La levitación de Delcy

– “ÁBALOS EVITÓ QUE LA POLICÍA EXPULSARA A DELCY RODRÍGUEZ

– CASADO CREE QUE EL RÉGIMEN NARCO-DICTATORIAL tiene “agarrado por la solapa” a parte del Gobierno”

– EL NUMERITO DEL DELCY ELOÍNA: LA ALERTA “FIS1204176003000” que impidió a la ‘dos’ de Maduro entrar en España

 

El Nacional .- No pocas veces la historia vuelve a repetirse y, desde luego… ya sabemos lo que sigue, pues la frase goza de cierta inmortalidad.

Que se repita es lo de menos, al fin y al cabo, lo que cuesta es enterrarla; pero la culpa no forma parte en sí misma de su propia desgracia sino de la fatalidad (¿o de la estupidez?) de ciertos seres humanos que se empeñan en repetirla, degradándola hasta convertirla en mera acción cómica, en acto vil de payaso en retirada.

Lo peor o lo más gracioso (o trágico) de todo es que los escenarios que escogen para repetir el numerito son tan áridos como el famoso Valle de la Muerte que los western nos enseñan como el camino más seco para extinguirse al final de una historia.

En esta ocasión a la menina muy mal pintada se le ocurrió montar el show en el aeropuerto de Barajas, puerta de entrada a Madrid, justamente denominado “Adolfo Suárez”, ícono de la transición entre el derrumbe del franquismo y una democracia que nadie creía posible. Pero la realidad se impuso, el proceso político tomó su curso y ya nadie lo detuvo.

Ahora en Europa hemos sido testigos del crecimiento internacional de la figura de Juan Guaidó, de su presencia fundamental y de su reconocimiento ante los grandes líderes escogidos democráticamente en la Unión Europea. Y esto es un hecho en extremo relevante por una razón exclusiva: son líderes democráticos, con sus más y sus menos, pero que acatan las reglas del juego que a los venezolanos nos convienen y nos ayudan.

No son vulgares militares ni ladrones vestidos de políticos, no son torturadores ni desaparecen a sus adversarios en medio de la noche. No quieren ser cómplices de criminales plenamente identificados. Lo cierto es que la Unión Europea no es hoy territorio libre para la delincuencia bolivariana y sus secuaces.

Visto que la gira de Guaidó navegaba viento en popa y era aclamado y aceptado con la decencia que su cargo impone; la señora Delcy, que presume de cerebro de Maduro, ha tomado un jet privado y ha hecho acto de presencia en Madrid. Ya se sabía de antemano que iba para allá.

Pero Pedro Sánchez le ha sacado el cuerpo a Guaidó y se ha ido a la entrega de los Premios Goya, para de esa manera evitar el trago amargo de tener que saludar al presidente interino de Venezuela y a la deleznable amiguita del coleta. No le funcionó la jugada al gobernante español, pues hasta el croupier más veterano comete errores de principiante.

Olvidó Sánchez la costumbre de la vicepresidente del régimen de Maduro de montar un vulgar show donde le viene en gana. Algún otro día iba a suceder porque Delcy cuando no la hace a la entrada, pues la hace a la salida. Desde hace tiempo se esperaba este momento cumbre, este resbalón en escena, este show ridículo y estúpido protagonizado ahora a escala europea por la minicanciller venezolana.

Tiempo atrás, en este mismo espacio editorial, escribimos sobre el berrinche de padre y señor mío que, para desgracia de Maduro, de su partido el PSUV, del socialismo del siglo XXI y sus socios del Alba, así como de sus compinches Cristina Kirchner y Evo Morales, escenificó Delcy en Buenos Aires, en una las puertas de la Cancillería argentina, donde ocurría una reunión internacional dedicada al Mercosur, a la cual no había sido invitada por razones suficientemente explicadas por voceros autorizados.

Venezuela, y bien lo dijeron los cancilleres de los países que integran este organismo de integración subregional, no cumplió con los requisitos exigidos para validar su membrecía. Incluso se llegó a la tolerancia extrema de asignarle un tiempo extra para que cumpliera con las cláusulas tanto tiempo postergadas, advirtiendo al mismo tiempo al gobierno de Maduro que luego de expirado ese plazo Venezuela quedaba suspendida como miembro del Mercosur. Todo esto ocurrió dentro del modelo usualmente tranquilo de la diplomacia.

Mas no contaban con Delcy, la insultadora, la falta de respeto, la buscapleitos por quítame aquí esta paja. Un problema de tanta envergadura exigía una cierta cordura (que al parecer nunca ha tenido) y el empleo de las mejores y más adecuadas formas de la diplomacia, pero nada de eso.

La canciller venezolana estalló como el volcán de Krakatoa, al este de Java, y lanzó insultos, en vez de fuego y lava, contra el entonces presidente argentino Mauricio Macri, y los mandatarios de Brasil y Paraguay. En un primer momento se salvó el mandatario y el canciller de Uruguay, pero luego no hubo límite alguno. A la “señora” Delcy no le pareció nada más adecuado que calificar a tan altas figuras de los cuatro países fundadores del Mercosur de ser “integrantes de la Legión Cóndor”, una alianza de militares y dictadores de los países del sur que mantenían una cruel y abominable afición en común: perseguir, encarcelar, torturar y desaparecer a quienes combatían sus nefastas dictaduras.

Si la canciller Delcy esperaba ser readmitida en el Mercosur lanzando esos bastardos insultos para abrirse paso, pues se equivocó de plano. Lo único que logró fue que se confirmara su inestabilidad mental y su comportamiento vulgar poco acorde en el ámbito diplomático.

Ahora, en otro acto de magia bolivariana, no tocó tierra en España, se limitó a levitar por los pasillos del aeropuerto Adolfo Suárez para no ensuciar el suelo español. A quien sí ensució con su locura fue a Pedro Sánchez, pues mucha tierra le lanzó encima la desquiciada.

 

Delcy, en la “ruta del oro”

El avión de la vicepresidenta chavista siembra dudas por su posible vínculo con las «rutas del oro venezolano»

– Un comisario avisó a Interior de la llegada de Ábalos y Delcy a Barajas

– Las mentiras de Ábalos, un ministro acorralado

Ábalos: “Me pidieron que no se bajara del avión

FOTO: Economía Digital de Galici

JOSÉ LUIS ÁBALOS / EFE.- ministro español de Transportes de España, aseguró que Fernando Grande-Marlaska, responsable de Interior, le informó de la llegada a España de Delcy Rodríguez y le pidió que procurara que no bajara del avión.

Ábalos explicó en una entrevista en el diario español La Razón que el pasado lunes acudió al aeropuerto Madrid-Barajas en un vehículo particular y no en calidad de ministro.

Había ido a recibir a Félix Plasencia, titular de Turismo del régimen de Maduro, que iba a visitar la feria de turismo Fitur. En el camino hacia el aeropuerto, recibió una llamada de Grande-Marlaska.

De acuerdo con Ábalos, Grande-Marlaska le comunicó que Arancha González Laya, ministra de Exteriores, había recibido una comunicación de la embajada venezolana en la que se informaba de la presencia de Rodríguez.

Y añadió: «Ya que vas, procura que no baje del avión».

Con estos datos, el ministro de Transporte fue directo a la terminal Ejecutiva y se acercó al avión, que era alquilado o privado, sin la intención de encontrarse con la funcionaria de Maduro, pero Plasencia le solicitó que la saludara.

Y es lo que hizo, saludarla, según afirmó. «Por lo tanto, no hubo tal reunión. Le recordé que no podía entrar en suelo español dadas las sanciones de la Unión Europea», agregó.

Rodríguez, ante esto, le comentó que iba a continuar hacia Turquía.

«Las cosas a veces son más sencillas, elementales y vulgares. Fui a recibir a una persona que conozco y me encuentro con este bochinche», lamentó Ábalos.

E insistió: «No abordé ningún tema, porque no tengo ningún tema que abordar con ella. Ninguno».

José Luis Ábalos, entrevistado por la periodista Ana Pastor en su programa “El Objetivo”, transmitido a través de La Sexta Noticia

 

El “Problema Delcy”

EMILI J. BLASCO / ABC .- Del desconocimiento de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela –por unas elecciones presidenciales en mayo de 2018 que buena parte de la comunidad internacional consideró un evidente fraude– debía seguirse el no reconocimiento de su Gobierno, incluido el ministro de Turismo, que fue recibido como tal en España la semana pasada, y el veto a la presencia de la Venezuela chavista en la feria Fitur celebrada en Madrid.

La polémica de los últimos días se ha centrado en el «caso Delcy», por las torpes mentiras de José Luis Ábalos, ministro de Transportes y alto dirigente del PSOE, en relación a su entrevista con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, a quien Bruselas, con el voto de la propia España en favor de las sanciones contra Caracas, tiene prohibido entrar o hacer escala en la UE.

Además del importante punto de que España se ha saltado la sanción europea impuesta, convirtiendo en papel mojado la decisión comunitaria, cuya acción exterior normalmente ya cuesta de haber creíble en el mundo, está que el Ejecutivo de Pedro Sánchez reciba a alguien como número dos de un Gobierno cuyo número uno Madrid dice no reconocer.

Ministro de un presidente no reconocido

Es esto último lo que tiene una dimensión más general y explica por qué, a pesar de que la llegada hace un año de Juan Guaidó a la presidencia de la Asamblea Nacional venezolana ­–lo que le hacía asumir la presidencia interina del país por la ilegitimidad de Maduro–, este sigue en su puesto y nada ha cambiado.

Por eso, conviene quitar por un momento la vista del «caso Delcy» y admirarse de que el Gobierno de Sánchez haya presentado como tan natural, sin que nadie lo haya cuestionado, que Ábalos hubiera ido a recibir al ministro venezolano de Turismo, que llegaba a Madrid para acudir a Fitur. En la diplomacia cotidiana es donde la presión sobre Caracas pierde todo el aire. Y es con ese normal trato a la Venezuela oficialista como la coalición Sánchez-Iglesias está virando la postura que en su día adoptó España, al margen de si el viaje de Rodríguez fue realmente solicitado o no (conspiración de Podemos) y si ahí había algún defendible intento de mediar en la crisis que vive Venezuela.

Nicolás Maduro y la “dos” del Gobierno usurpador, Delcy Rodríguez,

Inconsistencia en la presión diplomática

Pocos países –apenas Estados Unidos– han sido consecuentes con la decisión de desconocer a Maduro libremente adoptada por cada uno, y eso irresponsablemente ha continuado dando oxígeno al régimen autoritario chavista. La presión diplomática sobre este solo podía tener éxito si el cerco era absoluto y si España, como otros países importantes en la relación con Venezuela, hacía lo siguiente: negar reconocimiento tanto al embajador como al resto de cuerpo diplomático designados por el Gobierno de Maduro o incluso proceder a su expulsión, rompiendo las relaciones diplomáticas; congelar las cuentas bancarias gestionadas por la Embajada y negarle transacciones financieras; rechazar los contactos bilaterales en el seno de organizaciones internacionales con representación del Gobierno chavista, y promover la exclusión de esta en organismos donde España tenga mayor influencia, como la Cumbre Iberoamericana de 2020, que este año debe celebrarse en Andorra.

Muchas de esas medidas fueron aplicadas internacionalmente contra Sudáfrica durante el apartheid, y contribuyeron decididamente a un cambio de régimen al hacer sentir a Pretoria su consideración de «paria». En el caso venezolano, en una situación distinta pero también humanitariamente grave, la ruptura con el Gobierno de Maduro cuenta con la facilidad de que Juan Guaidó haya sido reconocido por muchos países como presidente encargado, también España. Coherencia con ese reconocimiento sería conceder la única representación de Venezuela en Madrid al embajador designado por Guaidó, darle el control del edificio de la Embajada, de sus cuentas bancarias y otros bienes en España, etc.

Presión comercial y mediación

Un ámbito en el que España puede aumentar la presión es el comercial. Pero ese ha sido el primer talón de Aquiles de cualquier política de dureza contra del Gobierno de Maduro por parte del Ejecutivo español, ya con Mariano Rajoy. El temor a que las empresas españolas presentes en Venezuela se vieran más perjudicadas de la cuenta ha suavizado ciertas actitudes en la Moncloa.

Frente a una Administración Trump que ha actuado contra los intereses de la industria petrolera estadounidense con sus sanciones a PDVSA, España se ha mostrado más comprensible con la actividad de Repsol en Venezuela. Repsol se está saltando las sanciones de Estados Unidos alegando que sigue comerciando el petróleo venezolano para cobrarse la deuda contraída (es verdad que la estadounidense Chevron hace lo mismo, pero con menos descaro).

Por último, el nuevo Gobierno español es libre de intentar sondear si puede avanvar en un papel de mediación para resolver la crisis venezolana. Pero contactos de ese tipo deben realizarse siempre de un modo mucho más discreto y sin poner patas arriba la política de dureza que se supone España está aplicando frente a Maduro, en la cual el no reconocimiento oficial de este es el elemento crucial.

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