Y Dios creó a la ballena…

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

– 2018: JAPÓN MATÓ 122 BALLENAS PREÑADAS Y 114 INMADURAS

– GREENPEACE. «LA DECISIÓN IGNORA LA NECESIDAD DE PROTEGER NUESTROS OCÉANOS Y ESTAS CRIATURAS MAJESTUOSAS»,

-LA  1era ESTIMACIÓN GLOBAL: CASI 3 MILLONES DE BALLENAS EXTERMINADAS. 

 

R. GARCÍA / La Voz de Galicia.- Año tras año y reunión tras reunión de la Comisión Ballenera Internacional, la historia siempre se repetía: todos los países del organismo internacional condenaban a Japón por acogerse al programa de investigación que le permitía seguir cazando ballenas supuestamente con fines científicos, aunque la carne se vendía para consumo humano, lo que también hacen IslandiaNoruega, de forma más descarada aún.

De este modo, la flota nipona capturaba cada año entre 300 y 400 cetáceos. Las reglas del juego, en cualquier caso, se lo permitían. Pero ahora ha decidido saltárselas por completo en una decisión unilateral por la que ha anunciado que a partir del 30 de junio del próximo año reanudará la caza comercial de estos grandes mamíferos, una actividad sobre la que pesa una moratoria desde hace 32 años, cuando fue aprobada en 1986.

El acuerdo adoptado por el Gobierno japonés ha suscitado la condena internacional, aunque no será un impedimento para sus intenciones, ya que también anunció su intención de abandonar la Comisión Ballenera Internacional.

El portavoz del Ejecutivo, Yoshihide Suga, advirtió que la caza comercial se limitará a las aguas territoriales y zonas económicas del país. Eso sí, Japón tendrá vetado a partir de ahora para la captura científica de ejemplares de la especie Minke las aguas antárticas y el hemisferio sur, caladeros habituales de su flota.

Las críticas no han tardado en llegar. El Gobierno australiano declaró estar «extremadamente decepcionado» y exhortó a Japón a reconsiderar su posición.

Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores neozelandés Winston Peters envió a Tokio un mensaje similar, criticando «una práctica anticuada e inútil».

Las organizaciones ecologistas tampoco tardaron en reaccionar, condenando la noticia. «Está claro que el Gobierno intenta hacer llegar este anuncio de forma discreta, a finales de año, lejos de los focos de los medios internacionales, pero el mundo no es tonto», comentó en un comunicado Sam Annesley, responsable de la delegación japonesa de Greenpeace. «La decisión de Japón está completamente desfasada con la comunidad internacional, e ignora la necesidad de proteger nuestros océanos y estas criaturas majestuosas», sostuvo.

Una «nación pirata»

La asociación estadounidense Humane Society International lamentó, por su parte, que el archipiélago «se convierta en una nación pirata» de caza de ballenas.

La salida de Japón de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), de la que era su mayor contribuyente económico, se conoce después de los enfrentamientos de algunos países para poner fin a la moratoria, que entró en vigor en la temporada 1985/1986, y las naciones que defienden su vigencia., entre ellas España

El último capítulo de este choque tuvo lugar en la reunión celebrada en septiembre en Brasil. Allí, los miembros de la CBI rechazaron entonces por mayoría (41 votos en contra, 27 a favor y 2 abstenciones) la propuesta de Japón de crear un comité de caza sostenible, lo que llevó a Tokio a sugerir su abandono del foro, ahora materializado.

Pese a la moratoria, se mataban al año más de 1.500 ejemplares

A pesar de que la caza comercial estaba prohibida por una moratoria que data de 1986, tanto Japón como Noruega o Islandia seguían capturando estos cetáceos acogiéndose al programa de investigación científica. También se permitía otra excepción que permitía a los pueblos aborígenes del ártico y el antártico capturar a estos gigantes del mar por motivos de subsistencia. De hecho, en el 2016, el último año con los datos cerrados, se contabilizó la pesca de 1.500 ballenas. Lo que no se permite bajo ningún supuesto es capturar a los ejemplares de la especie para comercializar con su carne.

El mayor sacrificio animal

La primera estimación global del número de ballenas cazadas por el aprovechamiento industrial del siglo pasado revela que casi 3 millones de cetáceos fueron exterminados. Puede haber sido el mayor sacrificio de cualquier animal, en términos de biomasa total, en la historia humana, según un artículo publicado en la revista científica Marine Fisheries Review en el 2015.

La devastación por la caza de ballenas del siglo XX está bien documentada. Según algunas estimaciones, los cachalotes disminuyeron en un tercio de su población de antes de la caza de ballenas, y las azules llegaron a desaparecer en un 90 %. Aunque algunas poblaciones, como las minke, se han recuperado en gran medida, otras -incluyendo la ballena franca del Atlántico Norte y la ballena azul antártica- siguen al borde de la extinción.

Matanza en el antártico

Japón sigue matando ballenas. En la última campaña, completada el pasado mes de marzo, los ballenerosj aponeses acabaron con la vida de 333 cetáceos en aguas australes.

La cifra es escalofriante, pero todavía lo es más si se miran los detalles y se descubre que 122 de las ballenas muertas (el 96% de las hembras capturadas) estaban preñadas. Además, 114 de los cetáceos cazados eran ejemplares inmaduros (crías o jóvenes).

Estos son algunos de los datos que se recogen en el informe enviado a la Comisión Ballenera Internacional por los científicos encargados de analizar los datos de la campaña anual de Japón estudio y captura de ballenas. El informe técnico (Results of the third biological field survey of NEWREP-A) sigue al pie la estrategia del gobierno de Japón de presentar la caza masiva de ballenas como una actividad científica.

De hecho, los autores del estudio destacan que la ‘recogida de muestras’ (animales muertos) ayuda a conocer con más detalle la alimentación, ciclo de vida y actividad reproductiva de las ballenas (en este caso de la especie Balaenoptera bonaerensis; rorcual austral o Minke antártico).

La Comisión Ballenera Internacional, al igual que diversos tribunales de justicia internacional, han condenado durante los últimos años la decisión unilateral de Japón de mantener la caza de ballenas. Japón sigue haciendo caso omiso a estas condenas con la excusa de que la captura de cetáceos (para esta última temporada el gobierno nipón autorizó 342 capturas) forma parte de las actividades científicas para el estudio de estos animales.

Las excusas científicas de Japón no esconden que las ballenas capturadas acaban en los mercados y restaurantes, con el beneplácito de la mayor parte de la población japonesa.

Diversas organizaciones científicas y conservacionistas internacionales han reiterado esta primavera sus críticas a la caza científica de ballenas por parte de Japón. En opinión de estas entidades, se debe respetar de forma estricta la prohibición de caza de ballenas en los términos aprobados por la Comisión Ballenera Internacional.

 

¿Por qué Japón decidió reanudar la caza?

BBC News .- En una decisión que generó una ola de críticas, Japón anunció este miércoles que reanudará la caza comercial de ballenas el próximo mes de julio.

Pero, ¿por qué Japón toma esta decisión, enfrentándose al cuestionamiento internacional? Los argumentos se centran en la tradición y la soberanía.

En su anuncio, el gobierno japonés dijo que la caza comercial de ballenas se limitará a sus aguas territoriales y zona económica exclusiva, por lo que Japón dejará de cazar en las aguas antárticas y en el hemisferio sur.

¿Los japoneses consumen tanta carne de ballena?

La respuesta es no: cazar ballenas es irrelevante para la alimentación de la población de la nación asiática.

Las cacerías realmente grandes de ballenas no comenzaron hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en un momento en que Japón estaba en ruinas y su población se moría de hambre.

Alentado por el general Douglas MacArthur, el país nipón convirtió dos enormes barcos de la Armada estadounidense en buques factorías y zarparon hacia la Antártica.

Desde fines de los años 40 hasta mediados de los 60 la de ballena fue la principal fuente de carne en Japón.

En su punto álgido, en 1964, Japón mató más de 24.000 ballenas en un año.

Pero hoy Japón puede permitirse importar carne de otros países, como Australia y Estados Unidos, y el consumo de la carne de ballena se ha desplomado en las últimas décadas.

Según el periódico japonés Asahi, la carne de ballena representa solo el 0,1% de toda la carne vendida en Japón.

La industria ballenera ha intentado revertir la tendencia organizando festivales de comida e incluso visitando escuelas, pero sobrevive fundamentalmente gracias a subvenciones estatales.

«Investigación científica»

Pese a la prohibición, Japón lleva años cazando ballenas, sirviéndose de una excepción a la prohibición que permite la caza de ballenas con fines científicos.

Significa que las ballenas pueden ser capturadas para estudios científicos y luego la carne puede ser vendida para el consumo.

Japón ha capturado entre 200 y 1.200 ballenas cada año, argumentando que está investigando los niveles de poblaciones para ver si las ballenas están en peligro o no, y, por tanto, si la prohibición a la caza comercial puede ser levantada.

Los críticos dicen que esto es solo una cubierta para que se puedan matar ballenas por su carne. Y, de hecho, la carne de las ballenas sacrificadas para investigación generalmente termina vendiéndose.

Pero el argumento de la investigación casi nunca es mencionado por los partidarios de la caza de ballenas, que son más propensos a citar la tradición, la soberanía y la hipocresía percibida de las naciones contra la caza de ballenas.

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