Pantoja, “Páng Dí’é (龐迪我)”,…

UN MISIONERO,… adelantado a su tiempo

EL JESUITA CONTRIBUYÓ de forma destacada a dar a conocer el país asiático en el mundo occidental

Diego de Pantoja (1571- 1618) jesuita español, que estableció un puente intercultural hispano-chino

Jesuitas.- Durante el año 2018 se conmemora el 400 aniversario del fallecimiento de Diego de Pantoja, jesuita español pionero del intercambio entre China y Occidente. Fue uno de los colaboradores más cercanos del también jesuita Matteo Ricci y el único jesuita español que accedió, en 1601, a la corte del emperador de la dinastía Ming, Wan Li.

Con motivo de la celebración del Año Diego de Pantoja, se han organizado diferentes actos para dar a conocer y reivindicar la relevancia de este personaje que, a pesar de su importancia, es muy desconocido.

En España, el Instituto Cervantes de Madrid acogió un acto de lanzamiento del Año Diego de Pantoja y el viernes 13 en la sede de Casa Asia de Barcelona tendrá lugar un encuentro sobre este jesuita.

Ricci y Pantoja, pioneros jesuitas en China

¿Quién era Diego de Pantoja?

Nacido en Valdemoro en 1571, entró en el noviciado de la Compañía de Jesús en Toledo con 18 años. En 1596 embarcó en Lisboa para incorporarse a la labor misionera de los jesuitas en Oriente. En 1600 logra entrar en China y se reúne con Matteo Ricci. Junto a él viaja hasta Pekín, donde consiguen el favor del emperador, que les permite permanecer en la ciudad.

Como Ricci, fue partidario de la introducción del cristianismo acercándose a la cultura, las costumbres y tradiciones de otros pueblos, lo que le permitió avanzar en la expansión del cristianismo en China y ganarse el respeto de las autoridades.

Sin embargo, por las crecientes tensiones entre la corte imperial y los misioneros extranjeros, acabó siendo expulsado del país. Pasó sus últimos años en Macao, donde cayó enfermo y falleció en julio de 1618.

A lo largo de los 21 años que pasó en China Diego de Pantoja se dedicó al estudio de la lengua china, que aprendió muy rápidamente, y de los textos clásicos chinos, adoptando una nueva metodología de aprendizaje de este idioma.

Cambió su nombre por el de Páng Dí’é (龐迪我) y vestía, como Ricci, según las costumbres de los letrados chinos. Publicó en Pekín nueve obras escritas en chino, entre ellas “Las siete victorias”

Diego de Pantoja contribuyó de forma destacada a dar a conocer la China en el mundo occidental.

En 1602 escribió una carta al Provincial jesuita de Toledo, Luis de Guzmán, en la que ofrecía todo un tratado sobre la geografía, la historia, la cultura y los sistemas de gobierno chinos. La carta se convirtió en un tratado difundido por toda España y traducido al francés, alemán, latín e inglés. Se trata de una de las más completas descripciones de China escrita por un europeo.

Cabe reconocerle también sus aportaciones al desarrollo de un sistema de transcripción del chino al alfabeto latino y su contribución al desarrollo de la tecnología y la cartografía chinas.

Actos conmemorativos

El Instituto Cervantes de Pekín acogió el mes de diciembre de 2017 un primer acto, en colaboración con el Instituto Confucio de Madrid. Se presentaron dos publicaciones sobre este tema, entre ellas una recopilación de los textos escritos en chino por Diego de Pantoja. El acto contó con la presencia del Embajador de España, Alberto Carnero, y los investigadores Zhang Kai (ACSCh), Jin Guoping y Ye Nong (Universidad de Jinan) Zhang Xiping (Universidad de Estudios Extranjeros), e Isabel Cervera (Instituto Confucio de Madrid).

El mes de mayo acogerá en la plaza de Tiananmen (Pekín), frente a la ciudad prohibida, un concierto con instrumentos de la época de Mateo Ricci sj y Diego de Pantoja.

Durante el próximo mes de septiembre está previsto también en Pekín un simposio internacional sobre Diego de Pantoja y su legado, en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, en el que colaboran el Instituto Cervantes en Pekín, la Embajada de España, el Instituto Confucio y diversas instituciones académicas chinas.

En España, el acto de presentación del Año Diego de Pantoja contó con las intervenciones de los profesores Ye Nong, de la Universidad de Jinan; Ignacio Ramos sj, profesor de The Beijing Center for Chinese Studies; e Inmaculada González Puy, directora del Instituto Cervantes de Pekín.. Se ha previsto también la publicación de diversos libros y artículos sobre el jesuita, entre ellos cabe destacar la reedición del libro Diego de Pantoja y China de Zhang Kai, que publicará la editorial Mensajero.

También en Barcelona se celebrará un encuentro sobre la figura de Diego de Pantoja, organizado por Casa Asia con la colaboración del Instituto Confucio de Barcelona, el Instituto Cervantes y la Universidad Pompeu Fabra.

 

Jesuitas Españoles en China

ROBERTO VILLASANTE S.J .- El papel de los jesuitas en China ha sido, sin desmerecer a otras órdenes religiosas que también han hecho una gran contribución, de una influencia enorme tanto para China como para Occidente a muy distintos niveles.

La famosa controversia de si los chinos bautizados podían seguir dando culto a sus ancestros entre jesuitas y dominicos dio lugar, por ejemplo, una categoría filosófica que hoy damos por supuesta en cualquier actividad misionera: la inculturación.

Las dificultades con las que se enfrentó Francisco Javier en Japón, donde los nativos no aceptaban la doctrina cristiana entre otras razones porque pensaban que si era tan buena los chinos, cuya civilización era la referencia para ellos en aquel tiempo, ya la habrían adoptado hizo que se replanteara por completo la manera de evangelizar.

A diferencia de lo que sucedió en América Latina o Filipinas donde en mayor o menor grado se reprodujo un modelo de cristiandad.

Otro de los factores que propició la “política de la adaptación”, lo que hoy conocemos como inculturación, fue la dificultad de traducir la fe a un idioma y una cultura como la japonesa.

Había términos similares a “Dios” pero que no se correspondían exactamente con lo que los cristianos entendían por Dios. Esto le dio muchos dolores de cabeza a Francisco Javier quien pensaba que el asentimiento de la voluntad a la verdad revelada era condición necesaria para la salvación, y esa imprecisión terminológica impedía la salvación de los conversos.

A consecuencia de esto Alejandro Valignano y Mateo Ricci tuvieron que plantearse un nuevo modo de evangelización. Era necesario adentrarse en la historia y la cultura china para poder así recuperar o recrear una terminología religiosa que sirviera de caldo de cultivo para una futura cristiandad. Esto llevó a que la misión de China adquieriese unas características únicas en comparación con otras. Los jesuitas tenían que adiestrarse no sólo en la lengua china sino también en música, caligrafía, literatura, filosofía o etiqueta.

Esto hizo de los jesuitas adoptaran tanto los ropajes del lugar como la lengua china como lengua de la misión. En Japón y en otros lugares del mundo la lengua de la misión era la lengua de procedencia. La evangelización se hacía por medio de catequistas locales que aprendían los rudimentos de la fe y de la lengua de los misioneros.

Sin embargo, la misión de china no sólo introdujo la ciencia o la filosofía occidental en China sino también fue una ventana para dar a conocer China a occidente. Muchos intelectuales occidentales tenían noticia de una civilización que había inventado la pólvora y la imprenta mucho antes que los europeos,… por medio de los jesuitas.

El más conocido de ellos fue, sin duda, el filósofo y matemático Leibniz.

La presencia de jesuitas españoles en China ha sido comparativamente inferior a la de otras naciones por razones obvias: España ha tendido a concentrar su presencia misionera en América Latina. Sin embargo, entre esa pléyade de intelectuales y misioneros jesuitas también hay un hueco para algunos jesuitas españoles que entregaron generosamente sus vidas por el pueblo chino. El libro de “Jesuitas Españoles en China” es precisamente un homenaje a todos esos misioneros.

El libro está dividió en dos partes. La primera parte con las tres generaciones de jesuitas que se corresponden con la llegada de la primera generación de jesuitas, con Mateo Ricci a la cabeza, y se cierra con la prohibición y posterior expulsión de los misioneros por edicto del emperador Yongzheng en 1724. La segunda generación se abre en 1842 con la invasión de China por parte de las fuerzas extranjeras hasta la llegada del partido comunista al poder en 1949 y la tercera de 1949 a esta parte. La segunda parte se compone de algunos artículos monográficos sobre las obras y los jesuitas españoles en China.

De la primera generación destaca sin duda el madrileño Diego de Pantoja, natural de Valdemoro. Fue el sucesor de Mateo Ricci como superior de la misión de China en Pekín. Tanto el conocimiento de la lengua como de la cultura china fue superior al de Ricci, si bien su contribución se ha visto oscurecida por la mitificación de la figura de Ricci. Es una figura que está todavía por estudiar si bien hay algunos estudios en chino sobre él.

En el aspecto de inculturación también hay otras figuras como el P. Carmelo Elorduy, que escribió varios libros sobre filosofía china, o el P. Fernando Mateos quien, junto al P. Ignacio Arrizabalaga y el P. Miguel Otegui escribieron el Diccionario Chino-Español.

Hay otros muchos jesuitas españoles que dieron una gran contribución en otras áreas. Así el P. Luis Ruiz, fallecido hace unos años, trabajó muchos años en las calles de Macao ayudando a los chinos que salían de la China comunista sin nada. En China continental también abrió numerosos leprosorios. En el apostolado social también cabe destacar el P. José Ellacuría quien inició el movimiento sindical en Taiwán creando la institución Rerum Novarum que hoy se dedica a la atención de trabajadores inmigrantes.

Los hermanos jesuitas también han jugado un papel fundamental en la misión. En China continental a principios del siglo pasado atendiendo a numerosos enfermos en los dispensarios de la misión de Anking y Wuhu. Y tras la expulsión de China abrieron en Hsinpu, Taiwán, uno de los primeros colegios técnicos del país donde se han formado muchísimos jóvenes de etnia hakka o aborígenes taiwaneses. Muchos de estos aborígenes eran enviados de las montañas de Hsinchu donde había un equipo de jesuitas españoles trabajando con ellos

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