Miente, miente,… que algo queda…

 

“UNA MENTIRA REPETIDA MIL VECES SE CONVIERTE EN UNA VERDAD” Joseph Goebbels

– FAKE NEWS, UN FENÓMENO NUEVO CON SIGLOS DE HISTORIA: El poder ha usado siempre la desinformación para sus intereses

 

ANDREA TORNIELLI .- Algunas son evidentes montajes, otras son el resultado de incompetencia o de charlatanería, otras han sido sutilmente confeccionadas para lograr ponerle en la boca palabras que nunca ha dicho ni pensado: la galaxia de internet está llena de “falsas noticias” sobre el Papa Francisco, y el Pontífice no es el único blanco de los falsificadores, claramente. Y las hay de todo tipo: desde las festivas hasta las que se ponen al servicio de la mentira.

 

Se ocupa de todo ello el libro “Fake Pope” (ediciones San Pablo, 272 pp.), interesante libro escrito por dos periodistas italianos de relieve: Nello Scavo y Roberto Beretta: el primero es corresponsal en puntos “candentes” del planeta, que llevó a cabo una personal y muy documentada investigación sobre la vida de Bergoglio durante los oscuros años de la dictadura en Argentina; el otro es atento observador de la vida eclesial, capaz de comentarios irónicos y afilados. El resultado es un “cocktail” de ágil lectura, pero con un objetivo valor documental.

Los autores han reunido 80 de las principales acusaciones contra el Papa, en todo de contra-réplica punto por punto. Las relaciones con las dictaduras de América Latina, la masonería, el Cónclave manipulado, las acusaciones de “herejía”, los nombramientos errados, las relaciones con la Curia, con los medios de comunicación, los escándalos y también las metidas de pata… Distinguir entre mentira y verdad es tarea de quienes creen en el periodismo y en su profesionalidad.

Un apéndice importante (y revelador) del volumen es el que incluye tantas fotografías retocadas y la prueba de los montajes. Está, por ejemplo, la foto en la que se ve el Papa al presentarse desde la logia central de San Pedro después de su elección. En la sombra que el cuerpo del Pontífice proyecta sobre el mármol de la fachada, se ven dos puntas que confieren a la sombra de la cabeza del recién nombrado obispo de Roma un aura diabólica.

«Más que una foto –explican los autores del libro–, esta es una alegoría. Es tan evidente la intención metafórica (y denigratoria) que la imagen debería transmitir según el autor… Está la sombra del diablo en la elección del Papa Francisco: tan evidente que “se ve”, efectivamente, impresa en la fachada de la Logia de la bendiciones desde la que el neo Pontífice se está asomando. El “retoque” fue simple, como se ve, precisamente, al comparar el original de abajo: basta un pincelazo, surgen los cuernos y se monta el teatrito. Por lo menos para quienes quieren ver al diablo en donde debería haber solamente “agua bendita”». Efectivamente, si se compara la imagen original, se ve claramente que la que muestra esas dos puntas que salen de la sombra de la cabeza es un retoque.

Entre otros ejemplos de retoque de imágenes, está la del primer “selfie” del Papa Francisco, contrabandeada en 2015 y que tuvo miles de “likes” en Instagram, con una cuenta que alude al Vaticano. «La imagen en cuestión –se lee en el libro de Scavo y Beretta– fue tomada de una video-conferencia en la que el Papa participó con algunos jóvenes de diferentes partes del mundo. Cayeron en el jueguito hasta ilustres canales periodísticos oficiales, como la CNN».

Y también circuló en internet una foto en la que Francisco estaría demostrando estar sometido al «poder judío». Se ve al Pontífice besando la mano de algunos ancianos con la “Kippah”, y el título es: «El Papa besa la mano de manera humillante a uno de los jefes del terror masónico-judío». Debajo, con caracteres mayores, se lee: «Si fuera tú, comenzaría a hacerme algunas preguntas». Totalmente cierto, hay que hacerse algunas preguntas, para preguntarse quién falsificó esta imagen calumniosa, puesto que Francisco, durante la visita al museo Yad Vashem, el Memorial de la Shoah, en la gran sala donde arde la llama perenne en recuerdo de los seis millones de hebreos exterminados por los nazis, sí, le besó la mano a algunas personas, con un gesto de respeto, pero esas personas sobrevivieron al Holocausto, unos cuantos que escaparon de los campos de concentración.

 

 

Papa condena “maldad” de noticias falsas

PHILIP PULLELLA / Ciudad del Vaticano – Reuters.- El Papa Francisco condenó el miércoles la “maldad” de las noticias falsas y dijo que los periodistas y usuarios de redes sociales deberían rechazar y desenmascarar “tácticas de serpiente” manipuladoras que fomentan la división y sirven a intereses políticos y económicos.

El Papa Francisco gesticula durante una rueda de prensa en su vuelo de regreso a Roma tras su visita a Chile y Perú, el 22 de enero de 2018. REUTERS/Alessandro Bianchi

“Las noticias falsas son una señal de actitudes intolerantes e hipersensibles y sólo llevan a la propagación de arrogancia y odio. Ese es el resultado final de la mentira”, declaró Francisco en el primer documento publicado por un Papa sobre el tema.

El texto fue emitido tras meses de debate sobre cuánto podrían haber influido las noticias falsas en la elección presidencial estadounidense de 2016 en que resultó electo el presidente Donald Trump.

El documento, titulado “La verdad los hará libres – Noticias falsas y periodismo para la paz”, fue emitido antes del Día Mundial de Comunicaciones Sociales de la Iglesia Católica, que tendrá lugar el 13 de mayo.

“Propagar noticias falsas puede servir para reforzar metas específicas, influir en decisiones políticas y servir intereses económicos”, escribió el Papa, que condenó “el uso manipulador de redes sociales” y otras formas de comunicación.

“Estas noticias falsas, pero creíbles son ‘capciosas’, dado que capta la atención de la gente al apelar a estereotipos y prejuicios sociales comunes, y explotan emociones instantáneas como la ansiedad, el desprecio, la ira y la frustración”, sostuvo.

Las historias falsas se propagan tan rápidamente que incluso los desmentidos a menudo no contienen el daño y mucha gente corre el riesgo de convertirse en “cómplice involuntaria en la propagación de ideas sesgadas y sin fundamento”, afirmó.

El Papa comparó el uso de las noticias falsas con la historia de la Biblia sobre el diablo que, disfrazado de serpiente, convenció a Eva de que comiera la fruta del árbol prohibido, y dijo que Satanás le había dado información falsa.

Agregó que el papel de los periodistas “no es sólo un trabajo, es una misión” y que los profesionales de la información tienen una responsabilidad particular para contener las noticias falsas.

 

Fake News, un fenómeno nuevo con siglos de historia 

JOSÉ MANUEL BURGUEÑO  / Telos.- No se limitan a entornos electorales: las noticias falsas se han usado durante muchos siglos también en períodos bélicos o para justificar decisiones difíciles. Desde el origen de los tiempos, la difusión de información falseada ha sido un recurso útil para cualquier esfera de poder que buscara un objetivo

Hillary Clinton, la gran damnificada por el cúmulo de mentiras que se difundieron en el entorno de las elecciones norteamericanas que acabaron por dar el poder a Donald Trump, decía en diciembre de 2016 lo que ahora se ha hecho evidente que “las llamadas fake news pueden tener consecuencias en el mundo real”.

Dos errores: no es que puedan tener consecuencias, es un hecho que las tienen; y no es ahora cuando se ha evidenciado esto porque siempre, desde el origen de los tiempos, ha sido así.

Los esfuerzos por vincular a la candidata demócrata y su partido con ritos satánicos, pederastia o racismo, no distan tanto de las acusaciones que debían soportar los cristianos descritas por Tertuliano en el siglo III en su Apología contra los gentiles: “que en la nocturna congregación sacrificamos y nos comemos un niño; que en la sangre del niño degollado mojamos el pan y empapado en la sangre comemos un pedazo cada uno; que unos perros que están atados a los candeleros los derriban forcejeando para alcanzar el pan que les arrojamos bañado en sangre del niño; que en las tinieblas que ocasiona el forcejeo de los perros, alcahuetes de la torpeza, nos mezclamos impíamente con las hermanas o las madres…” Además de canibalismo o incesto, los cristianos también cargaron con la culpa del gran incendio de Roma del año 64, a partir de un rumor originado por el propio Nerón, para exculparse a sí mismo de provocar el “Gran Fuego”, como cuenta Tácito en el siglo I en sus Anales. Todas estas imputaciones tuvieron no pocas consecuencias, con las famosas persecuciones de los primeros siglos.

Existe un cierto consenso en definir las fake news como informaciones falsas, difundidas bien por los medios tradicionales, bien por las redes sociales, cuya finalidad es engañar o manipular al público para lograr determinados objetivos. Coincide con el concepto de desinformación, traducción literal del término ruso dezinformatsia, empleado por los soviéticos en los años veinte para referirse a las campañas de “intoxicación” que, según ellos, lanzaban los países capitalistas. Aparece en el diccionario de la lengua rusa de S. Ojegov en 1949, definida como “la acción de inducir a error mediante el uso de informaciones falsas”, y se populariza en 1980, cuando durante el juicio en París contra Pierre Charles Pathé, comentarista y editor de un boletín confidencial, el testimonio de un agente de la Dirección de Surveillance du Territoire (DST) da amplia difusión a las técnicas del KGB. En su libro de 1984 sobre este fenómeno, Shultz y Godson definen la desinformación como “presentar y difundir información deliberadamente falsa, incompleta y errónea (a menudo combinada con información verdadera), con el fin de engañar y manipular bien a las élites, bien a los públicos masivos (…) para lograr determinados objetivos”.

La universalización de las herramientas de difusión, su facilidad de uso y su carácter gratuito multiplica la capacidad de divulgación de estas noticias falseadas

¿Por qué surge ahora con otro nombre? Su alcance y velocidad de propagación, gracias a internet y las redes sociales, confiere a este fenómeno, tan antiguo como la comunicación, un nuevo matiz. La universalización de las herramientas de difusión, su facilidad de uso y su carácter gratuito multiplica la capacidad de divulgación de estas noticias falseadas (denominación cuestionable, incluso teniendo en cuenta el adjetivo, ya que el término “noticia” incorpora en sí mismo el concepto de veracidad y por tanto su potencial de inducir a error y manipular decisiones. La perversión de su evolución llega hasta la frecuente identificación de fake news con conceptos como “hechos alternativos” –como si la realidad pudiera admitir una alternativa igualmente válida– o “posverdad” –que juega con su antípoda con un prefijo nada contundente.

Pero la difusión de falsedades para distorsionar la visión de la realidad del receptor y modificar su conducta ha existido, efectivamente, desde siempre. Tan lejos se remonta como “en los albores de la humanidad”, narrada en el Libro del Génesis: según el Papa Francisco en el mensaje con ocasión de celebración de la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, titulado “La verdad os hará libres (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz”, fue la serpiente “la artífice de la primera fake news”, al engañar a Eva, mezclando verdad y mentira, con un objetivo claro. Pocas veces las consecuencias han sido tan drásticas y desastrosas.

Mucho antes de Facebook y Twitter

El poeta romano del siglo I, Virgilio, describe en el capítulo IV de La Eneida cómo actúa la fama (el rumor), “la más veloz de todas las plagas”, “monstruo horrendo (…) que llena de espanto las grandes ciudades, mensajera tan tenaz de lo falso y de lo malo, como de lo verdadero.” Casi cuatro siglos antes, Teofrasto, discípulo y sucesor de Aristóteles en el Peripato, describe en su obra Caracteres el del novelero o patrañero: “Sus relatos son tales que ninguno puede verificarlos ni redargüirlos. Expone pues que estos dicen haber ganado. Polisperco y el rey de Persia una batalla, y que Casandro cayó vivo en sus manos. Si alguno le pregunta:«¿Crees tú eso?», dirá que el suceso corre por toda la ciudad; que toma más y más cuerpo la noticia; y que todas las circunstancias son congruentes. Que esto es lo que se cuenta de la batalla y que fue muy sangrienta, o grande la mortandad.” Y hacia las mismas fechas, al otro lado del mundo, el general y estratega chino Sun Tzu escribía en El Arte de la Guerra, considerado el mejor tratado de estrategia militar de la historia, que “el arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca.”

Se trata de transmitir, con el apoyo de los medios de máxima difusión (hoy las redes sociales), un discurso creíble capaz de captar la atención del público, basándose en estereotipos y prejuicios y suscitando emociones para movilizar e inducir opiniones, decisiones y acciones. Pero es indudable que esto ya ocurría mucho antes de la aparición de Facebook y Twitter.

Las noticias falsas han servido siempre para lograr respaldo para medidas difíciles o movilizar al pueblo de acuerdo a determinados intereses. Está documentada la creación de un ambiente hostil hacia los judíos a finales del siglo XVI en España

Su uso en el ámbito político no lo inventa Trump. Ya la difusión de noticias falsas empañó, en 1800, las cuartas elecciones presidenciales estadounidenses, cuando John Adams, sucesor de George Washington, quiso repetir mandato, como su antecesor. Se le acusó entre otras cosas de apoyar a la aristocracia o de querer instaurar la monarquía, casando a su hijo John Quincy Adams con una hija del rey de Inglaterra. Jefferson le derrotó. Tampoco pudo John Quincy Adams quedarse cuatro años más, cuando en 1828 acabó su primer mandato: las mentiras de Andrew Jackson pudieron más que las suyas. Si Jackson era un adúltero y había matado prisioneros indiscriminadamente, Adams hizo diplomacia con el zar proporcionándole compañía femenina, o le pasó al Gobierno la factura de su mesa de billar. Todo mentira.

También han servido siempre para lograr respaldo para medidas difíciles o movilizar al pueblo de acuerdo a determinados intereses. Está documentada la creación de un ambiente hostil hacia los judíos a finales del siglo XVI en España antes de decretar su expulsión. Difamados reiteradamente como herejes y usureros, también se les empieza a acusar en fechas cercanas al decreto de burlarse de las leyes de los cristianos y de considerarlos idólatras; se hace mención a las “abominables circuncisiones y de la perfidia judaica”; se califica el judaísmo de lepra; se recuerda que los judíos “por su propia culpa están sometidos a perpetua servidumbre, a ser siervos y cautivos”… pero la puntilla la puso el auto de fe en el que la Inquisición quemó a tres conversos y dos judíos condenados injustamente –como después se demostró– por un presunto crimen ritual contra un niño cristiano (conocido después como el Santo Niño de La Guardia). Corría el mes de noviembre de 1491. El contexto ya era propicio para la expulsión, que se ejecutó cuatro meses después.

La Revolución Francesa también supo aprovechar en su favor esta argucia, que allanó por ejemplo el camino de María Antonieta hacia la guillotina. Se le atribuyeron falsamente frases atroces como: “Mi único deseo es ver París bañado en sangre; cualquier cabeza francesa presentada ante mí se pagará a peso de oro”; o burlas frente a la crisis de provisiones de 1778, en la que escaseó la harina y se extendió el hambre: “Si en París no hay pan, que coman bollos”. Tachada de frívola y despilfarradora, la archiduquesa de Austria fue acusada de conspirar contra Francia y promover todo tipo de intrigas, satisfacer sus caprichos a costa de las finanzas del país e incluso de relaciones lésbicas e incestuosas. “En 1785 –señala Zweig en su biografía de la reina–, el concierto de calumnias se halla ya en su apogeo; está marcado el compás, suministrada la letra. La revolución solo necesita después gritar en voz alta por las calles lo que había sido imaginado y versificado en los salones para llevar a Maria Antonieta ante el tribunal. Los auténticos motivos de la acusación los ha dictado la corte, y la cuchilla que cae sobre la nuca de la reina ha sido puesta en los rudos puños del verdugo por unas manos aristócratas, delgadas, finas y llenas de anillos”.

Arma de intoxicación masiva

Pero son los períodos bélicos (incluidos el pre y el post) los mayores caldos de cultivo para la información falsa. A finales del XIX, la entrada de Estados Unidos en la Guerra de Cuba fue fruto de las mentiras de los principales periódicos norteamericanos del momento, los amarillistas Journal de Hearst y World de Pulitzer, que dieron por hecho que fue un ataque español lo que hundió el acorazado Maine, cuando la causa fue una explosión interna. En su libro Yo pondré la guerra, Manuel Leguineche escribe: “Hearst pedía historias claras, maniqueas, de héroes y villanos: «Los españoles alimentan a los tiburones con los prisioneros de guerra», titulaba el Journal, y narraba historias que sólo habían sucedido en la calenturienta imaginación de sus enviados especiales al conflicto. «Los soldados españoles cortan con sus machetes las orejas de los rebeldes cubanos y se las guardan como recuerdo».”

Al inicio de la Primera Guerra Mundial, una parte de la prensa francesa pretendía sosegar a los ciudadanos con el argumento de que las armas alemanas eran inofensivas. Según cuenta Durandin, apenas dos semanas después de que el II Reich declarara la guerra a Francia, el 17 de agosto de 1914, el diario parisino L’Intransigeant escribía: “La ineficacia de los proyectiles enemigos es objeto del comentario general. Los schrapnels estallan débilmente y caen en forma de lluvia inofensiva. El tiro está mal ajustado; en cuanto a las balas alemanas, no son peligrosas; atraviesan la carne de un lado a otro sin desgarrar los tejidos.” Cuatro días después, el ejército francés sufría su primera derrota en la batalla de Charleroi.

También en los prolegómenos de la Segunda Guerra, la campaña británica para tratar de evitarla por la vía de la conciliación y el desarme acabó en un fraude a la opinión pública: “En particular –señala Jean-François Revel–, el Times disimuló la amplitud del rearme alemán, clandestino primero, en violación de los tratados y acuerdos en vigor, luego de manera cada vez más ostensible. (…) Todas las indicaciones convergían hacia un desenlace que no podía lógicamente ser más que una agresión hitleriana, pero el Times las ignoraba deliberadamente o negaba que tuvieran ese significado”.

Son los períodos bélicos los mayores caldos de cultivo para la información falsa. A finales del XIX, la entrada de Estados Unidos en la Guerra de Cuba fue fruto de las mentiras de los principales periódicos norteamericanos del momento

En ambas conflagraciones, los dos bandos se sirvieron de la técnica de imitar cabeceras para introducir noticias falsas entre el enemigo. Los servicios de propaganda filtraban en las filas enemigas ejemplares de diferentes periódicos falsificados con escritos derrotistas, mezclados con noticias reales. Por ejemplo, en febrero de 1940, Berlín preparó una edición completa del diario inglés The Evening Standard abriendo con las “profundas y no reportadas pérdidas de la RAF”, y noticias como un pretendido plan para el exilio de la familia Real británica, otro sobre la intención secreta del Reino Unido de invadir Canadá y la sugerencia de un supuesto gastrónomo francés, al que llamaron M. Boulestin, de resolver el “problema británico del desayuno” con ranas (un manjar para los franceses pero repugnante para los británicos), para lo que la BBC daría una serie de recetas. Todo para sembrar miedo y confusión. El plan nazi, revelado por el servicio de inteligencia británico MI5 en septiembre de 2005, resultó un fracaso.

Tras describir las acusaciones falsas que los cristianos debían soportar, Tertuliano sentencia lo que cualquiera que hubiera leído las famosas fake news alrededor de las elecciones de EEUU o el Brexit podría haber pensado: “Pues si los creéis, ¿cómo no los averiguáis? Y si no los averiguáis, ¿por qué los creéis?” Larra decía que “el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos”. Y Nietzsche va más allá al afirmar que “el hombre mismo tiene una invencible inclinación a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades”. Esa es la gran baza, a lo largo de toda la historia, de las fake news.

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