Siesta en la cárcel

AP. Papa Francisco en la estructura penitenciaria de San Vittore

 

EL PAPA EN SAN VITTORE; almuerzo con los detenidos: arroz y milanesa

EL PONTÍFICE PASÓ alrededor de tres horas dentro de la famosa estructura penitenciaria

SALVATORE CERNUZIO / Vatican Insider .- Una mesa de alrededor de 50 metros, con un mantel de papel amarillo. Un menú típicamente milanés: arroz con azafrán, milanesa y papas fritas, con una nota “romana” de alcachofas.

El almuerzo de Papa Francisco con un centenar de detenidos de la c’arcel de San Vittore se llevó a cabo con mucha sencillez. La misma sencillez que está caracterizando todo el viaje del Papa a la metrópolis lombarda, a donde Francisco llegó temprano por la mañana, presentándose en la periferia de la ciudad como «un sacerdote».

Y «como un sacerdote», Francisco entró a la estructura penitenciaria poco después del mediodía, después de haber rezado el Ángelus con miles de fieles en la Plaza del Duomo.

Las visitas a las cárceles se han convertido en una de las etapas casi obligadas de los viajes del Papa argentino en Italia o en el extranjero: en Poggioreale, Nápoles, Castrovillari, Palmasola, Ciudad Juárez y la “Casa Correccional Buen Pastor”, instituto penitenciario femenino de Paraguay.

Un signo de atención por parte del pontífice hacia una franja «débil» y marginada de la sociedad, y con la que él mismo se siente de alguna manera identificado: «Cada vez que entro a una cárcel me pregunto: “¿Por qué ellos y no yo?”», siempre lo ha dicho el Papa.

Palabras a las que han seguido diferentes gestos de cercanía a los detenidos y llamados incesantes para que se garanticen mejores condiciones de vida y se respeten sus derechos.

Un llamado que el Papa vuelve a lanzar desde Milán, al visitar la antigua estructura que se encuentra en la calle Filangieri, inaugurada en 1879 durante el Reino de Italia y en la que fueron encerrados los detenidos políticos durante la época fascista.

Se trata probablemente de la etapa más significativa del viaje a Milán. Lo seguro es que se trata de la etapa más larga, pues duró alrededor de 3 horas. Bergoglio, en compañía del cardenal Scola, agentes, educadores, agentes sanitarios y representantes de los voluntarios (dos sacerdotes, un diácono, 10 monjas y 4 seminaristas). Los recibió el capellán Marco Recalcati.

Justamente en la habitación que normalmente ocupa el capellán, el Papa reposó durante una media hora.

No volvió al episcopado, como se acostumbra, sino que durmió una pequeña siesta allí mismo antes de dirigirse al Parque de Monza para la gran misa en rito ambrosiano. Se trata de una novedad absoluta que ha alimentado la curiosidad de los fieles y de muchos medios de comunicación en los últimos días.

El Papa saludó uno a uno a los detenidos que lo estaban esperando, y concedió incluso algunos abrazos. Les dirigió palabras de aliento: «Ustedes son Jesús», afirmó el Pontífice según indicaron algunos testigos que estuvieron presentes.

El almuerzo Papa Francisco con 100 detenidos se llevó a cabo en el tercer polo. Cada uno de los platos fue cocinado por los detenidos, bajo la dirección de un chef que trabaja en San Vittore.

Al final se llevó a cabo la bendición de los regalos que ofrecieron los detenidos: una bufanda confeccionada en el taller de la cárcel, algunos productos artesanales, mensajes con los nombres de los detenidos y de sus familiares, para que el Papa pueda incluirlos en sus oraciones. Cosa que seguramente no se olvidará de hacer.

(RV).- El Centro Penitenciario San Vittore, hospeda en la actualidad a ochocientos noventa y tres detenidos, doscientos ochenta y cinco más de los que puede acoger, según las plazas disponibles.

San Vittore es una cárcel judicial, lo que significa que los reclusos están en fase de juicio y no están descontando una pena. Se trata de personas que, al estar siendo procesadas, “viven una situación emotiva muy intensa respecto a la de quien, a menudo, está moralmente resignado en otras cárceles, teniendo perspectivas de pena más largas”.

Una ulterior confirmación de la prioridad que tienen los detenidos y presos para el pontífice, quien en cada viaje apostólico visita una cárcel y tiene para con sus huéspedes palabras y gestos de ánimo y de esperanza. Recordamos a propósito de ello las palabras del Papa a los detenidos de la Cárcel de Padua la tarde 17 de diciembre de 2016, cuando junto con el capellán y voluntarios, los detenidos se conectaron con el pontífice vía Skype para saludarlo por su cumpleaños: “La esperanza no desilusiona”, les dijo entonces, y se los reiteró en una carta el pasado mes de enero: “tengan encendida la esperanza”, “ustedes son personas detenidas, siempre el sustantivo debe prevalecer sobre el adjetivo, siempre la dignidad humana debe preceder e iluminar las medidas de detención”. “En Dios, – escribió el pontífice – siempre hay un lugar para volver a empezar, para ser consolados y rehabilitados por la misericordia que perdona”.

 

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