Entre “soberanía” y solidaridad

FRANCESCO PELOSO / Vatican Insider.- El padre Fabio Baggio, secretario de la Sección Migrantes del Dicasterio para el Desarrollo integral: “El acuerdo no es un injerencia en la política interna de los países. Para responder al problema migratorio es necesario un enfoque multilateral”

“El trabajo esclavo se esconde incluso detrás de productos de coste excesivamente bajo. Es necesario mayor información y conciencia para combatir el tráfico de las personas, es una responsabilidad que de todos, gobiernos y ciudadanos”.

Es lo que ha dicho a Vatican Insider el padre Fabio Baggio, vicesecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio vaticano para el Desarrollo humano integral. Y sobre el “Global Compact for Migration”, el acuerdo aprobado por la Asamblea de las Naciones Unidas para regular a nivel internacional los flujos migratorios en modo legal y compartido, el religioso dice: “El acuerdo no es vinculante y salvaguarda la soberanía nacional de cada país pero representa un instrumento de diálogo y colaboración para que ninguna nación pueda pensar en afrontar y resolver sola estos problemas”.

El padre Baggio ha presentado en el Vaticano, junto al padre Michael Czerny, también subsecretario del mismo Dicasterio, dos documentos de la sección Migrantes y Refugiados dedicados al tema del tráfico de personas: las ‘Directivas pastorales sobre la trata de personas’, en los cuales se intenta exponer las respuestas posibles al fenómeno, y una recolección de escritos del Papa desde 2013 al 2017 –con el título ‘Luces en los caminos de la esperanza’– que representa una suerte de síntesis del magisterio de Francisco sobre el argumento. El mismo Papa firma la introducción.

Padre Baggio, en el desarrollo del Global Compact, el acuerdo internacional sobre las migraciones lanzado por las Naciones Unidas y aprobado por una decena de Estados, la Santa Sede ha tenido un papel muy activo; sin embargo algunos países se han negado a suscribirlo o han retirado la adhesión dada en un primer momento temiendo una injerencia e la ONU en las propias políticas nacionales obre la inmigración. ¿Cómo valora esta posición?

Una madre y un hijo migrantes

“Cada país obviamente tiene el derecho de tomar las decisiones que considera oportunas respecto a un acuerdo que ha sido elaborado a nivel multilateral, y tengo que decir sinceramente que habiendo participado en la preparación de los documentos del Global Compact hemos visto el interés de muchísimos países de mantener este diálogo multilateral. Estamos profundamente convencidos que la respuesta global es la más oportuna al fenómeno de las migraciones, esperamos, sinceramente –lo ha dicho también el cardenal Parolin con palabras muy claras– que quien ha dado un paso atrás (en el frente del ‘no’ están Italia, USA, Polonia y Hungría, entre otros, ndr) pueda pensar de nuevo y adherir, quizá encontrando también esas aclaraciones que parecen ser necesarias. Creo además que el texto del acuerdo pueda ofrecer estas aclaraciones”.

¿No existe por tanto un problema de injerencia en las políticas nacionales?

“La soberanía nacional, que es uno de los temas en discusión, está manifestada en dos puntos claros del Global Compact, la soberanía no se ve afectada; la regla básica sigue siendo que, un acuerdo, una convención, si es vinculante, y no es este el caso, puede llevar a un cambio legislativo a nivel nacional; pero en este caso un enfoque similar no es aplicable. En cambio, es cierto que es un compromiso común en favor de un diálogo que esperamos que pueda continuar y no solo en el caso de los migrantes, esto es importante decirlo, sino con respecto a todos aquellos problemas que hay a nivel global que traspasan fronteras. Esto sin perjuicio de la independencia, autonomía y soberanía de cada país”.

En las ‘Directivas pastorales sobre la trata de personas’ está escrito también que el fenómeno no siempre es fácil de distinguir, ¿qué significa?

“Hablamos, por ejemplo, de tipos de trata de personas que están bastante escondidos y forman parte de una cadena de producción y suministro que normalmente permanece oculta para el consumidor. Este último a menudo compra un producto pero no sabe qué tipo de trabajo hay detrás. Queremos que el consumidor comience a pensar: si el precio es mucho más bajo, es obvio que el coste de la mano de obra se ha reducido y esto debe hacernos cuestionar la realización del producto, cómo se produjo, qué trabajo se utilizó porque podría también ser un ‘trabajo esclavo’. En este sentido queremos también elogiar la iniciativa de aquellos países que se están tomando muy en serio el problema del “trabajo esclavo” y ver esas situaciones en las que las personas son tratadas de manera servil o incluso en un sistema de esclavitud. El otro ejemplo es el relacionado con Internet. Hablo especialmente de pornografía y pornografía infantil de una manera específica; incluso en este caso es fácil no pensar en el tipo de industria detrás de este tipo de “productos”. A veces, por lo tanto, somos consumidores inconscientes, se necesita una mayor responsabilidad. Nosotros planteamos el problema de la demanda como generador de la oferta. Por lo tanto hay una responsabilidad que va vista a todos los niveles también por parte de quien solicita determinados tipo de servicios, de espectáculos o de objetos”.

La trata afecta a millones de personas pero es difícil hacer estimas ¿por qué?

“Hacer estimaciones del fenómeno es muy difícil debido a la dificultad de identificar el fenómeno. Y aún más difícil es la denuncia por parte de las víctimas, que a veces no saben, otras temen las repercusiones, y en otros casos simplemente prevalece la vergüenza, el miedo al estigma social. Los números son por lo tanto muy inciertos, no hay estimaciones precisas. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la inmigración irregular si hablamos de estimaciones respecto a la invisibilidad del fenómeno. Por eso es importante conocer el tráfico de personas y darlo a conocer. Necesitamos una firme sensibilización”.

Es un trabajo que tienen que hacer también los gobiernos entonces..

“Ciertamente. Todos los países que han firmado la Convención de Palermo y los protocolos adicionales se han comprometido directamente con esto. Lo mismo debe hacer la UE. También las autoridades deben ser competentes con el fenómeno, debemos hacer un camino unificado: las instituciones, la Iglesia, todos los sujetos del tercer sector que trabajan en este campo”.

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