No basta rezar,…

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

Mons. OVIDIO PÉREZ MORALES

Llegados para quedarse. Así se han autodefinido los líderes del régimen que asume el socialismo del siglo XXI como proyecto ideológico-político, cuya praxis integra también componentes inspirados en otras fuentes –no tan conceptuales– como son la corrupción, lo narco y la milenaria gula del poder.

Dicho proyecto es dogmático, fundamentalista; no se sitúa en las coordenadas de lo que normalmente se entiende por un sistema democrático, como son el pluralismo, la alternabilidad y otras cuantas que encontramos recogidas en el Preámbulo y los Principios Fundamentales de nuestra Constitución.

Todo referéndum revocatorio en cualquier región de la geografía mundial suscita natural resistencia, la cual puede ser muy fuerte, de parte de quien es cuestionado.

No cabe esperar de quien ejerce el poder que lo entregue plácidamente a otro, sobre todo cuando se plantea un cambio no solo de gobierno, sino de régimen o sistema.

Por otra parte, un presidente no gerencia en solitario; él es él y su “circunstancia humana”, de intereses muy concretos, cuando no es que se carga con muchas cuentas por pagar, también en materia de derechos humanos.

Los obstáculos que está poniendo el Consejo Nacional Electoral, la funcionalidad del Poder Judicial respecto de los diktats del gobierno para neutralizar a la disidencia, la utilización de la Fuerza Armada Nacional así como de grupos policiales y parapoliciales como instrumentos de amedrentamiento o represión, la criminalización de la protesta y las sanciones contra empleados públicos no contentos con el régimen, junto con otros hechos, se inscriben en la lógica oficial de que “si se ha tomado el poder, no se lo debe entregar”.

En esta lógica de la irreversibilidad del proceso todos los medios resultan válidos para asegurar su continuidad. Desde los que llenan ciertas formalidades de legalidad, hasta los que abiertamente saltan principios y normas muy concretas de la Constitución y del ordenamiento jurídico, al igual que orientaciones básicas de comportamiento moral. Y en una cultura como la actual, llamada “sociedad de la información”, elemento de primerísima importancia para el control de los ciudadanos es la hegemonía comunicacional, que comienza con la estatización-partidización de los medios y organismos en este campo.

En una democracia (sin maquillaje de adjetivos) la ciudadanía tiene en sus manos las directrices básicas de la convivencia política. Es lo que se entiende por la soberanía popular.

En regímenes autocráticos, dictatoriales o totalitarios las cosas se entienden de otra manera. El agente de las decisiones fundamentales se desplaza del soberano a otros como Big Brother, Führer, Comandante, “vanguardia iluminada”, Partido.

La raíz (causa profunda, fuente primera) de la actual grave y global crisis venezolana es el proyecto oficial ideológico-político del régimen, de sentido no solo dictatorial, sino totalitario; esto lo ha denunciado una y otra vez el Episcopado venezolano.

El referéndum revocatorio tiene hoy, pues, como marco concreto de realización, una Venezuela en que el régimen social comunista trata de imponer ese proyecto. Aquí está la explicación de la violenta resistencia oficial contra dicha consulta constitucional. Lo que hacen el TSJ, el CNE, las autoridades y grupos armados represores para impedir el referéndum este año, son simples conclusiones lógicas de un tal plan inmoral e inconstitucional.

No basta rezar, ciertamente. Pero a las acciones por el necesario cambio de gobierno-régimen-sistema en nuestro país conviene añadir una sentida petición a Dios. Que conceda abundancia de lucidez, coraje, espíritu de sacrificio y eficacia a quienes queremos construir una Venezuela libre, justa, solidaria, pacífica, digna casa común para todos los venezolanos.

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