«El wasap, Skype y Radio Vaticana…”

«LAS TECNOLOGÍAS MODERNAS DE LA COMUNICACIÓN HAN SERVIDO A LA DEMOCRACIA y han extendido la posibilidad de participación, entre otras cosas», explicó

Flaminia Giovanelli

 

JOSÉ M. VIDAL.- Es la única mujer laica, que ha alcanzado el puesto de subsecretaria de un dicasterio  (Ministerio) vaticano.

Se llama Flaminia Giovanelli  y estuvo en Madrid, para participar en el XXIV curso de Doctrina Social de la Iglesia, organizado por la comisión episcopal de pastoral social. En su conferencia, quiso resaltar las luces y las sombras de las nuevas tecnologías, miradas desde la óptica del «desarrollo humano integral».

«Las tecnologías modernas de la comunicación han servido a la democracia y han extendido la posibilidad de participación, entre otras cosas», explicó la subsecretaria del dicasterio del Desarrollo humano integral.

Y añadió ejemplos concretos. «El wasap (“Whatsapp”) ha relanzado las relaciones familiares y sociales y Skype favorece la cooperación al desarrollo solidario». Y no digamos la radio y, más en concreto, Radio Vaticano, de cuyo servicio se mostró «entusiasmada» Flaminia Giovanelli.

La señora Giovanelli lleva más de 40 años vinculada a la Curia vaticana, primero como secretaria del pontificio consejo Justicia y Paz y, ahora, como subsecretaria del dicasterio para el Desarrollo humano integral, que dirige el cardenal Turkson. Conoce perfectamente la agenda social y, quizás por eso, comenzó su exposición abogando por «mantener el sentido de la gratuidad frente a la ambivalencia de la técnica». Como una forma de «confirmar el primado de las personas sobre las cosas».

Desde una «visión cristiana de la esperanza», Giovanelli apostó por «una técnica al servicio del desarrollo para todos». O como decía Pablo VI, en la Populorum Progressio, «un desarrollo humano integral que llegue a todos los hombres y a todo el hombre».

Y puso el ejemplo de los móviles en África, donde tienen una tasa de penetración mayor que Estados Unidos o Europa. A su juicio, los teléfonos móviles en Africa  son «un ejemplo de integración de tecnología y desarrollo humano».

Un continente que se beneficia de la proliferación de los móviles y, al mismo tiempo, sufre y padece por tener los materiales con los que se fabrican los teléfonos, como el coltán o el cobre.

Porque, a juicio de la señora Giovanelli, «no es fácil poner la tecnología al servicio del desarrollo humano integral», cuando además hay que preguntarse a servicio de «qué hombre» y hacer frente a los desafíos propios de la tecnología. Y es que el paradigma tecnocrático, contra el que tronó Francisco en su célebre discurso ante la ONU, «puede amenazar a hombres y mujeres de nuestro tiempo».

De ahí la necesidad de utilizar, pero utilizar bien, los poderes que ofrecen las nuevas tecnologías. Como hacen y vienen haciendo desde hace años los misioneros, a los que Giovanelli puso como ejemplos de actores de desarrollo humano integral.

Antes, en la presentación del curso, el obispo emérito de Barbastro, Alfonso Milián, recordaba que «la tecnología ha abierto un nuevo tiempo en la historia d ella Humanidad, con muchos aspectos que suscitan esperanza y, también, preocupación». De ahí que, ante estas nuevas realidades haga falta «discernimiento», para «avanzar en una valiente revolución cultural», porque «ciencia y tecnología no son neutrales».

 

Casi solo varones en la Iglesia

Nuria Calduch-Benages

 

CAMERON DOODY.- «El Papa cree, predica e intenta que la participación activa de la mujer en la Iglesia se haga realidad». Es un proyecto en el que cree completamente Nuria Calduch-Benages, y al que ha ofrecido su «pequeño grano de arena» participando en la Comisión de Estudio del Diaconado Femenino. Comisión cuya conclusión, ha revelado esta biblista, «no está lejano», como tampoco está la esperanza de que la Iglesia, por fin, ofrezca a las mujeres «ámbitos y puestos de trabajo, responsabilidades y visibilidad» dignas de ellas.

«No puedo dar explicaciones relativas al trabajo realizado, porque así nos lo han pedido», ha afirmado Calduch-Benages en una entrevista con la Diócesis de Málaga, aludiendo a la comisión sobre las diaconisas, instituida por el Papa el año pasado, de la que es la única española que forma parte.

«El Papa nos pidió una investigación desde el ámbito histórico, teológico y antropológico, en torno al papel de la mujer en las primeras comunidades cristianas, y desde el momento en que nos convocaron hemos ido trabajando con mucha regularidad y seguimos avanzando», ha explicado. Pero ahora «estamos llegando casi al final del recorrido», y «creo que la conclusión del trabajo de esta comisión no está lejano».

En cuanto a lo que supondrá la conclusión a la que llegue la comisión, Calduch-Benages se ha mostrado cauta, diciendo sólo que «hay que ser optimistas y agradecer también todos los esfuerzos de tantas personas y en particular de varias mujeres que han ido abriendo caminos». Pero aunque se las abriera a las mujeres la posibilidad de que se hagan diaconisas, aún «queda mucho por hacer», en opinión de la biblista, ya que «en la Iglesia los varones ocupan casi todo el espacio posible, las posiciones de responsabilidad, de toma de decisiones…».

«Hay muchas mujeres competentes, responsables y comprometidas con la Iglesia que pueden hacer aportaciones muy valiosas», ha recordado esta experta en Sagrada Escritura, en Málaga precisamente para participar en las Jornadas de la Asociación Bíblica Española. Pero el problema, ha señalado, es que «hay que contar con ellas, invitarlas, ofrecerles ámbitos y puestos de trabajo, responsabilidades y visibilidad. Y eso en la Iglesia no depende en primera instancia de las mujeres».

Pero, ¿cómo se conseguirá que se ponga remedio a la ceguera por la que la Iglesia sigue obviando las contribuciones de las mujeres? Según Calduch-Benages, continuando la «lucha por la justicia» por las mujeres, la cual es «una lucha legítima y que debería ser abanderada por todos».

«La Iglesia ha hecho mucho en favor de la mujer y ante situaciones de precariedad, violencia e injusticia siempre se pone en favor del oprimido», ha reconocido la biblista. «Tenemos la responsabilidad primera de luchar por todas estas mujeres que ven pisoteados sus derechos. La discriminación, la injusticia y la opresión del más débil es intolerable».

 

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