De Bernie guinda La Troika

Encuestas elecciones EEUU: Sanders saca más ventaja a Trump que Clinton

Donald Trump, Hillary Clinton y Bernie Sanders

Según una encuesta realizada por el periódico ‘The New York Times’ y la cadena CBS News entre el 13 y el 17 de mayo, El precandidato a la presidencia de EE.UU. del partido demócrata, Bernie Sanders, supera al republicano Donald Trump en 13 puntos (51% y 38% respectivamente) en intención de voto. Sanders, rival de Hillary Clinton en el campo demócrata, saca a Trump 7 puntos más que la exsecretaria de EE.UU.

 

TRUMP: VENEZUELA FUE UN TEMA FUNDAMENTAL EN MI CONVERSACIÓN CON DUQUE

– SANDERS Y EL “SÍNDROME DEL PROGRE” – CARLOS ALBERTO MONTANER

– HAUSMANN: SANDERS DEBE ACLARAR su “socialismo democrático a la escandinava”

DE MOSCÚ A LA HABANA, LOS «VIAJES COMUNISTAS» DE SANDERS SE VUELVEN EN SU CONTRA Javier Ansorena – ABC

Sanders, Fidel y la división demócrata

 

PATRICIA MAZZEI  y  SYDNEY EMBER / NYtimes.- Los votantes demócratas nacidos durante la Guerra Fría se ofendieron con las opiniones del aspirante a la presidencia de Estados Unidos, pero a los más jóvenes parece no importarles.

Decenas de personas celebraron la muerte de Fidel Castro en La Pequeña Habana en Miami en noviembre de 2016 / Scott McIntyre – The New York Times

Miami – A principios de 1989, como alcalde saliente de Burlington, Vermont, Bernie Sanders y su esposa, Jane, hicieron un viaje de ocho días a Cuba, con la esperanza de conocer al dictador cubano Fidel Castro.

Sanders, de 47 años, no se reunió con Castro pero visitó La Habana, se reunió con su alcalde y se maravilló de que los visitantes pudieran tomar un taxi en cualquier lugar del país. “La revolución ahí es mucho más extensa y profunda de lo que yo sabía”, dijo, según The Burlington Free Press, al regresar a casa, y alabó a Cuba por proporcionar atención médica, educación y vivienda gratuitas.

Muchos demócratas de mayor edad que conservan recuerdos nítidos de la Guerra Fría se han desconcertado e incluso ofendido por los elogios de Sanders a ese país —los cuales están bajo los reflectores luego de que volviera a mencionar algunos de ellos la semana pasada en el programa 60 Minutes— y esta es una de las razones por las que creen que alguien que se describe a sí mismo de socialista demócrata, como Sanders, sería un candidato presidencial peligroso.

Fue un error garrafal”, señaló Bob Squires, de 70 años, residente de Murrells Inlet, Carolina del Sur. “Perderá Florida. Si vemos Twitter, las personas que trajeron a familiares de Cuba tienen una opinión muy diferente. Bernie tiene una ceguera”.

Pero para muchos progresistas más jóvenes, las reacciones negativas a los comentarios de Sanders —que también fueron emitidas y debatidas en su campaña de 2016 para la presidencia— son consecuencia del pánico de los baby boomers y son una forma perniciosa de tildarlo de comunista. Esa diferencia de posturas revela una división dentro del Partido Demócrata.

Al parecer, ‘socialismo’ es un término atemorizante del que hemos hablado mucho, pero en realidad no lo entendemos”, dijo Nolan Lok, un estudiante de Química de 18 años de la Universidad de California, campus Los Ángeles, donde emitió su voto la semana pasada.

“En una sociedad donde la tecnología es tan importante, donde con menos personas se producen más cosas, vamos a necesitar una sociedad más socialista en la que el gobierno tenga que participar más”, señaló. “Se requerirá que el gobierno haga más cosas y es algo que debemos agradecer, no temer”.

Esta diferencia generacional entre los demócratas fue muy evidente en las entrevistas que se realizaron en todo el país esta semana para evaluar las opiniones y la historia de Sanders, la cual incluye viajes a la Unión Soviética y Nicaragua cuando era alcalde de Burlington, así como comentarios elogiosos de los sandinistas. Ha rechazado la política exterior estadounidense que respalda a los gobiernos anticomunistas y las fuerzas de resistencia, y es un firme opositor de la guerra. Pero destacan sus comentarios sobre Castro; por ejemplo, su asombro de que los cubanos que conoció en 1989 “le tenían un amor casi religioso”.

Los liberales de mayor edad muestran un respaldo variable a la postura de Sanders, y la ruptura generacional fue menos evidente en el sur de Florida, donde a muchos cubanos, venezolanos y nicaragüenses no les gustan sus opiniones. Sin embargo, los electores progresistas nacidos a finales de la Guerra Fría —muchos de ellos gente de color— rechazaron la idea de que el socialismo sea anacrónico e irrelevante.

Durante años, esas opiniones de izquierda definieron y hasta cierto punto mermaron a Sanders en Washington, quien fue un congresista independiente y luego un senador considerado por muchos como un político extravagante y ajeno a la élite de los demócratas. Pero ahora como puntero para la candidatura presidencial del partido, Sanders está siendo presionado para que explique su visión antiimperialista del mundo frente al escrutinio y la crítica de sus rivales.

Sanders, de 78 años, fue ridiculizado en el debate del martes de la semana pasada en Charleston, Carolina del Sur, por sus comentarios del domingo en 60 Minutes, cuando elogió los programas de alfabetización que Castro había puesto en marcha en Cuba.

Pete Buttigieg, el exalcalde de South Bend que se acaba de retirar de la carrera presidencial, mencionó que Sanders sentía “nostalgia por la política revolucionaria de la década de los sesenta” y lamentó la posibilidad de “que se reviva la Guerra Fría”.

El senador Bernie Sanders en un mitin de campaña en Carolina del Sur / Erin Schaff – The New York Times

Buttigieg y otros demócratas dijeron que las opiniones de Sanders no solo están mal orientadas, sino que también refuerzan su imagen como socialista, misma que hará que él y otros candidatos demócratas sean un blanco fácil en las elecciones para el presidente estadounidense, Donald Trump, y los republicanos. Y si ganara la candidatura, sus posturas podrían poner en peligro sus oportunidades en Florida, el campo de batalla más grande para las elecciones presidenciales generales, donde no hay mucho aprecio por la Revolución cubana comunista de 1959.

Sanders apoyó su postura en el debate, donde criticó la política estadounidense en Latinoamérica y volvió a elogiar el programa de alfabetización de Castro.

En ocasiones, podría ser buena idea ser sinceros acerca de la política exterior estadounidense, la cual incluye el hecho de que Estados Unidos ha derrocado a gobiernos de todo el mundo: en Chile, en Guatemala, en Irán”, dijo Sanders.

Muchos cubano-estadounidenses de mayor edad se desconcertaron ante las declaraciones de Sanders y lo criticaron por sonar como un apologista del adoctrinamiento comunista. Y las opiniones del candidato provocan una resistencia particularmente férrea en Miami, donde la diáspora cubana sigue siendo una poderosa fuerza política.

Me ofendió su ignorancia”, dijo Mario Cartaya, un arquitecto de 68 años que dejó Cuba cuando tenía 9 años y ahora forma parte del consejo del Partido Demócrata de Florida.

“No solo es perjudicial para los cubanos, sino también para todos los demás latinoamericanos que han huido de su país debido a la tiranía en esos países”.

Las repercusiones no solo fueron evidentes entre los cubanos conservadores, sino entre los liberales que ayudaron al expresidente Barack Obama a obtener dos victorias en Florida.

“Es increíble que estemos en 2020 y tengamos que volver a hablar de esto”, dijo la columnista de The Miami Herald Fabiola Santiago, quien escribió una emotiva columna sobre su experiencia en Cuba cuando era pequeña. “No entiendo cuál es su motivación exactamente para recordar a Fidel y al sistema cubano”.

La campaña de Sanders no considera que le representen un problema sus comentarios sobre Cuba ni sus elogios a los gobiernos socialistas porque esto les importa más a los electores moderados de mayor edad, una población a la que de por sí Sanders considera que es difícil llegar.

Sus asesores creen que puede competir en Florida en las votaciones primarias de los demócratas, y la campaña tiene planeado poner comerciales en todos los medios importantes. En esta semana ya está enviando a miembros de su personal a todas las regiones del estado.

Los milénials no recuerdan la Guerra Fría”, señaló Maurice Isserman, un profesor de Historia en Hamilton College que ha estudiado el socialismo demócrata. “No reaccionan de la misma manera a la palabra ‘socialista’ ni la asocian con el comunismo totalitario”.

Seguidores de Sanders en Santa Ana, California, saludan al senador y aspirante presidencial. Muchos jóvenes progresistas no le dan importancia a sus comentarios sobre Cuba / Erin Schaff – The New York Times

En cambio, los electores jóvenes sí han vivido un cambio estructural en la economía, incluyendo la crisis económica de 2008 y la carga aplastante de la deuda universitaria, que les ha dado una opinión más crítica del capitalismo, afirmó. Sin embargo, Isserman advirtió que los republicanos utilizarán los comentarios del senador para atacarlo en las elecciones generales.

Bernie no es comunista”, dijo Isserman. “No es totalitario. Es un tipo de socialista demócrata escandinavo. Pero también es producto de la década de los sesenta y tiene un estilo de confrontación muy directa. No tiende a tener un estilo muy diplomático”.

Blanca Estevez, una integrante de Arkansas del Comité Político Nacional de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos, dijo que sus tendencias políticas al principio confundieron a su madre, debido a que la familia huyó de la guerra civil en El Salvador. Pero Estevez señaló que ya había logrado algunos avances.

He podido conectar los valores cotidianos de mi madre con el trabajo que realizamos, al decirle que ella siempre ha compartido lo que tiene, que siempre ha ayudado al prójimo, que ha visto que la gente tenga lo que necesita cuando está pasando por una mala racha”, señaló Estevez. “Hace cuatro años, mi mamá odiaba a Bernie Sanders. Ahora, tenemos una pancarta de él en el patio de la casa”.

 

Bernie Sanders y el “síndrome del progre”

CARLOS ALBERTO MONTANER .- “Quien no es socialista a los 20 años no tiene corazón. Quien lo sigue siendo a los 40 no tiene cerebro”.

La frase nunca la dijo Churchill, pero se le atribuye tercamente. No es verdad. Esos personajes tienen cerebro, pero han sido abducidos por el “síndrome del progre”.

La palabra “progre”, con cierta carga peyorativa, surgió en España. El “síndrome del progre” consiste en la relativización enfermiza del juicio crítico cuando se juzga algún fenómeno social en el que quepa una visión socialistoide.

Lamentablemente, Vox ha desvirtuado en España la significación original de ese vocablo calificando con él a todo el que no comulgue con la ideología nacionalista del grupo.

Los “progres” saben de la existencia de los gulags pero los justifican con el argumento de que siempre hay personas inconformes con las causas más nobles. Esconden la represión bajo el manto de las buenas intenciones. Desean que se les juzgue por lo que pretenden, no por lo que logran.

Es lo que hace Pablo Iglesias en España. No ignora que el Irán de los ayatolás es una teocracia asesina y la Venezuela de Chávez y Maduro una corrupta narcotiranía manejada desde Cuba, pero les sirven para su juego político y como fuente de financiamiento y olvida la esencia del asunto.

También los «progres» saben que Israel es la única democracia del Medio Oriente, y el único país de la región en el que se respetan a las mujeres árabes, pero como las señas de identidad de la izquierda «iliberal» hoy en día incluyen el antisemitismo, en 58 municipios en los que mandan en España Podemos, el PSOE o Izquierda Unida, han dictado bandos francamente antijudíos.

El problema de Bernie Sanders no es que se hubiera entusiasmado con la Revolución cubana en 1959.

Bernie Sanders, precandidato a la presidencia de EE.UU. del partido demócrata

(El que no estuvo feliz con la derrota de Batista que tire la primera piedra). El problema es su equivalencia moral entre los miles de presos políticos y fusilados, y las campañas de alfabetización y la extensión de la sanidad para el conjunto de la sociedad.

Como Sanders padece el «síndrome del progre», no le importa el infeliz destino de una revolución que se hizo en procura de la libertad, pero desde el comienzo fue una tiranía militarizada que vive de vender su pericia represiva a Venezuela, o de negociar a los “esclavos de bata blanca”, médicos a los que les confiscan prácticamente el 90% de los salarios con la complicidad de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Veinte años después de su enamoramiento con la Revolución cubana, en 1979, le tocó el turno a la pasión nicaragüense. Ocurrió lo mismo: todos, los nicas y los no nicas aplaudimos el derrocamiento de Somoza, pero muy pronto se vio el sesgo totalitario del sandinismo.

Con maestros como “los cubanos” enseguida llegó la barbarie, la represión, la escasez y la inflación. Era inevitable. A mediados de la década de los ochenta ya eran 4.000 los presos políticos. A Sanders no le importaba.

Era alcalde de Burlington (Vermont). Fue el único funcionario estadounidense en Managua en contemplar un desfile militar sandinista.

Se cantó el Himno. Una de las estrofas decía: “Los hijos de Sandino / ni se venden si se rinden / luchamos contra el yankee / enemigo de la humanidad”. La música y la letra habían sido compuestas por Carlos Mejía Godoy.

Bernie Sanders ideológica y humanamente estaba mucho más cerca de Daniel Ortega que de Ronald Reagan, el presidente de su país. Reagan no era un adversario político. Era un enemigo de clase.

A las dos décadas Sanders reincidió en el amor revolucionario. Parece que se le revuelven las tripas cada 20 años y entra en celo. Sin cancelar sus devociones primeras con Cuba y Nicaragua, se encandiló con Hugo Chávez, padre y maestro de Nicolás Maduro. Era 1999 y el coronel, gobernado desde La Habana por Fidel Castro, su titiritero, comenzaba su mandato.

Es probable que el “síndrome del progre” no tenga cura. El Bernie Sanders que hoy es el precandidato demócrata es el mismo de siempre. El de 1959 en La Habana. El de 1979 en Managua. El de 1999 en Caracas. No cambia. Donald Trump se frota las manos.

Bernie Sanders explica en una asamblea popular porque no llama “dictador” a Nicolás Maduro ( en inglés)

Sanders califica a Maduro de “dictador” 

 

Hausmann: Sanders debe aclarar

El Nacional .- La crisis de Venezuela es uno de los temas que ha salido a relucir en la carrera electoral hacia la Casa Blanca.

Para Ricardo Hausmann, el precandidato demócrata que lleva la delantera, Bernie Sanders, debe aclarar lo que para él es el socialismo.

Sanders se define como un socialista demócrata y en distintas oportunidades a lo largo de su trayectoria política ha demostrado su afinidad por Cuba y Nicaragua.

En su más reciente polémica al respecto, el dirigente independiente del Partido Demócrata alabó el programa de alfabetización que implementó Fidel Castro cuando llegó al poder.

A juicio de Sanders, es injusto decir que todo lo que ha hecho el régimen de los Castro es malo.

Por su parte, Donald Trump ha advertido sobre la posibilidad de que un dirigente demócrata llegue a la Casa Blanca usando como ejemplo a Venezuela.

Los defensores y partidarios del precandidato, de 77 años de edad, dicen que el socialismo que Sanders quiere aplicar en Estados Unidos es el escandinavo. Sin embargo, Hausmaan alerta de que Sanders jamás ha aclarado este punto.

¿Su socialismo se trata de la cooperación para empoderar a las personas mientras se impulsa la economía o se trata de empoderar al Estado para ejercer un control más coercitivo sobre los negocios?

Esta pregunta debe responderse por razones tácticas porque la carta de Venezuela también se puede jugar contra Trump», advierte en un artículo publicado en Project Syndicate.

Para el ex representante de Venezuela ante el BID, los electores pro-Sanders deberían tener claro cuál es el socialismo que este ofrece.

El senador independiente por Vermont ha propuesto en su campaña cobrar impuestos más altos a los ricos para pagar sus políticas sociales, un salario mínimo más alto, atención médica universal y acceso gratuito a la educación superior pública.

También ha sido crítico con las grandes empresas y con los empresarios en general, lo que se asocia más al socialismo que implementó Hugo Chávez en el país.

Contrario a esto, explica Hausmann, en el modelo escandinavo el sector privado es próspero y genera empleos bien remunerados. Además, el Estado se utiliza para empoderar a los ciudadanos con derechos y autonomía, y no para someterlos a ayudas sociales.

Hausmaan insiste: Bernie Sanders debe asegurar a los votantes que sabe cómo el «socialismo» escandinavo difiere del chavismo”.

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