Transición y elección presidencial

LUIS UGALDE S.J.

El Nacional / Elección presidencial.- No puede haber democracia sin elección democrática, por eso el 10 de enero de 2019 no habrá presidente electo.

Sabemos que el desempeño presidencial actual es dictatorial y está decidido a imponer por la fuerza su continuación por seis años más. Pero Venezuela entera quiere salir de este infierno donde la inflación de más de 1.000.000% pulveriza todo salario y hace que la vida sea catastrófica, atrapada por la debacle de todos los servicios públicos y por la corrupción sin límites, mientras se hunde la producción y la gran mayoría (más de 80%) está en la pobreza. Ninguna palabra engañosa del gobierno podrá ocultar esta tragedia.

Gobierno civil de transición. 

Para salir de ese gobierno impuesto e ilegítimo, hay que unir la protesta interna y la presión internacional por un gobierno de transición para la inmediata (enero 2019) apertura a los cambios económico-sociales, la reconstitucionalización de la política (reconocimiento de la AN, separación de poderes…) y la rápida creación de las condiciones democráticas para la elección presidencial que, según la Constitución, debió hacerse a fines de 2018, es decir, en estos días de noviembre-diciembre.

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

El reciente (26-11-18), extraordinario y esperanzador Congreso Nacional Venezuela Libre incluye en su Manifiesto las tareas fundamentales del gobierno de transición para responder a la tragedia nacional con medidas inmediatas, al mismo tiempo que adelanta los cambios y ruta para unas elecciones justas democráticas y confiables antes de finalizar el año 2019. (Legalización de los partidos y candidatos, cese de su persecución, liberación de los presos políticos, regreso de los exiliados, cambio del CNE, cese de la ilegítima ANC, separación de poderes, restablecimiento de los poderes y atribuciones constitucionales de la legítima AN y otros muchos puntos indispensables.

También parece necesario establecer doble vuelta electoral para la elección presidencial (con primarias o sin ellas, según se vea conveniente) y un período de cuatro años con una sola reelección posible.

Medidas urgentes y apoyo internacional. 

Transición con medidas económico-sociales inmediatas para atajar la hiperinflación y el gasto público financiado con dinero inorgánico; fomento de la producción y de la inversión con garantías jurídicas; rescate del poder adquisitivo del salario, sustitución de cuatro o cinco de los programas sociales (“misiones”) más necesarios con desarrollo de políticas eficientes de compensación económica. Movilización educativa con medidas excepcionales de emergencia y nuevo clima de cooperación en las escuelas con verdadera sinergia entre familia, sociedad y Estado… A lo largo de 2019 debe desarrollarse la transparencia con información veraz de los grandes saqueos y rescate (en lo posible) de miles de millones de dólares robados.

No es posible salir de esta situación de muerte sin una fuerte ayuda internacional que no llegará con el actual gobierno, porque ni tiene voluntad ni capacidad para hacer el cambio. Desde el comienzo del gobierno de transición se necesita un firme apoyo internacional humanitario en medicinas, alimentación, medidas de colaboración como refinanciamiento de la deuda, préstamos… y requiere plena apertura y transparencia internacional.

En la formación del gobierno de transición tiene un papel central la legítima AN y en su integración debe haber una decidida y creíble participación del mundo empresarial, de la Fuerza Armada democrática, de una mujer destacada en las luchas sociales o en el mundo laboral y de alguna persona significativa del “proceso”; todos decididos y con compromiso previo sobre las medidas básicas y las elecciones democráticas, con un modelo económico capaz de conseguir un fuerte apoyo internacional y estimular la producción nacional e inversión recuperadora. El presidente de la junta no podrá ser candidato en las primeras elecciones presidenciales.

Negociación. 

Para lograr eso es imprescindible una gran presión interna y externa combinada con la negociación concreta para la salida del gobierno y la transición con cambio de modelo, reposición de la Constitución y elecciones democráticas con condiciones y garantías internacionales. En esa negociación no deben participar aquellos actores internacionales desprestigiados por la forma en que participaron en los anteriores “diálogos”. Hace falta, sí, un acompañamiento internacional de gobiernos confiables. Será también imprescindible la justicia transicional explicando a la población cómo hay que evitar la impunidad de delitos graves sin caer en la venganza y en linchamientos que dividan más al país y dificulten la reconstrucción.

Todo esto requiere (y a su vez produce) un renacer espiritual de reconciliación y de reencuentro solidario, promovidos desde ahora para que, en medio de la dureza de la situación, tengamos una feliz Navidad con una verdadera experiencia de “Dios con nosotros”, presente en el pesebre de Belén y en el renacer solidario en toda la sociedad venezolana.

Pensemos desde ahora en los pasos para crear la junta de gobierno de transición, de modo que el 5 de enero la elección de la presidencia de la AN respete los acuerdos establecidos y al mismo tiempo prevea la persona idónea para presidir pocos días después el gobierno de transición cuyas tareas son precisas y urgentes. Un presidente de transición (con una junta) que renuncie a ser candidato a las siguientes elecciones, con capacidad, amplitud y voluntad para lograr una unidad superior para que Venezuela renazca de sus cenizas. Los diversos partidos deberán darle un fuerte apoyo, pero sus posibles candidatos se reservarán para las elecciones democráticas venideras, una vez restablecidas todas las condiciones para que sean libres, justas y transparentes.

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