A Dios, por la ciencia

Seminarista Jaime Maldonado-Aviles / Foto: Theological College

UN SACERDOTE CATÓLICO – el belga Georges Lemaitre– propuso la teoría del Big Bang

 “LA COMPLEJIDAD y el orden en que las cosas funcionan en nuestro cuerpo y cerebro, que obliga a pensar que hay algo más que aleatoriedad”. Un sobresaliente neurobiólogo de Yale ha decidido ser sacerdote católico

 

WASHINGTON (ACI).- Jaime Maldonado-Avilés es un prestigioso neurobiólogo de la Universidad de Yale que decidió dejar su vida profesional para ingresar al seminario de Washington D.C., en Estados Unidos, para convertirse en sacerdote.

El científico de 37 años, actualmente en el tercer año de seminario, fue siempre un buen estudiante y profesional, obtuvo un puesto de post-doctorado en Yale y ha ganado prestigiosas becas. No obstante, siempre se hizo la misma pregunta: “¿Es esto lo que Dios quiere de mí?”

En un artículo de The Washington Post se narra que, con el tiempo, su vocación al sacerdocio se hizo demasiado poderosa para ignorarla, por lo que decidió abandonar el laboratorio de investigación de la Ivy League, un grupo que reúne a 8 prestigiosas universidades del norte de los Estados Unidos.

“Esta intuición constante, de que tal vez había sido llamado a servir de una manera diferente… siempre fue frecuente. En diferentes momentos, la pregunta volvía: si tuviera 90 años, cercano a la muerte, ¿me diría a mí mismo que debí haber entrado en el seminario?”, dijo al medio estadounidense.

Ahora Jaime espera ayudar a los católicos a entender a los científicos y que los científicos entiendan a los católicos. Según una encuesta del Pew Research Center, el 95% de los estadounidenses creen en Dios, pero solo un 51% de los científicos lo hacen.

El seminarista aseguró que un número pequeño pero significativo está pasando de la investigación científica al sacerdocio.

Cuando Jaime llegó al seminario de la Universidad Católica de América, muchos de sus compañeros de clase eran hombres jóvenes recién salidos de la universidad. Pero también encontró entre sus compañeros un doctor en química, un especialista en nanotecnología y un médico.

Según el Arzobispo de Washington, Cardenal. Donald Wuerl, el testimonio de estas personas quiere decir lo siguiente: “Al estar aquí están diciendo: ‘¡Hay algo más!’”.

“Cuando las cuestiones morales son las que giran en torno a las áreas médicas y científicas, es ciertamente útil tener gente que realmente entienda ese mundo para ayudar a refinar y aclarar el pensamiento de la iglesia sobre esto”, indicó por su parte Ken Watts, un reclutador para el Seminario Juan XXIII en Massachusetts.

Los pensamientos de Jaime Maldonado-Avilés sobre el sacerdocio comenzaron en su juventud, cuando vivía en Puerto Rico. Participó en viajes de misión en la secundaria y solía preguntar cómo sería la vida de un misionero.

Luego estudió biología en la Universidad de Puerto Rico, donde obtuvo una beca honorífica para estudiantes sobresalientes. Después de obtener su doctorado en la Universidad de Pittsburgh, se fue a un programa de posgrado en Yale, donde pasó seis años. Se interesó particularmente en investigar las bases moleculares de los trastornos alimentarios.

Hace casi tres años, obtuvo una oferta de trabajo que parecía perfecta en la Universidad de Puerto Rico. El trabajo lo llevaría a casa para estar más cerca de su familia, significaría una estabilidad a largo plazo, buen salario y la oportunidad de realizar investigaciones interesantes y significativas.

Después de mucha reflexión, Jaime rechazó la oferta y luego comenzó su proceso de formación sacerdotal.

En este nuevo camino renunció a algunas cosas. Por ejemplo ya no gana un sueldo, sino que vive con sus compañeros seminaristas y la Iglesia se ocupa de sus necesidades; tampoco puede visitar a su familia en Puerto Rico con frecuencia.

“Yo no diría que estoy haciendo más sacrificios que alguien en un matrimonio, que requiere sacrificios propios. Si Dios me está llamando para ser sacerdote, también creo que me dará carismas que me ayudarán”, explicó Jaime.

Su trabajo en el estudio de las neuronas lo llevó a maravillarse aún más con la obra de Dios, ya que podía apreciar que “la complejidad y el orden en que las cosas funcionan en nuestro cuerpo y cerebro, que obliga a pensar que hay algo más que aleatoriedad”.

Finalmente, contó que tiene un profundo interés en la bioética, debido a la inspiración obtenida por un puñado de sacerdotes-científicos de su entorno en la Universidad Católica de América y algunos de los grandes de la historia como P. Georges Lemaitre o el P. Gregor Mendel, que originó el estudio de la genética.

También quiere asesorar a los científicos sobre la ética de su trabajo.

“La teología tiene que aprender de los consejos científicos. Estamos informados de cómo funciona la vida. Pero la ciencia también tiene que aprender de la teología”, concluyó Jaime.

«¿Y si me viese a los 90 años y me dijese: Yo debería haber entrado al seminario?»: Científico de Yale

Gaudium Press : El Washington Post está sorprendido por el número de científicos a los que se les auguraba brillantes carreras, que terminaron abandonándolas para consagrarse al ministerio sacerdotal. «Por qué un neurocientífico de Yale decidió cambiar de carrera – y ahora se está convirtiendo en sacerdote?» (Why a Yale neuroscientist decided to change careers – and is now becoming a priest) es el título de una nota de Julie Zauzmer del pasado tres de marzo en ese diario, que narra la historia del seminarista Jaime Maldonado-Aviles, quien tras sesuda reflexión, abandonó los estudios posdoctorales en Yale para entrar al seminario diocesano de Washington.

Entretanto, este no es un fenómeno restringido a la Arquidiócesis de Washington. Días atrás Gaudium Press noticiaba que el Monasterio del Valle de Nuestra Señora en Sauk County, Estados Unidos, de Religiosas Cistercienses, había llamado la atención de los medios de comunicación «por atraer a su vida de contemplación a una nueva generación de vocaciones: jóvenes profesionales que dejan de lado prometedoras carreras para seguir su llamado a la entrega a Dios».

En ese monasterio contemplativo hay una ingeniera aeronáutica y una entomóloga. Cuando el seminarista Maldonado-Aviles llegó al seminario también se sorprendió al encontrar científicos tornados seminaristas, como un PhD en Química, otro que estudió nanociencia y otros varios que habían pasado por la universidad en profesiones liberales. Incluso, muchos de estos encontraron a Dios en la ciencia. «La complejidad e incluso el orden con el que funcionan las cosas en nuestro cuerpo y en nuestro cerebro te hace pensar que hay algo más que aleatoriedad», se dijo en determinado momento Maldonado-Aviles.

Él ya en Yale se dio cuenta que no era el único de su laboratorio que creía en Dios. Yendo a la Iglesia, tuvo la sorpresa de encontrar allí a varios de sus compañeros.

Maldonado-Aviles no solo tenía un futuro «prometedor» como científico, sino que llevaba una vida «normal», incluso había pensado en el matrimonio. Entretanto, una pregunta insistente, incluso con nota de regaño, rondaba por su cabeza: «Si me veo con 90 años, con la muerte ya próxima, ¿me diré a mí mismo: ‘Debería haber entrado en el seminario’?».

Un día la Universidad de Puerto Rico, su ‘alma mater’, le hizo una atrayente oferta para incorporarse a su equipo. Fue entonces el momento decisivo. «Yo siempre había dado vueltas a la cuestión de si tenía o no vocación al sacerdocio», y finalmente se decidió.

«La única razón por la que estoy aquí como seminarista», dice, «es la misericordia de Dios. Cuando entras en el proceso de discernimiento se iluminan todas tus debilidades, así que solo por la misericordia de Dios está alguien cualificado para servirLe como sacerdote».

Maldonado-Aviles no ve oposición entre ciencia y fe, ni tampoco Ken Watts, director de vocaciones del seminario Papa Juan XXIII: «Lo único que puedo decir es que ellos [ndr. los ‘científicos-seminaristas’] se encuentran muy a gusto. No parece que les suponga una lucha enorme atravesar la puerta de entrada junto con sus conocimientos científicos. Y nadie les pide que los abandonen. Cuando los temas morales que tratamos envuelven aspectos médicos o científicos, es muy bueno tener gente que realmente comprende ese mundo, para ayudar a perfilar y aclarar el pensamiento de la Iglesia sobre ellos». – Con información del Washington Post y de ReligionenLibertad

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