“Pescado Plástico, ¿frito o sancochado?”

PETRÓLEO EN EL AGUA: EL USO DE LA TECNOLOGÍA PARA LUCHAR CONTRA UN LEGADO TÓXICO

GUSANOS, HONGOS Y BACTERIAS NOS SALVARAN DE LA BASURA

ABRAHAM ALONSO .- Un ensayo publicado en la revista Royal Society Open Science  advierte que las profundidades oceánicas se están convirtiendo en un gran depósito de residuos plásticos.

Según indica en este trabajo un equipo de investigadores coordinados por expertos de la Universidad de Plymouth y el Museo de Historia Natural, en Londres, en el que también han participado científicos de la Universidad de Barcelona, en cada kilómetro cuadrado de sedimentos marinos pueden encontrarse alrededor de 4.000 millones de restos microscópicos de este compuesto.En los últimos años, los estudios que se han llevado a cabo sobre la acumulación de plásticos en las costas y la superficie de los mares, un problema medioambiental global, no han revelado un especial incremento en sus concentraciones. No obstante, esto podría deberse a que se están depositando en el fondo, donde el número de fibras plásticas ya cuadruplica el de las aguas someras. “Llevamos tiempo preguntándonos dónde habrían ido a parar todos esos plásticos.

Ahora sabemos que buena parte se ha convertido en fibras invisibles al ojo humano que se han hundido hasta el fondo”, señala Lucy Woodall, zoóloga del Museo de Historia Natural, que ha participado en la investigación. “Resulta alarmante encontrar semejantes niveles de contaminación, sobre todo porque se desconoce el efecto de estos desechos en los delicados ecosistemas oceánicos”.

 

Microplásticos podrían  acabar con ballenas, rayas y tiburones

YVETTE SIERRA PRAELI .- El Estudio señala que casi la mitad de rayas mobula, dos tercios de los tiburones que se alimentan por filtración y más de la cuarta parte de ballenas barbadas están amenazadas a nivel mundial.

Los químicos y contaminantes asociados con el plástico pueden acumularse durante décadas en el organismo de estas especies y alterar sus procesos biológicos.

Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico que no superan los 5 milímetros de tamaño. Estos diminutos restos, al igual que residuos de mayores dimensiones, están invadiendo todos los océanos del planeta causando serios efectos en la biodiversidad marina.

El estudio Microplásticos: no es un pequeño problema para la megafauna de alimentación por filtración, realizado por la Fundación Megafauna Marina (Marine Megafauna Foundation) y publicado hace una semana en la revista Trends in Ecology & Evolution, confirma los efectos nocivos que generan estos pequeños residuos en grandes animales como ballenas barbadas, tiburones y rayas, varias de las cuales se encuentran en peligro de extinción.

Estudio señala que especies de rayas mobula están amenazadas por los microplásticos.

De acuerdo con esta investigación, la contaminación de los mares por microplásticos es una gran amenaza para los animales que se alimentan a través del filtrado de agua de mar, como lo hacen varias especies de rayas, tiburones y ballenas. Estos representantes de la megafauna marina necesitan tragar miles de metros cúbicos de agua cada día para poder capturar el plancton que les sirve de alimento y es en este esfuerzo que ingieren estos residuos directamente del agua o indirectamente cuando ingieren a sus presas, que ya están contaminadas con estas pequeñas partículas.

“Los microplásticos se han convertido en una gran amenaza para el medioambiente marino, sin embargo, hay poca comprensión de cómo esto puede afectar a la megafauna que se alimenta por aspiración del agua”, señala Elitza Germanov, investigadora de la Fundación Megafauna Marina y coautora de la investigación.

La especialista en microbiología y biología marina considera que “es vital comprender los efectos de la contaminación microplástica en los gigantes del océano, ya que casi la mitad de las rayas mobula, dos tercios de los tiburones que se alimentan por filtración y más de una cuarta parte de las ballenas barbadas figuran como especies amenazadas a nivel mundial y su conservación es una prioridad de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)”.

Germanov agrega que estos animales son particularmente susceptibles debido a sus estrategias de alimentación, es decir, se alimentan de plancton y otros organismos que están al final de la cadena alimenticia, además, sus hábitats se superponen con zonas de contaminación microplástica. “Todavía estamos tratando de entender la magnitud del problema. Sin embargo, ha quedado claro que la contaminación con microplásticos puede reducir aún más el número de poblaciones de estas especies, muchas de las cuales son de larga vida y tienen pocos descendientes a lo largo de sus vidas”.

La investigación se llevó a cabo en coordinación con la Universidad Murdoch, de Australia; la Universidad de Siena, Italia; y el Instituto Hawaiano de Biología Marina.

Riesgo para la supervivencia

Los microplásticos ahora están presentes en todos los entornos marinos, fácilmente ingresan a las cadenas tróficas, y son portadores de toxinas. La primera advertencia de esta amenaza se reportó en el año 2012 para las ballenas barbadas, señala el estudio. El tiburón ballena, una de las especies amenazadas por la contaminación de microplásticos.

Muchos microplásticos se pueden encontrar en productos de cuidado personal como los gel limpiadores faciales o de ducha y la pasta de dientes, entre otros, además de que también se usan en productos industriales

Esta investigación recientemente publicada indica también entre sus resultados que “las partículas de plástico indigeribles pueden bloquear la absorción de nutrientes y dañar el tracto digestivo de los animales”.

Asimismo, concluye que los químicos y contaminantes asociados con el plástico —como los ftalatos (sustancias usadas para plastificar), metales pesados, estirenos y antibacterianos y DDT, entre otros— pueden acumularse durante décadas en el organismo de estas especies y alterar los procesos biológicos. En consecuencia, el crecimiento, desarrollo y reproducción de estos animales se verían alterados y su fertilidad reducida.

“El plástico no se descompone por completo, pero se rompe en pequeñas partículas y estos también pueden albergar altos niveles de toxinas y contaminantes orgánicos persistentes (COP). Los organismos que ingieren microplásticos pueden bioacumular estas toxinas durante décadas”, señala Cristina Fossi, investigadora de la Universidad de Siena, Italia, y coautora del estudio, quien además es una de las primeras científicas en estudiar este problema.

En el estudio se señala que se ha encontrado un promedio de 0.7 artículos de plástico por metro cúbico de agua alrededor de la península de Baja California, un importante lugar de alimentación para los tiburones ballena (Rhincodon typus), el más grande del mundo y que está en peligro de extinción según la UICN. Esta especie además de ubicarse en las costas de México también llega hasta el mar de Perú, entre otros espacios marinos que habita.

Los investigadores de la Fundación Megafauna Marina estimaron que los tiburones ballena pueden estar ingiriendo 171 artículos diariamente. Mientras tanto, en el mar Mediterráneo, se cree que las ballenas de aleta tragan miles de partículas microplásticas cada día.

“Nuestros estudios sobre los tiburones ballena en el Mar de Cortés (Golfo de California) y sobre las ballenas de aleta en el mar Mediterráneo confirmaron la exposición a sustancias químicas tóxicas, lo que indica que estas especies están ingiriendo microplásticos en sus zonas de alimentación. La exposición a estas toxinas asociadas al plástico representa una gran amenaza para la salud de estos animales, ya que puede alterar las hormonas, que regulan el crecimiento y desarrollo del cuerpo, el metabolismo y las funciones reproductivas, entre otras cosas”, añade la profesora Fossi.

En la investigación se indica que para evaluar a estas especies se analizaron pequeñas cantidades de tejido que se obtuvieron de manera no letal, es decir, mediante biopsias, con el fin de buscar toxinas que permitan encontrar las correlaciones entre microplásticos en la alimentación y la exposición de estos organismos a dichas toxinas.

Según explica el artículo, para la investigación se consideraron los hotspots o puntos calientes de contaminación por pequeños plásticos, que incluyen espacios oceánicos como el Golfo de México, el mar Mediterráneo y la bahía de Bengala, así como el Triángulo de coral, una de las zonas de mayor biodiversidad en el planeta.

Se considera que las especies que se alimentan por filtración tienen un alto riesgo de exposición en estos lugares, que figuran entre las aguas más contaminadas del planeta.

Además de las zonas investigadas, las 26 especies de rayas, tiburones y ballenas barbadas que se alimentan por filtrado de agua se distribuyen por todo el planeta. Así, varias de ellas llegan hasta los mares del Pacífico norte y sur, y del Atlántico norte y sur.

En el Pacífico norte se ubican 12 de las especies y en el Pacífico Sur 16 de ellas, entre las que encontramos nueve especies de ballenas, los tres tipos de tiburones que tienen esta forma de alimentación y cuatro especies de rayas.

Al respecto, Germanov, coautora del estudio de la Fundación Megafauna Marina señala que “como se prevé que la producción de plástico aumente a nivel mundial, la investigación futura debería centrarse en las regiones costeras donde la contaminación por microplásticos se solapa con los lugares críticos de alimentación y cría de estos animales amenazados. Muchas áreas son puntos críticos de biodiversidad y de importancia económica debido a la pesca y el turismo marino. Dirigirse a estos con el respaldo del gobierno local y la industria ayudará a asegurar que los esfuerzos para mitigar la amenaza plástica se empleen al máximo”.

 

Gusanos, hongos y bacterias nos salvarán

JOAQUIM ELCACHO / La Vanguardia.- La mejor manera de evitar la contaminación por plásticos es gestionar adecuadamente los residuos y evitar su vertido en el medio natural. Pero, ¿y si además de no ensuciar consiguiéramos que la propia naturaleza nos ayudara a eliminar los restos de materias plásticas que se acumulan en vertederos, mares, ríos y montañas? Más noticias

El trabajo no es fácil porque la práctica totalidad de plásticos que utilizamos son productos sintéticos (creados de forma artificial) y no contienen nutrientes comunes en la alimentación de los seres vivos. Pero existen algunas esperanzas de que pueden hacernos pensar en futuras plantas de tratamiento de residuos en las que bacterias, hongos y gusanos devoren los plásticos y transformen los restos en materia biodegradable.

No es en absoluto ciencia ficción, los ejemplos de este tipo de biorremediación ya han sido descubiertos por los científicos; aunque también es cierto que su aplicación industrial todavía parece estar lejos.

Un remedio natural escondido en la Amazonia

El primero de estos ejemplos tiene su origen en la Amazonia. En setiembre de 2011, después de tres años de investigación, una veintena de investigadores de las universidades de Yale (EE.UU.) y San Antonio Abad del Cusco (Perú) publicaron en la revista Applied and Environmental Microbiology un artículo en el que explicaban los resultados de diversos experimentos de cultivo de hongos sobre sustratos con poliuretano plástico (PUR).

Diversos de los hongos puestos a prueba por este equipo que lideraba el profesor Scott Strobel, “demostraron su habilidad para degradar el poliuretano en suspensiones sólidas y líquidas”, indicaban los autores en el resumen de su publicación.

Los resultados más esperanzadores correspondieron al Pestalotiopsis microspora, un hongo endófito (que vive dentro de vegetales) que literalmente es capaz de alimentarse de plástico, incluso en ambientes sin oxigeno (como el que puede encontrarse en algunos vertederos de residuos). Los autores analizaron este hongo descubierto en 2008 en el Parque Nacional Yasuní (Ecuador) e identificaron una encima de la familia de la hidrolasa serina como responsable de la degradación del poliuretano.

Durante los últimos años diversos equipos científicos han seguido esta linea de investigación pero de momento no se conocen resultados que hagan pensar en una aplicación inmediata del P. microspora como agente descontaminante de residuos plásticos a escala industrial.

Una bacteria

El profesor Victor de Lorenzo, director del departamento de Biología de Sistemas en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB, con sede en Madrid), participa en otra de las líneas de investigación sobre posibles soluciones naturales al problema de los residuos de plástico.

En este caso, la protagonista es la bacteria Pseudomonas putida, un microorganismo capaz de degradar productos como el tolueno o el estireno, y podría ser utilizado para transformar algunos tipos de plásticos en plasticos biodegradables.

El profesor De Lorenzo explicó el pasado mes de septiembre en Barcelona -donde participó en el foro científico B-Debate organizado por Biocat y Obra Social La Caixa- que su equipo trabaja junto a otros institutos europeos en la modificación de la P. putida para que sea capaz de atacar plásticos como el PET (tereftalato de polietileno) para descomponerlo y transformarlo en productos biodegradables.

“Lo que me gustaría en un futuro próximo es poder ir a un vertedero de plástico, inocular en él un cultivo de bacterias y que al cabo de un año pudiéramos comprobar que los plásticos han desaparecido o se han convertido en productos que no suponen un peligro para el medio ambiente”, explicó el profesor De Lorenzo.

La propuesta de Victor de Lorenzo no es en absoluto descabellada. En junio de 2014, cinco investigadores de la India publicaron en el Journal of Advanced Botany an Zoology un estudio en el que aseguraban haber realizado experimentos de campo en los que consiguieron que las bacterias Pseudomonas putida degradar -en sólo un mes- el 75,3% de los residuos de bolsas y botellas de plástico sometidos a tratamiento.

Gusanos de la harina comiendo poliestireno extruído

Una larva sin problemas de dieta

Más cerca en el tiempo, el último y sorprendente experimento de degradación natural de plásticos tiene como agente principal a un bicho que habitualmente conocemos como el gusano de la harina, que en realidad es la larva del coleóptero Tenebrio molitor.

Un equipo liderado por científicos de las universidades de Stanford (EE.UU) y Beihang (China) publicó el pasado mes de septiembre los resultados de unos experimentos basados en alimentar larvas de este escabarajo con una dieta de poliestireno extruido (XPS o styrofoam, un tipo de plástico muy común como aislante en edificios y protector en emblajes).

Los investigadores pusieron a un centenar de gusanos en una caja con este tipo de espuma de poliestireno y a otros tantos en una caja con una dieta tradicional (materia orgánica diversa), según el artiículo científico publicado en la revista Environmental Science and Technology.

Los gusanos del primer grupo comieron entre 34 y 39 miligramos de plástico al día, convirtiendo la mitad del poliestireno en dióxido de carbono como sucedió con los gusanos con dieta orgánica. Una parte del plástico ingerido fue excretado por los gusanos como fragmentos biodegradados parecidos a las bolitas negras típicas en esta especie (útiles para producir compost para jardinería, por ejemplo).

Los científicos comprobaron que el estómago de estas larvas contiene unas enzimas capaces de degradar el poliestireno sin que este producto sintético produzca problemas de salud.

“Nuestros resultados parecen abrir una nueva puerta para resolver el problema mundial de la contaminación del plástico”, explicó el profesor Wei-Min Wu, uno de los autores del estudio.

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