2021: “Todos, a tener mucho miedo”

– QUÉ SON LAS TERAPIAS ARN QUE REVOLUCIONAN EL TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES RARAS

CÓMO FUNCIONA NUESTRO SISTEMA INMUNOLÓGICO Y CÓMO COMBATE AL CORONAVIRUS

– «LA GRAN MENTIRA VERDE»: La Amazonía. más allá de la deforestación

– LOS VIRUS EMERGENTES RESULTAN DE LA DESTRUCCIÓN Y DEL COMERCIO DE CARNE DE ANIMALES SILVESTRES.

 

Nuevo virus mortal pone en alerta a países de Asia 

 

As.com .- El “Doctor Ebola” avisa que “un nuevo virus llegará”. Jean-Jacques Muyembe advierte de que llegarán nuevas pandemias provocadas por enfermedades zoonóticas que podrían ser más devastadoras que la COVID-19.

La COVID-19 es solo uno de los muchos virus a los que la humanidad se ha enfrentado a lo largo de la historia.

Desde que se identificó la fiebre amarilla en 1901, primera infección de animal a humano, los científicos han encontrado al menos otros 200 virus que pueden enfermar a las personas.

Una investigación de Mark Woolhouse, profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas en la Universidad de Edimburgo, se descubren de tres a cuatro nuevas especies de virus cada año.

La mayoría de ellos proceden de animales. Y todavía quedan muchos por revelar.

Jean-Jacques Muyembe Tamfum, quien ayudó a descubrir el Ébola en 1976, la humanidad se enfrenta a un número desconocido de virus nuevos y potencialmente fatales que emergen de las selvas tropicales de África. “Ahora estamos en un mundo donde surgirán nuevos patógenos. Y eso es lo que constituye una amenaza para la humanidad”, advierte en CNN.

Dr. Jean-Jacques Muyembe Tamfum

Todos debemos tener miedo. El ébola era desconocido. La COVID era desconocida. Tenemos que temer a nuevas enfermedades”, asegura, por su parte, el doctor Dadin Bonkole.

Destrucción ecológica y comercio de vida silvestre

Ingende, ciudad situada en la República Democrática del Congo, se encuentra a la expectativa de los resultados médicos de una prueba realizada a una mujer y a sus hijos, pues podría ser la paciente cero de una patología desconocida, llamada “Enfermedad X”.

Se trata de la primera infección conocida de un nuevo patógeno que podría asolar el mundo tan rápido como la COVID-19, pero que tiene una tasa de mortalidad del 50% al 90% del ébola, según informa CNN.

A raíz de este hallazgo, Muyembe avisa de que muchas más enfermedades zoonóticas, aquellas que saltan de los animales a los humanos, están por venir y podrían ser más devastadoras que la COVID-19. Entre las más conocidas hasta hora destacan la fiebre amarilla o la rabia, que ya han causado epidemias y pandemias.

Los expertos consideran que el crecimiento de virus emergentes es, en gran parte, resultado de la destrucción ecológica y el comercio de carne de animales silvestres. Con la desaparición de sus hábitats naturales, los animales como ratas, murciélagos e insectos sobreviven donde los animales más grandes son exterminados. Comienzan a convivir con los seres humanos y pueden convertirse en los vectores que pueden transmitir nuevas enfermedades a las personas. “Si vas al bosque, cambiarás la ecología y los insectos y las ratas dejarán este lugar y vendrán a las aldeas. Así que esta es la transmisión del virus, de los nuevos patógenos”, detalla Muyembe.

Uno de los principales problemas es la deforestación de la selva tropical del Congo. De hecho, desde Naciones Unidas advierten que, si continúan las tendencias actuales de deforestación y crecimiento de la población continúan así, podría desaparecer por completo a finales de este siglo. Mientras tanto, los animales y los virus que portan afectarán a las personas de diversas formas, a menudo desastrosas. No obstante, esta situación se podría evitar con una inversión global de 30 mil millones de dólares al año en proyectos para proteger las selvas tropicales, detener el comercio de vida silvestre y la agricultura, según el cálculo de un equipo de científicos con base en Estados Unidos, China, Kenia y Brasil

Detección temprana

Otro factor para evitar futuras pandemias es la detección temprana. Muyembe trabaja en los nuevos laboratorios de INRB, que son el sistema mundial de alerta temprana para nuevos brotes de enfermedades conocidas como el ébola y, lo más importante, para aquellas que todavía no se han descubierto. “Si un patógeno emergió de África, llevará tiempo propagarse por todo el mundo”, señala Muyembe. “Entonces, si este virus se detecta temprano, como en mi institución, habrá una oportunidad para que Europa y el resto del mundo desarrollen nuevas estrategias para combatir estos nuevos patógenos”, añade.

 

Coronavirus: Cómo envejece nuestro sistema inmunitario

El sistema inmunitario es lo que defiende a nuestro cuerpo del virus y ha cobrado un protagonismo inesperado en medio de la pandemia de covid-19.

 

LAURA PLITT / BBC News Mundo .- No es para menos. Esta compleja red de células, tejidos y órganos es el arma principal que tiene nuestro organismo para defenderse del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus causante de esta enfermedad.

Al igual que cualquier otra parte del cuerpo, el sistema inmune envejece con los años, y esto nos deja más vulnerables a las infecciones, al cáncer y a todo tipo de enfermedades.

Esta es una de las razones —además de la prevalencia de enfermedades preexistentes— por la que las personas mayores de 65 años corren más riesgo de contagiarse de covid y desarrollar una forma más virulenta de la enfermedad.

Sin embargo, la edad del sistema inmunitario no coincide necesariamente con la edad cronológica. Y en la medida en que nos volvemos mayores, esta discrepancia puede hacerse aún más amplia.

Podemos tener individuos que cronológicamente tienen 80 años y un sistema inmune que parece de una persona de 62 años. O todo lo contrario: una persona de 60 años cuyo sistema inmune parece el de una persona de una edad mucho más avanzada», le explica a BBC Mundo Shai Shen-Orr, inmunólogo del Instituto de Tecnología de Israel Technion.

Lo interesante, además, es que podemos que ralentizar su envejecimiento (o, posiblemente, revertir su edad) siguiendo una serie de pasos simples.

Pero antes de ver cómo lograrlo, recordemos cómo funciona y cómo y qué se deteriora con la edad.

Menos células B y T

El sistema inmune tiene dos brazos, cada uno de ellos compuesto por distintos tipos de células.

Por un lado está la llamada respuesta innata, que es la primera línea de defensa que se activa casi de forma inmediata cuando detecta la presencia de un organismo extraño.

Esta respuesta contiene «neutrófilos, que atacan sobre todo bacterias; monocitos, que ayudan a organizar al sistema inmune, alertando a otras células inmunitarias de que hay una infección, y luego están las NK (o células asesinas), cuyo trabajo es combatir virus o cáncer.

Estas tres células no funcionan tan bien cuando nos hacemos mayores», le explica a BBC Mundo Janet Lord, directora del Instituto de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.

Por otro lado está la respuesta adaptativa, compuesta por linfocitos T y B que combaten a un patógeno específico.

Esta respuesta tarda unos días en activarse, pero una vez que lo hace, recordará al patógeno para el futuro y lo combatirá otra vez, si vuelve a aparecer.

Cuando envejeces, produces menos nuevos linfocitos, que son los que necesitas para combatir una infección nueva como el SARS-CoV-2″, señala Lord.

«E incluso los que tu cuerpo creó en el pasado, para combatir otra infección, tampoco funcionan muy bien», añade.

Es decir, el envejecimiento provoca un declive en todas las funciones del sistema inmune.

La respuesta innata produce un poco más de células pero estas no funcionan tan bien, y la respuesta adaptativa produce menos linfocitos B (que se fabrican en la médula ósea y se encargan de producir anticuerpos) y menos linfocitos T (que se producen en el timo e identifican y matan a patógenos o células infectadas).

La disminución de células T se debe a que «el timo comienza a encogerse a los 20 años de edad. Se hace cada vez más pequeñito y cuando llegas a los 65 o 70 años, solo queda un 3% de él (en el cuerpo)», dice Lord.

La pérdida de las células que guardan la memoria de los patógenos hace que al envejecer no solo perdamos la capacidad de responder a una infección, sino también a las vacunas que las previenen.

En el caso de la vacuna contra la gripe, por ejemplo, «el 40% de los adultos mayores de 65 años no genera una respuesta a la vacuna», comenta Shen-Orr.

Otro problema es que la edad genera más inflamación en la sangre y en los tejidos, algo que en inglés se conoce como inflammaging (una combinación de las palabras inflamation y envejecimiento, ageing).

Además de no funcionar de forma óptima, las células del sistema inmune tienden a causar inflamación, algo que da lugar a numerosas enfermedades», explica Lord.

Todos estos cambios que se producen a medida que nos volvemos más viejos, «hacen que nos cueste más recuperarnos de una infección o una herida, y que algunas infecciones se puedan tornar crónicas», le dice a BBC Mundo Encarnación Montecino, investigadora de la Universidad de California, en Estados Unidos.

Infecciones que estaban bajo control pueden reaparecer (como el herpes zóster, o la tuberculosis), aumenta la susceptibilidad a nuevos patógenos (gripe, neumonía) y la incidencia de cáncer», agrega.

No siempre es cuestión de edad

Si bien con el avance de los años todos sufrimos un deterioro cuya trayectoria es previsible, lo que varía enormemente es el ritmo en que lo hace cada individuo, influido por la genética, pero también —y en una gran medida— por el estilo de vida.

Hasta hace poco no era posible determinar la edad inmunitaria, pero las investigaciones de Shen-Orr y su equipo, en colaboración con la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, lograron crear un método para obtener esta información, crucial para llegar a tratamientos acertados.

Analizando la composición de 18 tipos de células del sistema inmune y la expresión de los genes en una muestra de sangre, podemos establecer en qué estadio del proceso de envejecimiento se encuentra el sistema inmunitario de una persona», explica Shen-Orr.

La variación en la velocidad del proceso de deterioro también se vincula a la diferencia de género.

Mientras que los dos sexos sufren el envejecimiento, debido a los efectos específicos de las hormonas sexuales, algunos de los parámetros envejecen a ritmos distintos en hombres y mujeres», señala Montecino.

Por ejemplo, en las mujeres «la menopausia produce una nivelación de los efectos protectores del estrógeno».

A levantarse de la silla

La buena noticia, como mencionamos en el principio es que el proceso de envejecimiento puede ralentizarse.

La clave está en mantenerse físicamente activo: «hoy día permanecer mucho tiempo sentado, es para el organismo lo que antes era fumar», explica Lord, comparándolo con este hábito que mucha gente ya ha abandonado.

En estudios con personas que se mantuvieron activas desde que eran jóvenes hasta la tercera edad —ciclistas de hasta 80 años que continuaron haciendo 100 km o 150 km a la semana— los resultados fueron increíbles», dice Lord.

Pasar demasiadas horas sentados es pésimo, dice Lord. / GETTY Images

Tenían muchas células T y el timo no se había encogido».

«En otro estudio que monitoreó el número de pasos al día, encontró que si haces 10.000, tus neutrófilos parecen los de una persona de 20 años».

«Yo pensaba que esa cifra era un invento de las personas que vendían dispositivos para medirlos, pero cuando hicimos el estudio me quedé totalmente sorprendida», confiesa Lord.

Todo depende del estado físico del que uno parta, pero básicamente es hacer ejercicios simples como pararse y subir y bajar en puntas de pie, subir escaleras y levantar un poco de peso con los brazos si uno es mayor o no está en buen estado físico, y hacer ejercicio intenso por lapsos de tiempo breve, si uno está en forma.

«Simplemente haz algo. Todo lo que puedas hacer, ayuda».

Volver al pasado

Una cosa es disminuir el ritmo de envejecimiento y otra es revertir el proceso.

¿Es posible?

Los análisis llevados a cabo por la investigadora de Birmingham y su equipo no se han centrado en eso, pero Lord señala que un estudio pequeño (con 12 participantes) publicado el año pasado mostró, por primera vez, que suministrando tres drogas diferentes se pudo revertir la edad inmunitaria y la edad biológica en 2 años.

Uno de los estudios de Birmingham mostró que ciclistas mayores que seguían manteniéndose activos tenían un sistema inmune de una persona joven. / GETTY Images

Shen-Orr menciona un estudio sobre una droga en la que él y su equipo están trabajando pero cuyos resultados aún no se han publicado, que también muestra que la reversión es posible.

Vimos una reducción (de la edad inmunitaria), pero no sabemos aún si esta se va a mantener de forma permanente», señala.

Pero detener el deterioro es un paso más que importante.

Otros factores que pueden ayudar en este sentido son una dieta variada, rica en fibra, con alimentos fermentados y poca carne roja para mantener la salud de la microbiota intestinal (un campo de investigación que aún está en su infancia), y un sueño óptimo de alrededor de 6 horas y media o 7.

 

«La gran mentira verde»: cómo la pérdida del Amazonas va mucho más allá de la deforestación

 

El Amazonas es un tesoro natural único

CAMILLA COSTA / BBC News Mundo .- El bioma que contiene la selva tropical más grande y diversa del mundo ocupa más de 6,8 millones de km2 y es hogar de 33 millones de personas y de miles de especies.

Entre sus muchas funciones está ayudar a la región – y a todo el planeta – a equilibrar el clima, repartir las lluvias y capturar cantidades ingentes de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases de efecto invernadero.

Un rol crucial para mitigar los efectos del cambio climático.

Sin embargo, las tasas de deforestación en los nueve países amazónicos siguen en aumento.

En 2018 y 2019, BrasilBolivia y Perú estuvieron entre los cinco países que más perdieron bosques primarios en todo el mundo, según la organización internacional Global Forest Watch.

En 2019, Brasil y Bolivia vieron aumentar dramáticamente el número de incendios en sus regiones amazónicas.

El acaparamiento de tierras, la expansión de las fronteras agrícolas y ganaderas, junto a la minería y la explotación económica descontrolada, son consideradas las principales actividades responsables.

Pero la deforestación no es el único problema.

2008: La Chiquitanía, al este de Bolivia, es una de las principales zonas de ganadería y producción de soja en el país.

2010: Durante el gobierno de Evo Morales, campesinos y empresarios recibieron incentivos para ampliar sus áreas de producción en la región.

2014: Las quemas controladas son una práctica común en el proceso de deforestación.

2016: Un año después de que el gobierno de Evo Morales cuadruplicara el área que pequeños productores pueden deforestar, hay un aumento de la deforestación en la zona.

2018: Bolivia fue uno de los cinco países que más perdieron bosques primarios a nivel mundial, según Global Forest Watch. En 2019, varios incendios destruyeron más de dos millones de hectáreas de Amazonas.

Hablar únicamente de deforestación cuando nos referimos a la pérdida del Amazonas es lo que llamo ‘la gran mentira verde’”, dice el climatólogo Antonio Donato Nobre.

“La destrucción de la selva amazónica hasta hoy es mucho más grande que el casi 20% del que se habla en los medios de comunicación”, añade.

El científico se refiere a que, para tener un panorama más completo de la destrucción del bosque, es necesario sumarle las cifras de degradación.

A pesar de que no se destruya toda la vegetación, este fenómeno arrebata al bosque tropical de sus propiedades, vitales para el planeta.

El avance de la destrucción del Amazonas está empujando al ecosistema amazónico a un “punto de transformación sin retorno” en el que perdería su capacidad de funcionar, según Carlos Nobre y Thomas Lovejoy, dos de los principales expertos en Amazonas del mundo.

Si no se revierte esta situación, dicen, las consecuencias del cambio climático podrían acelerarse.

No toda la pérdida de bosque es igual

Cuando hablamos de datos de deforestación, no siempre hablamos de lo mismo.

Una forma de medir la deforestación es teniendo en cuenta toda el área de la selva en que la vegetación fue completamente eliminada. Es lo que se llama pérdida de cobertura forestal.

Solo en 2019, la pérdida de cobertura forestal en el Amazonas llegó a 2,4 millones de hectáreas (24.000 km2), según datos de Global Forest Watch.

Algunas de esas áreas deforestadas son de bosques primarios, aquellos en su estado original, no afectados por la acción humana.

En 2019, el Amazonas perdió más de 1,7 millones de hectáreas de bosque primario, según datos producidos por el sistema de monitoreo de la Universidad de Maryland y publicados por Global Forest Watch.

Esta cifra equivale a que alrededor de tres campos de fútbol de bosque virgen fueron talados cada minuto en 2018.

Esta pérdida puede parecer insignificante (un 0,32% del bosque total en el bioma) pero no es una cuestión solo cuantitativa sino también cualitativa.

Esta forma de medir la deforestación es importante porque los bosques primarios son mucho más ricos y variados en biodiversidad”, explica Jos Barlow, profesor de la Universidad de Lancaster en Reino Unido e investigador de la Red Amazonía Sustentable (RAS)

Todos los procesos e interacciones entre las miles de especies de plantas y animales que coexisten en el Amazonas hacen que este bosque tropical sea excepcional e irremplazable.

Mucha gente cree que para compensar lo que perdemos en el Amazonas es suficiente plantar árboles en otros sitios. Pero no es así”. Erika Berenguer, Universidad de Oxford

Cada hectárea deforestada significa que una parte del ecosistema deja de funcionar, y eso afecta a todo lo demás”, dice a BBC News Mundo la investigadora Erika Berenguer, experta en selvas tropicales de la Universidad de Oxford, Reino Unido, y de RAS.

En los últimos diez años, las tasas de pérdida de bosques primarios se han mantenido altas o han repuntado en la mayoría de los países amazónicos. En el bosque primario viven árboles que pueden tener cientos o incluso miles de años. Estos cumplen una función muy poderosa a la hora de mitigar el cambio climático, ya que actúan como un enorme depósito de dióxido de carbono.

Una pequeña parte del dióxido de carbono que los árboles absorben en el proceso de fotosíntesis se emite a la atmósfera durante la respiración. La otra parte se transforma en carbono y los árboles lo usan para producir los azúcares necesarios para su metabolismo.

Medimos la cantidad de carbono en un árbol por su grosor”, explica la investigadora Erika Berenguer.

Por eso, cuanto más antiguo y grande el árbol, más carbono almacena.

Las quemas y la tala de madera hacen que el carbono almacenado en los árboles se convierta en CO2 y vuelva a la atmósfera. / GETTY Images

Según Berenguer, un árbol grande (de al menos tres metros de circunferencia) puede contener entre tres y cuatro toneladas de carbono.

Eso equivaldría a alrededor de 10 a 12 toneladas de dióxido de carbono, el equivalente al promedio de lo que un vehículo ligero emite durante cuatro años.

Uno de los efectos de la deforestación justamente es que libera el CO2 almacenado en el bosque, ya sea por las quemas o por la descomposición de la madera tallada, procesos que transforman el carbono de los árboles nuevamente en gas.

Por este motivo, los científicos temen que la región deje de ser un almacén de carbono y se convierta en un emisor importante de CO2, acelerando los efectos del cambio climático. Un estudio reciente dice que un 20% del total del Amazonas ya emite más dióxido de carbono de lo que absorbe.

La destrucción (in)visible del Amazonas

Foto: Alexander Lees / RASRas

Cuando el bosque está degradado es más vulnerable a incendios y al cambio climático

Expertos como Antonio Nobre consideran que la deforestación no muestra toda la dimensión de la pérdida. Para eso se deberían incluir cifras de degradación.

Este es el fenómeno producto de los eventos climáticos, como las sequías, y de la acción humana, como las quemas o la tala ilegal de madera, que arrebata a la selva de sus funciones vitales.

Eventos recientes como los incendios de 2019 contribuyeron a esta degradación.

Aunque no se quite toda la vegetación, el suelo se vuelve más frágil y seco. Eso cambia el microclima del bosque y facilita que los incendios se propaguen porque el suelo se calienta más rápido”, explica Alexander Lees, profesor de Ecología Tropical en la Universidad Metropolitana de Manchester, en Reino Unido.

En Brasil, entre los meses de enero y noviembre, los incendios arrasaron con 70.698 km² (más de siete millones de hectáreas) de Amazonas. En Bolivia, el fuego destruyó más de dos millones de hectáreas de Amazonas.

La degradación también hace que la selva se vuelva menos eficiente. Pierde, por ejemplo, su capacidad de generar parte de su propia lluvia.

Si sumamos la tala y la degradación, más del 50% del Amazonas ya no cumple sus servicios ambientales al clima de la región”, dice Antonio Nobre.

No se puede tumbar ni un árbol más en el Panamazonas”. Antonio Nobre, INPE

Científicos también han comprobado que la degradación es un factor importante en la emisión del CO2 almacenado en el bosque. Un nuevo estudio de Raisg afirma que un 47% de todas las emisiones del Amazonas proceden de la degradación y que, en siete de los nueve países amazónicos, este fenómeno es el principal responsable de las emisiones de este gas.

Pocos países amazónicos tienen datos anuales sobre la degradación en sus bosques. / GETTY Images

Según el climatólogo, las áreas degradadas en el Amazonas llegan a ser hasta dos veces más grandes que las deforestadas.

Para hacer esa afirmación, él se basa en el hecho de que solo en Brasil, entre 2007 y 2016, fueron contabilizadas 14,6 millones de hectáreas degradadas en el Amazonas.

Corresponde a casi el doble del área deforestada en el mismo período, 7,5 millones de hectáreas, según datos del INPE.

Un informe reciente del gobierno de Colombia afirma que entre 2012 y 2015, el Amazonas en este país perdió 187.955 hectáreas por deforestación y 414.605 hectáreas por degradación – más del doble.

Eso hace pensar que el área de Amazonas destruida por la acción humana es mucho más grande de lo que se cree.

Jos Barlow, de la Universidad de Lancaster, está de acuerdo.

Sabemos que hasta los números oficiales que tenemos son subestimados, porque generalmente solo se mide la degradación más grave”, explica.

¿Pero por qué no se habla de degradación en las mediciones de pérdida del Amazonas?

Es un fenómeno más difícil de medir porque, aunque se vea la degradación en imágenes satelitales, hay que tener datos del terreno para entender cuál es la situación real de aquella área, si está más o menos degradada o si se está recuperando”, dice Alexander Lees.

Entre los países amazónicos, solo Brasil publica sistemáticamente sus datos anuales de degradación.

Sin embargo, científicos de toda la región están intentando producir datos sobre este fenómeno, para tener un retrato más amplio del estado actual del bosque.

¿Qué pasa si perdemos el bosque?

El modelo que proyecta un punto de inflexión del Amazonas en los próximos 20 a 30 años aún no incluye la degradación. / GETTY Images

Si la deforestación y la degradación siguen a los ritmos actuales, el Amazonas puede dejar de funcionar como un ecosistema tropical incluso si parte de este sigue en pie.

Actualmente, un poco más del 18% de toda la selva amazónica original ha sido destruida, según los datos del proyecto de monitoreo Mapbiomas, una asociación entre universidades, ONGs, institutos en todo el Amazonas y Google.

Esa cifra está muy cerca de lo que el biólogo estadounidense Thomas Lovejoy y el climatólogo brasileño Carlos Nobre llaman el “tipping point” (“punto de no retorno” en inglés).

Se refieren al momento en que el Amazonas cambiará completamente a causa de la deforestación, el cambio climático y la vulnerabilidad al fuego.

Ese punto ocurrirá cuando la deforestación total sea del 20% al 25%, dicen.

Según sus cálculos, este punto de inflexión puede suceder entre los próximos 20 y 30 años, si se mantiene la tasa actual de aproximadamente 1,5 millones de hectáreas (15.000 km2) deforestadas en promedio al año.

Si llegamos a este punto, la duración de la estación seca y la temperatura del bosque aumentarán. Los árboles comenzarán a morir rápidamente y esto creará un círculo vicioso. Lo que era una selva tropical parecerá más bien una sabana muy pobre y baja en carbono”, dijo Carlos Nobre a BBC News Mundo.

En el estudio, los científicos proyectan un escenario para 2050 (imagen arriba) en que el Amazonas haya perdido el 20% de bosque y es más vulnerable a los incendios, la temperatura de la región haya aumentado hasta 3 °C, y haya un aumento de 30% en la concentración de CO2 en la atmósfera.

“En este escenario, tendríamos hasta 60% del bosque convertido en esta sabana pobre.”

La proyección, sin embargo, aún no incluye la degradación, por la dificultad de medirla en todo el Panamazonas, como se llama el conjunto del bioma en todos sus países.

Eso significa que el bosque podría estar aún más cerca del “punto de no retorno”. Según Nobre, hay planes de hablar del fenómeno en un próximo análisis.

3 cosas que debemos hacer para que la temperatura del planeta no suba más de 2 ºC

Pero ¿qué puede pasar después del punto de inflexión?

1.- Menos lluvia

Los científicos aún no conocen con precisión todos los posibles efectos de una transformación repentina de la selva amazónica.

Pero según las estimaciones de Carlos Nobre, la temperatura en la región podría aumentar de 1,5 °C a 3 °C en las zonas que se convertirían en sabanas degradadas. Y eso sin contar con el posible aumento ya causado por el calentamiento global.

En 2012, un estudio de la Universidad de Leeds mostró que la deforestación podría causar que las precipitaciones en el Amazonas disminuyeran aproximadamente un 12% durante la temporada de lluvias y un 21% en la estación seca para 2050.

La transformación del Amazonas en sabana puede tener un efecto catastrófico para la economía de Sudamérica. Marizilda Cruppe / RAS

Con menos evapotranspiración en el bosque, las lluvias en la cuenca del río La Plata también disminuirían, y la temperatura en el medio oeste brasileño podría aumentar hasta 2 °C.

Eso también podría tener un efecto catastrófico para la economía regional. Menos lluvia y más calor significaría menos agua para la cría de ganado y para cultivos como la soja.

Ciertamente habría una disminución de la productividad en áreas del continente que son las más importantes para la ganadería y la agricultura”, dice Carlos Nobre.

2.- Más enfermedades

Algunos estudios hechos en el Amazonas brasileño y en otros bosques tropicales del mundo vinculan la deforestación a una mayor incidencia de enfermedades transmitidas por mosquitos, como la malaria y la leishmaniasis.

En un ambiente con mucha biodiversidad, la dispersión de los virus se diluye, porque hay más especies que pueden servir como incubadoras. Los vectores, como los mosquitos, tienen una gran oferta de alimento”, explica a BBC News Mundo la bióloga Márcia Chame, investigadora de Fiocruz, en Brasil.

Según la bióloga, el proceso de quemas y de degradación hace que los insectos busquen otras fuentes de alimento y se acerquen a asentamientos urbanos.

La pérdida de bosque amazónico puede hacer que los mosquitos transmisores de virus tengan más contacto con los humanos. / GETTY Images

Aún no sabemos qué va a pasar, pero tenemos elementos para decir que, con menos selva, hay un alto riesgo de que haya más transmisión a humanos”, dice Chame.

El aumento de la temperatura causado por los cambios en el bosque también puede provocar más muertes y enfermedades cardiovasculares y respiratorias vinculadas al calor, según la investigadora Beatriz Oliveira, de la Red Brasileña de Investigaciones sobre Cambio Climático.

Aunque se mantengan las condiciones que tenemos hoy, en la región amazónica la temperatura puede aumentar hasta 8 °C, sumando la deforestación y el calentamiento global, a partir del 2070. Con la sustitución del bosque por otro ecosistema, ese aumento podría ser aún mayor o podría pasar mucho antes”, advierte.

3.- ¿Se puede evitar el “punto de no retorno”?

Según Carlos Nobre, hay una manera:

Lo que debemos hacer de inmediato es adoptar una política de ‘deforestación cero’ en el Panamazonas y, junto a ella, un programa de restauración forestal en el sur, sureste y este de la Amazonía, que son las secciones más vulnerables”, advierte.

“Si pudiéramos reforestar 60.000 o 70.000 km2 de esta gran área, donde la estación seca ya es más larga, podríamos hacer que el bosque volviese a funcionar mejor allí, sería más resistente”.

El objetivo no parece fácil de alcanzar en un futuro próximo.

En todo el Amazonas hay cerca de 100 tribus indígenas con las cuales hay poco o ningún contacto. / GETTY Images

En septiembre del 2019, representantes de siete países amazónicos (sin Venezuela y Guayana Francesa), se reunieron en Leticia, Colombia, para crear una agenda para prevenir crisis ambientales como los incendios de este año.

Incendios en el Amazonas: 7 países de Sudamérica se comprometen a proteger a la Amazonía en el Pacto de Leticia

El resultado fue el “Pacto de Leticia por la Amazonía”, un acuerdo de 16 medidas no vinculantes que indican un compromiso de los países para combatir la deforestación y degradación forestal pero que no establece objetivos específicos para reducirlas o un plan de reforestación.

Todos los políticos dicen la famosa frase: ‘preservación, sí, pero con desarrollo’. Pero oculto en la palabra ‘desarrollo’ hay un modelo que solo entiende la actividad económica si se arrasa el bosque. Eso tiene que cambiar, y hay que cambiarlo ahora”. Carlos Nobre, USP

Reportaje: Camilla Costa / Texto: Camilla Costa y Carol Olona / Diseño y gráficos: Cecilia Tombesi / Programación: Marta Martí y Marcos Gurgel / Proyecto liderado por Carol Olona

Estimaciones del gráfico sobre especies en 1 hectárea de Amazonas: Jos Barlow y Alexander Lees, de la Red Amazonía Sustentable, con base en estudios científicos (https://doi.org/10.6084/m9.figshare.10104368)

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