Que el Mal no sea protagonista

Medios de comunicación en el Vaticano

En el mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, la invitación a ser constructivos, rechazando los prejuicios: «mirar la realidad con auténtica confianza» y «romper el círculo vicioso de la angustia»

 

ANDREA TORNIELLI / Vatican Insider :- Una comunicación «constructiva», que rechace los prejuicios frente al otro y que rompa el círculo vicioso de la angustia y del miedo, sin conceder al mal un papel protagónico. Es lo que pidió Papa Francisco en el mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, publicado el 24 de enero de 2017, fiesta de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas.

«Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales —escribió Bergoglio—, “muelen” cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a todos los que se alimentan de los frutos de su comunicación. Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza».

Francisco se dijo convencido de que « es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las “malas noticias” (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano)». Pero, reconoció el Papa, no se trata de promover «una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal».

Al contrario, Francisco invitó a tratar «de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal». En un sistema comunicativo en el que «reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentación de adormecer —observó Bergoglio— la propia conciencia o de caer en la desesperación».

Por ello, el Papa busca favorecer un estile de comunicación «abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal», sino que intente «mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia».

La vida del hombre, explicó Francisco, no es solo «una crónica aséptica de acontecimientos, sino que es historia, una historia que espera ser narrada mediante la elección de una clave interpretativa que sepa seleccionar y recoger los datos más importantes». La realidad no tiene un significado unívoco, porque «todo depende de la mirada con la cual es percibida, del “cristal” con el que decidimos mirarla». Para los cristianos, «las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la “Buena Nueva” por excelencia: el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios».

Una noticia que «no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo —escribió el Papa—, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos».

Desde esta perspectiva, «cada nuevo drama que sucede en la historia del mundo se convierte también en el escenario para una posible buena noticia, desde el momento en que el amor logra encontrar siempre el camino de la proximidad y suscita corazones capaces de conmoverse, rostros capaces de no desmoronarse, manos listas para construir». El Papa invitó a los comunicadores a «descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona».

«La esperanza —concluyó Francisco— es la más humilde de las virtudes, porque permanece escondida en los pliegues de la vida, pero es similar a la levadura que hace fermentar toda la masa. Nosotros la alimentamos leyendo de nuevo la Buena Nueva, ese Evangelio que ha sido muchas veces “reeditado” en las vidas de los santos, hombres y mujeres convertidos en iconos del amor de Dios».

 

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