“La Implosión como Política… ”

“LA EDUCACIÓN VIVE EL PEOR TIEMPO DESDE LA GUERRA FEDERAL” 

QUIERE QUE LAS GENERACIONES FUTURAS SE COHESIONEN EN UN PROYECTO POLÍTICO CADA VEZ MÁS TOTALITARIO

 

ILUSTRACIÓN: Kees Verkaik

 

OLGALINDA PIMENTEL / EN.- Tulio Ramírez, docente universitario de más de tres décadas y coordinador del vicerrectorado académico de la UCV, asegura sentirse “profundamente desolado” en el Día del Profesor Universitario.

Le duele explicarlo, dice, pero es testigo del deterioro de la educación en el país y en la universidad. En la UCV, por ejemplo, ya no ve a los jóvenes estudiando en la Tierra de Nadie ni hay recursos mínimos para reponer los bombillos quemados. “La universidad se nos está muriendo en los brazos”.

Afirma que, como en el resto del país, la educación vive el peor momento de la historia venezolana. “Ni siquiera en la guerra federal tuvo tantos tropiezos como en los 18 años de este gobierno. Aquí la guerra ha sido contra los sectores y uno de ellos ha sido la educación, víctima escogida por el gobierno que ha establecido políticas públicas explícitas para implosionar el sistema”.

 

 

—¿Cómo se han expresado esas políticas?

—En 2001 con el Decreto 1011, a través del cual el gobierno quería controlar a los colegios privados con supervisores itinerantes ad hoc que no aparecían en su estructura ministerial y que tenían el poder de destituir a directores y maestros en caso de no cumplir con las directrices oficiales.

Luego, en años posteriores, hubo reiterados intentos por imponer en la educación primaria y la media los diseños curriculares con la intención de ideologizar y adoctrinar a los estudiantes; pero todos han sido infructuosos gracias a la oposición de la sociedad civil; en 2010 aprobaron entre gallos y medianoche, la Ley de Educación con el solo fin de controlar, pero cuyo artículo 36 fue impugnado porque viola la autonomía. En 2015 fue realizada la consulta nacional con la idea de imponer otro modelo curricular en 2016, mas en 2017 el gobierno decidió otro diseño que vuelve a las asignaturas de toda la vida.

—¿Qué indica esto?

—Que existe una política sistemática de adoctrinamiento y de control en todos los niveles de la educación. Desde el primer “plan de la patria” se ha reafirmado que la misión de la educación es formar valores socialistas y no el talento que necesita el país para progresar como sociedad; se quiere asegurar que las generaciones futuras se cohesionen en un proyecto político cada vez más totalitario.

Ese es el mismo que ha caracterizado a otros proyectos socialistas del siglo XXI. Por eso hoy tenemos una educación en franco deterioro en la que la preocupación del gobierno dejó de lado la calidad. Ha construido en estos 18 años un pobre circuito escolar para los pobres y hoy se ha agudizado porque el poco talento que queda en el país está haciendo maletas para irse al exterior a buscar oportunidades, no ya de trabajo sino de vida. No hay migración sino huida.

—¿Cuál es el futuro para las universidades autónomas?

—Desde 2007 el gobierno ha reconducido el presupuesto universitario, por lo que los rectores suplican a la AN créditos adicionales para poder funcionar. Para este 2018 el gobierno ha dado 18% del presupuesto solicitado por todas las universidades. ¿Qué consecuencia trae esto? Que si en la UCV se quema un bombillo no hay cómo remplazarlo. Los bombillos se mudan de salón en salón para poder dar clases. Tampoco hay recursos tecnológicos porque la universidad, además, ha sido objeto de vandalismo y no hay capacidad financiera para reponer los equipos. Si usted va a cualquier universidad autónoma en este momento la conseguirá en ruinas, convertida en ranchón.

—¿Aumenta la diáspora académica?

—La diáspora está representando una sangría de recursos por años de formación desde 2011. Hace 3 años se señaló que 20.000 profesores de 3 universidades (UCV, USB y LUZ) se fueron del país. Con esa cantidad podemos decir que una universidad desapareció. Hoy, aunque no hay información oficial, la cifra ronda los 4.000 profesores e investigadores de renombre. Son 30 años de formación académica perdida. Eso se traduce en que en la UCV hay 40% de abandono estudiantil y eso es muchísimo. De cada 10 estudiantes, 4 dejaron de inscribirse porque si bien tienen formación no les garantiza empleo. ¿Cuál fue el detonante? Una profesora decidió un plan B cuando sus hijos dejaron de desayunar con Toddy y tomaron solo leche; y dijo que se iba cuando en vez de leche desayunaran con agua, y ya lo están haciendo.

—¿Cuál será el futuro de la sociedad venezolana?

—El gobierno nos está llevando al siglo XIX no solo en el aspecto de Caracas; dentro de poco nos pareceremos a Cuba, si no hay cambio en Venezuela. No hay Mugabe que dure 100 años ni Zimbabue que lo resista. Una recuperación del país nos llevará a niveles de 1998, son dos generaciones en 30 años. Hay que crear las condiciones.

Una carrera que cierra sus puertas

Desde 2007 se ha verificado que los estudiantes de Educación son cada vez menos. “Desde hace 10 años hasta hoy la UCAB ha cerrado menciones enteras, la UPEL graduó apenas 3 profesores de la materia Matemáticas, 10 de Biología y 10 de Física. ¿Cuándo se va a subsanar esto? Nunca. Los estudiantes no quieren ya estudiar Educación porque saben que el techo de trayectoria es muy bajo y que mucho más gana un bachaquero. Así, en vez de estudiar para ser profesores optan por estudiar la carrera de Matemáticas en la Facultad de Ciencias de las universidades. El problema es que los estudiantes tampoco están bien preparados para ingresar en esas áreas de Ciencias Básicas”.

—¿Cuáles son las consecuencias?

—La improvisación, como la Misión Simón Rodríguez que supuestamente forma especialistas, o exonerar a los estudiantes de las materias de ciencias, como lo hizo. Eso aunado con la diáspora trae consecuencias gravísimas para la ciencia y la tecnología y se están viendo ya. En una reciente investigación científica observamos que la publicación de artículos científicos en revistas arbitradas comenzó a decaer: hoy solo se produce menos de 1%. No necesitamos una sociedad titulada, como la cubana, sino una formación de calidad.

—¿Qué podemos temer? ¿Podría plantearse una ayuda humanitaria para la educación?

—Yo temo que los que se fueron no regresen, porque no hay nada que ofrecerles. Si no hacemos algo no van a regresar. Por eso creo que lo primero es plantearnos un programa de feliz retorno, mediante el cual se les garanticen las condiciones de vida y de trabajo para que decidan volver, con financiamiento de la industria petrolera. Eso es sembrar petróleo.

 

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