“La Corru” no deja comer…

Caricatura de Haderer

 

PDVSA HA FINANCIADO LA CORRUPCIÓN Y CLEPTOCRACIA EN VENEZUELA

– YA PARA 2015 LAS EMPRESAS DEL ESTADO SE TRAGARON MÁS DE 8,6% DEL PRESUPUESTO

– 9 DE CADA 10 VENEZOLANOS NO PUEDEN PAGAR SU ALIMENTACIÓN DIARIA

– LA ENCUESTA ENCOVI – (UCV-USB-UCAB) – INDICÓ QUE MÁS DE LA MITAD PASÓ A VIVIR EN LA POBREZA EXTREMA EN 2017 

 

MARÍA CORINA ROLDÁN / El Estimulo.-  La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) presentó su balance relacionado a la alimentación en Venezuela para el año 2017, basado en un sondeo realizado a 6.168 familias venezolanas. A lo largo del estudio, se pudo revelar datos alarmantes de las costumbres alimenticias que están manteniendo los venezolanos para sobrevivir a la crisis humanitaria.

Al menos un 80% de las familias venezolanos no están cumpliendo con los estándares alimenticios necesarios para tener una buena salud.

Entre los datos proporcionados se pudo notar que el consumo de proteicos ha disminuido a la mitad con respecto a los últimos tres años, y que por otro lado, este rubro ha sido suplido por tubérculos (papa, ñame, yuca, ocumo, entre otros), cuyo consumo ha aumentado casi un 60%.

La dieta del venezolano, al centrarse en arroz, maíz, harina de trigo y tubérculos está imposibilitando la ingesta de hierro, zinc, vitamina A y complejo B que proporciona la proteína. Otro rubro del que se disminuyó significativamente su consumo con respecto al año 2016 fue el de las hortalizas.

A esto se suma la baja ingesta de lácteos; además los pocos que hay, no cumplen con estándares de calidad que proporcionen una composición óptima de proteínas, calcio y ácidos grasos.

La encuesta enfatiza que la ingesta alimentaria del venezolano ha perdido cantidad y variedad, por lo que la tildan de “anémica” debido a la disminución importante de micronutrientes, en particular del hierro. De hecho, 6 de cada 10 venezolanos ha perdido aproximadamente 11 kg de peso en el último año por hambre.

De las familias encuestadas, 89,4% considera que el ingreso familiar es insuficiente para cubrir sus necesidades alimenticias, 70,8% no poseen alimentos suficientes para satisfacer su núcleo familiar y 70,1% demandó que en los últimos tres meses se han quedado sin dinero para adquirir los rubros.

En cara a la crisis, 63,2%  se ha saltado comidas debido a la insuficiencia, 79,8% ha comido menos para rendir los alimentos, 78,6% ha disminuido el consumo de alimentos porque no ha conseguido comida para comprar y el 61,2% se ha acostado a dormir con hambre en algún punto de los últimos tres meses.

Finalmente, a lo largo de la encuesta pudieron determinar que 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día debido a que 9 de cada 10 venezolanos no poseen la capacidad económica para cubrir la alimentación diaria

Entre los factores mencionados por la Encovi que han afectado la crisis alimentaria se mencionó la hiperinflación, que ha llevado a una continua perdida del poder adquisitivo; el control del Estado en la distribución de los CLAP; la falta de variedad en productos que no permite la sustitución de alimentos y que ha conllevado a una “monodieta”; y  el colapso en la infraestructura de alimentación y salud.

 

Comedores comunitarios

EFE- Un grupo conformado por madres y líderes comunitarios prepara diariamente alimentos que reparten a niños de escasos recursos en un comedor comunitario del populoso sector del oeste de Caracas, en un programa que adelanta la iniciativa Caracas Mi Convive y que se reproduce en 60 espacios en toda Venezuela.

Al comedor del sector llamado Carapita, ubicado en una pequeña vivienda, asisten unos 90 niños de lunes a viernes y ahí reciben un almuerzo que ayuda a atenuar la severa crisis económica que golpea a sus familias e impide a muchos hacer tres comidas diarias.

La casa donde funciona el comedor pertenece a Doris Salazar, una obrera de 57 años, que dijo a Efe que la prioridad es atender a los niños «más necesitados y a los que sus papás el dinero no les alcanza para nada».

También, explicó, reciben a dos ancianos y cuatro jóvenes embarazadas y lactantes.

Este comedor sirve de lunes a viernes un menú variado de unas 500 kilocalorías diseñado para cubrir los requerimientos nutricionales mínimos para un niño, según indicó Claudia Astor, de Caracas Mi Convive, organización que desde 2016 ha auspiciado estos espacios.

Astor detalló que además el menú está pensado para que los viernes y lunes los infantes «reciban alimentos más robustos en vista de que los fines de semana no podemos garantizarles que coman» por lo que también realizan un seguimiento de la alimentación fuera del comedor y del peso y talla de cada niño.

Asistir al colegio es requisito obligatorio para estar en el comedor, por ello a la casa de Doris ingresan tandas de 20 niños en dos turnos, primero los que van a la escuela en las tardes y luego los que estudian por las mañanas, quienes antes de sentarse a la mesa a tomar sus alimentos reciben dos cucharadas de complementos vitamínicos.

«También les damos dos días a la semana un vaso de leche y los otros tres días lactovisoy (suplemento para el combate de la desnutrición materno-infantil) y fruta», agrega Salazar quien lleva control diario de los niños que asisten.

El mes pasado, el parlamento venezolano calificó de crítica la situación alimentaria en las escuelas del país al asegurar que el 90 % de ellas no cuenta con el Programa de Alimentación Escolar (PAE), ni con «recursos para atender a niños y adolescentes mientras «la desnutrición va galopando».

El área donde se alimentan está rodeada de carteleras, diseñadas por los voluntarios y los propios niños en los que se incentivan valores como agradecimiento y solidaridad, pilares de Caracas Mi Convive.

El cofundador de esta iniciativa, Roberto Patiño, explicó a Efe que la idea es trabajar con estas personas «independientemente de su tendencia político partidista (…) dejando a un lado las diferencias a nivel comunitario».

El programa da herramientas a líderes comunitarios con los que buscan «derrotar el escepticismo y promover la participación (de las comunidades)», sostiene Patiño y asegura que no existe «ningún tipo de discriminación, ni por razones religiosas, por razones étnicas, ni mucho menos por razones político partidistas».

Doris Salazar recibe a Patiño en su casa como a uno más de sus hijos pues asegura que con su llegada «abrió los ojos» luego de haber sido partidaria de la llamada revolución bolivariana, y empezara, junto a una de sus hijas, a batallar contra el hambre de los niños de su comunidad en 2016.

«Me siento muy satisfecha porque los niños me ven en la calle y me abrazan, me dan besos. Eso para mi es una alegría porque a mi siempre me ha gustado trabajar con niños, me siento demasiado orgullosa y muy feliz», dice Salazar.

Datos publicados a mediados de este año, por la ONG Caritas de Venezuela, indicaron que 56% de los niños sufrió el pasado año de «déficit nutricional», por el insuficiente consumo de alimentos para su normal desarrollo.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi), que realizan anualmente las principales universidades del país, también indicó que más de la mitad de los venezolanos, por encima del 61%, pasó a vivir en la pobreza extrema en 2017 y perdió más de 10 kilos de peso.

Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de crudo en el mundo, sufre una crisis económica que se traduce en escasez de alimentos básicos y medicinas e hiperinflación, un fenómeno que dificulta aún más la obtención de alimentos.

El gobierno venezolano achaca la crisis a una supuesta guerra económica por parte de Estados Unidos y niega que el país atraviese una crisis humanitaria.

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