El cucuteño se balancea…

ILUSTRACIÓN: Cortesía de Reportero 24

 

– MADURO: “HAY QUE PREGUNTARLE A DIOSDADO SI HABRÁ UNA NUEVA CONSTITUCION”

– DIOSDADO CABELLO: “NO HABRÁ NUEVA CONSTITUCIÓN”

– HERMANN ESCARRÁ INFORMA QUE CONCLUYÓ LA NUEVA CONSTITUCIÓN : «ESTÁ LISTA»

 

El precio de la constituyente

El Nacional .- Los venezolanos se acaban de enterar de que aquella elección que dio un gigantesco frenazo a las masivas protestas de 2017 solamente fue un antojo.

La bautizada asamblea nacional constituyente no tenía como propósito discutir la modificación de la carta magna, porque de otra manera no se explica que estén a punto de disolverla y que sin tapujos su presidente diga que no les da tiempo para ese trabajito.

Los que quisieron creerles el cuento de que esos diputados iban a trabajar en una propuesta de nueva Constitución deben estar sorprendidos. Pero seguramente son muy pocos. La gran mayoría de la gente sabía desde el principio que era un instrumento político a través del cual el régimen iba a ejercer más control, y así fue, cumplió su cometido.

Eso de que solamente trabajaron en unas “leyes constitucionales”, como lo explicó su presidente milagrosamente salvado de la muerte tampoco es cierto. Lo que sucede es que quiso endulzar un poco el golpe para que los venezolanos no sintieran que les estuvieron viendo la cara de bobos durante tres años.

El régimen de Nicolás Maduro en Venezuela decidió disolver la Asamblea Nacional Constituyente, un ente formado en 2017 con el fin de reformar la Carta Magna de ese país. Han pasado tres años y ni una sola letra ha sido modificada de la Constitución; pero y aún sin terminar su objetivo, su ruptura ocurre a poco más de tres meses de la realización de unas elecciones parlamentarias… ¿estrategia política o coincidencia?

 

Dice el diputado presidente sobreviviente de Covid-19 que las leyes constitucionales que aprobó la constituyente son superiores a cualquier ley orgánica, pero no llegan a Constitución. Eso legislativamente no tiene ni pies ni cabeza. Por encima de la Constitución hay nada y por debajo de ella las leyes orgánicas. Ese es el deber ser.

Entonces estas cosas que firmaron en la asamblea constituyente bien podrían entonces definirse como un esperpento, una monstruosidad que se usaba en su momento para echar por tierra todo el trabajo del legítimo Poder Legislativo.

Ojalá a los venezolanos (y los líderes opositores) no se les olvide más nunca: el régimen tiene como fórmula nombrar un “poder” paralelo al legítimo. Al alcalde electo le nombran un administrador local; al gobernador, un protector; a la Asamblea Nacional, una constituyente. Allí invierten sus recursos porque con eso le ponen freno a la gente. Les ha servido 20 años.

Las cacareadas leyes constitucionales que aprobaron contradicen en la mayoría de los casos todos los principios expuestos en nuestra carta magna. Y los constituyentes lo que hicieron fue cobrar buenos sueldos y bonos en dólares, contratar guardaespaldas y comprar propiedades a costa de los dineros de la nación.

Es otro desfalco a los bienes públicos, porque por tres años en vez de invertir en hospitales y escuelas o mejorar sueldos de médicos y maestros, el régimen mantuvo a una cuerda de borregos. Queda muy claro que se merecía eso y mucho más, pues como se dijo antes, por esas votaciones se apagaron las más aguerridas protestas que seguro nos hubieran llevado a la liberación de Venezuela. Esa es la “gobernabilidad” que como un gran logro menciona el diputado presidente.

 

 

 

 

– 3 TANQUEROS IRANÍES FOREST, FAXON Y FORTUNE CARGARON GASOLINA y partieron –posiblemente- a Venezuela.

 

 

¿Se suicidará Nicolás Maduro?

 CARLOS ALBERTO MONTANER

Me cuentan que Nicolás Maduro está profundamente deprimido. La situación del país es muy grave y no existe alivio para la crisis.

Se agravará progresivamente. Él lo sabe. Ha pensado, incluso, en suicidarse. “Los cubanos” están muy preocupados con esa posibilidad. No sería el primer gobernante latinoamericano que en el siglo XX hiciera algo así. En 1954 el brasileño Getulio Vargas se mató de un tiro en el corazón.

Salvador Allende, durante el golpe de Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, utilizó la metralleta que le había regalado Fidel Castro para quitarse la vida. En julio 4 de 1982, Antonio Guzmán Fernández, el presidente de los dominicanos, se encerró en un baño y se disparó un tiro en la sien.

Los tres se mataron porque pensaban que no había “mañana” para ellos. Esa es la clave de la decisión. Creyeron, y algo tenían de razón, que el calvario no tendría fin.

Jorge Rodríguez, psiquiatra, es el más preocupado de los cómplices de Maduro. Ha pedido presidir la Asamblea Nacional como el último esfuerzo para enrumbar el proceso. En caso de que Maduro se mate (o lo maten) él se trasladaría a Miraflores para gobernar lo que queda de Venezuela. Al fin y al cabo viene haciendo trampas desde el revocatorio de 2004.

Jorge Rodríguez y Nicolás Maduro.

Los venezolanos recuerdan perfectamente cómo a las 8:00 de la noche el conteo rápido a pie de urna, efectuado por una firma muy prestigiosa, revelaba que 60% había votado por revocar a Chávez, a quien solo lo respaldaba el 40%. Pero a las 4:00 de la madrugada, mientras el país dormía, mágicamente se habían invertido los resultados y Jorge Rodríguez, a nombre del CNE, lo anunciaba muy ufano. Era la primera vez que se utilizaban las máquinas electrónicas para cometer un fraude. El pobre Jimmy Carter se lo creyó y avaló la monstruosidad desde el Centro Carter de Atlanta.

Las sanciones de Estados Unidos y de medio planeta, incluidas las de la muy circunspecta y discreta Suiza, fueron cerrando el círculo implacablemente. El último episodio fue el más grave. Cuatro naves registradas como griegas –Bella, Bering, Luna y Pandi—, pero con más de 1 millón de barriles de petróleo procedentes de Irán destinados a Venezuela, fueron detenidas en alta mar y guiadas hasta Houston, Texas. Allí las esperaban varias compañías que se disputaban el contenido de las embarcaciones para resarcirse de las deudas no pagadas por Pdvsa, como revelara el experto Russ Dallen.

No hay dinero en las arcas venezolanas para nada. No hay crédito ni posibilidades de abonar lo que se debe. Maduro no puede confiar ni en el Banco de Inglaterra. Más de 1.000 millones de dólares en lingotes de oro, en el momento en que ese metal sube de precio, según el Tribunal Supremo de Su Majestad han sido provisionalmente confiscados porque el gobernante al que reconoce el Reino Unido es Juan Guaidó.

Eso quiere decir que la estrategia norteamericana está dando resultados. La comenzó Obama, genuinamente preocupado por los vínculos entre Venezuela e Irán, cuando el barril de petróleo merodeaba los 100 dólares, y la ha seguido Donald Trump, ahora que anda por la cuarta parte de ese valor. Esto le da la medida a Maduro de que es inútil ilusionarse con una posible derrota de Trump en las elecciones del 3 de noviembre. La política es bipartidista. Si ganara Biden no habría gran diferencia.

Estados Unidos ha descubierto cómo derrotar a casi todos sus enemigos sin disparar un tiro. Eso sí: debe volcar todo su peso económico tras el empeño. No vale decir “pero Cuba no ha sido derrotada por el embargo”. Si Estados Unidos se hubiera empeñado en ello con el mismo brío que frente a Venezuela, seguramente otro gallo cantaría.

Elliott Abrams, un diplomático estadounidense a cargo de centralizar las medidas de gobierno contra la Venezuela de Maduro, está alentando a la oposición a que se una. El propósito es armar un frente común ante la eventualidad de que Maduro haya decidido inmolarse en unas elecciones libres ante la imposibilidad de gobernar el país por falta de recursos. Maduro solo disponía de 30 millones de dólares hace unos días y gasolina para cubrir las necesidades más perentorias.

El propósito de esa unión es decirle a Maduro que estarían de acuerdo en participar en las elecciones, siempre y cuando las organicen Luis Almagro y la OEA.

Como hablamos de un régimen truculento (hay que leer Castrochavismo Internacional20 años de ambición y destrucción, compilado por la académica María Teresa Romero para entender la intensidad del desastre) debe pensarse en qué medida es necesario pactar con la narcodictadura para pasar la página. Nadie tiene la autoridad moral o jurídica para decretar una amnistía, pero siguiendo el ejemplo español tras la muerte de Franco, es posible negociar una amnesia transitoria de ocho o diez años y luego… que sea lo que Dios quiera.

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