“Días de prueba ante la pandemia”

Bendición del Papa desde la biblioteca

 

– «QUEREMOS RESPONDER A LA PANDEMIA DEL VIRUS CON LA PANDEMIA DE LA ORACIÓN, la compasión, la ternura. Permanezcamos unidos»

– «COGED EL EVANGELIO Y LEED TRANQUILAMENTE EL CAPÍTULO 9 DE JUAN. Nos hará bien a todos. Yo también lo haré»

 

 

El Papa reza por las víctimas del coronavirus y sus familias

JOSÉ MANUEL VIDAL / RD.- Ángelus triste el día del domingo ‘Laetare’. El Papa Franciscoconfiesa que vivimos “días de prueba, mientras la humanidad tiembla ante la amenaza de la pandemia”, agradece la labor de los sanitarios, de los policías y de las autoridades «que tienen que tomar medidas duras por nuestro bien», y pide que «nos mantengamos unidos» y respondamos a la pandemia con otra «pandemia de oración».

Por eso, invita a leer el capítulo 9 de San Juan y a participar a través de los medios de comunicación en el rezo del Padre Nuestro, el próximo miércoles 25 de marzo al mediodía desde la Plaza de San Pedro vacía.

Antes de entrar en la biblioteca pontifica, la cámara se pasea por la Plaza de San Pedro vacía y en silencio total. Un silencio que llama la atención, asi como la ventana del palacio apostólico cerrada. Todo evoca al coronavirus y sus consecuencias.

Texto de la catequesis papal antes del ángelus (Traducción propia)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el corazón de la liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma está el tema de la luz. El Evangelio (cf. Jn 9,1-41) relata el episodio del ciego de nacimiento, al que Jesús da la vista. Este signo milagroso es la confirmación de la afirmación de Jesús sobre sí mismo: «Yo soy la luz del mundo» (v. 5), la luz que ilumina nuestras tinieblas. Jesús opera la iluminación en dos niveles: un nivel físico y un nivel espiritual. El ciego recibe primero la vista de los ojos y luego es llevado a la fe en el «Hijo del Hombre» (v. 35), es decir, en Jesús. Todo un recorrido. Hoy estaría bien que todos cojáis el Evangelio de Juan, capítulo 9 y lo leáis una o dos veces. Os hará bien. Es muy bellos. Las maravillas que realiza no son gestos espectaculares, sino que tienen el propósito de llevar a la fe a través de un viaje de transformación interior.

Plaza de San Pedro vacía

Los fariseos y los doctores de la ley persisten en no admitir el milagro, y hacen al hombre curado preguntas insidiosas. Pero los desconcierta con el poder de la realidad: «Una cosa sé: estaba ciego y ahora veo» (v. 25). En medio de la desconfianza y la hostilidad de los que le rodean y de sus incrédulos cuestionamientos, va tomando poco a poco un itinerario que le lleva a descubrir la identidad de Aquel que le abrió los ojos y a confesar su fe en él. Al principio lo considera un profeta (cf. v. 17); luego lo reconoce como alguien que viene de Dios (cf. v. 33); finalmente lo acoge como el Mesías y se postra ante Él (cf. vv. 36-38). Comprendió que al darle la vista, Jesús «manifestó las obras de Dios» (cf. v. 3).

¡Que nosotros también podamos tener esta experiencia! Con la luz de la fe, el ciego descubre su nueva identidad. Ahora es una «nueva criatura», capaz de ver su vida y el mundo que le rodea con una nueva luz, porque ha entrado en comunión con Cristo. Entró en otra dimensión. Ya no es un mendigo marginado por la comunidad; ya no es esclavo de la ceguera y los prejuicios. Su camino de iluminación es una metáfora del camino de liberación del pecado al que estamos llamados. El pecado es como un velo oscuro que cubre nuestra cara y nos impide vernos claramente a nosotros mismos y al mundo; el perdón del Señor nos quita este manto de sombra y oscuridad y nos da nueva luz. La Cuaresma que estamos viviendo es un tiempo oportuno y precioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia, en las diferentes formas que la Madre Iglesia nos propone.

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