Australia: “El silencio es mortal”

– BIBERONES Y MITONES PARA LOS KOALAS: AUSTRALIA RESCATA A LA FAUNA DESPUÉS DE LOS INCENDIOS

– MILLONES DE ANIMALES, QUE NO SE ENCUENTRAN EN NINGÚN OTRO CONTINENTE, PUEDEN HABER PERECIDO.

– BBC: INCENDIOS EN AUSTRALIA: POR QUÉ SON TAN FEROCES Y OTRAS CLAVES

 

Susan Pulis alimenta a los canguros en una recámara que funciona como un refugio temporal en la isla de Raymond en Australia. / Christina Simons para The New York Times

 

LIVIA ALBECK-RIPKA / NYTimes

WATERHOLES, Australia .- El convoy de automóviles que huyó de las llamaradas infernales en el bosque del sureste de Australia llevaba un gran cargamento: once koalas, quince canguros, cinco pollos, dos zarigüeyas, dos perros y un lori (Nycticebusun primate enano con enormes ojos ).

Susan Pulis, que administra un refugio para animales salvajes, reunió a sus amigos para que envolvieran a los animales en cobijas y cestas y los llevaran a un lugar seguro en la costa. Una amiga vació una habitación en la planta baja de su casa para albergar a cinco canguros. Pulis metió a las crías de los marsupiales en sacos hechos con colchas y los resguardó en la sala de estar de otro conocido.

Desde los incendios, se comportan de manera muy distinta”, dijo de los animales, “están muy alterados”.

Además de matar al menos a 24 personas, destruir más de 1400 hogares y devastar más de seis millones de hectáreas, los incendios forestales también han afectado sobremanera a la renombrada fauna australiana.

Según algunos estimados, es probable que cientos de millones de animales, muchos de los cuales no existen en otros continentes, hayan fallecido, lo que representa una devastación de los ecosistemas únicos del país.

Hemos llevado a muchas especies que no estaban amenazadas a estar en peligro de extinción, si no es que a la extinción”, dijo Kingsley Dixon, ecologista y botánico de la Universidad Curtin en Perth.

Incluso los animales que sobrevivieron, huyendo o escondiéndose, podrían morir de deshidratación o inanición, añadió Dixon. “Es un apocalipsis biológico que pocas veces se ha visto”, sostuvo.

La fauna en Australia ya estaba bajo amenaza antes de estos incendios, debido a los cambios que los humanos han creado en el entorno. La agroindustria es uno de los principales contribuyentes a la deforestación, que diezma poblaciones de animales silvestres, según afirman los científicos.

Una koala y su cría después de ser evacuadas de un área amenazada por incendios / Christina Simons para The New York Times

Los estimados astronómicos de pérdidas de vidas animales y las imágenes desgarradoras de koalas carbonizados durante esta desastrosa temporada de incendios forestales han extendido la preocupación por todo el mundo.

Un grupo de mujeres que hacen colchas en los Países Bajos han hecho mitones para los koalas que tienen las patas quemadas. Los neozelandeses están cosiendo bolsas para los marsupiales bebés y chales para los murciélagos.

Algunos expertos dudan de las altas cifras que se reportan en las redes sociales, las cuales están basadas en cálculos de densidades poblacionales de mamíferos, aves y reptiles tomados de estudios publicados anteriormente. La cifra de decesos se obtiene multiplicando el número de animales que se piensa que habitan en un área determinada por el total de hectáreas quemadas.

Pero es imposible saber cuántos animales lograron huir, por ejemplo. El acceso restringido a las áreas afectadas y la dificultad que implica documentar cada una de las muertes de animales complican los esfuerzos para evaluar la magnitud de los daños.

Sin importar la cifra, está claro que la devastación es inmensa, afirman los científicos.

Es peligroso establecer una cifra”, dijo Corey Bradhsaw, investigador de ecología de la Universidad Flinders en Adelaida, en el sur. Pero, añadió: “No hay duda de que ha habido muertes”.

Puede que se haya perdido al menos un cuarto de la población de koalas en Nueva Gales del Sur, de acuerdo con diversos estimados. Es probable que se hayan perdido grandes cantidades del bandicut marrón meridional y la rata canguro de patas largas, una especie de ualabí (marsupiales de Oceanía) cuyo hábitat ha sido destruido en su totalidad por los fuegos.

Los expertos dijeron que, en la Isla Canguro, cerca de la costa de Australia del Sur, miles de canguros y koalas murieron en el incendio que ya ha devastado un tercio de la isla. También hay un gran miedo por el destino de una subespecie de cacatúas lustrosas, de las cuales solo quedaban 300 o 370 antes de los fuegos.

No solo la fauna ha sido arrasada

En Batlow, 460 kilómetros al suroeste de Sídney, un video grabado por un reportero mostró los cuerpos carbonizados de ovejas y vacas desperdigados por la carretera. Ver tantos cadáveres así ha despertado temores biológicos en todo el país.

Pulis da agua a los canguros que sobrevivieron a las llamas / Christina Simons para The New York Times

Buchan, una zona agrícola en el estado sureño de Victoria, también se ha visto severamente afectada, pues los agricultores han tenido que sacrificar al ganado que se quemó justo cuando la sequía ya había dificultado sus actividades de subsistencia. Los agricultores del pueblo cercano de Bairnsdale dijeron que estaba programada una venta de ganado esta semana, pues buscan deshacerse del ganado que les queda, aunque algunos de esos animales podrían estar heridos.

Tina Moon, agricultora en Sarsfield, un pueblo en el sureste de Victoria, dijo que hubo que practicarle la eutanasia a gran parte del ganado que se quemó. Contó que había salvado su casa, pero que no tenía idea de cómo se iba a ganar la vida ahora.

Para proteger la fauna de Australia, los rescatistas como Pulis, que a finales del mes pasado huyó del bosque a la costa, están lidiando con los cambios inmensos que ha habido en la naturaleza, pero a una escala pequeña. Ellos solos no pueden salvar la vida silvestre de Australia, pero su labor está reforzando las ideas de los científicos de que la intervención será cada vez más necesaria para proteger a los animales en un planeta más caliente.

Por todo el país, los australianos se han unido para ayudar a encontrar, alimentar y rehabilitar a los sobrevivientes.

En el pueblo de Mallacoota, arrasado por el fuego, un hombre dice que ha rescatado a nueve koalas, para los que la comunidad ya está construyendo un albergue. Otros han dejado fuera semillas, agua y pastos para la fauna hambrienta y deshidratada.

Sé que no nos devuelve las propiedades, pero para algunos puede dar un sentido de no rendirse en la lucha”, dijo Katharine Catelotti, de Sídney, cuya familia perdió una pequeña cabaña en Wollomombi, a casi 500 kilómetros al norte de la ciudad y ha estado dejando fuera alimentos para los animales salvajes y ha acogido a un pequeño grupo de ellos en su casa.

Para otros, la tarea ha sido más sombría. Una mujer le dijo a la Corporación de Radiodifusión Australiana que ha estado revisando los marsupios de canguros muertos en búsqueda de cachorros y marcando los que están vacíos para que otros rescatistas no tengan que repetir el esfuerzo.

Un rescatista lleva en sus brazos a un koala afectado por las llamas / Reuters

Para Pulis, evacuar sus pocos animales —que ya habían sido rescatados, algunos en más de una ocasión, del hambre, los ataques de perros y accidentes automovilísticos— era simplemente parte de la vida.

En 2013, fundó un refugio de vida salvaje en la isla Raymond, un poblado cerca de la costa, con la intención de rehabilitar a criaturas lesionadas y abandonadas. En agosto se mudó a Waterholes, a 48 kilómetros de la costa, debido a que la tala de árboles de la isla causó que fuera imposible liberar a los koalas en un ambiente donde pudieran encontrar suficiente alimento.

De algún modo, su propiedad en Waterholes, que esta temporada ha sido amenazada por los incendios en dos ocasiones, sigue en pie como un oasis exuberante al final de un camino ennegrecido en la región oriental de Victoria en Gippsland del este, donde árboles ardientes y derribados, tierra carbonizada y señales de tráfico derretidas se extienden por cientos de kilómetros.

Es un holocausto” dijo Pulis de camino a su hogar un lunes mientras conducía hacia allá por primera vez desde que una muralla feroz de incendios trajo consigo un calor abrasador.

Un clima fresco y lluvia trajeron un respiro. Pero el humo seguía en el ambiente. Al llegar a la trocha que llevaba a su propiedad Pulis empezó a llorar.

Este era mi alimento para los koalas” dijo de los árboles carbonizados de eucalipto que le daban hojas a sus animales. “Estaba totalmente vivo”.

En su terreno, Pulis atendió a los canguros estresados y deshidratados que se había visto obligada a dejar atrás. A cada uno le puso una inyección para aliviarle el dolor —lo más seguro es que se hubierean hecho daño al saltar frenéticamente cuando intentaron huir del bosque en llamas— y les cambió el agua, que estaba contaminada por cenizas.

El sábado 4 de enero, cuando las llamas de metros de altura amenazaron su propiedad por segunda vez, el amigo de Pulis, Jason Nicholson, la defendió con una manguera y cientos de galones de agua.

Ninguno de los dos podía creer que siguiera intacta: el jardín alrededor seguía verde y las cacatúas reclamaban desde los árboles. Dijeron que esperaban que la vida salvaje que había sido desplazada por los incendios volviera a congregarse en lo que ahora era un jardín del Edén en medio de kilómetros de bosques diezmados.

La diferencia es que aquí se escucha a los pájaros” dijo Nicholson. “Allá está en silencio. En silencio mortal”.

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