatero se pone de manifiesto en su pretensión de guardar equidistancia entre el régimen de Maduro y la oposición democrática, cuando su trayectoria revela no solo su cercanía política al régimen sino su apego ideológico a este. En esto desempeña un papel el profundo antiyanquismo de Rodríguez Zapatero, que pareciera ser uno de los componentes fundamentales de su visión del mundo.

ILLUSTRACION: Leonardo Rodriguez / www.leonardorodriguez.net

Su afirmación según la cual las noticias sobre Venezuela son distorsionadas es un intento de esconder o restar relevancia a los desmanes del régimen. De igual modo, al sostener que las sanciones económicas son equiparables al tema de las armas de destrucción masiva durante la guerra de Irak, Rodríguez Zapatero incurre en una desfiguración de las cosas y pierde de vista dos puntos. De un lado, que las sanciones económicas han sido el factor clave para debilitar a Maduro y obligarle, precisamente, a hacerse de los servicios de un Rodríguez Zapatero para al menos pretender que está dispuesto a negociar. De otro, Estados Unidos intentó imponer la democracia en Irak, un terreno poco fértil para tales propósitos. En Venezuela, en cambio, se trata de restaurar la democracia, en un país en el que durante cuatro décadas sembramos una cultura política de libertad.

Pero el peor pecado político de Rodríguez Zapatero, en lo que concierne a Venezuela, es su sistemático esfuerzo por establecer una mentirosa equivalencia moral entre los diversos factores en pugna en nuestro país, refiriéndose a Juan Guaidó como “otro actor” del drama, en el mismo plano que Maduro y su dictadura. Esta artimaña, un bien conocido ardid del arsenal del radicalismo de izquierda, procura confundir a la opinión pública, colocando en el mismo plano a una tiranía oprobiosa y a una oposición que representa la reconquista de la libertad.

Bajo ninguna circunstancia debe la oposición venezolana equivocarse, en lo que tiene que ver con Rodríguez Zapatero y sus esfuerzos por servir los intereses de Maduro. Jamás debe concedérsele a este personaje la más mínima autoridad para fungir de mediador y todas sus actividades con relación a Venezuela deben ser estigmatizadas desde su raíz, como indeseables e ilegítimas.

Queda desde luego en manos de la oposición democrática española, nuestra verdadera aliada, llevar adelante el peso primordial de la lucha por la liberación de Venezuela en el contexto europeo. Lo están haciendo bien y siempre tendrán asegurada nuestra gratitud.

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