“Hambruna Maduro”, virus sin vacuna

ILUSTRACIÓN: Leonardo Rodríguez

 

CÁRITAS ALERTA DE LA DEVASTACIÓN DEL PAÍS

– LA HAMBRUNA DE MADURO: BBCMUNDO

JUBILADOS DE PDVSA: “A DIARIO MUEREN DOS Y TRES COMPAÑEROS POR HAMBRE”

 

VOA: Una generación perdida….

Desde que en Venezuela empezó la pandemia el precio de los alimentos aumentó 671,8%. En la actualidad, ni siquiera tener acceso a dólares ayuda a vivir con normalidad en el país

 

 EFE– Hay que pararse y releer para poder imaginar la dimensión de algunas cifras: en Venezuela, la inflación de los alimentos durante la cuarentena alcanzó 671,8%. La traducción a las calles es pobreza y desnutrición, un drama cotidiano que marca y atenaza más que nunca a los ciudadanos.

Ir al mercado es sinónimo de llevarse una sorpresa. Si un ciudadano va dos veces en la misma semana, los productos de la cesta básica tendrán precios distintos.

El régimen acusa a las sanciones y la oposición, a la mala gestión del Ejecutivo. En medio de la disputa, los ciudadanos pasan hambre y hay quienes, como siempre, ganan dinero con las necesidades insatisfechas de un país en el que muchos sueñan con vivir el drama de llegar a fin de mes. Las cuentas se hacen para comer cada día.

Actualmente, el precio del dólar ronda los 450.000 bolívares soberanos pero ya ni la divisa estadounidense amortigua el golpe, incluso quienes perciben salarios o remesas en la moneda de EE UU pierden capacidad adquisitiva día a día, realidad que todavía nadie mide con precisión pero que se percibe de forma constante en las calles.

Subidas y más subidas

El café, 2,5 millones el kilo; hace un par de meses lo pagaba a 1,2 millones”, asegura a Efe Johnny Torres.

“El aceite de soya, que es el que más utiliza la gente aquí, tenía un costo aproximado de 300.000 y ya va sobre 640.000 en menos de 3 meses”, agrega Juan Latre.

La queja llega incluso al producto más básico de la dieta venezolana, la harina para las arepas: actualmente en 460.000. Es decir, 60.000 bolívares más que el salario mínimo que perciben la mayoría de los venezolanos.

Con Latre coincide Yusbey Medina: “Antes pagaba una harina en 230 y ahora una harina en 460, un dólar”. La inflación es tan galopante que los venezolanos han dejado de contar ceros y le quitan, en su día a día, 3 a una moneda a la que ya le han amputado 8 las reconversiones.

Los huevos van por 680.000; antes pagaba por medio cartón 300.000 y hoy medio cartón 680.000, es una barbaridad”, agrega.

“La leche en polvo de un kilo costaba un millón y pico y ahora está casi en 4 millones”, se queja Tibisay Vadillo.

El último en sumarse a la retahíla de reclamos es Hermes Ayala, quien, en el mercado del sector popular de El Cementerio, declaró a Efe que todo ha subido en menos de 3 meses 400-500%.

Hace dos o tres meses comprabas un kilo de carne en 200.000 bolívares, hoy cuesta de 1,6 a 2 millones”, asegura.

Un porcentaje desolador

Los datos de la empresa Econanalítica coinciden con los de los vecinos de Caracas. Su última estimación indica que, desde que comenzó la cuarentena en Venezuela, en marzo, los precios de los bienes y servicios han subido 461,4%. En el caso de los alimentos, el alza es de 671,8%.

Con esos datos sobre la mesa, Hermes explica que un hogar venezolano, para adquirir la cesta básica, “necesita cerca de 240-250 dólares mensuales” y subraya: “Para lo básico”.

Se necesitan, por tanto, casi 300 veces el salario mínimo para llenar la nevera con “lo básico”.

“Y si tú te ganas un dólar al mes, oye ¿qué estamos haciendo?”, plantea.

Por eso, indica este vecino de El Cementerio, la gente vive de las ayudas que le mandan sus familiares que se han ido a trabajar fuera, cerca de 5,5 millones de personas, de acuerdo con con la ONU, que son “los que envían dinero para medio poder vivir bien”.

¿Y si uno no tiene parientes fuera? Terrible, terrible, el límite de pobreza, se pudiera decir”, responde Hermes con el rostro ensombrecido, y agrega: “Por eso ves gente comiendo de la basura”.

Ni un capricho para la nieta

Tibisay Vadillo, que se queja del precio de la leche en polvo, tiene una nieta, y, como toda abuela, se desvive por poder darle un capricho, un dulce, o sea, representar lo que, en cualquier lugar del mundo se llama “ser una abuela”.

Sin embargo, la crisis venezolana roba a sus ciudadanos incluso esos momentos de la infancia, una chupeta, el clásico caramelo infantil, le cuesta 70.000 bolívares. “Y eso regateando, buscando precios”.

Estoy yendo a comprar porque el día 27, cumple años mi nieta, quiero hacerle una gelatina pero estoy viendo los precios”, afirma.

Esos puntos suspensivos que deja Tibisay en el centro de Caracas, donde confluyen muchos ciudadanos de la capital en busca de un precio mejor o un producto que la escasez no permite hallar en cualquier lugar, resumen el abatimiento en la vida de los venezolanos.

Ya no queda sino rastro de aquel desabastecimiento que llenó Venezuela de filas para comprar, pero se ha instalado algo acaso mucho peor, la imposibilidad de comprar productos básicos.

Los supermercados se llenan pero los estómagos siguen vacíos. ¿Qué alternativa queda, cuando en siete meses los precios crecen 671,8%?

 

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

 

Cáritas alerta de la devastación del país

Alberto News .- En un comunicado difundido al término de sus sesiones de trabajo, celebradas del 28 de septiembre al 2 de octubre pasado por vía telemática, el Grupo de Trabajo Venezuela (GTV) de Cáritas Internationalis –integrado por 18 Cáritas nacionales de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa—, expresa su gran preocupación porque “la devastación en Venezuela es evidente, la situación de los venezolanos es insostenible, al no subsanarse las causas estructurales de la crisis humanitaria compleja dentro del país, y que las condiciones socioeconómicas en los países de acogida de la región se haya debilitado, afectados por la COVID 19 y fenómenos climáticos de gravedad”.

En su encuentro, los 40 participantes –entre los que ha estado Ana Cristina García Morales, coordinadora de América Latina y el Caribe de Cáritas Española— analizaron la situación humanitaria que se vive tanto en el país como en los países vecinos que han acogido buena parte del éxodo masivo de venezolanos de los últimos años, además de evaluar el trabajo llevado a cabo durante más de tres años de trabajo humanitario y de acompañamiento sostenido, del que se han beneficiado más de un millón de venezolanos vulnerables, dentro y fuera del país.

Deterioro de las condiciones humanitarias

Son importantes las constataciones que se pusieron de manifiesto durante estas jornadas y que se recogen en el comunicado. Como son, entre otras, las siguientes:

  1. El “gran silencio informativo oficial” sobre el impacto de las condiciones que afligen a la población dentro de Venezuela, donde el incremento de la desnutrición aguda en niños y niñas menores de 5 años durante la pandemia es del 73%.
  2. La limitación del acceso a derechos fundamentales y cómo “las zonas más alejadas del país están quedando incomunicadas por falta de gasolina, luz e internet, mientras la población está a merced de la violencia de grupos delincuenciales e irregulares que operan en un territorio cada vez más extendido con un gran impacto humano y también medio ambiental”.
  3. El “aumento del trabajo precario en los países de acogida durante la pandemia, en la que venezolanos migrantes son víctimas de ofertas engañosas, jornadas de más de doce horas en establecimientos sin ninguna seguridad sanitaria, redes de trata y prostitución”, con un “alto riesgo de explotación, tanto para hombres como para mujeres”.

 

Reforzar la cooperación fraterna

Junto a ello, el GTV reafirma su disposición a reforzar la cooperación fraterna de la red Cáritas dentro y fuera del continente americano, y seguir desarrollando “proyectos para acompañar y cubrir las necesidades humanitarias de los venezolanos, defender los derechos humanos y valorar la dignidad de los venezolanos mediante acciones de incidencia; consolidar un espacio humanitario y abrir caminos para construir la paz”.

Reafirmamos –se señala en el comunicado— nuestro compromiso en la defensa del conjunto de derechos humanos de los venezolanos, que son indivisibles y que deben ser respetados por los Estados de la región; también elevamos nuestra voz por la restitución dentro de Venezuela de las garantías que permitan superar los abusos, la realidad de la tortura, la persecución política, la violación al debido proceso, la censura, la desinformación así como la vulneración de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de quienes permanecen en el país”.

Visibilizar el clamor del pueblo venezolano

Los participantes en el GTV finalizan su declaración con una apuesta a “escuchar y visibilizar el clamor del pueblo venezolano dentro y fuera del país ante una crisis prolongada cuyo final aún no se vislumbra”, a “fortalecer la voz de la sociedad civil” y a “aumentar la articulación de esfuerzos para generar el mayor impacto de las intervenciones humanitarias y favorecer los proyectos binacionales y regionales, involucrando al migrante como sujeto y acompañándolo desde una perspectiva de promoción humana”.

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