Duque, a dos bandas

MADURO: “DUQUE NO PUEDE DETENER LA REBELIÓN POPULAR” (24.11.19)

– «NUNCA DEBEMOS SUBESTIMAR LA ESTUPIDEZ HUMANA»: YUVAL HARARI

 

 

DANIEL LOZANO / La Nación – Bogotá .- La estatua de Simón Bolívar en el corazón político de Bogotá volvió a sufrir el jueves la ira de los vándalos. Su espada amaneció torcida y maltrecha, como si los radicales que atacaron los símbolos del poder local hubieran querido tronchar con sus salvajadas no solo el arma del Libertador, sino también el espinazo presidencial de Iván Duque.

El mandatario derechista, líder del Centro Democrático (CD), vive hoy un laberinto propio, distinto pero tan profundo como el del general crepuscular retratado por Gabriel García Márquez.

En su fuero interno no se acaba de explicar por qué en solo 15 meses no ha disfrutado de un solo momento de paz, con unas encuestas que confirman su impopularidad y una refriega política que se empeña en airear su debilidad a diario. Un panorama incierto que pone en duda su capacidad para leer lo que realmente sucede en su país.

La situación es muy grave para el presidente. Un gobierno débil sin apoyo del Congreso, que no logra movilizar a otra fuerzas y sin el talante y la experiencia para enfrentar una situación tan crítica», reflexiona Jorge Giraldo, politólogo y decano de Humanidades de la Universidad Eafit de Medellín.

Una coyuntura con el viento en contra para el heredero de Álvaro Uribe, que llevó al politólogo León Valencia, director del Centro de Pensamiento sobre el Conflicto Armado, Paz y Postconflicto, a vaticinar en su libro «El regreso del uribismo» los tres escenarios que avizora: en el primero, Duque solo se recuperaría a través de un gran acuerdo nacional; en el segundo, sobreviviría a duras penas para dar paso en 2022 a un gobierno de la izquierda en medio de una «pavorosa crisis»; y en el tercero sólo cabría su «renuncia para que asuma la vicepresidenta», la conservadora Martha Lucía Ramírez.

De momento, Duque todavía no solventó la primera pulseada tras el paro del 21 de noviembre, aunque de momento militares y policías han vencido en las calles a los grupos violentos. La fórmula elegida para enfrentar la crisis abierta, mano dura contra los violentos y mano tendida para los pacíficos, no convenció de momento ni a opositores ni a convocantes del 21-N, ni a analistas, pero se trata solo de un primer paso de lo que se presume es una escalera muy alta.

El presidente añadió ayer que en su propuesta de «conversación nacional» incluirá a los nuevos alcaldes y gobernadores, quienes asumen el 1º de enero, y que sumará temas hasta ahora semiolvidados, como la corrupción y el medio ambiente. Al margen, sus ministros profundizarán en las mesas de concertación salarial y de enseñanza, que ya estaban en marcha y que hasta ahora no habían colmado las expectativas.

«Hasta ahora no hay ninguna claridad de cómo sería esta conversación. En su discurso de toma de posesión de agosto del año pasado, Duque ya mencionaba el diálogo, pero se necesita de un mecanismo más allá de lo visto hasta ahora y una agenda con temas sustantivos no resueltos, en especial el tributario y la lucha contra corrupción. El presidente ya desaprovechó la consulta del año pasado, en la que votaron 12 millones de personas contra la corrupción», pondera Giraldo.

Es precisamente el final de una guerra civil que parecía eterna lo que provocó que desde dentro de la sociedad emerjan demandas y reclamos silenciados durante el conflicto. Quejas que no sólo se escuchan desde las clases populares, también de una clase media con nuevas aspiraciones. Ni unos ni otros sienten en su piel los avances macroeconómicos de los últimos años.

Hasta en eso no tuvo suerte Duque, al encontrarse de frente con un rosario de aspiraciones que la sociedad contuvo demasiado tiempo. «El malestar viene de muy lejos, al menos 20 años. Muchas expectativas que han chocado con el gobierno más conservador en 40 años, sobre todo en diversidad social y asuntos culturales. Las quejas se fueron acumulando y de una marcha que no prometía fue tomando cuerpo por la propia torpeza del gobierno y del CD», resume Giraldo.

De cuáles sean sus propuestas en los próximos días dependerá el futuro próximo de Duque y su gobierno, cuando además las rencillas internas del CD se han hecho públicas por culpa de la filtración de la conversación entre la nueva canciller y el embajador en Estados Unidos. Una minicrisis interna que además acrecienta las dudas de cómo asumiría el partido de Duque y Uribe la conformación de un diálogo y su culminación en un pacto nacional.

Agenda y marco adecuado que son necesarios para mitigar la «grave crisis de credibilidad», como la define el analista Ricardo Silva, que sufre hoy el presidente que llegó al poder gracias a su mensaje moderado y su juventud (43 años).

 

©The Economist

Duque abre diálogo

CHRISTINE ARMARIO / AP .- El presidente Iván Duque abrió el domingo un diálogo nacional que, asegura, incluirá a los ciudadanos de todas las clases para ayudar a combatir temas como la corrupción y la desigualdad después de algunas de las mayores manifestaciones en la historia reciente de Colombia.

El mandatario se reunió con alcaldes y gobernadores de todo el país para lanzar una iniciativa que, afirma, se centrará en seis puntos fundamentales: crear crecimiento económico con igualdad; combatir la corrupción; mejorar la educación; incrementar el nivel de vida en áreas afectadas por el añejo conflicto civil que aqueja a la nación; proteger el medio ambiente y fortalecer las instituciones gubernamentales.

El diálogo se mantendrá vigente hasta el 15 de marzo, aunque Duque dio relativamente pocos detalles sobre cómo exactamente se involucraría a la ciudadanía.

“Nuestra responsabilidad es unir a Colombia”, dijo el presidente.

Duque está bajo presión por presentar una solución que calme a las multitudes que ocuparon las calles del país hace cuatro días y que convocaron a nuevas movilizaciones para el lunes.

Algunos de los organizadores ya criticaron la propuesta de Duque, señalando que primero debería reunirse con el Consejo Nacional de Huelga, conformado por líderes laborales y estudiantiles.

El gobierno de Iván Duque no ha resuelto en concreto ninguno de los motivos del paro”, dijo la Central Unitaria de Trabajadores en un comunicado.

Los manifestantes protestan una amplia gama de temas – desde la violencia contra líderes sociales hasta el fracking – aunque uno de los temas de fondo es el rechazo general al gobierno conservador de Duque, que ha estado al frente del país durante 15 meses.

Las protestas ocurren mientras buena parte de Latinoamérica experimenta una ola de descontento, con manifestaciones paralizantes en países como Chile, Ecuador y Bolivia en contra de líderes políticos de distintas ideologías.

Hacía décadas que no veíamos una movilización de este tipo”, dijo Patricia Muñoz Yi, profesora de la Pontificia Universidad Javieriana de Bogotá.

La protesta de Colombia es distinta en el sentido de que no hay un evento o una decisión gubernamental detonante – y aún se desconoce cuánto tiempo continuará. Aunque miles de personas se han reunido a diario en todo el país desde la multitudinaria protesta del jueves, las manifestaciones han sido de mucho menor dimensión.

En su primer año de gobierno, todavía no hay mucho que mostrar. Pero el presidente Duque tiene las condiciones y tres años más para enderezar el rumbo.

Varias de las quejas de los manifestantes giran en torno a los cambios laborales y de pensiones que el gobierno de Duque insiste en que no existen como propuestas formales sino como recomendaciones de grupos de expertos. Los manifestantes no han quedado conformes con esa respuesta y señalan los comentarios de miembros del Gabinete y de una propuesta presentada ante el Congreso.

El llamado de Duque a lo que describió como una “Conversación Nacional” podría ser similar a las acciones emprendidas por el mandatario francés Emmanuel Macron, quien inició el “Gran Debate Nacional” para involucrar a la ciudadanía en las soluciones después de meses de violentas protestas en el país europeo.

“Es una conversación de todos y con todos”, dijo Duque.

A fin de lograr éxito, los analistas señalan que el diálogo de Duque necesita atraer una participación genuina de todos los sectores de la sociedad y brindar respuestas rápidas.

El presidente enfrenta una larga serie de problemas controversiales que han asediado desde hace tiempo a los líderes colombianos, incluyendo el aumento en la producción de coca, la violencia de grupos ilegales armados y la arraigada corrupción y desigualdad a pesar de un mejor crecimiento económico.

El domingo intentó resaltar los logros de su gobierno, describiendo en su discurso como se ha impulsado el desarrollo rural, incrementado el presupuesto para educación y mejorado las oportunidades económicas.

Alentó a una sala repleta de líderes políticos locales a comenzar el diálogo nacional en sus regiones con “sentido patriótico”.

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