AMLO,“díme con quién andas”

– MÉXICO, NUEVO ALIADO BLANDO DE LAS «REVOLUCIONES»

BANCO DE MÉXICO: “EL MOTIVO MÁS SEÑALADO COMO OBSTÁCULO AL CRECIMIENTO económico es la inseguridad”

 

 

Jaime Bayly: Evo Morales vendía cocaína al Cartel de Sinaloa y era el socio de El Chapo

DANIEL LOZANO / La Nacion – La Habana .- Al llegar al poder el año pasado en México, Andrés Manuel López Obrador dijo que su política internacional estaría regida por los principios de no intervención, independencia y el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Una versión muy personal de la Doctrina Estrada casi un siglo después de ser enunciada en su país. Una postura diplomática, en definitiva, en la que no tenían cabida la defensa de presidentes autoritarios o dictadores, una especie que se niega a desaparecer en el continente.

Un año después, nada queda de aquella propuesta. El presidente mexicano lidera el frente de países con gobiernos de izquierda que han estrechado sus filas en defensa de Evo Morales, pese al fraude electoral denunciado por la OEA.

El líder indígena, agarrado a la bandera mexicana, incluso se fotografió antes de empezar su exilio en el país norteamericano.

«Que quede claro, yo di la instrucción de ofrecer el asilo», subrayó el primer mandatario mexicano antes del arribo del líder aymara a su país de acogida.

«Aunque AMLO continúe con la clásica política exterior mexicana de querer llevarse bien con casi todo el mundo, no hay que obviar que en momentos específicos el PRI apoyó a la izquierda revolucionaria latinoamericana, entre otras cosas para congraciarse con su base y oposición, ambas de izquierda local», apunta el politólogo e historiador cubano Armando Chaguaceda, profesor en la Universidad de Guanajuato.

Paso a paso, el gobierno de Morena ha recolocado sus piezas y conexiones en el tablero geopolítico continental. FOTOMONTAJE: Raúl Azuaje

Primero fue la presencia mexicana en la muy controvertida toma de posesión de Nicolás Maduro tras la abstención de su país durante la votación en el Grupo de Lima de principios de año, cuando se exigió la celebración de nuevas elecciones en Venezuela tras las presidenciales de mayo de 2018, discutidas y no reconocidas por la gran mayoría de los países del continente y por Europa.

AMLO rompió de esta forma la condena mantenida por sus predecesores Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto contra las violaciones de los derechos humanos y las vulneraciones constitucionales de mandatarios continentales.

Entreabierta la puerta antes cerrada, México no dudó de abrirla de par en par hasta convertirse en el mejor defensor de las tesis revolucionarias, algo que no ha sorprendido en absoluto al gobierno de Nicolás Maduro.

ILUSTRACIÓN: Paco Calderón

En Caracas se apostó de forma firme por su triunfo en México, acogido con euforia y como tabla de salvación ante los fracasos de Fernando Haddad en Brasil y de Gustavo Petro en Colombia.

Más tarde llegaría el regreso al poder del peronismo en la Argentina, una fiesta para el chavismo pese a que la oposición democrática espera una posición más pragmática de Alberto Fernández, sin dejarse influir de momento por la desolación que ha invadido a buena parte de la emigración venezolana.

«Los miembros del Grupo de Puebla, aunque no repliquen internamente las políticas públicas del grupo bolivariano, son sus aliados blandos. Ambos pueden incluso operar en tándem, como duros y blandos, entre otras cosas por la comunidad de elementos ideológicos: antiimperialismo, la preferencia por fórmulas políticas antiliberales; populistas en un caso, leninistas en otro», explica Chaguaceda.

Duros y blandos que el pasado domingo comenzaron a diseñar el exilio de Evo Morales, con la esperanza puesta en que una buena retirada a tiempo se puede convertir con el tiempo en un regreso victorioso.

Desde Caracas y desde Ciudad de México se canalizaron distintas propuestas para que el líder indígena acabara eligiendo al país norteamericano. Allí, a pie de pista, lo esperaba el canciller Mauricio Ebrard, en comunicación durante las últimas horas con su par venezolano, Jorge Arreaza.

«López Obrador es un priista clásico en cuya coalición hay muchos más izquierdistas que en cualquier gabinete desde Lázaro Cárdenas hasta la fecha. Oscilará entre mantener esa postura y escorarla un poco más a la izquierda», concluye Chaguaceda.

 

¿Por qué México no crece?

Integrantes de la familia LeBarón entierran a Christina Marie Langford en México, después del asesinato a seis niños y tres mujeres. Manuel Velásquez / Getty

 

VIRIDIANA RÍOS / NYTimes Ciudad De México .- México no crece. Si bien hay factores domésticos y globales que han afectado el desempeño de la economía mexicana, todo parece indicar que el elemento más determinante del estancamiento productivo es la falta de seguridad y la presencia abrumadora del crimen organizado.

El problema de la violencia brutal en México y el de su pobre crecimiento económico están íntimamente relacionados. Se trata de dos desafíos que el presidente Andrés Manuel López Obrador debe considerar prioritarios en su sexenio. De otro modo, tendrá en sus manos a un México sin estabilidad económica ni social. Hay mucho en juego. Durante los primeros nueve meses de 2019, la economía mexicana ha crecido al 0 por ciento y ha creado tan solo 488.000 empleos formales. Esto representa solo el 63 por ciento de los empleos generados durante el mismo periodo de 2018 y la mitad de los necesarios para emplear a la población joven que entra a la fuerza productiva.

El gobierno mexicano ha argumentado que el problema se debe a un entorno económico global poco dinámico, a intereses privados que han interpuesto cientos de amparos que impiden iniciar las principales obras de infraestructura pública y a falta de inversión privada motivada por un disgusto con las políticas implementadas por López Obrador.

Por su parte, analistas de la iniciativa privada lo contradicen. Atribuyen el estancamiento mexicano a decisiones de López Obrador, que, a su juicio, han creado falta de confianza: la cancelación de inversiones públicas y la inexistencia de una política energética viable, así como a la preferencia del gobierno de AMLO por un Estado fuerte con “desprecio […] del gran potencial de la iniciativa de los individuos”.

Si México quiere crecer, empresarios y gobierno deberán dejar de echarse la culpa unos a otros de las causas del bajo crecimiento, pero, sobre todo, deberán trabajar juntos en crear un país más seguro.

Y es que la falta de seguridad pública parece ser un factor aún más determinante que los mencionados y posiblemente el lastre más evidente de la economía mexicana.

De acuerdo con la encuesta sobre las expectativas de especialistas en economía, hecha por el Banco de México, el motivo más señalado como obstáculo al crecimiento económico es la inseguridad. Según esa misma encuesta, los problemas de seguridad están muy por encima de los vaivenes de la economía mundial —que enfatiza el gobierno—, y de la incertidumbre política —que enfatiza la iniciativa privada—. El Foro Económico Mundial concuerda y ha identificado que el principal motivo por el que México no es competitivo en los mercados internacionales es la falta de seguridad pública, específicamente la presencia del crimen organizado y la falta de confianza en las policías.

El crimen es tóxico para el crecimiento económico porque limita el consumo al atemorizar a los individuos a salir de casa. El 62 por ciento de los mexicanos dicen sentirse inseguros en el mercado y 51 por ciento en el centro comercial. Algunos estudios han demostrado que los municipios que han registrado altos incrementos en homicidios reducen significativamente su consumo de energía. De hecho, se estima que por cada aumento de un punto porcentual en las tasas de homicidio, el ingreso del mexicano promedio disminuye en 1,2 por ciento en el trimestre actual y el siguiente.

La falta de seguridad también inhibe la capacidad de los negocios para crecer. Alrededor del 55 por ciento de los empresarios reportan haber sido víctimas de algún delito —desde robo de mercancía en tránsito a extorsión o cobro de piso— durante el último año, lo que causa pérdidas anuales de 8.300 millones de dólares.

La hipótesis de que México no crece por falta de confianza en el gobierno de López Obrador debe revisarse con mayor detalle. Si bien la confianza empresarial ha disminuido durante 2019, esta se ha mantenido en promedio en niveles considerados optimistas y por arriba de los experimentados en 2018, un año donde hubo mucho mejor crecimiento. Más aún, el gobierno de AMLO ha mantenido una disciplina fiscal férrea, pese al prejuicio usual de que las gestiones de izquierda no lo son.

La Guardia Nacional protege a miembros de la familia LeBarón –  José Luis González / Reuters

Por el contrario, lo que claramente no va por el camino correcto en 2019 es la inseguridad. Como han evidenciado casos como el de Culiacán y la masacre de la familia LeBarón, durante los primeros nueve meses del gobierno de AMLO el homicidio doloso ha aumentado en 3,6 por ciento con respecto al año anterior, y todo parece indicar que 2019 será el año más violento del que se tiene registro en México.

Reducir la violencia en México es un primer paso crítico para hacer crecer la economía al aumentar la cantidad de consumo y la actividad empresarial.

Para lograrlo, será necesario que México busque colaborar con Estados Unidos, no en cuestiones bélicas —como sugirió Donald Trump—, sino en implementar una estrategia que permita controlar el flujo de armas ilegales, regular a farmacéuticas que han creado una dependencia en opiáceos en el mercado estadounidense y reconstruir el sistema de justicia mexicano. Mientras tanto, el gobierno de México debe reconocer que la estrategia de coordinación y seguridad que echó a andar —la creación de una fuerza de seguridad, la Guardia Nacional— no ha sido exitosa.

A la par de crear oportunidades económicas para todos los mexicanos, se debe crear una policía de proximidad que permita pacificar al país.

México tiene un gran potencial de crecimiento con fundamentales económicos sólidos, estabilidad macroeconómica, inflación controlada, una fuerza laboral relativamente joven y una economía geográficamente privilegiada. Urge encontrar una forma en la que la inseguridad no continúe inhibiendo estos factores positivos. Detonar el crecimiento económico es crítico para lograr reducir los niveles de desigualdad y pobreza que llevaron a López Obrador a la presidencia.

(*) Viridiana Ríos es profesora asistente visitante del Departamento de Gobierno de la Universidad de Harvard.

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