“Bolichicos”, Donald y su consigliere

EDITORIAL / El Nacional – noviembre 29, 2019

 

 El Nacional (De Ucrania a Caracas) .- La importancia de su clientela hace que el abogado Rudolph Giuliani realice periplos extraordinarios, viajes a través de los cuales demuestra la importancia de sus servicios y el peso de sus contratantes.

Si llegó a la fama como alcalde de New York, ahora asciende a la más alta cima por las noticias que llegan del trabajo de su bufete.

Es lo menos que se merece un profesional que ahora cuida los intereses de Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Pero tales cuidados, en el caso del cliente que habita en la Casa Blanca, no responden al bien común que debe perseguir un mandatario de alto coturno, ni a un plan político que incumbe buenamente a su sociedad, sino únicamente a los intereses personales del encumbrado cliente.

Donald Trump y Rudolph Giuliani

Deseoso de propinarle una zancadilla a su rival demócrata en la próxima contienda electoral, Joe Biden, exvicepresidente de Barak Obama, Trump encargó a Giuliani complicarle el panorama mediante presiones ante el gobierno de Ucrania.

De espaldas al cuerpo diplomático y a los funcionarios del Departamento de Estado, lo mandó a ventilar los (eventuales) trapos sucios (reales o imginarios) del hijo de su probable adversario en los comicios, que trabajaba de empresario en Ucrania y de los cuales sacaría una tajada de ventajismo a través de procedimientos oscuros que lo han colocado en las proximidades de un proceso de destitución como jefe de Estado en el Capitolio Federal.

Tal fama de zurcidor de malas maneras lo ha hecho ahora acercarse a la comarca venezolana.

De acuerdo con las noticias que divulga The Washington Post, que no es un periodiquito que vive de los escándalos ni de perjudicar la reputación de los políticos, el diligente Giuliani ha sido contratado por un empresario venezolano, el joven emprendedor llamado Alejandro Betancourt López, para que evite su inclusión en una lista de malhechores que han multiplicado sus fortunas mediante fraudes en complicidad con figuras del oficialismo venezolano. Para que proteja de las malas lenguas y de las plumas afiladas su impoluto prestigio, naturalmente.

Alejandro Betancourt López

Habla el impreso de un caso que se maneja en el estado de la Florida por el flujo irregular de fondos que superan el billón de dólares a través de cuyo manejo se ha llevado a cabo una gigantesca operación de lavado de dinero.

Lavado de dinero y soborno de funcionarios son los cargos que promueve el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que pueden tocar el bolsillo y el honor del inesperado cliente criollo que ha tocado las puertas giulianescas.

Para llegar con bien a ese dorado puerto, el cliente invitó antes a Giuliani a temperar en una de sus propiedades españolas, una mansión del Siglo de Oro que en su momento no quisieron ocupar los herederos de la monarquía ni la nobleza de la Casa de Austria para que no los acusaran de inmodestia, para alejarse del pecado capital de la soberbia.

Allí se aposentó Giuliani, circundado por la memoria de tiempos imperiales, por la cercanía de los blasones y por las atenciones del joven don Alejandro, quien ha podido, gracias a sus innegables habilidades, establecerse en posesiones de las cuales se alejaron los sucesores de Felipe II.

Pero él está allí, sin títulos nobiliarios aunque con cuentas fabulosas en el banco, sin pergaminos que no sean los de la boliburguesía, pero con cajas de seguridad en las bóvedas de opulentas corporaciones; sin proezas en el servicio de la monarquía, aunque tampoco de la república, pero con provechos provenientes de sus tratos con el chavismo que debe cuidar ahora con el trabajo del letrado estelar que ahora frecuenta.

Si querían saber las razones de la maroma que ha llevado al abogado Giuliani de la fría Ucrania a la tropical Venezuela, ya las conocen. Provienen de las investigaciones de The Washington Post.

Si querían sentir asco por lo que se hace en las altas esferas para la protección de una fortuna mal habida, ahora tienen motivos para llegar a las náuseas. Seguiremos leyendo el imperial periódico y de allí saldrán, de seguro, nuevos comentarios que seguramente interesarán. Quedamos pendientes de ellos.

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