La Peste roja arropa en Uairén

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

SANGRE Y GUERRA EN SANTA ELENA DE UAIRÉN: GRITO DE AUXILIO DEL PUEBLO PEMÓN

GUARULLA: ¿CUÁNTOS INDÍGENAS DEBEN MORIR PARA QUE HABLEMOS DE GENOCIDIO?

– SEBASTIÁN PIÑERA CRITICÓ A BACHELET POR NO CONDENAR “LA DICTADURA DE MADURO” …

Insert – PROVEA   Hacemos llegar nuestras condolencias a todo el pueblo indígena Pemón y en particular a los familiares del indígena Rolando García quien falleció hoy en Boa Vista #Brasil. Rolando había sido herido el día 22F por efectivos de la #FANB responsables de la masacre de la Gran Sabana. | Alto a la persecución y torturas contra integrantes del pueblo indígena Pemón. El Comunicado

Liborio Guarulla, ex gobernador del estado Amazonas

PABLEYSA OSTOS / Caraota digital.- Se sabía que el viaje desde Ciudad Guayana, hasta Santa Elena de Uairén no sería fácil. Nos esperaban más de ocho horas de camino y una veintena de alcabalas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Policía del Estado Bolívar (PEB) y Policía Nacional Bolivariana (PNB).

En caso de que nos detuvieran en algún punto de control no podíamos decir que éramos periodistas, así que en la vía nuestro chofer afirmaba: “llevó a estos turistas para la Gran Sabana”.

En el camino, la señal para comunicarse con el teléfono móvil era muy mala. Una que otra llamada o mensaje, que salía o entraba, los que habían quedado en Puerto Ordaz nos avisaban que en la comunidad indígena de Kumarakapay-a una hora de Santa Elena de Uairén-, había sucedido algo muy malo.

Y así fue, al llegar un indígena perteneciente a la Guardia Territorial Pemón, con machete en mano, nos hacía señas de que no había paso.  En medio de la vía, un vehículo militar con otro equipo trancaba el paso.

Había silencio, caras tristes y consternación. En una de las chozas, estaba el cacique de la comunidad, Richard Fernández, frente a él, tres sillas: una de ellas ocupada por el General de Brigada, José Montoya Rodríguez, encargado del Comando de Zona 62º en el estado Bolívar.

Junto a él, también fueron retenidos los tenientes: Roselino José Leal Contreras, José Antonio Gómez Sifontes; Grecia Del Valle Roque Castillo y al sargento Carlos Alfredo Chirvita Marino.

¿Pero qué había pasado horas antes en el sitio que alberga a unas 2 mil personas? ¿Por qué la imagen era tan desalentadora?

Varios convoyes del Ejército tenían como dirección Santa Elena de Uairén la madrugada del 22 de febrero.

La Guardia Territorial Pemón trató de impedirles el paso, ya que sabían que el único fin que llevaban los militares era llegar a la frontera para impedir el ingreso de la ayuda humanitaria.

Fernández, señaló que nadie estaba cerrando la vía cuando venían las unidades. Los castrenses empezaron a disparar contra los habitantes, hiriendo a más de 10 personas entre esas una de gravedad. Zoraida Rodríguez; madre de seis hijos. La mujer estaba en su casa amasando una harina, cuando escuchó las detonaciones, se asomó para ver lo que sucedía y fue alcanzada por tres balas. Su esposo, Rolando García, intentó salvarla, pero ya era demasiado tarde.

Él también fue herido de bala pero fue trasladado hasta Boa Vista, en Brasil, para recibir asistencia médica junto a los otros heridos. Habían pasado varias horas ya y el cuerpo de Rodríguez seguía en el piso. No había una camilla en el ambulatorio de la comunidad indígena para colocar su cadáver mientras llevaba el Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), Subdelegación Tumeremo.

La tapaba una sábana azul. Su cuerpo reposaba en una esquina de esa pequeña habitación, la cual contaba con un colchón ensangrentado. “Ya no podremos usarlo”, comentó un joven de la comunidad sentado en una silla ginecológica. Sus manos aún estaban llenas de harina, de esa masa que usaba para hacer las empanadas que vendía en la Troncal 10. Cerca de sus senos los orificios de bala.

Ella sería tan solo una de las cinco víctimas que dejaría la represión desmedida en la población ubicada al sur del país. “Primero llegaron tres pacientes con heridas de balas múltiples en el tórax. No teníamos los insumos necesarios, para atender a todas esas personas. No tenemos ni gasas para hacer compresión en las heridas. Por eso, los que estaban decayendo era por hemorragias”, explicó el único médico con el que cuenta la comunidad.

Sobre los militares, el cacique aseguraba: “acá lo que se está teniendo es una conversación pacífica sobre lo sucedido y hasta que no llegué el Cicpc el General y sus funcionarios no se pueden retirar”. Así pasaron las horas, hasta que el 23 de febrero, se dio el “rescate” del General Montoya.

La acción dejó los siguientes detenidos: Ernesto Pulido (segundo capitán de la comunidad indígena de Kumarakapay), Luis Díaz, Simón Afanador, Lima Sánchez, Kelvin Rodríguez, Víctor Vásquez, Jesús Vargas, Wilfredo Londoño, Isaac Castro, Radamel Yanti y Roger Fernández. Esto hizo que varios indígenas tomaran trochas para cruzar a Brasil, ya que había el rumor de que se dieran otras detenciones.

En Santa Elena de Uairén

Ir hasta la frontera no sería tarea fácil. Un piquete de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), estaba frente la entrada del Fuerte Escamoto. Su misión: impedir el paso hacía Brasil, es decir, estaban a unos 6 kilómetros del punto de control fronterizo. Pasadas las 9:00 de la mañana algo cambio, el piquete decidió retirarse sin explicación. Sin mediar palabras o detalles.

Los carros poco a poco empezaron a circular. Otros siguieron su camino a pie, con maleta en mano. Niños junto a sus padres siguiendo el camino para salir de Venezuela-emigrar-. A 10 kilómetros de ese sitio, en el centro de Santa Elena de Uairén, el panorama era distinto. La noche del viernes hubo disturbios, los cuales habían dejado carros oficiales y un puesto de vigilancia de la GNB quemados.

Se reavivó la protesta en la calle pero también la represión. Manifestantes usaron lo que tenían a su alcance para cerrar las vías, mientras que los militares con las tanquetas intentaban reabrir el paso. Las bombas lacrimógenas no se hicieron esperar, así como el sonido de los perdigonazos que luego pasaron a ser balas.

En Escamoto, el panorama nuevamente cambio y el piquete volvió a tomar la vía principal de la Troncal 10, hacía la frontera y empezó a reprimir. El hospital se volvió el epicentro mientras el humo de los cauchos quemados y el gas se mezclaba en el ambiente.

Ya no había personas en las calles alegres esperando la ayuda humanitaria, ya era una batalla campal. El hospital Rosario Vera Zurita, recibía cada cinco minutos un herido en medio de un ambiente tenso, entre gritos y desesperación… así como el repetitivo: “¡Coño quítense! ¡Coño detrás del mecate! ¡Coño e’ la madre!”.

Cada hora había un corte de energía eléctrica, acción que imposibilitaba las comunicaciones, avivando la incertidumbre, las dudas y los rumores.

Ese sábado murieron tres personas más. Uno de ellos fue, José Francisco Hernández Rodríguez, de 25 años. Cayó en las Cuatro Esquinas ante la mirada de algunos habitantes que no pudieron hacer nada.

Al hospital siguieron llegando heridos, todos de bala, entre esos estaba José Esley Pérez Márquez, 20 años, quien falleció en ese centro hospitalario debido a las heridas. Habría sido asesinado en las inmediaciones de Escamoto.

Y el tercero fue José Gregorio Barrios Carrasco de 23 años. Su muerte no sé conoció hasta el domingo cuando funcionarios del Cicpc trasladaron su cuerpo desde el comando de la GNB hasta la morgue. Según fuentes policiales fue asesinado frente al comando militar.

En las calles las barricadas se mantenían, mientras que un “toque de queda” no se hizo esperar camino al sitio en el que nos hospedábamos. Un manifestante nos advirtió: “después de las 4:00 de la tarde no salgan”. Aún así, lo hicimos pasadas las 5:00 de la tarde del sábado 23 de febrero. Un sábado en el que no ingresó la ayuda humanitaria, un sábado en el que las calles se llenaron de obstáculos y presencia militar.

Noche de tensión

Más de 15 autobuses llegaron a la población así como militares, también baños portátiles y todo para montar una tarima el domingo 24 de febrero. Según contaban habría un concierto, pero nada de eso sucedió, personas movilizadas por el oficialismo fueron trasladadas hasta lo que se conoce como la línea para izar la bandera de Venezuela.

Diputados opositores abandonaron el hotel en el que se quedaban-Anaconda-, en el sitio hubo dos tanquetas rondando y se rumoraba que personas del gobierno se hospedarían en el lugar; sin embargo, por temor a detenciones buscaron otro lugar.

Rumores sobre posibles allanamientos iban y venían. La noche pasó en tensa calma. Amaneció y la incertidumbre seguía en el lugar, pero ante la mirada de piquetes de la GNB, militares y algunos escombros. La frontera: cerrada.

 Huir y quinto fallecido

Una población que estuvo sin la presencia de su alcalde, Emilio González, del cual se supo fue el lunes 25 de febrero, cuando desde Pacaraima en el municipio Roraima, sostuvo que no había sido destituido, qué había tenido que salir del estado Bolívar por seguridad y sumó que había designado como encargado a su director de Servicios Públicos de la Alcaldía, a Abraham Moreno.

Más de 40 indígenas de Kumarakapay se vieron obligados a abandonar sus hogares debido a la persecución. Actualmente están refugiados en Pacaraima.

Pero también hubo una quinta muerte y fue la de Kliber Pérez. Él había resultado herido el 22 de febrero y falleció en Boa Vista el 27 de febrero. Era guía, cocinero y porteador de Roraima. Vendía hamburguesas con su esposa en el poblado indígena y era padre de dos hijos.

En Escamoto hay más de 30 detenidos, su estatus se desconoce, así como la identidad de todos y los delitos por los cuales han sido aprehendidos. También hubo allanamientos. En redes sociales circuló un vídeo en el que se ve a tres VN4 de la GNB persiguiendo un camión, el cual era conducido por un presunto manifestante.

Desde otro enfoque se ve cuando lo bajan y al parecer le disparan. En la filmación se lee “hotel La Abuela”, a la propiedad fueron funcionarios y también a las casas cercanas para cvitarlos “en calidad de testigos”, según explicó la Policía Científica.

Han pasado más de cinco días y se desconoce si hay funcionarios militares detenidos por las muertes ocurridas en la población del municipio Gran Sabana.

Desde el martes 19 de febrero una alarmante oscuridad se cierne sobre las calles de Santa Elena; el servicio eléctrico falla desde que aparecen en el cielo los primeros rayos del sol  y las luces de la ciudad permanecen ausentes. El caos empieza a aprovechar hasta los espacios más mínimos y toda la belleza de la Gran Sabana parece ocupar un espacio distante que tiene lugar en otro mundo, a millones de kilómetros.

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