Baltazar, el nuevo “príncipe”

FOTO: Patricia Rodríguez Orozco

EL ARZOBISPO DE MÉRIDA, monseñor Enrique Baltazar Porras Cardozo, que fue creado hoy cardenal por el papa Francisco, se ha mostrado como un duro crítico del Gobierno de su país durante los últimos 17 años y ha apostado por el diálogo entre los sectores políticos de Venezuela.

Porras que criticó al Gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez (1954-2013) al comparar en 2007 su gestión con la de “dictadores” como Fidel Castro, Hitler y Mussolini, y que también ha hecho críticas al actual Gobierno de Nicolás Maduro, ha subrayado la necesidad de un diálogo en el país.

Recientemente, tras instalarse la mesa de diálogo entre el Gobierno chavista y la oposición, en la que el Vaticano participa como facilitador, aplaudió que se estén “dando pasos” gracias a la “paciencia y a la constancia”, pese a que reconoció que existe “una desconfianza muy grande” en la población.

“La situación en Venezuela no es la misma que desde hace un año, se ha ganado muchísimo, uno quisiera que fuera mañana, pero con paciencia y constancia todo se puede”, dijo en referencia al diálogo el pasado 15 de noviembre.

El arzobispo venezolano considera que su país vive una situación difícil después de que, en su opinión, el gobierno actual haya “destruido lo bueno que había antes” y ha agradecido el “especial interés” que tiene el papa Francisco con Venezuela.

FOTO: Patricia Rodríguez Orozco

“Nunca como ahora en el Vaticano ha habido altos jerarcas que han tenido una relación directa y bastante cercana con la realidad venezolana”, dijo.

Baltazar Porras, que nació en Caracas el 10 octubre de 1944 y fue ordenado sacerdote el 30 de julio de 1967, consideró su nombramiento como cardenal como un llamamiento a superar la crisis que vive su país.

“Más que un honor es una responsabilidad para que esa luz de Jesucristo y del evangelio sea la que ilumine esa necesaria fraternidad y entendimiento entre todos los venezolanos”, dijo al conocer la noticia de su nombramiento.

Estudió teología en la Universidad Pontificia de Salamanca en España y diez años más tarde obtuvo el doctorado en teología pastoral.

Fue nombrado arzobispo de Mérida en 1991, después de desempeñarse como obispo auxiliar de esa misma ciudad desde 1983.

Entre 1998 y 1999 fue también administrador apostólico en “sede vacante” de la diócesis de San Cristóbal.

Además, entre los años 1999 y 2006 ejerció el cargo de presidente en la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) y un año más tarde asumió la vicepresidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Es miembro del Consejo Especial para América del Sínodo de Obispos, un cargo que ostenta desde 1997.

Porras es el segundo cardenal que tiene Venezuela en ejercicio y el sexto en la historia del país.EFE

Cardenal Baltazar Porras y Miguel Henrique Otero / FOTO: Patricia Rodríguez Orozco

Francisco fuerza los equilibrios

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ / Vatican Insider.- En lo que lleva de pontificado Francisco creó 55 cardenales: 44 electores y 11 mayores de 80 años.

Un número significativo. Apenas 23 purpurados menos que los 78 creados por Benedicto XVI en el doble de tiempo.

Así, en menos de cuatro años, el Papa ya renovó más de un tercio del Colegio Cardenalicio que elegirá a su sucesor.

Pero su gran aportación ha sido abrir el juego e incluir a territorios hasta ahora ausentes en las discusiones de la Curia Romana.

¿El resultado? Lentamente han sido forzados los equilibrios de antaño en el “club” eclesiástico más exclusivo.

Los números lo demuestran. El Colegio que eligió pontífice a Jorge Mario Bergoglio en marzo de 2013 estaba compuesto por 117 electores: 61 de ellos eran europeos y 56 provenían del resto del mundo.

A partir de este día 19, cuando sean consagrados otros 17 purpurados, la ecuación se invertirá: habrá 121, de los cuales 54 provienen del “viejo continente” y 67 son “extraeuropeos”. El total de 55 mencionados más arriba incluyen los birretes colorados que Francisco distribuyó este sábado en su tercer Consistorio público, en la Basílica de San Pedro.

Puede parecer un lugar común hablar de la “internacionalización” del Colegio Cardenalicio. Ya en el siglo XII los Papas comenzaron a conceder birretes a personalidades fuera de Roma. En el siglo pasado la presencia mundial de los “príncipes de la Iglesia” llegó a ser inevitable y consistente. De ahí el uso fácil, en los medios de comunicación, de esa característica “internacional” como si fuese una novedad. Pero sí existe una indicación geopolítica en los cardenales que ha consagrado Jorge Mario Bergoglio. Un comparativo detallado lo expone.

De los 56 cardenales “extraeuropeos” que participaron en el Cónclave de 2013, unos 33 provenían del Continente Americano, 11 de África, 11 de Asia y uno de Oceanía. Gracias a la nueva elección, la presencia de América permanecerá casi invariada porque tendrá 34 electores. Pero aumentará significativamente el número de africanos, con 15; de asiáticos, con 14, y de los purpurados de Oceanía, cuatro.

Así, en los hechos, las regiones del mundo donde el catolicismo está creciendo a pasos agigantados (también en las estadísticas) han sido aquellas que multiplicaron vistosamente su presencia cardenalicia. En contraparte, países como Italia –históricamente súper representados en este campo- han ido viendo poco a poco mermada sus púrpuras.

Con Francisco se puso de moda también, entre los observadores, hablar de “cardenales de periferia”. Tanto usaron los medios esa frase que terminaron vaciándola de contenido. Es cierto, el Papa argentino ha usado nuevos criterios en la elección de sus colaboradores más cercanos, tomando decisiones clamorosas y rompiendo con ciertas reglas no escritas vigentes en el pasado cercano. Pero no se trata de una visión maniquea “periferia versus centro”.

En el Consistorio de este fin de semana cinco de los distinguidos son europeos y tres de Estados Unidos. De ahí se desprende que Francisco no aborrece los territorios centrales, más bien busca promover un nuevo equilibrio, más representativo de la dinámica realidad que vive la Iglesia católica.

Eligiendo como cardenales a clérigos de República Centroafricana, Bangladesh, Islas Mauricio, Papúa Nueva Guinea, Lesoto, Albania y Malasia, el Papa coloca en el centro de la cristiandad a voces de pueblos considerados como de segunda importancia. Ninguno de esos países contaba, hasta ahora, con un purpurado. Su presencia enriquecerá los debates y traerá al entorno del líder católico concepciones culturales distintas.

Su consagración envía otro mensaje: no sólo los pueblos históricamente católicos, con gran número de fieles y estructuras ya consolidadas, tienen derecho de voz y voto en el gobierno de la catolicidad. También islas pequeñas como Tonga o Mauricio, cuentan con algo para ofrecer a la comunidad cristiana. Es la ruptura de esquemas heredados de la política laica tradicional, donde las mayorías económicas y sociales pesan más.

FOTO: Patricia Rodríguez Orozco

Papa Francisco a nuevos cardenales

ÁLVARO DE JUANA / ACI.- Desde hoy la Iglesia Católica tiene 17 nuevos cardenales –13 de ellos con derecho a voto en el caso de que se celebrase un cónclave– procedentes de varias partes del mundo.

El Papa Francisco remarcó precisamente este dato y en su homilía les advirtió del peligro de dejarse alcanzar por la mundanidad que rechaza amar al prójimo tal y como es.

Los 13 nuevos cardenales con derecho a voto son: Mario Zenari, que permanece como Nuncio Apostólico en Siria. Nacionalidad italiana; Dieudonné Nzapalainga, Arzobispo de Bangui (República Centroafricana); Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Madrid (España); Sérgio da Rocha, Arzobispo de Brasilia (Brasil); Blase J. Cupich, Arzobispo de Chicago (Estados Unidos); Patrick D’Rozario, Arzobispo de Dhaka (Bangladesh); Baltazar Enrique Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida (Venezuela); Jozef De Kesel, Arzobispo de Malines-Bruxelles (Bélgica); Maurice Piat, Arzobispo de Port-Louis (Isla Mauricio); Kevin Joseph Farrell, Prefecto del Dicasterio para Laicos, la Familia y la Vida (Estados Unidos); Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla (México); John Ribat, Arzobispo de Port Moresby (Papúa Nueva Guinea); Joseph William Tobin, Arzobispo de Indianápolis (Estados Unidos).

Los 4 cardenales mayores de 80 años son: Anthony Soter Fernandez, Arzobispo Emérito de Kuala Lumpur (Malasia); Renato Corti, Arzobispo de Novara (Italia); Sebastián Koto Khoarai, Obispo Emérito de Mohale’s Hoek (Lesoto, África); P. Ernest Simoni, sacerdote de la archidiócesis de Shkodrë-Pult (Scutari – Albania).

En su homilía, el Papa Francisco recordó que la “nuestra es una época caracterizada por fuertes cuestionamientos e interrogantes a escala mundial”. “Nos toca transitar un tiempo donde resurgen epidémicamente, en nuestras sociedades, la polarización y la exclusión como única forma posible de resolver los conflictos”.

El Papa puso a continuación algunos ejemplos sobre esta realidad. “Vemos cómo rápidamente el que está a nuestro lado ya no sólo posee el estado de desconocido o inmigrante o refugiado, sino que se convierte en una amenaza; posee el estado de enemigo. Enemigo por venir de una tierra lejana o por tener otras costumbres. Enemigo por su color de piel, por su idioma o su condición social, enemigo por pensar diferente e inclusive por tener otra fe. Enemigo por… Y sin darnos cuenta esta lógica se instala en nuestra forma de vivir, de actuar y proceder”.

“Entonces, todo y todos comienzan a tener sabor de enemistad. Poco a poco las diferencias se transforman en sinónimos de hostilidad, amenaza y violencia”, indicó.

El Santo Padre aseguro que son muchas las heridas que “crecen por esta epidemia de enemistad y de violencia, que se sella en la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de esta patología de la indiferencia”.

“Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento se siembran por este crecimiento de enemistad entre los pueblos, entre nosotros. Sí, entre nosotros, dentro de nuestras comunidades, de nuestros presbiterios, de nuestros encuentros”.

El Papa cree que “el virus de la polarización y la enemistad se nos cuela en nuestras formas de pensar, de sentir y de actuar”. “No somos inmunes a esto y tenemos que velar para que esta actitud no cope nuestro corazón, porque iría contra la riqueza y la universalidad de la Iglesia que podemos palpar en este Colegio Cardenalicio”.

“Venimos de tierras lejanas, tenemos diferentes costumbres, color de piel, idiomas y condición social; pensamos distinto e incluso celebramos la fe con ritos diversos. Y nada de esto nos hace enemigos, al contrario, es una de nuestras mayores riquezas”.

El Evangelio que se proclamó fue el de Lucas en el que Jesús, en una parte del Sermón de la Montaña, pide a los discípulos amar al enemigo. Francisco explicó que “el llamado de los apóstoles va acompañado de este ‘ponerse en marcha’ hacia la llanura, hacia el encuentro de una muchedumbre que, como dice el texto del Evangelio, estaba ‘atormentada’».

“La elección, en vez de mantenerlos en lo alto del monte, en su cumbre, los lleva al corazón de la multitud, los pone en medio de sus tormentos, en el llano de sus vidas».

«De esta forma, el Señor les y nos revela que la verdadera cúspide se realiza en la llanura, y la llanura nos recuerda que la cúspide se encuentra en una mirada y especialmente en una llamada: ‘Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso’».

El Papa señaló que existen 4 imperativos o exhortaciones de Jesús hacia ellos: “Creo que en estos aspectos todos podemos coincidir y hasta nos resultan razonables”, dijo.

“Son cuatro acciones que fácilmente realizamos con nuestros amigos, con las personas más o menos cercanas, cercanas en el afecto, en la idiosincrasia, en las costumbres”.

Sin embargo, estas acciones tienen como destinatarios los “enemigos” y recordó las palabras exactas de Jesús: “amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman”.

“Y estas no son acciones que surgen espontáneas con quien está delante de nosotros como un adversario, como un enemigo. Frente a ellos, nuestra actitud primera e instintiva es descalificarlos, desautorizarlos, maldecirlos; buscamos en muchos casos ‘demonizarlos’, a fin de tener una ‘santa’ justificación para sacárnoslos de encima. En cambio, Jesús nos dice que al enemigo, al que te odia, al que te maldice o difama: ámalo, hazle el bien, bendícelo y ruega por él”.

Francisco reconoció que es aquí donde “radica la fuente de nuestra alegría, la potencia de nuestro andar y el anuncio de la buena nueva”.

“El enemigo es alguien a quien debo amar. En el corazón de Dios no hay enemigos, Dios tiene hijos. Nosotros levantamos muros, construimos barreras y clasificamos a las personas. Dios tiene hijos y no precisamente para sacárselos de encima”.

El Pontífice recordó que el amor de Dios es “amor de entrañas, un amor maternal / paternal que no las deja abandonadas, incluso cuando se hayan equivocado”.

“Nuestro Padre no espera a amar al mundo cuando seamos buenos, no espera a amarnos cuando seamos menos injustos o perfectos; nos ama porque eligió amarnos, nos ama porque nos ha dado el estatus de hijos”.

En definitiva, “saber que Dios sigue amando incluso a quien lo rechaza es una fuente ilimitada de confianza y estímulo para la misión. Ninguna mano sucia puede impedir que Dios ponga en esa mano la Vida que quiere regalarnos”.

El Pontífice concluyó su homilía recordando a los nuevos purpurados que “Jesús nos sigue llamando y enviando al ‘llano’ de nuestros pueblos, nos sigue invitando a gastar nuestras vidas levantando la esperanza de nuestra gente, siendo signos de reconciliación”.

“Como Iglesia, seguimos siendo invitados a abrir nuestros ojos para mirar las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad, privados en su dignidad”, afirmó.

“Querido hermano neo Cardenal, el camino al cielo comienza en el llano, en la cotidianeidad de la vida partida y compartida, de una vida gastada y entregada. En la entrega silenciosa y cotidiana de lo que somos. Nuestra cumbre es esta calidad del amor; nuestra meta y deseo es buscar en la llanura de la vida, junto al Pueblo de Dios, transformarnos en personas capaces de perdón y reconciliación”.

“Querido hermano, hoy se te pide cuidar en tu corazón y en el de la Iglesia esta invitación a ser misericordioso como el Padre”, subrayó.

 

 

 

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