´De la calle, ´de la Patria´, ¡de Maduro!

EN LAS ESCUELAS DE VENEZUELA, LOS ESTUDIANTES SE DESMAYAN DE HAMBRE

– LOS ROSTROS DE LA CRISIS VENEZOLANA Los residentes de los barrios marginados del país padecen el colapso de la economía.

 

Menores de edad siguen viviendo en las calles sin tener un hogar ni comida, después que el Estado venezolano en 19 años de gobierno hizo promesas con el mandato de Hugo Chávez Frías y ahora con el de Nicolás Maduro en el que NO existirían niños en situación de pobreza, abandono y hambruna, mientras ellos están en «el poder»….

 

Los niños de la nada

NdR:- Niños “marginales” que deambulaban por las calles, abandonados o pidiendo limosnas en expendios, comederos, esquinas y semáforos -antes de Hugo Chávez- eran llamados “de la calle”. De ellos se ocupaban las ONG´s y fundamentalmente la Iglesia católica

Con el chavismo se convirtieron en “Niños de la Patria”, en protagonistas políticos, enrumbados hacia un brillante futuro con la “Revolución” al ejemplo de Elíán González peón inocente en la perfidia fidelista.

Pero nada. A los “Niños de la Calle”, “de la Patria”, y ahora “de Maduro”, les falta una fase más para cumplir su ciclo. “Los Niños de la Nada”. RS

 

 

NICHOLAS KRISTOF / NYTimes – Fotos: Fabiola Ferrero .- Visitar Venezuela hoy en día es atestiguar la forma en que un mal gobierno puede aniquilar un país.

Los años que han pasado bajo un gobierno corrupto, incompetente y autocrático han hecho que los venezolanos ahora padezcan hambre y que los niños mueran por falta de atención médica básica. A Daniela Serrano (en la fotografía anterior) se le murió un hijo por desnutrición este año y ahora observa con inquietud cómo le practican un examen médico a su hija, Daryelis, de 3 años, en una clínica asociada a un grupo de ayuda, el Proyecto Nodriza. Algunos venezolanos temen que haya hambruna en su futuro y parece que es más fácil encontrar partidarios del presidente Nicolás Maduro en un campus universitario estadounidense que en Venezuela. Las palabras no son suficientes para describir el sufrimiento, así que le estoy dando un espacio en mi columna a las fotografías de personas que conocí en una visita reciente. Las personas estaban dispuestas a ser fotografiadas y a compartir su historia para que el mundo pueda entender lo que sufre este país.

Un médico mide la circunferencia de la cabeza de Daryelis como parte de una revisión médica. Muchos niños venezolanos están desnutridos, por lo que su crecimiento físico es reducido. Pero, aunque es evidente la afectación al crecimiento, a los expertos en desarrollo les preocupa más el efecto permanente de la desnutrición en el desarrollo del cerebro y temen que esto resulte en una generación que tenga una desventaja cognitiva duradera.

Miriam Bravo juega con su bebé en su rancho ubicado en un barrio marginal de Caracas. Todavía tiene empleo como costurera, pero su mundo ha cambiado por la crisis económica del país: su marido murió el año pasado de una afección cardiaca después de que no logró conseguir medicamento para la presión arterial.

La hija de Miriam, Adriana, cuida a su hermano menor, Archi, en un comedor de beneficencia donde casi siempre almuerzan. Los niños crecen rápido en los barrios marginales y, algunas veces, Archi le dice a Adriana “mamá”.

Paola Moncada, de 14 años, está embarazada de su segundo hijo. Habría querido ser abogada, pero dejó la escuela en quinto grado cuando se embarazó de su primer hijo. Comentó que se embarazó porque ya no pudo comprar píldoras anticonceptivas y prácticamente no hay otros anticonceptivos disponibles. La abuela de Paola llegó a Venezuela desde Italia en 1957 porque en ese entonces parecía un país más prometedor para vivir. Paola dice que espera que sus hijos crezcan en otro lugar que no sea Venezuela.

Elsys Silgado, de 21 años, durante una revisión médica realizada por una organización sin fines de lucro en una iglesia. Elsys sobrevive vendiendo dulces en un puesto, pero no siempre puede darles de comer a sus dos hijos. Si no fuera por este grupo de ayuda y por la comida gratis que proporciona, tal vez no podría salir adelante. El grupo de ayuda también tiene problemas porque dice que el gobierno no le permite aceptar donativos del extranjero.

(*) Nicholas Kristof ha sido columnista del Times desde 2001. Ha ganado dos premios Pulitzer por su cobertura de China y del genocidio en Darfur.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*