La “corrupción va carcomiendo”

 

FRANCISCO, AL CELAM: “No tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente”

LOS OBISPOS LATINOAMERICANOS se reúnen en El Salvador para homenajear a Óscar Romero

 

JESÚS BASTANTE / RD.- «No tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente. No tengamos miedo del fango de la historia, con tal de rescatar y renovar la esperanza». El Papa Francisco envió una carta a la Asamblea del CELAM, la primera que se reúne desde que él es Pontífice, y que tiene lugar en San Salvador.

En la misiva, Bergoglio arremete contra la «corrupción que, como un cáncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo», e invita a «aprender a mirar al Pueblo de Dios. Aprender a escucharlo y a conocerlo , a darle su importancia y lugar».

El Papa comienza recordando los 300 años de la Virgen de Aparecida. Francisco, que se confiesa devoto de ese lugar, donde hace diez años participó, como relator, del histórico documento. «Hace 300 años un grupo de pescadores salió como de costumbre a tirar sus redes. Salieron a ganarse  la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambió los pasos: en sus rutinas son encontrados por una pequeña imagen toda recubierta de fango», recuerda el Papa, quien apunta que hoy, «300 años después, Nuestra Señora Aparecida, nos hace crecer,  nos sumerge en un camino discipular», pues «Aparecida es toda ella una escuela de discipulado».

Francisco destaca, de este relato, a los pescadores, «hombres que vivian con la inseguridad de nunca saber cual seria la «ganancia» del día; incertidumbre nada fácil de gestionar cuando se trata de llevar el alimento a casa y sobre todo cuando en esa casa hay niños que alimentar». Hombres que también existen hoy. «Veo rostros de personas que  desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida. Y lo hacen con la inseguridad  de no saber cual será el resultado».

Y, lo que es más grave, sacudidos «por uno de los pecados más graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupción, esa corrupción que arrasa con vidas sumergiéndolas en la más extrema pobreza». «Corrupción que destruye poblaciones enteras sometiéndolas a la precariedad. Corrupción que, como un cáncer, va  carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo», denuncia el Papa.

Bergoglio también se detiene en la imagen de María, «la madraza, que está atenta y acompaña la vida de los suyos. Va a donde no se la espera». En el relato de Aparecida «la encontramos en medio del rio rodeada de fango. Ahí espera a  sus hijos, ahí está con sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas. No tiene miedo de sumergirse con  ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza», recuerda el Papa.

Una esperanza que vino con las redes llenas «no de peces, se transformaron  en comunidad», pues en Aparecida «encontramos  la  dinámica  del  Pueblo  creyente  que  se  confiesa  pecador  y  salvado,  un   pueblo recio y tozudo, consciente de que sus redes, su vida, está llena de una presencia que lo alienta a  no perder la esperanza».

Así, el Papa recuerda a los obispos que «vivimos como hijos y  como discípulos a escuchar y aprender que es lo que hoy, 300 años después, este acontecimiento nos  sigue diciendo. Aparecida  (ya  sea  aquella  aparición  como  hoy  la  experiencia  de  la  Conferencia)  no  nos  trae  recetas   sino claves, criterios, pequeñas grandes certezas para iluminar y, sobre todo, «encender» el deseo de  quitarnos todo ropaje innecesario y volver a las raíces, a lo esencial, a la actitud que plantó la fe en los  comienzos de la Iglesia y después hizo de nuestro Continente la tierra de la esperanza».

¿Cómo hacerlo? En este punto, el Papa invita al CELAM a «aprender a mirar al Pueblo de Dios.  Aprender a escucharlo y a conocerlo , a darle su importancia y lugar». Pese a reconocer que hoy hay «una mayor participación de fieles  laicos, muchas veces los hemos limitado solo al compromiso intraeclesial sin un claro estimulo para  que permeen, con la fuerza del evangelio, los ambientes sociales, políticos, económicos, universitarios».

«Aprender a escuchar al Pueblo de Dios significa descalzarnos de nuestros prejuicios y racionalismos, de  nuestros esquemas funcionalistas para conocer cómo el Espíritu actúa en el corazón de tantos  hombres  y  mujeres  que  con  gran  reciedumbre  no  dejan  de  tirar  las  redes  y  pelean  por  hacer   creíble el evangelio», recalca el Papa, quien reclama a los obispos «aprender de la fe de nuestra gente».

«No tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente. No tengamos miedo  del fango de la historia con tal de rescatar y renovar la esperanza», clama el Papa, quien añade que «sólo pesca aquél que no tiene miedo  de arriesgar y comprometerse por los suyos», sin heroicidades ni ganas de inmolarse. «Toda la comunidad creyente es la que va en búsqueda de Su Señor, porque sólo saliendo y dejando las seguridades (que tantas  veces son ‘mundanas») es como la Iglesia se centra. sólo dejando de ser autoreferencial somos capaces  de re-centrarnos en Aquél que es fuente de Vida y Plenitud».

«Vuelvo a reiterarles, como hermano, lo que escribía en Evangelii Gaudium (49): ‘prefiero una Iglesia  accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la  comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro  y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos’«, recordó Bergoglio, quien pidió a los pasatores «coraje para anunciar el evangelio y aguante para sobrevellevar las dificultades y los sinsabores que la  misma predicación provoca».

«En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel  y sintamos el hondón de sus heridas, podremos mirar sin «filtros clericales» el rostro de Cristo, ir a su  Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza», concluye la misiva papal.

 

LEER DOCUMENTO

La carta del Papa al CELAM  

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