Una Santidad creíble e increíble

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

El Documento Completo

JOSÉ LUIS FERRANDO

R.D.- El Papa Francisco, una vez más, nos ha sorprendido con una Exhortación Apostólica (Gaudete et exsultate) absolutamente cercana y comprensible, y que no debe pasar desapercibida para el Pueblo de Dios. Fundamentalmente porque va dirigida a cada cristiano que quiere vivir su vida como un camino de santidad: “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.

Nos recuerda que el Señor “nos quiere y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. Tres calificativos impresionantes y sin desperdicio. Y el camino que traza es absolutamente creíble e increíblemente concreto: “Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”. El reto para el ideal de la santidad es la vida diaria, no las cosas extraordinarias, por eso es comprensible para la gente sencilla.

Francisco nos recuerda dos parámetros complementarios de la santidad. Por un lado, nos presenta la dimensión personal y absolutamente intransferible de la santidad: “Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él… Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra»”.

Resuenen las palabras del gran poeta León Felipe: “Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por el mismo camino que voy yo, para cada uno guarda un camino virgen Dios…”.

El Papa nos ofrece una conclusión muy esperanzadora: “Esto debería entusiasmar y alentar a cada uno para darlo todo, para crecer hacia ese proyecto único e irrepetible que Dios ha querido para él desde toda la eternidad: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5)”. Y aterriza la santidad en cosas muy concretas de la vida cotidiana: “Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso”.

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