Un milagro impresionante


Beatificación – Caracas VPItv

“EN ESTA TIERRA BENDECIDA FLORECE LA SANTIDAD”

 

RAMÓN ANTONIO PÉREZ / Aleteia .- La nueva beata venezolana sanó el brazo paralizado de una médica cirujana que sufrió una descarga eléctrica mientras operaba a un paciente en Caracas

Aquél 20 de mayo de 2003, Trinette Durán de Branger, que durante muchos años ejerció como médica cirujana en el hospital “Miguel Pérez Carreño” de Caracas, no podía dar crédito a lo que vivió, mientras operaba a un paciente de tumor de colon como cirujano principal. En el quirófano del centro médico, se desprendió un cable sin protección que estaba pegado a la mesa quirúrgica, recibiendo la doctora una fuerte descarga eléctrica en el brazo derecho que quemó su guante y los dedos índice y pulgar.

El paciente estaba protegido con una colchoneta plástica y debido al aislante no sentía la corriente eléctrica que torturó por momentos a la profesional de la salud.

Los médicos que acompañaban a Trinette después de prestarle los primeros auxilios, sin tener idea del alcance de la descarga procedieron a trasladar al paciente a otro quirófano porque ya estaba entubado. Luego, como responsable de aquella cirugía, la valerosa mujer continuó con la operación, a pesar del “corrientazo” recibido en su brazo derecho.

Desde ese día, la doctora Trinette sufrió un dolor intenso en todo el brazo, pérdida de fuerza y quedó totalmente inmovilizado. Tres dedos de su mano derecha también estaban paralizados. Estos sufrimientos la hacen portadora del milagro que elevó a los altares a la Madre Carmen Rendiles Martínez, la tercera religiosa venezolana que alcanza este nivel, de acuerdo con lo anunciado por la Congregación de la Causa de los Santos, y cuyo decreto fue firmado recientemente por el papa Francisco.

Cuenta la misma doctora, que durante dos meses, luego de ocurrido el accidente, pasó por las manos de casi 20 médicos sin lograr la más mínima mejoría. “Al contrario, todo empeoraba a pesar de seguir responsablemente las prescripciones médicas a base de sedantes, relajantes, anti inflamatorios y otros”, describe el testimonio presentado a la comisión investigadora que llevaba la causa de la Madre Carmen Rendiles.

“Nada calmaba aquel dolor noche y día, no podía conciliar el sueño y la inhabilidad del brazo aumentaba rápidamente”, dice en el testimonio. Por supuesto, esta situación le impedía continuar con su labor como cirujano. El diagnostico no podía ser más temerario: “atascamiento del nervio mediano y cubital desde la mano hasta la axila”.

Los médicos recomendaron operar para mejorar la sintomatología, más no para recobrar la movilidad del brazo y continuar ejerciendo su profesión. La operación estaba pautada de emergencia para el 18 de julio de 2003. Trinette estaba preocupada de perder su brazo cuando estaba dedicada a una labor social tan hermosa en aquel hospital.

Según el testimonio, refiere que iba a ser operada en el Centro Médico de Caracas. Sin embargo, cuando se dirigía a la clínica para ser hospitalizada decidió pasar por el Colegio Belén, que atienden las Hermanas Siervas de Jesús, en la urbanización Los Palos Grandes de Caracas. Trinette quería rezar para pedir la sanación de su brazo.

Luego de pasar por la capilla mayor, una hermana la condujo hasta el oratorio en donde la comunidad de religiosas estaba en oración. Allí habló con la madre María San Luis, hermana de sangre de Madre Carmen.

Después de orar juntas, la monja le dijo que la Madre Carmen la curaría de su dolencia. Enseguida ambas se dirigieron a una habitación, cercana al oratorio, en donde la Madre Carmen en vida reposaba algunas veces. Allí estaba un cuadro de la hoy beata Madre Carmen que la hermana San Luis quería que Trinette Durán de Branger pintara.

Aquí ocurre el hecho no explicable por la ciencia y los hombres. Al ver el cuadro e implorar interiormente su curación, salió del borde del cuadro como “un hermoso rayo de luz que alumbró toda la habitación y llegó hasta su hombro”, dice el testimonio de la sanación presentado ante el Vaticano. Trinette sintió un intenso calor entrar por su cabeza y penetrar en su brazo, y fue tan impactante el momento que perdió por un momento el conocimiento y en el mismo instante su brazo quedó restablecido totalmente. Ya no usó más férula, ni fue realizada la operación.

El domingo siguiente en una misa del Colegio Belén se reunió toda su familia para dar gracias a Dios ante el gran favor recibido por intercesión de la nueva beata. En la homilía el sacerdote que oficiaba se refirió a la falta de un brazo de la Carmen Rendiles y fue cuando la familia de Trinette se enteró que a la religiosa siempre le había faltado un brazo. La doctora Trinette Durán de Branger da testimonio de su curación súbita, también los médicos que la trataron, su familia y demás conocidos.

 

Una vida extraordinaria

Madre Carmen Rendiles.

JULIO GUTIÉRREZ / Panorama. – La discapacidad signó el nacimiento de María del Carmen Rendiles Martínez.  Sin el brazo izquierdo nació, entre las esquinas de de Glorieta a Maderero,  en Caracas, el martes 11 de agosto de 1903. Fue la tercera de los nueve hijos del matrimonio de Ramiro Rendiles y Ana  Martínez, una familia adinerada.

Una prótesis le permitió contrarrestar desde temprana edad la limitación física, y llevar una vida normal y sin complejos.

“Esa carencia va a servirle para hacer crecer una tenacidad indoblegable a fin de sobreponerse a las adversidades. Así es como la vemos dibujando, haciendo muebles, pintando lienzos y cuadros, llevando a cabo labores del hogar y de toda clase que, aún con dos manos, exigen pericia y destreza”, señala el perfil de personalidad  de su causa de beatificación.

Creció en “un hogar profundamente cristiano, en donde se bendecía la mesa en las tres comidas, se rezaba el rosario por la tarde y se acudía a misa los domingos. De allí proviene gran parte de su devoción hacía la religión cristiana, especialmente en la importancia de la eucaristía”, señala la cuenta oficial en Instagram.

Es así como desde pequeña se sintió atraída por la vida consagrada a Dios., pero fue rechazada por congregaciones debido a su discapacidad. “A los 15 años decide conocer de cerca las religiosas recién llegadas de Francia conocidas como las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento”, señala su biografía  oficial.

Tras el contacto con las monjas de carisma eucarístico,  el 27 de febrero de 1927 ingresó a la pequeña comunidad y el 8 de septiembre de 1927, cuando tenía 24 años, tomó los hábitos.  “Ella acompañó a una amiga que quería entrar, pero la religiosa se fijó en Madre Carmen, no en la amiga, y la invitó a regresar, lo que la Madre hizo y se quedó. Esto ocurrió en 1927. No la rechazaron, pese a que le faltaba un brazo”, contó la hermana Anselma a la historiadora Marielena Mestas.

El mismo 8 de septiembre, pero de 1929, emitió votos temporales y de 1932, los perpetuos, consagrándose de por vida a Dios con su túnica y  velo blancos. Tras permanecer unos años en Toulouse, en Francia, sede de la casa general de las hermanas,   fue nombrada maestra de novicias en Caracas a su regreso, cuando tenía 33 años.

Más tarde, en 1945, esta mujer de 42 años, de  estatura mediana, complexión normal, cara ovalada, ojos serenos, y sutil sonrisa, con una inteligencia desarrollada, una memoria privilegiada, imaginación fecunda,  en extremo humilde y amable, según la recuerda la  la comisión de historia de la causa de beatificación, fue electa superiora de la Congregación en Venezuela y Colombia.

Pero, la congregación decidió dejar el hábito y las constituciones originales para secularizarse, con lo que  no estuvo de acuerdo y, con el apoyo del cardenal José Humberto Quintero, entonces arzobispo de Caracas, otros obispos, sacerdotes y sus hermanas paisanas y las del vecino país, pidió en 1965 ante la Santa Sede la separación.

El 25 de marzo de 1966, a sus 63 años y manteniendo el espíritu inicial de las monjas francesas, se estableció la nueva congregación venezolana  con el nombre de Siervas de Jesús, dedicadas  a la propagación del culto del Santísimo Sacramento, ayuda de los sacerdotes diocesanos y seminarios, dirección de colegios y atención de los más necesitados, con  sede en la parroquia Altagracia.

Tres años más tarde, Madre Carmen fue electa superiora general, extendiéndose la congregación hasta ser hoy casi un centenar y  encontrarse radicadas en 20 comunidades en Caracas, Miranda, Valencia, San Cristóbal, Mérida, Margarita, así como en Cúcuta, en Colombia, y también en Ecuador.

“Con una salud muy precaria y agotada físicamente del enorme trabajo que ejerció”, como lo señala su biografía,  murió, a los 74 años, el  9 de mayo de 1977, en Caracas, poco después de cumplir 50 años de vida religiosa.

“Su misión fue cuidar a Dios en la Eucaristía, en ella, en el prójimo y en cada sagrario a su paso o en nuestras casas”, señala la hermana Rosa María Ríos, vicepostuladora de la causa de beatificación.

El dolor y el sufrimiento físico le acompañaron siempre y hasta por largos períodos, ante lo que reaccionó con fortaleza y fe. “La adaptación de una prótesis le ocasionó más molestias que beneficios, pero supo soportarlo con entereza y sin dar muestras de desagrado. La operación de extirpación de un pulmón, aparte de dejarla con un solo pulmón, le ocasionó un sufrimiento atroz, ya que la anestesia no hizo efecto en ella. (…) La fractura de las dos piernas y las contusiones generalizadas como efecto del accidente automovilístico, la subsiguiente operación quirúrgica y la rehabilitación física constituyeron otro vía crucis soportado con la misma entereza y calma proverbiales en ella. La artritis progresiva de los últimos años que la postró en silla de ruedas fue otra oportunidad más de demostrar su amor a la cruz y al sufrimiento unido al de Jesús”, enfatiza la  comisión de historia.

La crónica:

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