Rezar en un país que precipita

 

LA JORNADA DE ORACIÓN convocada por los obispos movilizó masivamnte a las personas.

PERO NO FUE FÁCIL PARA MUCHOS FIELES, que debieron superar obstáculos como la inseguridad y la falta de transporte para elevar una súplica común por el fin del drama que azota al país

 

CARLOS ZAPATA* .- Las protestas continúan en las calles de Venezuela. Suman 52 días de marchas y represión.

La violencia y el hambre crecen en el país. En medio de la peor crisis de su historia, los obispos convocaron a una Jornada de Oración por la Paz este domingo 21 de mayo.

Pero en esta tierra no es fácil ni siquiera elevar plegarias. Por eso, los fieles debieron pasar verdaderas odiseas para llegar a los templos que todavía se encuentran en medio de barricadas.

Son tiempos atípicos. Pero no impidieron que millones respondieran a la convocatoria de la Conferencia Episcopal.

Pudo más la sed de consuelo y oración. Las iglesias lucieron abarrotadas. Rostros emotivos, lágrimas y espontáneos cantos de fragmentos del himno nacional de rodillas, en el momento de la consagración.

La jornada se desarrolló de forma diferente según cada región. En algunas, con pocos actos externos. En otras, con grandes altares en plazas, acompañados de procesiones y cantos al mejor estilo de las nutridas romerías de Semana Santa. Encendió la nostalgia de la lectura de los nombres de los casi cincuenta muertos en las últimas semanas de protestas, cual letanías de un conmovedor rosario.

El denominador común fue la exposición del santísimo. Regiones fronterizas como Táchira o céntricas como Chacao y Los Teques, en Miranda, se convirtieron en centros de adoración perpetua. Otras tuvieron apenas breves momentos de reflexión durante las misas, con prácticas silenciosas y pocos signos externos, por razones de seguridad.

El rezo del rosario en las comunidades es ya una de las prácticas más comunes en medio de la crisis. Ni bien cae la tarde, vecinos se congregan en sus barrios y urbanizaciones para orar. La súplica coincide: todos piden por Venezuela. La mayoría ruega por justicia y libertad. Otros agregan perdón y reconciliación. Anhelan un cambio urgente en una nación cuyas calles lucen desoladas, con trancas, residuos de hollín producto de la quema del caucho, cartuchos de perdigones y múltiples huellas de la represión.

Este domingo fue distinto. Mientras muchos asistían a misa, pequeños grupos de muchachos jugaban fútbol en las calles, en las cercanías de las barricadas con los que se protegen de motorizados armados y la acción represiva de agentes del orden público. Los choques violentos no tienen horario, pero la oscuridad es cómplice de los grupos paramilitares (los “colectivos”). Arrecian con robos disparos, saqueos y destrozos en comercios.

Durante la semana las actividades varían, pero distan mucho de la “normalidad”. Por la mañana suelen haber concentraciones o marchas. Pocos locales abren y, quienes lo hacen, cierran al mediodía. Cada tarde comienza un no anunciado toque de queda. En regiones como San Cristóbal (en la frontera con Colombia) la situación se agudiza, por el paro de transporte y largas colas en las pocas estaciones de servicio que surten gasolina.

La capital de Táchira se mantiene sitiada. Allí el gobierno aplica la segunda fase del plan Zamora, que incluye la movilización de dos mil funcionarios de la fuerza armada nacional. Ahí mismo, también tuvo lugar la jornada de oración y ayuno organizada por los obispos. En sus templos se leyó la más reciente exhortación episcopal, que rechazó por “innecesaria y peligrosa” la propuesta del presidente Nicolás Maduro de reformar la Constitución con una Asamblea comunal.

En la plaza Bolívar de Chacao, el municipio donde fuera alcalde Leopoldo López (uno de los presos políticos más conocidos del país) se llevó a cabo un Rosario por la Paz de Venezuela. En la diócesis de Los Teques, todas las comunidades parroquiales reportaron nutridas asistencias. Por decenas se contaron las horas santas por la paz, los altares fueron ataviados con banderas del país y las oraciones siguieron las líneas indicadas por el cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas.

En la catedral de esa ciudad se hicieron dos minervas con el Santísimo Sacramento y se renovó la consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento, otro punto común en la mayoría de los templos de la nación.

En los Altos Mirandinos “se agravó la situación. No hay gasolina y comienza a escasear fuertemente la comida. Por la geografía, es más difícil movilizarse. Regresar a la residencia del obispo es una hazaña. Todas las reuniones están suspendidas”, contó a Vatican Insider el obispo auxiliar de Caracas, Jesús González de Zárate. Mientras, en San Antonio de los Altos, “un muro con bloques superpuestos en la Panamericana afectó el normal tránsito de las personas. El movimiento ‘Resistencia’ ha dicho que no cederán hasta que Maduro se vaya”, agregó.

Este lunes 22 se realizará otra marcha nacional, esta vez “por la salud de Venezuela”. Se exigirá la urgente apertura de un canal humanitario, principal petición de los obispos al recibir una comitiva presidencial el pasado viernes 19 de mayo en la sede de la Conferencia Episcopal.

La jornada de este domingo permitió renovar la consagración del país al santísimo sacramento, que hiciera por primera vez Juan Bautista Castro, el 2 de julio de 1899. El octavo arzobispo de Caracas se convertiría en padre fundador de la Congregación Siervas del Santísimo Sacramento y su legado alimenta hoy la esperanza del pueblo venezolano que, como en tiempos del “limosnero del señor”, se arrodilla ante Dios para suplicar un nuevo milagro.

 

* Periodista y ex editor del Diario Católico de Venezuela 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*