Clonar “ancianos” para un futuro mejor

 

– REPLICAN SECUOYAS PARA COMBATIR EL CAMBIO CLIMÁTICO

– UNA SEQUOIA ALMACENA HASTA 1.000 TONELADAS DE CO2 EN SU TRONCO…

– LAS SECUOYAS GIGANTES DEL “CORONEL ARMSTRONG

 

En esta imagen del 23 de mayo de 2016, el arbolista Jim Clark trepa por una secuoya gigante para recoger brotes de su copa en el sur de Sierra Nevada cerca de Camp Nelson, California. Clark es voluntario del Archivo Arcángel de Árboles Antiguos, un grupo sin fines de lucro que recolecta muestras genéticas de árboles antiguo y las clona en un laboratorio para plantarlas en el bosque. Foto : Scott Smith / AP

 

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La misión de un hombre…

Más de 300 mil de los árboles más grandes del mundo han sido clonados por una ONG que busca contrarrestar los efectos del cambio climático. 

 

CHICAGO TRIBUNE / AP .- Al pie de una secuoya gigante en la Sierra Nevada de California, dos arbolistas se colocaron los arneses y treparon por cuerdas a una altura de más de 30 pisos, hasta la copa de un árbol que ha sobrevivido miles de años, soportando sequías, incendios forestales y enfermedades.

Allí, los expertos cortan brotes de ramas jóvenes para llevarlas a mano a través de medio país para clonarlos en un laboratorio y, con el tiempo, sembrarlos en un bosque en otro lugar del mundo.

Los dos forman parte de un equipo que creen que las secuoyas y otros árboles de su familia, cuentan con algunas de las genéticas más robustas de los árboles del planeta, y que propagarlos ayudará a revertir el cambio climático, al menos un poco.

Es un milagro biológico, dijo Jim Clark, uno de los escaladores, ya de vuelta sobre tierra firme y con un brote verde en la mano. «Este fragmento de tejido… puede arraigar, y tenemos un árbol de 3.000 años en miniatura».

La expedición a Camp Nelson, una comunidad de montaña que se encuentra unas 100 millas (160 kilómetros) al sureste de Fresno, estaba dirigida por David Milarch, cofundador del Archivo Arcángel de Árboles Antiguos.

El experto, afincado en Michigan, defiende la urgencia de restaurar los diezmados bosques del planeta.

En dos décadas, señaló, su grupo sin fines de lucro ha clonado 170 tipos de árboles y plantado más de 300.000 en siete países gracias a propietarios de terrenos dispuestos a participar.

Es una carrera contra el tiempo», dijo Milarch. «Si esperamos ahora mismo, podemos perseguir al cambio climático y revocarlo antes de que sea demasiado tarde».

Las secuoyas que crecen en la Sierra están entre los árboles más grandes y ancianos del mundo, y en algunos casos alcanzan los 300 pies de altura (91 metros) y hasta 3.000 años de edad.

Milarch, de 66 años, cree que el tamaño y la robustez de estas especies las hacen ideales para absorber gases de efecto invernadero que impulsan el cambio climático en el planeta.

En el laboratorio de Arcángel en Copemish, un pueblo en el noroeste de Michigan, Clark y otro especialista cortaron los extremos de 2.000 brotes y los colocaron en pequeños semilleros. Allí crecen bajo lámparas especiales, en condiciones diseñadas para fomentar que echen raíces. Clonar árboles antiguos es complicado, señala el personal del laboratorio, y muchas muestras no sobreviven.

Bill Verner, un consultor de horticultura con sede en Monterey, California, y que ha trabajado con el grupo, dijo que ante el calentamiento global resulta fácil restar importancia a los esfuerzos de un grupo «renegado» que depende mucho de las donaciones y de arbolistas y botánicos voluntarios.

Eso no es justo», dijo Werner. «Puede ser un granito de arena pero al menos alguien está haciendo algo».

Clonación de «superárboles» contra el cambio climático

 

 New York Times documentales

 

VALERIA PERASSO / BBC Mundo: Un grupo de «socorristas» se ha impuesto una misión ambiental: clonar árboles para combatir el cambio climático.

Pero no cualquier especie, sino los llamados «superárboles», como se conoce a las sequoias gigantes de la Sierra Nevada de California y a las sequoias rojas o redwoods que crecen en las zonas costeras del este de Estados Unidos, entre las que hay ejemplares de más de 2.000 años de antigüedad.

Las sequoias tienen una altura equivalente a un edifico de 40 pisos.

Los responsables del Archivo de Árboles Antiguos Arcángel, una organización sin fines de lucro, son a la vez exploradores de bosques y científicos de laboratorio.

En total, han identificado unas 200 especies ecológicamente indispensables, de las que se dedican a recoger el material genético. Son plantas emblemáticas, desde las famosas sequoias hasta el cedro que adorna la bandera de Líbano o los robles reyes de los bosques de Irlanda.

Vaya si son árboles históricos: el cedro libanés está mencionado 72 veces en la Biblia, por ejemplo, y California tiene varios de los ejemplares en la lista de los árboles más viejos que siguen en pie», le dice a BBC Mundo David Milarch, cofundador del proyecto y a todas luces arbolista apasionado.

El rescate es necesario, recalca el experto, porque la contaminación y la deforestación han cobrado su cuota a los ecosistemas y hoy «95% de los últimos grandes árboles que por milenios nos han permitido mantener un equilibrio en la naturaleza han sido talados o destruidos».

Servicio ambiental

La idea de clonarlos es seguida, luego, por la de recrear los bosques nativos que se han perdido.

Los bosques ancestrales son los más efectivos para recuperar el ambiente, para limpiarlo… Y la principal función ambiental que prestan los árboles es la de absorber el dióxido de carbono (CO2), mayormente responsable del calentamiento global», le explica Milarch a BBC Mundo.

Mediante excursiones a los bosques estadounidenses, este especialista y sus colaboradores –entre ellos, su hijo- han recopilado ADN vegetal desde la década de los años 90. Recogen tocones y brotes, toman fragmentos de árboles en pie y rastros biológicos de los aparentemente desaparecidos.

Luego, en el laboratorio se encargan de multiplicarlos con métodos de clonación como la llamada micropropagación, en la que las porciones microscópicas de las plantas se alimentan con hormonas sintéticas para lograr ejemplares genéticamente idénticos.

Hoy, una veintena de personas trabaja en este «centro de producción arbórea» bajo techo. Allí dicen que almacenan muestras de árboles protegidos, como el Stagg (el quinto más grande del mundo, según algunas clasificaciones) y que han logrado hazañas científicas como la de clonar sequoias milenarias, cuando hasta hace no mucho no se había superado la marca de los 90 años.

En la mira

Entre las sequoias hay ejemplares de más de 2.000 años de antigüedad.

Es precisamente en este aspecto que el proyecto ha generado objeciones: hay quienes consideran que los ejemplares viejos no son los más indicados para ser genéticamente multiplicados y que las réplicas salidas del laboratorio no tienen el mismo nivel de defensas contra las enfermedades, los insectos o las plagas que los árboles que evolucionan libremente en los bosques.

Además, otros expertos opinan que las especies que han desaparecido o están en vías de extinción cumplen simplemente con una norma de la naturaleza: la de la supervivencia del más apto.

Desde Arcángel refutan este concepto, basándose en la idea de que gran parte del desempeño de las especies vegetales –y animales– en los últimos tiempos ha estado afectado por el hombre y su efecto nocivo sobre el entorno.

Si no hubiera habido cambio climático y deforestación, muchas de estas plantas no hubieran desaparecido. Por eso hay que rescatarlas y, en su medida, ellas mismas pueden colaborar para revertir el daño», insiste Milarch.

Los más aptos

La selección de los «superárboles» para este experimento tiene base científico. Los arbolistas sostienen que los bosques nativos son los más aptos y constituyen una opción más sustentable en el largo plazo que la introducción de especies exóticas, como el pino o el eucaliptus que proliferan por todas las geografías del planeta.

Pero, además, las sequoias y otros ejemplares gigantes parecen procesar con mayor eficacia el CO2: crecen rápido, absorben mucho gas tóxico porque tienen gran tamaño y lo almacenan por mucho más tiempo, ya que el carbono es liberado a la atmósfera cuando el árbol muere y, en estos casos, se garantiza que quedará «atrapado» por siglos, incluso milenios.

Ahora, a los «multiplicadores de árboles» les hace falta contar con la buena predisposición de individuos e instituciones: todos los ejemplares creados en el laboratorio deberán ser plantados en espacios reales para cumplir con su función sanadora del hábitat.

Aquí, los pragmáticos también tienen sus reservas sobre la propuesta: no son muchos los que pueden plantar una sequoia, de una altura equivalente a un edifico de 40 pisos, en la plaza del pueblo o en el jardín del fondo de la casa.

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