Morir de plástico…

THE OCEAN CLEANUP, LA BARRERA QUE PROMETE LIMPIAR LAS TONELADAS DE PLÁSTICOS DE LOS OCÉANOS


Papeleras marinas….

El proyecto, sin ánimo de lucro, empezó hace cinco años como una startup en Holanda, del joven Boyan Slat, que creó un sistema que utilizaba las corrientes marinas que se forman naturalmente por el oleaje para extraer los desechos del mar.
Estaba hecho de caucho, poliéster y tela, y esa cortina está unida a brazos flotantes en forma de “U”, que ayudan a recopilar los desechos que luego irán al contenedor.

Hasta hace nada estaba en fase de pruebas y el emprendedor holandés confiaba en que su idea estuviera funcionando a pleno rendimiento hacia el año 2020. Ahora mismo, en 2018, ya es una realidad.

Primer objetivo: acabar con la isla de plástico del Pacífico, Great Pacific Garbage Patch

Esta impresionante mancha de basura tiene 1,6 millones de kilómetros –tres veces la superficie de Francia–, está compuesta por 1,8 billones de pedazos de plástico y pesa unas 80.000 toneladas.

“Un porcentaje significativo de los plásticos acaban atrapados en remolinos creados por las corrientes oceánicas”, explica The Ocean Cleanup. “Una vez atrapado allí, el plástico se deshace y se convierte en una trampa para la fauna marina, engañada por la apariencia de comida”, agrega.

Isla plástica en el Gran Basural del Pacífico

Al menos 8 millones de toneladas métricas de plástico se vierten al mar cada año, eso sin contar con los desechos comunes como las redes de pesca.

El dispositivo, con un costo de US $20 millones, el Sistema 001, como ha sido bautizado el prototipo pionero, que zarpó el sábado de la bahía de San Francisco remolcado por un buque Maersk, consiste en una barrera formada por un tubo flotante de 600 metros de largo, que crea una especie de U para atrapar los residuos gracias al empuje de viento, las olas y las corrientes.

Debajo del flotador, va unida una ‘falda’ que llega a los tres metros de profundidad. El flotador evita que los trozos más grandes de plástico se escapen por encima del sistema, mientras que la falda debe atrapar las partículas más pequeñas para que no escapen por debajo. Según sus creadores, esta falda genera una corriente descendente, que les permitirá a los peces pasar debajo de ella de forma segura. Aún así, durante la recogida del plástico los trabajadores verificarán que no haya vida marina atrapada entre la basura.

Por último, periódicamente, un barco de apoyo se acercará para recoger todo el plástico “como un camión de la basura del océano” para que ya en tierra firme, todos estos desperdicios puedan ser reciclados.

Periodo de pruebas semanales cerca del denominado “Great Pacific Garbage Path”

Estos días, el tubo fue desplegado con un barco desde el puerto de San Francisco hacia una zona intermedia respecto al Great Pacific Garbage Path, ubicada a 240 millas náuticas de la costa. Allí está programado un periodo de pruebas de dos semanas para averiguar la eficacia del sistema. Si todo sale como han previsto, será trasladada directamente hacia el área del vertedero.

Según una investigación realizada por The Ocean Cleanup, una flota ampliada de 60 tuberías podría eventualmente limpiar hasta 50% de la isla de plástico en los próximos 5 años.

Ciervo con una red y una boya enredada en sus astas / Scottish Natural Heritage (SNH)
Tortuga atrapada en una red
Cigüena atrapada en una bolsa plástica / NatGeo

¿El problema?

Mientras unos limpian, otros contaminan, por lo que no solo debemos recoger residuos, también, no producirlos. Si logramos rebajar el número de objetos de plástico que utilizamos en el día a día, a la larga podríamos avanzar muchísimo.

¿Cómo afectan los residuos plásticos a los animales?
A bordo de un barco en aguas costarricenses, un biólogo intenta extraer con las pinzas de una navaja multiusos la pajita de plástico que una tortuga lleva atascada en una fosa nasal. La tortuga sangra y se retuerce de dolor. El vídeo de YouTube dura ocho agónicos minutos. Aunque pone los pelos de punta, se ha reproducido más de 20 millones de veces. Al final los biólogos logran retirar los diez centímetros de pajita de la nariz del animal.

Escenas tan duras como esta, que muestran el sufrimiento que el plástico causa a los animales, ya son un lugar común que todos hemos visto ya sea en la televisión o en las revistas: el albatros muerto con el estómago a reventar de basura; la tortuga atrapada en los aros que unían un pack de seis latas de refresco, con el caparazón deformado tras pasar años ceñido por el resistente plástico; la foca enganchada en una red de pesca abandonada.

Pero la mayor parte de las veces el daño que sufren es más insidioso. La pardela paticlara, un ave de gran porte y plumaje ceniciento que anida en islas de Australia y Nueva Zelanda, es el animal que ingiere mayor proporción de plásticos respecto a su masa corporal: los investigadores dicen que en una población grande, el 90% de los polluelos ya ha tragado alguno. Si una astilla de plástico le perfora el intestino, el ave puede morir con rapidez. Pero normalmente la ingestión de plástico se traduce en una desnutrición crónica e implacable.

“Lo más triste es que se comen el plástico pensando que es alimento –dice Matthew Savoca, biólogo marino de la NOAA–. Imagínate que comes a mediodía, pero te sientes débil, letárgico y hambriento todo el día. No entenderías nada”. Algunos peces –como las anchoas, ha descubierto Savoca– ingieren plásticos porque les huelen a comida en cuanto se cubren de algas. Las aves marinas vuelan cada vez más lejos en busca de comida de verdad, pero de vuelta traen residuos plásticos con los que alimentan a sus pollos.

Algunos peces ingieren plásticos porque les huelen a comida en cuanto se cubren de algas


Mas plástico que peces….

Las características que hacen del plástico un material útil para los humanos –su durabilidad y ligereza– multiplican el peligro que supone para la fauna. El plástico dura mucho tiempo, y buena parte de él flota. “Los plásticos de usar y tirar son los peores”, dice Savoca, refiriéndose a las pajitas, las botellas de agua y las bolsas de plástico. Hasta el momento hay pruebas documentales de que animales de unas 700 especies marinas han ingerido plástico o se han visto atrapados en él.

Todavía no comprendemos del todo cuál será el impacto a largo plazo del plástico sobre la fauna (ni sobre nosotros). Es un invento relativamente reciente. Los primeros casos documentados de ingestión de plástico por parte de aves marinas fueron los 74 pollos de albatros de Laysan hallados en un atolón del Pacífico en 1966, cuando la producción era unas veinte veces inferior que ahora. Si lo pensamos bien, aquellas aves fueron los proverbiales canarios de la mina de carbón.

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